Martes, 09 de Febrero 2010 Registrarse
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REACCIONES A «LLORA ET LABORA»

De May Posse (amiga / poeta / subdirectora académica de El Colegio del Cuerpo)
A manera de vía crucis, curso por curso, cuadro por cuadro,
tu relato es la viva imagen del horror de la educación.
Denuncia, reflexión, reflejo imborrable de la memoria
de tu cuerpo niño, de los niños cuerpos de tu infancia y juventud.


Me gusta la sucesión cronológica de las eras y las edades, año tras año.
Me gusta la estructura con las citas de artistas
afines a tu espíritu y a tu historia.


Pienso que a partir de tercero de bachillerato podrías buscar palabras
de otros poetas para mantener esos espejos transversales
que, a manera de lagos, nos permiten adentrarnos en otros propios
tiempos igualmente crueles y descarnados y, que de manera
reiterativa y paralela a tu texto, nos permiten preguntarnos:
¿qué pasa? ¿Qué le pasa a la humanidad para que siga
pareciéndose tanto a sí misma?


También se me ocurre que puedes separar la historia
por cursos a manera de capítulos y que si vas a publicar
tu texto en Número, podrías ilustrar cada capítulo con
tu përik&yo. De esta forma, los lectores podríamos detenernos en los intervalos y silencios y mirar nuestra propia infancia
y juventud, en manos de las infamias de la educación que recibimos.
¿Ves? Podemos buscar respuestas a tanta tiniebla incrustada en el alma del cuerpo.
Me gusta que no te quedas en el Calvario, sino que en efecto
hay una catarsis, que se nos concede también a los lectores.
Y un epílogo que trasciende tanto horror.


De Mauricio Pombo (columnista de El Tiempo / exalumno del San Carlos)
Estimado Álvaro: Para comenzar, le cuento que sí nos conocemos personalmente. No sólo del colegio sino en la universidad. Quiero decirle que me encantó su «Llora et labora» y que se lo quiero comentar de manera más detallada en estos días. Por el momento, sólo quería acusar recibo de su correo y acusarlo frente a Sister Martin de que en quinto de primaria me rompió el cráneo contra una pared de ladrillo del recién entonces inaugurado San Carlos de la autopista.
Un abrazo, Mauricio.


Estimado Álvaro: He hecho hasta lo imposible por tratar de corregir, sugerir, contrarrestar, proponer... no sé, colaborar, algo, ¡coño! Pero nada, su texto es impecable e implacable. ¡Publíquese y cúmplase! Sólo le podría decir que tuve la fortuna (dentro de los infortunios que comparto con usted y a los que podría agregar otros tantos más) de haber tenido como profesores a David Olson, Mark Zeno Muggli (hermano de Miss Muggli y cuñado de Olson) y David Kardong (los tres expulsados de Colombia por la curia), gracias a quienes desistí de «querer ser alguien en la vida» y permitirle a la vida que hiciera lo que quisiera conmigo. Me encantaría charlar con usted pormenores de aquellos años. Por el momento, sólo le puedo decir que su ensayo «viene como anillo al dedo» para «bajarles los humos» a estas celebraciones. Y, con toda seguridad, serán muchos quienes se lo agradecerán. Un abrazo, Mauricio.


De Pedro Salazar (actor / director teatral / exalumno del San Carlos)
¡Álvaro! Me llegó. Me parece que está muy bien; bien fuerte. Clarísimos la trayectoria y el viaje total. Las matoneadas, las máscaras que se ponía uno en función de defenderse de los demás. Acababan no sólo con el cuerpo sino con el brillo interior de cada uno. El cura Francis me dio en la jeta un par de veces de la misma manera en que lo describes.
Así fue... algo similar para mí. Tremendo revivir esa época. Increíble que eso haya sido tolerado... Hoy el colegio está casi totalmente en manos de laicos y los que se gradúan no estuvieron sometidos a ese tipo de castigos... A mí me tocó la transición.
Mirándolo bien, una gran parte de las inseguridades que me ha tocado superar sí se desencadenan de esos años de tanto sufrimiento, en los que de cierta manera me enseñaron que yo era un fracaso. Opté por una vida en la que el éxito no se midiera con los preceptos sancarlistas y aún hoy sigo luchando contra eso. Me parece un texto importante...
Dos detalles: el apellido de Eduina estoy segurísimo es MacDunn..., era de ascendencia irlandesa... y el convento de ellas era en Minnesota; los curas sí son de North Dakota... Miguel tiene en la oficina varios anuarios viejos en lo que aparecen esos detalles.
A ti te deseo siempre lo mejor también. Cuenta conmigo siempre, Pedro


De Marianne Ponsford (escritora / crítica literaria)
Querido Álvaro: Acabo de leer tu texto y me falta la respiración. Más que rabia, más que indignación, me ha parecido una estocada. Se me encoge el corazón por ti, y por todos los niños (tantos, tantos) que han recibido una «educación» similar. Tu testimonio es de un impacto brutal, y a la vez tiene la fuerza de la melancolía, ese estado que tantos confunden equivocadamente con tristeza. La melancolía es una fuerza creadora.
Creo que Número sí podría ser la revista, pero ¿por qué no piensas en El Espectador? No sé, como han pasado ya dos semanas desde que me lo enviaste, si ya lo has enviado a algún sitio. En El Espectador tendría otros lectores, creo yo. ¿O en SoHo? No sé si te gusta la revista, pero me gustaría pasárselo a Daniel, simplemente porque tiene más lectores y creo que este texto debe ser leído por el mayor número de gente posible.
¿Qué opinas? Besos, Marianne
P.S. No sé por qué dices que está sin pulir. Como escritura, tiene un ritmo fuerte, seco, tremendo. Me gusta mucho, y me parece un acierto el uso de la tercera persona, como si el adulto mirara al niño desde el otro lado del abismo.


De Iliana Restrepo (hermana)
Hermano: Yo no soy ninguna autoridad para calificar su ensayo... pero estoy impresionada y ¡muy conmovida! Aunque conocía casi toda la historia, leerla de esta manera, me refiero a la impecable factura, como dice Mauricio Pombo, fue un delicioso ejercicio que me permite acompañarlo en sus memorias y entender muchas cosas, que aparentemente tenía entendidas pero que ahora se aclaran mucho más... Lo quiero mucho y lo admiro de una manera que usted jamás entenderá.
Un beso enorme, Ilii


De Marie-France Delieuvin (codirectora de El Colegio del Cuerpo)
Querido Álvaro:
Fluctuat nec mergitur (Flota pero no te hundas)
Gracias por compartir conmigo tu vida en el San Carlos. Ya no es un artículo: ¡es un libro! Por ahora sólo lo he recorrido antes de leerlo realmente y no dejaré de comentártelo en detalle, aunque creo conocer ya algunas escenas.  Verlas escritas me dará un conocimiento más íntimo de los momentos, ya que no estarán presentes las risas de la narración oral que buscan restarles dramatismo. Përik&Yo es sin duda tu doble, que se fue construyendo progresivamente a lo largo de tus años en el San Carlos: un poco ridículo, un poco torpe, gracioso, ingenuo —aunque poeta—, atribulado, visionario, lúcido y muy solo, pequeño personaje que tiene las piernas de Miss Johnson y la cabeza en las estrellas.
Besos, Marie France


De Juan Luis Lobo Restrepo (sobrino)
Álvaro: Leí tu artículo del Colegio San Carlos en el que no sólo hablas de tu educación sino también de tu niñez y no pude evitar volverme a sentir identificado contigo. Obviamente mi educación escolar no fue tan violenta, pero eso ya me sobraba en la casa, como tú muy bien lo sabes, y nuestros gustos de niños por las distintas materias del colegio son muy parecidos: sociales, historia, idiomas, filosofía, etc.
El camino que te trazaste en la vida fue el más difícil, pero te saliste con la tuya, y no sólo haces lo que te gusta sino que eres uno de los más reconocidos en tu campo y considerado una de las mentes brillantes del país. Sé que lo tuyo no es la fama ni el reconocimiento, pero dentro de nosotros siempre vivirá el niño atormentado que encuentra un poco de regocijo cuando se da cuenta de que sus detractores se terminan comiendo sus palabras.
(…)
Como los otros Restrepo, tengo la seguridad de que en algún momento saldrá a flote el compromiso de trabajar para hacer de este país uno mejor, porque no hay un día que pase en que no piense que uno no puede quejarse sin hacer nada al respecto, y la verdad cuanto más pronto comience mejor, porque no hay trabajo más gratificante que el hacer algo por los demás.
Te mando un abrazo muy fuerte, mi tío del alma, del que tanto he aprendido y del que nunca dejaré de sentirme orgulloso.
Tu sobrino (y doble), Juan Luis


De Cecilia Restrepo (hermana)
Mi estimado Pan Blanco: Ese escrito me revolvió el alma y me hizo llorar. Ojalá sirva para poner a reflexionar a un poco de malparidos sobre el dolor de un niño frente al abuso de la «educación». Creo que lo van a adorar en el San Carlos... Ahora sí entiendo sus actitudes sádicas, lambonas y de sapo en nuestra común infancia... Queda perdonado... Creo que no es suficiente haber exorcizado tanto maltrato a través del arte... creo que le convendría un psicoanálisis... a menos que la locura le esté dando dividendos...
Bueno, un abrazo muy grande... y realmente lamento lo vivido, no conocía ese nivel de detalle.
Ceci


De Rafael Dussán (pintor y exseminarista)
Gracias por este artículo, Álvaro, muy sentido, escrito con todos los cojones del caso… los mismos que has tenido para hacerte a ti mismo. Eres vocero de muchos en esto que escribes. Sigo considerando que tenemos muchas cosas en común. Qué frescura de dibujo... ¿ese lorito cómo se llama? Línea limpia, me habla del niño-sabio que ha hecho el viaje y puede mirar la vida desde arriba. Imágenes de gran síntesis y espontaneidad. El otro día pensaba que un dibujo como el tuyo (inmediato) es similar también a mi forma de trabajar, el impulso del instante. Un dibujo así es lo que la poesía es a la literatura. Decir tanto con tan poco.
Vi en el Louvre, París, una exposición de arte contemporáneo (en danza, dibujo y video...) la fusión de estas tres disciplinas artísticas, y no sé por qué... pero pensé en lo hermoso que sería algún día presentar una obra conjunta... del cuerpo que se mueve y la línea que lo palpa, lo sigue, lo recrea...
Un abrazo, Rafa


De Luis Carlos Valenzuela (amigo / exministro de Minas)
Álvaro, me leí su excelente texto del San Carlos. Si me da autorización, me gustaría mostrárselo a alguna gente que sin su enorme capacidad para escribir, creo que con la sola lectura empezaría a hacer un proceso de exorcismo más que necesario. A veces creo que usted bien conoce muchas de mis confusiones, que quienes fuimos más winners en toda esa terrible conspiración calvinista hemos sido los más losers respecto a nosotros mismos.
Hoy en día trato de hacer, sin su lucidez, pequeños exorcismos. Le mando uno, lleno de frivolidad, pero es la frivolidad que me sigue permitiendo vivir hasta que un día, como su hermana Mónica siempre lo supo, me logre deshacer del escarnio calvinista. Ella fue la única persona que siempre confió en que eso algún día iba a ocurrir. Por eso, entre otros millones de razones, me pesa tanto su ausencia.
Álvaro, de nuevo felicitaciones por todo lo que ha hecho.
Me gusta admirar a quienes quiero.


De Ian Gibson (escritor, biógrafo de Lorca, Machado, Dalí…)
Querido Álvaro: He leído emocionado tu «exorcismo», como lo llamas en la última página. Se nota que has disfrutado escribiéndolo, sacándolo hacia fuera. Muy bien. Seguro que te encuentras un poco más libre ahora. El texto tiene la virtud de informar con claridad lo que ocurría en aquel infierno, creo que los lectores agradecerán tu exposición. ¡Qué malos han sido muchos curas, me cago en su leche! Me alegro de ver que sigas con tus preciosos dibujos. Mándame la revista cuando salga. Espero que estés bien y te deseo todo lo mejor en 2007.
Abrazos, Ian


De Juliana Lobo Restrepo (sobrina)
Hola, Tiito: Ganas no me han faltado de mostrárselo a Carlos, pero una alerta temprana de mi mamá me frenó inmediatamente de hacerlo. No quiero dañar las expectativas que hay alrededor de este maravilloso escrito. Y sí, que se arme la polémica, además porque Carlos quiere que Andrés entre a ese colegio y yo aún tengo mis dudas, aunque a veces también me dejo convencer por ese calificativo de «el mejor colegio».
Volviendo a tu artículo te digo que al final quedé con ganas de más... me provocaba más que un artículo, un libro. Muchas páginas de esa misma delicia narrativa. Eso me dejó algo ansiosa y curiosa. Siempre he querido saber más de ti. Espero que algún día por fin lo logremos, a través de un libro o a través de charlas esporádicas.
Un abrazo espichado y solidario,
Juli


De Óscar Collazos (escritor)
Querido Álvaro: Acabo de terminar tu texto. No pude evitar, mientras lo leía, la evocación de otros grandes textos literarios sobre el tema, que seguramente conoces: el Törless, de Musil, el Jacob von Gunten
(o Instituto Benjamenta), de Robert Walser; el Colegio Leoncio Prado, de Vargas Llosa. Educación y principio de autoridad: mejor dicho, educación y represión, eso es lo que recreas, esa es la relación que se establece a medida que se va leyendo tu texto. Por fortuna, elegiste un tono narrativo, autobiográfico. El ensayo no habría servido. Mencionas la Carta al padre, de Kafka. Mientras leía, pensaba que los métodos británicos de origen victoriano tenían mucho que ver con los métodos prusianos (o austrohúngaros): de allí salen Kafka y Musil. Quiero decir: cuando, pese a las heridas, se sobrevive, los episodios vividos acaban siendo la ineludible materia prima de la autobiografía. Lo terrible es no poder sobrevivir a los traumas que esas experiencias producen.
Hermoso texto, estremecedor a veces, generoso en la manera de instrumentalizar la memoria, mejor dicho, evitando el rencor.
Un abrazo y un feliz y productivo 2007,
Óscar


De Héctor Abad Faciolince (escritor)
Querido Álvaro: Hoy no fui a clases de alemán y tuve la suerte de encontrar su carta y las veinte páginas con el magnífico examen de física del ordeñador. Me gustan los dibujos y me gusta mucho el texto. Se respira verdad en cada página, y también liberación. Yo, desde lejos y desde cerca, al ver algún espectáculo, he admirado y admiro su labor en El Colegio del Cuerpo. Los seres humanos, a veces, nos podemos salvar por caminos insospechados, y el suyo es de los más hermosos. Otros, lamentablemente, se habrán quedado en el camino, o les habrán hecho efecto las aspirinas (las tuyas tuvieron que ser aspirinetas, o si no hoy no estarías contando el cuento).
Es bueno que estas cosas se sepan, se revivan, se repasen. Hacer menos daño, hacer menos infeliz la existencia, es una tarea de todos. Y la memoria de la tortura que recibimos, y de las torturas que cometimos, es importante para lavar el cuerpo y la mente. Tu testimonio es extraordinario y te agradezco mucho que la lectura de mi libro te haya inducido a compartirlo conmigo.
Un abrazo cariñoso, y hasta que nos veamos, ojalá muy pronto, en el baile o en las letras. Te deseo lo mejor y que sigas adelante.
Héctor


De Miguel Salazar (exalumno del San Carlos)
Me gustó mucho el texto. Le confieso que lo sentí en la piel, pues a mí me tocó algo muy similar, cosa que traté de mostrar en mi cortometraje Martillo.
Creo también que el texto es muy sancarlista, pero así como uno se identifica en Coetzee, Joyce o Lorca, hará que más de uno recuerde las huellas de la tortura que ha tratado de olvidar.
Algunos amigos sancarlistas llamaron a alguna de sus muchas bandas de rock Primaria Fascista.
Recuerdo que una vez en la biblioteca del colegio encontré una copia del Portrait of the Artist as a Young Man, de Joyce, con la dedicación de un padre, tal vez de Phillip, a otro padre: «... so that you see what little catholic boys can do». El título es buenísimo. Ah, y el padre Francis siempre dijo que Pastrana era un pésimo estudiante y no creo que le hayan pegado.
(…)
Miguel


De Nixon Beltrán (actor / bailarín colombiano, asistente de Robert Wilson en el Watermill Center)
Querido Álvaro: Espero que te encuentres bien. Por fin imprimí tu escrito y lo pude leer. Creo que te has «desnudado» totalmente y sacado todos esos espíritus del pasado a la luz del sol. A pesar de que es una historia totalmente trágica y escalofriante, el humor negro que traes de vez en cuando, y de cuando en vez, balancea el contenido del escrito para las emociones del lector. Me parece muy inspiradora por lo que ha florecido de toda esa pesadilla. Las ilustraciones... ¡bravo! ¿En qué revista se publicará?
Por favor, guárdame un ejemplar. La polémica nos hace evolucionar mental y espiritualmente, así que espero leer todas esas reacciones que tu artículo va a crear.
Los mejores deseos para ti. Abrazos,
Nixon


De Sally Sandoval (amiga / actriz mexicana)
Alvarito querido: Perdón por haber tomado tanto tiempo para escribirte, y sobre todo para agradecerte que nos hayas enviado el maravilloso texto «Llora et labora», que se va a publicar, o tal vez ya se publicó para estas fechas. No te imaginas cómo lo hemos disfrutado... ¡y sufrido! Y bueno, aunque yo conocía muchas de estas historias, la verdad es que me ha impresionado muchísimo oírlas todas de corrido, tan detalladas y precisas... Es un texto superfluido, que se lee sin poder detenerse... de un solo tiro; nos has hecho reír... y a ratos nos poníamos «chinitos», como se dice aquí, o sea que se nos ponía la carne de gallina. Krys lo leyó todo en voz alta... así que fue todavía más vivo y totalmente compartido. De verdad es un texto muy hermoso y conmovedor... ¡nos encantó! Y bueno, nos parece fantástico que se publique justo ahora; los epílogos son muy fuertes y nos emocionaron muchísimo. Así que, otra vez, gracias. Gracias por haberlo compartido con nosotros. Ya nos contarás qué pasa cuando lo publiquen.


De Arturo Serrano (exalumno del San Carlos / pintor)
Hola, Álvaro: Pensando en «la dificultad de ser» de Jean Cocteau y su afirmación ante la vida, me quedé también pensando en su artículo publicado el domingo en El Espectador sobre aquella época (ya lejana) del colegio...
No es el primer artículo suyo que intenta descifrar de una manera crítica y objetiva ese pasado traumático que varios de nosotros —y yo también, en este caso— inevitablemente tuvimos que padecer y superar... A veces también me pregunto el porqué de aquellas insólitas y absurdas situaciones, producto de una educación represiva, basada en la norma y la obligación, en vez de la iniciativa y el compromiso. Sin embargo, quizás esa prueba, dentro de muchas pruebas que se presentan, el futuro chamán debe superarlas, y superar ante todo la culpa asociada al pasado, y el miedo asociado al presente y la incertidumbre del futuro... También yo pasé por palizas, especialmente una en quinto de primaria, donde por el simple hecho de hablar con un amigo en fila a la cafetería (¡ya fuera de clase!), la monja Mary me agarró la cabeza y comenzó a golpearla contra la pared de ladrillo, dejándome en un estado casi de amnesia, y lo terrible fue llegar a mi casa, donde mis padres estuvieron de acuerdo con tal reprimenda... También los matoneos de grandulones cuando entré al bachillerato se convirtieron en una verdadera pesadilla... Pero no todo es calamidad, y alimentar la amargura, hoy, ante la perspectiva del presente, ya no vale la pena, y es lo que siento un poco en su artículo, y en parte por eso quise escribirle…
Creo que no se puede ser tan implacable, y jugamos sin darnos cuenta el rol de juez y víctima, los viejos roles heredados de un falso sueño representado por los artificios emocionales de la civilización occidental, siendo nosotros parte de ella...
(…)
Está bien el artículo si lo ve como denuncia o confesión personal, pero le escribo para que también por usted mismo vea las cosas de otra manera... fui yo quien lo invitó aquella vez al San Carlos a presentar Rebis, y después de la obra estuvimos —recuerdo muy bien— tomándonos un vino en la casa de mi madre, e incluso estaba su amigo centroamericano de apellido Canessa, que luego participó en Ordalía, tal vez con La enfermedad del ángel, lo más bello y significativo —especialmente por su simbolismo— que he visto de sus propuestas.
(…)
Me despido cordialmente,
Arturo


De Juan Camilo Sánchez (exalumno del San Carlos)
Apreciado Álvaro: Leí con muchísimo interés sus memorias «Llora et labora». Soy graduado del colegio en 1982, y conocí a muchos de los personajes que usted menciona en su texto.
Quiero empezar diciendo que admiro enormemente su obra El Colegio del Cuerpo, que tuve el gusto de conocer en una presentación en el Museo de Arte Moderno hace unos meses. Admiro aún más que usted, a pesar de haber pasado por el San Carlos, sea un exitoso artista, éxito definido como quien trabaja con placer y pasión en su oficio. Son muy pocas las personas que lo han logrado.
Yo era de A, no de los brillantes, más bien de los domesticados. Jamás en mi vida, por fortuna, se repitió en mí la sensación de terror en toda su pureza infantil como cuando fui sometido al spanking de Sister Edwin. Si bien no fui víctima directa de los personajes de quien usted lo fue, quizás porque lo mío era el perfil bajo, entiendo de manera clara sus ejemplos y el dolor que debió usted soportar por el abuso físico y psicológico del que fue víctima.
Quizás a mí me tocaron unos tiempos un tanto más suaves, en particular en el bachillerato. Honestamente no recuerdo haber vista al padre Francis golpear a nadie. A Sister Assumpta la recuerdo con cierta dulzura, salvo por la vez que nos contó con una escalofriante crudeza cómo fue la muerte de Cristo, y a esta memoria viene atado mi sentimiento de culpa por haber sido «salvado» a través del máximo sacrificio del hijo de Dios. A Sister Antoinette la recuerdo con gratitud, y acá le contaré algo de mi vida: soy médico oftalmólogo. A través de ella aprendí un método de trabajo que ha resultado ser muy útil en mi trabajo diario, y es el que uso cada vez que intento resolver un problema, complejo o sencillo, con mis pacientes. Honestamente, creo que lo que aprendí de ella ha podido haber beneficiado a través de mis manos a muchos de mis pacientes.
Quiero contarle también que vi morir a Rafael Viera, cuando yo era estudiante de sexto semestre de medicina en la Universidad Javeriana. Le conocí una faceta quizás más humana, ante la inminencia de la muerte, muy aferrado afectivamente a quienes habían sido estudiantes suyos y quienes ahora éramos sus «médicos»; éramos como su isla en la soledad del hospital, esperando él mismo su final inevitable. Recuerdo cómo una mañana me comentó con terror que su vecino de cama había muerto anoche. Un hombre solo, triste, aferrado a lo último. Personalmente nunca tuve problemas con él, pero me llama la atención que mi apodo del colegio, «El Mudo», viene de Viera; quizás era tal mi terror que yo no hablaba, simplemente cumplía y pasaba agachado.
(…)
Finalmente, en este pequeño exorcismo que comparto con usted, quiero contarle una anécdota reciente. Hace un par de años me encontré en la Universidad Nacional , en una exposición de pintura, mi otra pasión, con un viejo amigo, víctima de Viera, a quien no veía desde los doce años, cuando él salió del colegio por su «pobre rendimiento académico». Hoy en día es pintor. No lo percibí muy contento, pero en fin... Le conté que había visto morir a Viera, y me contestó que él habría querido darse el gusto de verlo morir, más o menos bailar sobre su tumba. Siempre he sido conciliador, y se me ocurrió decirle algo como «Hombre, el Colegio San Carlos era lo mejor que, a ojos de nuestros padres, nos podían dar en ese momento. (…) Eran otras épocas».
Un abrazo,
Juan Camilo


Querido Álvaro: Lo quiero felicitar por el muy merecido premio obtenido por su crónica, de la que tuvimos la oportunidad de conversar por este medio a mediados del año. Su crónica es vigente. Hace unos días la recomendé a un viejo amigo mío, víctima de Rafael Viera, de apellido Pérez. A Viera le pareció que el juego de palabras «Pérez... perecerás» era muy simpático y por su sonoridad decidió destruirle su temprana adolescencia. Me recuerda a Mersault en El extranjero, que simplemente disparó porque hacía calor, con la diferencia de que Viera sabía lo que hacía. Mi amigo Pérez, a quien vi por coincidencia después de muchos años, me comentó que él jamás había hablado de eso con nadie, que simplemente pensó que entre los sancarlistas a nadie le importaba. Su crónica le sirvió de catarsis en tercera persona.
Un abrazo,
Juan Camilo Sánchez


De José Suárez (lector de El Espectador)
Con respecto al escrito del señor Restrepo, en parte tiene razón; el régimen de terror impuesto por el profesor Viera nos condujo a muchos a terapias psicológicas, y cierto tipo de actitudes de algunas monjas que como institutrices dejaron mucho que desear. Otras no, y fueron el bálsamo para los que nunca encuadramos en la disciplina monacal del San Carlos, disciplina que por otro lado ha llevado al señor Restrepo a montar una especie de monasterio denominado El Colegio del Cuerpo, que es de lo poco bueno que ha surgido en los últimos años en el área cultural del país.


SEPARATA ESPECIAL DE LA REVISTA NÚMERO: LLORA ET LABORA
 
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