Separata de Revista Número
PLAN NACIONAL PARA LAS ARTES
2006-2010



II. BASES DEL PLAN

A. Legislación y planes de cultura
El marco legal del Plan Nacional para las Artes lo proporciona la Ley General de Cultura (397 de 1997), en la que se establece lo siguiente: «El patrimonio cultural de la nación está constituido por todos los bienes y valores culturales que son expresión de la nacionalidad colombiana, tales como la tradición, las costumbres y los hábitos, así como el conjunto de bienes inmateriales y materiales, muebles e inmuebles, que poseen un especial interés histórico, artístico, estético, plástico, arquitectónico, urbano, arqueológico, ambiental, ecológico, lingüístico, sonoro, musical, audiovisual, fílmico, científico, testimonial, documental, literario, bibliográfico, museológico, antropológico, y las manifestaciones, los productos y las representaciones de la cultura popular». Específicamente, la Ley General de Cultura define las áreas en las que el Estado debe intervenir y la orientación que les debe dar a políticas tales como i) impulsar dinámicas de creación, producción y disfrute cultural, al igual que de preservación del patrimonio cultural tangible, intangible y natural; ii) equilibrar la distribución, generación y acceso a los recursos donde se apoyen prioritariamente programas basados en la cooperación, concertación y cofinanciación; iii) democratizar y aumentar la oferta de bienes y servicios culturales de calidad; iv) favorecer la autonomía de las comunidades sobre su desarrollo cultural y aumentar la participación geográfica y poblacional en la vida cultural; y v) estimular las prácticas, tradiciones y saberes empíricos, académicos y científicos que sean autosostenibles: «El Estado, a través del Ministerio de Cultura y las entidades territoriales, establecerá estímulos especiales y promocionará la creación, la actividad artística y cultural, la investigación y el fortalecimiento de las expresiones culturales. Para tal efecto establecerá, entre otros programas, bolsas de trabajo, becas y premios anuales, concursos, festivales y talleres de formación artística (…) «Corresponde al Ministerio de Cultura la responsabilidad de orientar, coordinar y fomentar el desarrollo de la educación artística y cultural no formal como factor social, así como determinar las políticas, planes y estrategias para su desarrollo (...)». —Ley General de Cultura— El Plan Nacional para las Artes responde al Plan Nacional de Cultura 2001-2010 que señala prioridades en materia de participación del sector y, de manera particular, emprende el desarrollo de las políticas y estrategias allí planteadas para la creación y las artes en los campos de memoria y creación: • Garantizar el derecho universal a la creación en condiciones de libertad, equidad y dignidad. • Reconocer y fortalecer la creación, la producción y la investigación en cultura. • Propiciar procesos de formación que fomenten la creatividad y la apropiación creativa de las memorias. • Garantizar la dignidad social y económica de los agentes del sector. • Democratizar el disfrute y el goce creativo. • Promover el uso creativo y la apropiación crítica de los lenguajes artísticos. • Fomentar la apropiación creativa de las memorias. El Plan Nacional para las Artes refleja también las bases de política consignadas en el Documento Conpes 3162 de 2002, «Lineamientos para la sostenibilidad del Plan Nacional de Cultura: 2001-2010», en acciones para la reorganización del sector en las áreas de información (estadísticas, indicadores e investigación), legislación, financiación y gestión del sector (fomento a las industrias culturales, formación de públicos, apoyo a las mipymes culturales y a organizaciones y creadores, establecimiento de alianzas e identificación de recursos propios del sector). El Plan Nacional para las Artes se sustenta además en la Ley 590 de 2000 (modificada mediante la Ley 950 de 2004), que tiene por objeto «promover el desarrollo integral de las micro, pequeñas y medianas empresas en consideración a sus aptitudes para la generación de empleo, el desarrollo regional, la integración entre sectores económicos y el aprovechamiento productivo de pequeños capitales». En este mismo sentido, el Plan Nacional para las Artes proyecta las políticas «Construir con equidad» y «Fortalecimiento de la convivencia y valores» del Plan Nacional de Desarrollo 2003-2006, que estableció como política nacional el fomento a la lectura a través del Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas, y el fomento de las manifestaciones musicales a través del Plan Nacional de Música para la Convivencia (PNMC) 2002-2006 (ver Anexo 3: Plan Nacional de Música para la Convivencia, Informe de avance julio de 2005). Implementado desde la Dirección de Artes del Ministerio de Cultura, el PNMC viabiliza recursos e integra acciones para fortalecer el papel de las prácticas musicales como recurso para el desarrollo individual y social en convivencia. Para el año 2006 se habrán alcanzado las metas del PNMC y se aspira a consolidar las estructuras y los mecanismos de gestión que garanticen su continuidad como una política de Estado. El Plan El Plan Nacional para las Artes se inscribe también en los desarrollos recientes de las políticas culturales, cuyo eje es la preservación de la diversidad cultural. Este enfoque es hoy en día objeto de la organización de una convención mundial para la protección y promoción de la diversidad de las expresiones artísticas y culturales, que establece los compromisos que deberán suscribir los estados miembros de la Unesco. El Plan Nacional para las Artes se conjuga con los principios de la Declaración Universal de la Unesco sobre la Diversidad Cultural (2001): «Art. 10. Ante los desequilibrios que se producen actualmente en los flujos e intercambios de bienes y servicios culturales a escala mundial, es necesario reforzar la cooperación y la solidaridad internacionales destinadas a permitir que todos los países, en particular los países en desarrollo y los países en transición, establezcan industrias culturales viables y competitivas en los planos nacional e internacional (...)». «Art. 12. La Unesco, por su mandato y sus funciones, tiene la responsabilidad de construir un instrumento de referencia y de concertación entre los estados, los organismos internacionales gubernamentales y no gubernamentales, la sociedad civil y el sector privado para la elaboración conjunta de conceptos, objetivos y políticas a favor de la diversidad cultural (...)». En el informe de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) 2004 se señala enfáticamente que «Si el mundo desea lograr los objetivos de desarrollo del milenio y erradicar definitivamente la pobreza, primero debe enfrentar con éxito el desafío de construir sociedades inclusivas y diversas en términos culturales; esto no sólo es necesario para que los países puedan dedicarse a otras prioridades, tales como el crecimiento económico y la prestación de servicios de salud y educación para todos los ciudadanos, sino porque permitir la expresión cultural plena de toda la gente es en sí un importante objetivo del desarrollo»18. Los programas y proyectos que la Dirección de Artes ha venido desarrollando directamente o en coordinación con otras instancias del ministerio, como el Programa Nacional de Salas Concertadas, los trabajos de preservación del mueble y renovación de la programación del Teatro Colón, el apoyo a la Red Nacional de Teatros, los programas de Estímulos a la Creación y a la Investigación, la Red Nacional de Talleres Literarios, el Salón Nacional de Artistas, los Salones Regionales de Artistas y los programas de fomento a la educación artística, han servido de referentes en la elaboración de estrategias para fortalecer el campo artístico en el país y para mantener apoyos a procesos específicos de las diferentes áreas artísticas en el Plan Nacional para las Artes. El contexto en que se formula el Plan Nacional para las Artes se ha complementado, igualmente, con las reflexiones sobre las características y necesidades del sector artístico en el país, surtidas a través de varios procesos, entre los cuales se destacan los siguientes: • Los avances de la Cuenta Satélite en Cultura y los desarrollos del Sistema Nacional de Información Cultural (Sinic), en particular de las necesidades de información e investigación del Plan Nacional de Música para la Convivencia (primera etapa de desarrollo del Sinic) y del Sistema de Patrimonio y Artes (segunda etapa). • Los avances logrados para establecer agendas intersectoriales con el Ministerio de Educación Nacional, en coordinación con la Dirección de Infancia y Juventud del Ministerio de Cultura y con el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, en Coordinación con el Grupo de Economía y Cultura. • La incorporación a la Dirección de Artes de un área dedicada al impulso y fortalecimiento de las industrias creativas. • El desarrollo de proyectos de investigación y cooperación sobre el sector, emprendido con el Grupo de Asuntos Internacionales y Políticas Culturales del Ministerio de Cultura. Finalmente, el reconocimiento de estudios sobre el desarrollo del campo artístico y de programas exitosos de fomento a las artes que realizan instituciones públicas, medios académicos y organismos culturales de la sociedad civil en municipios y departamentos, ha sido un referente de diagnóstico para el ajuste de los programas y las iniciativas en la Dirección de Artes y la formulación de los principios del Plan Nacional para las Artes que se presentan a continuación.

B. Principios
A pesar de sus ricas herencias culturales y de ser una reserva inagotable de talentos, el potencial de la creatividad artística no se ha cultivado suficientemente y se considera marginal o excepcional en los planes de desarrollo19. La riqueza cultural forma parte de la biodiversidad y Colombia es uno de los primeros países megadiversos del planeta. Etnias, lenguas, ritmos, paisajes, fiestas, cocinas, entre muchos rasgos más, conforman la savia de un país que reconoce a la cultura como fundamento de la nacionalidad en su carta constitucional. El Plan para las Artes se plantea como un recurso al servicio de la aplicación de los principios fundamentales que guían los planteamientos del Plan Nacional de Cultura, los cuales se ponen en línea con el gran reto que se han propuesto las sociedades actuales: la preservación de la diversidad cultural, tal como se expresa en la Declaración Universal para la Diversidad Cultural de la Unesco (2001)20.

1. Derecho a las prácticas artísticas
El derecho a las prácticas artísticas se afirma en el valor que éstas representan para la expresión, el desarrollo, la educación y el conocimiento tanto de los individuos como de la colectividad. Las prácticas artísticas tienen un valor fundamental para el niño, el adolescente y el adulto, ya sea en su condición de aficionado o de artista profesional que asume lo artístico como proyecto de vida. La experiencia artística en el niño o en el adolescente se constituye en posibilidad de expresión y de relación con el entorno, involucrando facultades e inteligencias que implican al cuerpo, la emoción, la percepción, la imaginación. En suma, en la práctica artística se desarrolla el reconocimiento a la diferencia y a la singularidad al educar desde la sensibilidad y promover con los sentidos el ejercicio de la experiencia directa, más allá —o más acá— de abstracciones y generalizaciones conceptuales. En el caso del desarrollo del niño y del adolescente, se involucra una orquestación de facultades movilizadas en el ejercicio de los lenguajes artísticos. La posibilidad de acceso a lo artístico, tanto desde la expresión como desde la apropiación de lenguajes poéticos, posee un valor que moviliza tanto las habilidades y destrezas como las facultades antes mencionadas21. Adicionalmente, las prácticas artísticas tienen un valor como pensamiento, como forma de construir mundo y de establecer una relación cognoscitiva con la realidad. El arte, más allá de los valores estéticos y de gusto, se piensa como pensamiento, y como tal es generador de conocimiento. Habitar poéticamente la existencia supone acceder a esa misteriosa amalgama de placer y saber. Lo artístico aporta comprensión sobre lo representado y da a conocer aquello que se representa. Lo representado se recrea o adquiere un sentido a través de las obras, desde las acciones que el artista ejerce sobre la singularidad del material sonoro, corporal, visual o literario. Por ello la obra de arte y el quehacer artístico valen por sí mismos, pues establecen un mundo propio. Muchos proyectos artísticos contemporáneos encaminan sus objetivos al trabajo con comunidades, incidiendo en sus deseos de resimbolización o propiciando procesos de cohesión, convivencia y otros valores ciudadanos y democráticos. El acceso a las prácticas artísticas es un derecho universal que se debe garantizar en condiciones de libertad, equidad y dignidad, y ello, a lo largo de la vida. La historia social del país y el reconocimiento del importante papel de la cultura en la transformación de la vida hacen de su dinamización una poderosa estrategia para atender las necesidades de inclusión y cohesión social.

2. Diversidad y renovación del patrimonio
El derecho a las prácticas artísticas, en un país con tantas complejidades como Colombia, implica una mirada plural que se instale en diversas tensiones y mediaciones. En nuestras culturas, se necesitan distintos impulsos: unos tendientes a la protección de la tradición y la memoria, otros inclinados a la posibilidad de reinvención y de una nueva comprensión de sí mismo y de la época. Las prácticas artísticas resignifican estereotipos, lugares comunes y, en esa medida, construyen nuevos sentidos y redimensionan el sentido de la cultura y la identidad. «En la actividad creativa residen el potencial de cambio de la cultura, su perpetua renovación, pero también los diversos diálogos entre las generaciones. De este modo, las formas y estilos inscritos en las cosmovisiones y las tradiciones populares, o en los distintos campos de la formación académica, se enriquecen en una dinámica de cambios que amplían los espacios comunicativos en la sociedad. La diversidad de los medios expresivos a través de la música, las artes plásticas y escénicas, la literatura, la poesía, y la producción mediática, conforman espacios de creación cultural y de comunicación que deben ser reconocidos, cualificados y puestos en circulación con miras a la formación de las sensibilidades, a la apreciación crítica de las diversas producciones culturales y al goce creativo de todas las manifestaciones». —Plan Nacional de Cultura 2001-2010— Las manifestaciones artísticas renuevan el patrimonio y convocan y configuran colectivos y asociaciones en torno a sus propuestas. Las prácticas artísticas son un derecho a la expresión, al conocimiento, al pensamiento, a la construcción de comunidad e identidad cultural a partir del trabajo simbólico y son, por excelencia, expresión de la identidad de las comunidades y manifestación de la riqueza de nuestra diversidad cultural. En consecuencia, su fortalecimiento se constituye en un factor que afianza el derecho a la diferencia cultural. En el Plan para las Artes se propone reconocer que en las prácticas artísticas confluyen memoria e innovación, y que sus proyectos sirven de mediación para movilizar creativamente la tradición y las raíces culturales22.

3. Economía creativa
El derecho al conocimiento, expresión y creación artísticos implica también superar una perspectiva difusionista de la cultura, con su correlativa reducción del ciudadano a la condición de receptor-consumidor, para potencializar su condición de productor-creador. En el Plan Nacional para las Artes se concibe el quehacer artístico como un acto que requiere una acción continuada y constante en el campo de la cotidianidad. Y el desarrollo profesional de las vocaciones y los talentos artísticos también es un derecho que implica la consolidación del arte como subsector socioeconómico con características específicas. Esta perspectiva, donde lo cultural y lo económico se complementan, se ha consignado recientemente en el borrador de la Convención para la Protección de la Diversidad Cultural y las expresiones artísticas de la Unesco (París, diciembre de 2004) y en la declaración del Consenso de São Paulo de la XI Reunión de23. La cultura es un bien público conformado tanto por aspectos intangibles —creencias, ideas, valores que le otorgan contenido— como tangibles —objetos, símbolos o tecnologías que representan ese contenido—. Esta valiosa combinación de elementos es el fundamento de un importante proceso de producción de bienes y servicios (textos, símbolos e imágenes), cuyo valor es de naturaleza especial24. Este ciclo de creación, producción y circulación de bienes y servicios que utiliza el conocimiento, la creación y el capital intelectual como sus principales recursos, configura la existencia de un sector específico de la sociedad del que forman parte los artistas y todos aquellos agentes que intervienen en los procesos de socialización de los productos de esta actividad, relacionados con aspectos intelectuales, morales y artísticos de la vida humana. En este enfoque se reconoce la existencia de una dimensión económica de la cultura y un sector cultural de la economía, que adquiere visibilidad a través del concepto de «economía creativa», el cual asocia las sociedades actuales a sociedades del conocimiento. En este sentido, se identifica el sector creativo como un sector económico distinto que cobra un peso y una importancia de enormes magnitudes en el panorama mundial. En un país en desarrollo como Colombia, se deben abordar la perspectiva de economía creativa e industrias culturales y los nuevos retos que ésta representa para la formulación de políticas públicas pertinentes a escalas local y global: «Las industrias creativas pueden ayudar a fomentar externalidades positivas, al tiempo que preservan y promueven el patrimonio y la diversidad cultural. Es una necesidad medir la contribución e investigar las modalidades para aumentar la participación de los países en desarrollo en las nuevas oportunidades y dinámicas de crecimiento del comercio mundial y los beneficios que de éstas se desprenden»25. De acuerdo con el Documento Conpes 3162, «la evidencia indica que a mayor participación de la cultura en el PIB: i) aumenta la riqueza del país (medida por el ingreso por habitante); ii) aumenta el nivel educativo; iii) disminuye la desigualdad en la distribución de ingreso; y iv) aumenta la calidad de vida de las personas (...) Dada la debilidad actual del sector cultura en Colombia, fortalecerlo y desarrollarlo generaría altísimos beneficios para la sociedad en su conjunto». Mediante el Plan Nacional para las Artes se busca articular las políticas culturales y económicas, como la Ley 590 de 2000 (modificada mediante la Ley 950 de 2004), que tiene por objeto «promover el desarrollo integral de las micro, pequeñas y medianas empresas en consideración a sus aptitudes para la generación de empleo, el desarrollo regional, la integración entre sectores económicos, el aprovechamiento productivo de pequeños capi

4. Fortalecer el sector desde una perspectiva de campo
Preservar el patrimonio, promover la diversidad cultural, garantizar el derecho al disfrute de las prácticas artísticas y el derecho al desarrollo profesional de las vocaciones y los talentos artísticos supone fortalecer el sector artístico desde una perspectiva de campo, esto es, entender la obra artística y al artista dentro de un sector socioeconómico particular. Favorecer al artista implica, necesariamente, potenciar todos los componentes que afectan su quehacer y el diseño de estrategias orientadas hacia el fortalecimiento, la generación o la consolidación de relaciones y entramados de prácticas, circuitos, agentes, organizaciones e instituciones del sector artístico. En consecuencia, el Plan para las Artes aborda el papel del Estado en los asuntos del desarrollo de las artes, por un lado, como la necesaria intervención pública para garantizar las condiciones que permitan el desarrollo de prácticas artísticas a la mayoría de la población, reconociéndolas como parte de los derechos culturales universales; y, por otro, como una mediación para la organización y reglamentación de las actividades de un sector con responsabilidades públicas, que contribuye a configurar las identidades y a enriquecer el patrimonio cultural de la nación mediante su productividad simbólica, social y económica. Sin embargo, desarrollar políticas para las artes es una tarea que implica situarse en dilemas y asumir el papel de mediación para no truncar las propias dinámicas del arte: es necesario reconocer la imposibilidad de regular la complejidad del arte por criterios institucionales de racionalidad económica y organizativa. El sector cultural en general, por su naturaleza, produce unas dinámicas organizativas particulares que es importante apoyar y fomentar, teniendo en cuenta que «aunque el entramado institucional y empresarial ha sido necesario en una fase de la modernización, hoy en día se requiere una mayor flexibilización y rizomatización que, por así decirlo, reforeste la sociedad con la diversidad cultural»26.

 

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