Presentación
El Plan Nacional para las Artes 2006-2010 se sitúa en el marco de los lineamientos del Plan Nacional de Cultura 2001-2010 y los desarrolla con el fin de valorizar —reconocer y empoderar— las prácticas artísticas como factor de desarrollo sostenible, de renovación de la diversidad cultural y principio de la ciudadanía cultural, mediante la generación y el fortalecimiento de procesos que construyen sector y dinamizan el entramado de actividades y relaciones que circunscriben el campo artístico.
Teniendo en cuenta que en el nuevo siglo se hace apremiante el recurso a las manifestaciones simbólicas como instrumento de cohesión, inclusión social y promoción de valores éticos, el Plan para las Artes se propone como una instancia de fortalecimiento de las condiciones que generan posibilidades a estas manifestaciones, en particular a las expresiones artísticas y las prácticas que conforman el campo artístico. La estrategia consiste entonces en fortalecer el recurso, demostrando con ello su valor directo como amalgama de la sociedad a través del ritmo, los rituales, las formas, los lenguajes.
Para ello, el plan propone como estrategia asumir una perspectiva de campo artístico y promover una acción integrada que dinamice las relaciones y las potencialidades de sus componentes. Desde esta perspectiva, los objetos artísticos forman parte de un entramado mayor: dinámicas institucionales, conceptos que éstas emiten y que generan valoraciones, clasificaciones y legitimaciones de las posiciones que se tienen sobre el arte y lo artístico. En suma, se trata de situar la obra artística y al artista en una amalgama de dimensiones, agentes, instituciones reguladoras, conceptos y validaciones, prácticas institucionales y prácticas al margen de lo institucional, acciones formalizadas y no formalizadas, etc., que componen el campo artístico.
El plan se construye sobre este terreno complejo, con intereses y posiciones diferentes. En su interior se ejercen criterios sobre las prácticas: genuino-no genuino, original-copia, innovador-tradicional, auténtico-inauténtico, arte-artesanía, que denotan habitualmente poder, operaciones de exclusión e inclusión, según determinadas contingencias históricas. Esas mismas delimitaciones son minadas por las mismas prácticas artísticas, las cuales hacen que un objeto o práctica se valore de manera distinta. Por toda esta situación, la cultura se convierte en un terreno propenso a la tensión, con conflictos y negociaciones.
En ese panorama, todos los agentes e instituciones quieren defender un lugar, incluso aquellos involucrados por unas prácticas artísticas cuyos bordes se extienden y se redefinen de modo continuo: la arqueología, la artesanía, las comunicaciones. Esto significa que si no se definen ciertos límites al campo artístico —eso sí, necesariamente amplios— es difícil que un plan pueda incidir en un sector, pese a lo relativo que éste pueda ser y a su tendencia de abrir constantemente nuevos linderos. A diferencia del Plan de Cultura, cuya esfera es abarcadora, el Plan para las Artes se inscribe en el nivel subsectorial y aborda lo que comúnmente llamamos «artístico», sin desconocer que la autonomía de las artes hoy es insostenible. El arte, hoy por hoy, es específico mas no autónomo.
Este primer Plan para las Artes debe optar por un camino de planificación flexible y proponer unos límites a sus alcances que le permitan trazar acciones para regular, ordenar, sistematizar y relacionar una serie de iniciativas, agentes, instituciones y prácticas del habitualmente llamado sector de las artes, con el fin de construir «sector» y dinamizar el campo que lo circunscribe.
Este plan, dada la inmensa dinámica y variedad que poseen las prácticas artísticas en la actualidad, tendrá apertura para constituirse en las acciones, redefinirse en el camino e introducir el texto vivo y vital en el texto planificado. Las prácticas artísticas cambian su naturaleza en su propio movimiento y devenir, sus conexiones varían, generando así líneas de fuga y desterritorialización continua.
Cuando se identifica lo regional como referente, más que una realidad geográfica o política, se señala una construcción simbólica en la que se reconocen los individuos como comunidad. Esta unidad simbólica es la que mediará las decisiones del plan, de manera que las acciones tengan pertinencia. Es así como se busca superar la idea de unos programas formulados en abstracto.
La estrategia del plan, desde esta perspectiva, es generar relaciones entre artistas —interministeriales, intersectoriales—, produciendo asociatividad y participación, que movilicen el campo y amplíen sus beneficios, considerando la importancia del arte como conocimiento, placer, proyecto de vida y movilización cultural. El arte, o mejor, lo artístico, puede contribuir al desarrollo cultural, social, económico y simbólico, desde su propia especificidad, más allá de su uso instrumental.
El Consejo Nacional de Cultura 2003 y el Consejo Comunal de Cultura de Barranquilla 2003 recomendaron la elaboración de un Plan para las Artes que equilibrara y potenciara el desarrollo de otras manifestaciones artísticas en el territorio nacional, además de la música. Es así como el Plan Nacional para las Artes 2006-2010 viene a complementar el Plan Nacional de Música para la Convivencia, propendiendo a la construcción colectiva de políticas integradoras para el fortalecimiento de las expresiones artísticas en el territorio nacional.
El Ministerio de Cultura acogió con entusiasmo estas recomendaciones y las inscribe como desarrollo del Plan Nacional de Cultura 2001-2010. En concordancia con los principios fundamentales de descentralización y participación que enmarcan sus acciones, la Dirección de Artes emprendió la construcción de este Plan Nacional para las Artes, impulsando para su formulación un proceso participativo en el que se recogieron el diagnóstico y las propuestas de 28 mesas de trabajo que contaron con la participación de más de 500 agentes del sector, entre artistas, promotores, docentes y funcionarios, durante seis Jornadas Regionales de Cultura celebradas en 2004 (ver Anexo 1: Resumen de las Jornadas Regionales 2004: diagnóstico y propuestas para el sector por componentes)1.
Este proceso, y la conformación de los consejos departamentales, regionales y nacionales para el teatro, la danza, la literatura y las artes visuales, se constituyeron en los principales pilares de la formulación del plan, integrando las propuestas del sector para la definición de las políticas culturales y contribuyendo a organizar su participación en el Sistema Nacional de Cultura (ver Anexo 2: Actas de Consejos Nacionales de Áreas Artísticas).
Los lineamientos del plan se han socializado en diferentes reuniones y espacios de intercambios con universidades, redes, secretarías de cultura, foros empresariales y de gestores culturales, de donde salieron recomendaciones y ajustes. En el plan se recogen las valiosas observaciones y recomendaciones de la Comisión de Políticas e Información del Consejo Nacional de Cultura, así como los desarrollos del documento Visión Colombia 2019, propuesta para discusión, que a su vez se verá enriquecido por la formulación final de este plan. La redacción del documento estuvo a cargo de las áreas de literatura, escénicas, visuales y administrativas de la Dirección de Artes del Ministerio de Cultura.
Tomando en cuenta lo anterior, en el presente documento se sustenta la conveniencia de una mayor orientación del Estado en todos sus niveles, que se encamine principalmente a impulsar procesos, suplir deficiencias y desarrollar una normatividad amplia y coherente que proteja y estimule la producción artística. Estas acciones deben propiciar la articulación de políticas públicas que refuercen procesos de concertación y autonomía con el fin de garantizar la participación y la descentralización para el desarrollo de los programas, teniendo en cuenta el contexto y las necesidades específicas del campo artístico en los ámbitos local, departamental y regional.