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REACCIONES QUE LLEGARON AL CORREO DE REVISTA NÚMERO
Germán Páez, CSC 1992 21/04/2007
Qué tristeza el artículo de Álvaro Restrepo sobre la educación en el Colegio San Carlos. En definitiva, éstos son otros tiempos: ¡a él le tocó una época de otros métodos educativos y creencias! Seguramente pueden contarse crónicas de terror de otros colegios, nacionales o con influencia extranjera, públicos y privados, que revelarían una situación generalizada. Por fortuna, esto ya ha dejado de ser así en la mayoría de las instituciones. Qué pesar que el señor Restrepo busque exorcizar los demonios de su vulnerabilidad afectando a la opinión pública de esta manera. Como exalumno del San Carlos, de otra época, claro, no tengo sino agradecimientos para la institución y quienes fueron mis profesores, y sigo sin compartir el elitismo con que nuestra sociedad ha estigmatizado a un colegio inspirado en los nobles ideales de
la Orden Benedictina. Señor Restrepo: a mi juicio, ¡le hizo falta aprender las lecciones más importantes de nuestro colegio!
Miguel Gómez 06/08/2007
Me sorprendió muchísimo leer el artículo de Álvaro Restrepo sobre el Colegio San Carlos, en el que en uno de los primeros párrafos se autodenomina sancarlista.
Parece que es algo que la gente que no se gradúa del colegio tiene la necesidad de gritar a los cuatro vientos y no logra superar... Me pregunto por qué será..., aparte de la animadversión que siente por todas las personas que durante once años influenciaron su formación personal, académica, disciplinaria y artística. En mi opinión, es un artículo claramente sesgado, revanchista y mal redactado (sin hablar de los errores e inconsistencias incluso ortográficas y cronológicas que presenta), que en últimas sólo busca una redención injustificada para alguien a quien, gracias a sus propios esfuerzos en el campo del arte, la sociedad ya redimió, y que tristemente se convierte, al final, en una campaña publicitaria que usa las más bajas herramientas para anunciar su propio método educativo (...) Señor Restrepo: me consideré un admirador de su trabajo artístico en el pasado. Lo conocí gracias a lo que hizo con Lenny Kravitz y después investigué mucho más sobre usted. Sin embargo, al ver este artículo publicado acá, me doy cuenta de que una persona no puede estar educando a otras si basa sus argumentos (más aún de manera pública) en los más bajos recursos. Que Pablo Navas lo haya felicitado y hasta expresado su disculpa hacia usted, sólo quiere decir que el caballero fue él y que usted permanece guardando rencores. Otra sería la historia si usted hubiera logrado pasar (sin trampas) sexto grado de bachillerato en uno de los mejores colegios de Colombia.
Juan Carlos Garzón Barón 30/08/2007
También a mí me sorprende el artículo del señor Restrepo, aunque no comparto algunas ideas de mis colegas —de la misma generación, la del 92—. Siempre he tenido una idea bastante crítica del San Carlos, pero he procurado que se limite a mi visión personal. Y ese es el problema del artículo de Restrepo, creo yo. Es sesgado, como comenta Miguel Gómez, y asume aspectos desafortunados del autor como generales y totalmente causados por el colegio. El señor Restrepo cae precisamente en lo que yo siempre he querido evitar: las generalizaciones, que llevan con facilidad a los sectarismos, a la intransigencia y a la intolerancia. Por estas mismas razones, yo jamás me he sentido sancarlista, ni me sentiré tal. Y me choca el término. No me chocan el colegio ni el padre y tengo un buen recuerdo de mis compañeros. Pero me molesta la exagerada adulación al San Carlos y a su carácter de «sancarlista», que francamente no entiendo qué es y por qué genera tanta y tan insulsa retórica. El problema, a mi juicio, consiste en darle tanta importancia a un colegio, trátese del San Carlos o no. Por eso el señor Restrepo sostiene que le estropeó buena parte de su existencia. Porque cae en el mismo vicio de los que se empecinan en hacer del colegio una experiencia fuera de lo normal (…) Con el agravante de que la calidad —indiscutible— de la educación del San Carlos se proyecta sobre la idea general del colegio, quitándoles envergadura a otros aspectos (de servicio a la comunidad, por ejemplo) en los que el colegio se distingue y bastante. (…) Nueva generalización que brota de afirmaciones como la de mi amigo Gómez cuando insinúa que a Restrepo le duele no haber terminado en el San Carlos. No me parece para nada que a Restrepo le interese el tema. A mí menos, y sé que a muchos colegas que como yo no terminaron en el colegio, tampoco. (…) El San Carlos es un colegio con virtudes y defectos, como muchos otros. Y si sus exigencias a nivel académico pueden crear tensión, hay forma de evitarlas o corregirlas. Por favor, no estamos hablando de un desastre natural.
SEPARATA ESPECIAL DE LA REVISTA NÚMERO: LLORA ET LABORA
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