NÚMERO 50

Director: GUILLERMO GONZÁLEZ URIBE
Gerente - Editora: ANA CRISTINA MEJÍA
Diseño y diagramación: LEMOINE COMUNICACIÓN
Secretaria ejecutiva: MAGDA SANDOVAL
Supervisión de distribución: DAVID INFANTE
Suscripciones: CONSUELO VALBUENA
Corrección: ELKIN RIVERA
Mercadeo: NATALY RUBIO
Impresión: PANAMERICANA FORMAS E IMPRESOS S.A.

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Distribución y ventas: Revista Número y Distribuidoras Unidas

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Número agradece a todas las personas y entidades que en una u otra forma apoyan este proyecto.

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Carrera 21 #85-40 • Teléfonos 635 8012 / 13
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Bogotá, Colombia.

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Miembros de NÚMERO: William Ospina, poeta; Antonio Morales, periodista; Ana Cristina Mejía, traductora; Guillermo González Uribe, periodista; Luis Ángel Parra, editor; Liliana Tafur, periodista;
Lucas Caballero, periodista, Liliana Vélez, filósofa; Víctor Laignelet, pintor; y Carlos Duque, publicista.
Consejo asesor: Alberto Quiroga, Wally Swain, Jorge Bustillo, Julio Jaramillo, Luis Ángel Parra.

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ISSN 0121-7828 · Licencia del Ministerio de Gobierno Resolución: 1237 de 1993
Corporación Revista Número según Resolución 023 del 19 de enero de 1995.

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© 2006 Número. Prohibida la reproducción parcial o total de los materiales de esta revista
sin autorización escrita de los editores. Número no se hace responsable por la devolución de materiales no solicitados.

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Hora cero en Buenos Aires
27 de julio de 2006

¡Hola, amigos! Hace tres años por esta misma época les escribía sobre la ola de calor sobrenatural mientras París se derretía lentamente (¡lo cual está ocurriendo este año otra vez!), y hoy les escribo desde Buenos Aires para contarles otra aventura de ciencia ficción de las que dan la impresión de que el fin de los tiempos se acerca o que Hollywood no inventa nada y copia todo de la realidad. Ayer el día amaneció gris, un típico día húmedo porteño de invierno, que la cabeza se hace bola, papilla y los huesos duelen porosos y fríos de tanta humedad. Un día normal. Pero nadie sospechaba lo que ocurriría en horas de la tarde, lo que anunciaba secretamente la masa de nubes negras (nótese el clima de suspenso, es el típico estilo periodístico argentino, todo revuelto con prosa literaria. A las cuatro de la tarde comenzó un fuerte aguacero que hizo resguardarse a muchos pero no a todos, los que después se arrepentirían de hacerse los confiados en los poderes de la naturaleza. Quince minutos después empezaron a caer del cielo piedras de hielo del tamaño de puños, que descalabraron a los que aún corrían por las calles, y destrozaron techos vidriados y otras estructuras que no parecían tan enclenques bajo el sol. Narra su tragedia, entre lágrimas y lamentos, Dan, mi novio: «Yo estaba mirando por la ventana de mi oficina cómo llovía, y diciendo a los otros que en Francia esto ocurre todo el tiempo. Pensando en mi auto estacionado en la vereda, decía que los autos generalmente soportan bien este tipo de impactos del granizo. De repente tuve un mal presentimiento y salí como un loco a la calle a ver mi auto (Megane, nuevo, recién comprado). Justo en la puerta de mi edificio me detuvo la impresionante inundación y tuve miedo de saltar al agua para mover mi auto a un lugar más seguro. Mi colega decía “Salta, yo te cubro”, pero el caudaloso río me intimidó. Junto a mí, había otro grupo de personas desconcertadas como yo. De repente, la caída de granizo se incrementó y empezamos a ver cómo los autos recibían fuertes impactos que doblaban su carrocería metálica. En ese momento nos dimos cuenta de que estábamos justo debajo de un aleEste es tan sólo uno de los miles de testimonios que hoy se escuchan en esta ciudad azotada por la furia de la naturaleza, que en tan sólo quince minutos de fuerte granizada quedó fuera de combate. Los autos deformados hoy deambulan por las calles dando el rostro de la tragedia. Pero el desastre no termina ahí: las filas desde ayer en la tarde y la madrugada del día de hoy ante los talleres de mecánica son interminables. Cientos de personas claman por poder reparar sus autos en el acto, ante el anuncio de que la ola de invierno continuará unos cuantos días más. Como si la tristeza para los propietarios no fuera suficiente, al ver tan afectados sus tan queridos bienes automotores, y de tener que esperar pacientemente un servicio de reparación lento y torpe, los usureros dueños de los talleres hacen su aguinaldo cobrando tarifas que doblan y triplican el precio corriente en vidrios, latonería y pintura. El pánico de quedarse sin stock de repuestos cunde en la ciudad. Las empresas aseguradoras en estado de emergencia secretamente, según fuentes no oficiales, intentan cerrar sus puertas y huir del país. En la noche de ayer, llegué a la casa nadando desde la esquina. Esperé a Dan y nos abrazamos sin aliento frente al auto que parecía volver de la guerra. Yo no decía palabra. Mi novio balbuceaba «La mala suerte inunda Buenos Aires. Habría querido doblarme un pie en la mañana para no haber ido a trabajar y haber salvado el tutu del acabose». Bueno, espero que les haya gustado la historia ya que es un caso de la vida real. En realidad, Dan me acaba de avisar que el seguro del carrito cubre los daños y que encima, por haber pagado no sé qué cosa con tarjeta débito, ¡le regalan una alarma! Un abrazo grande a todos

—Paula Riveros

 

Del Florero de Llorente
Bogotá, 22 de junio de 2006

Apreciados señores: Por estos días de orgullos patrios, tal vez le atine al gusto del algún editor que se contagie de una postura no convencional acerca de la comunicación, más precisamente un texto en contravía de esa patria forjada a punta de «gol». Tan... tan. Cabe anotar, antes que alguien se adelante y tome posesión de dicha opinión, que estas letras no se nutren de otra voz que no sea la del pueblo, en el sentido educacional más peyorativo para tal designación; no chusma, no vulgo, simplemente pueblo, el que no sabe sino lo que le enseñan, el conquistado por siglos, manoseado y tiranizado por legiones de europeos de toda clase y color; bien se ve la huella de su linfa, brillando en ojizarcos esparcidos por toda la Costa, el Cauca y el Magdalena; pero bien, llegó ese día, del cual escuchamos alguna vez en sociales, historia o geografía, cuando un señor dolido prefirió entregar al suelo los pedazos de tan lindo florerito. Que venga préstemelo que es para un señor allá. Que no, que ni mierda, que primero roto que prestado. Que yo me entro con mi balón y nadie juega, que yo me mando solo porque bien machito sí salí. Palabras más, folclorismos menos, es hora de exponer la historia infamCierto es, del evento aquél se dice que fue el primer canto de libertad e independencia, pero si a vuelo de pájaro contamos, a vuelo de cóndor, se lo ganó por mártir el bellaco, al concierto de tal canto no asistió sino un puñado, la capital era habitada por un número muy inferior al hoy ahí hacinado, diga usted doscientos, trescientos colombianos, recuerde que éste es un cálculo aviario; así, la voz de independencia tardó en ser primero escrita, impresa, copiada y distribuida para luego ser conocida, mucho después de las imprentas, el cine, la primera guerra y otras tonterías, conocida como lo es hoy, desde las puntas del Amazonas, el llano y Gorgona hasta el último de los suicidas en cayo Bolívar. Así que sin noticia, sin saberse libres los indios, los zambos, los negros ni mucho menos los zarcos, no contaron a sus hijos tal hazaña, inflamando el dolor orgulloso de sus pechos, rodeados de sus nietos, sus mujeres, las heridas Así, aquí penamos esperando a alguien con voz dura y mandona para ponerle orden al tiempo, a nuestra casa y hasta a la tierra entre los dedos y las uñas; todo es de todos, nada es de nadie, la propiedad de la vida se debate. La evidencia de esta proclama es la débil patria reforjada por el regimiento al mando del caudillo Valderrama, quien trató de mantenerla unida e intacta arrojándose a las fauces de la televisión «realityzada». El ciudadano anónimo no tiene ese afán de propiedad y justicia norteamericana, que demanda en tribunal si el café servido quema la lengua en la mañana; no, aquí permitimos el manoseo hasta que se nota el morado producido por el dedo. Todo es de todos, nada es de nadie; un sistema enfermo, sostenido por la cantidad de enfermedades encontradas, convierte la nación en algo tan pintoresco cuyo síntoma es el orgullo por el desorden virulento. Eso sólo pasa aquí. Ahí estamos pinta’os, después felices de pachanga y juerga nos vamos, resignificamos la palabra feria, pues lo peor de la cultura es ahí enseñado, no se pueden olvidar los miles de jinetes borrachos ni los caballos lesionados, robados y ejecutados. En resumen, para quienes suelen perderse en los procesos, nunca hubo comunicación abierta que, fuerte y masificada, esa tendencia a ser explotado despabilara; son éstos, los mensajes, los que imperan y conquistan con más efectividad que las bélicas acciones. La pregunta hoy para las clases es quién emite lo que ven, de quién son las comunicaciones. El Florero de Llorente se cayó, la negra Usnavi creyó escuchar algo, debe ser que allá en el solar se cayó un mango.

—Ómar Romero

Gran y viejo Oscar Peterson
París, 15 de julio del 2006

Hola todos: Acabo de llegar de un concierto del gran y viejo Oscar Peterson, el sublime pianista que alguna vez fuera símbolo de modernidad, tanto que ha sido una de las puntas de lanza del Modern Jazz. Delicioso y romántico concierto de un jazz que parecía una serie de sonatas de Chopin o de César Franck elevadas a lo popular por el bajo, la batería y los trasuntos negros del jazz. Delicioso pero a la vez desolador al ver que esa modernidad del siglo XX, el nuestro, el loco siglo de todas las guerras y todos los avances, ya se ve desde los balcones de este extraño tiempo de contaminación y tecnología en paquete; con la nostalgia —pero también la admiración— de lo que gradualmente deviene clásico. Peterson, la avanzada, el progreso, las nuevas identidades, ya no es ni más, pero tampoco menos, que un recuerdo, un reguero de nostalgias de ese siglo que se jactó de nunca envejecer y se murió de vejez en plena adolescencia. Y uno al lomo de esa bestia agonizante, bufando, intentando inmortalizarse en lo clásico, pero traicionando así el principio fundamental del XX: lo nuevo. ¿Habría valido más quedarse en la contestación? ¿No acceder —como Peterson— a las encumbradas pero fatalmente viejas poltronas de lo clásico? Total, ese jazz moderno, el nuestro, el que nos hacía sentir contemporáneos, huele a deliciosa naftalina. Y si ya no somos contemporáneos, ¿qué carajos somos? ¿Posmodernos? No nos alcanza la cuerda que asciende hacia los tabernáculos de la tecno-pluto-cracia. ¿Preclásicos... posclásicos? Antes y después, hoy son lo mismo. El XX se niega a despedirse, se empolva las mejillas con nuevos afeites y sigue en escena. Como uno, clásicamente escuchando, clásicamente viviendo, como una clásica pintura cubista, un clásico relato del boom, un clásico bolero o una clásica y demasiado teatral creación colectiva. Besos en cada una de tus sonrisas,

—Antonio Morales Riveira

El arte como medio de escape
Bogotá, 17 de julio de 2006

Creo definitivamente en el arte como medio de escape, el problema es que en últimas nada mejor hacemos que escapar, pero a estas alturas del partido no he podido definir si es o no oportuno. Soy estudiante de ciencias políticas de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, además de colaborar como reseñista en algunas revistas y codirigir un programa de literatura en la UN Radio, y soy por principio dialéctico; adoro esas extensas discusiones en las que podemos enfrascarnos alrededor de la perspectiva de lo ético y estético, de las tendencias sociopolíticas que señalan los gobernantes, de la existencia de la divinidad entendida como Dios o como energía, y un sinfín de naderías que fortalecen el espíritu, construyen pensamiento colectivo o al menos ayudan a pasar la tarde. Muchos de nosotros (estudiantes) nos enzarzamos, como nos corresponde, en divergencias y posturas diversas, porque esa es el alma de la academia; resolución de conflictos, desde el imperioso amor por el chiquillo, hasta la política económica utilitarista del gobierno nacional. Y hasta allí todo va bien, pero el ánimo con que los medios masivos de comunicación y los actores armados se han ensañado contra los estudiantes de las universidades públicas, teniendo como cabeza visible a la Nacional, es espeluznante. Se hacen señalamientos continuos, desde la policía, de infiltraciones de los actores armados; amenazas recientes, por parte de los paramilitares, a los estudiantes que participen en los movimientos estudiantiles o protestas públicas. Entendamos la gravedad del asunto: en primera instancia, las declaraciones de la policía frente a la explosión de un artefacto en el barrio Santa Fe, en el que se responsabiliza a estudiantes de la UN, además de recibir instrucción militar por parte de las Farc-EP… Quieren decir que la Nacional es un nicho de guerrilleros, que somos maleantes, que pretendemos —según se entiende desde los medios— aterrorizar a la sociedad civil y que somos objeto de odio y demonios con cachos, cola y todo, cuando es desde aquí, en las universidades públicas especialmente, desde donde queremos cambiar los imaginarios, desde nosotr@s para tod@s; ¿cómo puede este país de realities y espectáculos oropélicos esperar algo distinto de una universidad tan desprestigiada y maltrecha, de unos bandoleros revoltosos? ¿Cómo o qué esperar? La Universidad Nacional es además un centro de investigación en todos los ámbitos, continuamente laureado, tanto por su alto nivel en los Ecaes como por los procesos de convivencia que se desarrollan en su interior, sin contar con la aplicación de modelos sociológicos, científicos y humanistas que irradia hacia la sociedad en general. La constante satanización hacia los estudiantes resta importancia al verdadero trabajo, que desborda las manifestaciones públicas y reconfigura la forma de entender la academia. En segunda instancia, las amenazas continuas de los grupos armados desaniman a los investigadores; somos estudiantes, no tenemos preparación psicológica (ni la pretendemos) para estos avatares; trabajamos continuamente por el desarrollo de un país en guerra, pero eso no nos convierte en soldados, sino en estudiantes en un país en guerra. Escribimos esto para exigir respeto por el trabajo académico de las universidades de nuestro país, exigir que nos dejen fuera del conflicto, que no pretendan que seamos gobiernistas cuando el gobierno tiene políticas contrarias a la academia, pero tampoco subversivos pues va contra los principios humanistas que habitan en nosotros. Exigimos, pues, mayor inversión en las universidades, mayor apoyo a sus estudiantes y docentes, mayor presteza para sus resultados, y no caer en la trampa de un sistema que enfrenta a hermanos entre sí.

—José Luis Palacios López
Universidad Nacional de Colombia, Bogotá
«Procede como Dios, que nunca llora; o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza precisa del agua y no la implora...
¡Que muerda y vocifere vengadora, ya, rodando en el polvo, tu cabeza!».
Almafuerte

Sobre Plácido Domingo y José Carreras
Nota de Número: en la edición 49 publicamos una bella carta de solidaridad entre Plácido Domingo y José Carreras, enviada por uno de nuestros colaboradores. Resulta que dicha misiva no era cierta. Publicamos la correspondiente aclaración y ofrecemos disculpas a nuestros lectores.

21 de junio de 2006
Nota desmintiendo las informaciones relativas a la supuesta financiación por parte de la Fundación Hermosa y D. Plácido Domingo a D. José Carreras. Dadas las informaciones publicadas en distintas páginas web referidas a la supuesta financiación por parte de la Fundación Hermosa y D. Plácido Domingo a D. José Carreras para su tratamiento contra la leucemia, la Fundación Internacional José Carreras para la Lucha contra la Leucemia y D. José Carreras se ven obligados a desmentir todas estas informaciones, negando, en particular, que exista o haya existido vínculo alguno entre la pretendida Fundación Hermosa y D. José Carreras, el cual desconoce la existencia de esta última. En efecto, D. José Carreras no ha recibido, en ningún caso, ayuda económica o de cualquier otra índole por parte de la referida fundación ni de D. Plácido Domingo, así como de ningún tercero. Así mismo, D. José Carreras tiene especial interés en desmentir que exista o haya existido enemistad alguna entre él y D. Plácido Domingo. A la luz de lo anterior, D. José Carreras ha iniciado las oportunas acciones legales en defensa de sus intereses y, en concreto, en defensa de su derecho al honor. D. José Carreras tiene la firme intención de actuar legalmente contra cualquier persona física o jurídica que difunda informaciones no contrastadas e inciertas sobre su persona.

—Francisco Fernández

50 números
Medellín, 2 de agosto del 2006

Estimados amigos: Los leo y los miro desde hace mucho tiempo. Creo que es la única revista en Colombia que publica ensayos de fondo donde se reflexiona, también a fondo, sobre el país y sobre el mundo. A veces estoy de acuerdo, a veces no. Pero siempre encuentro que detrás de lo que se dice hay un interlocutor inteligente que basa sus ideas en el conocimiento del tema y en la investigación. De regalo de cincuenta números, a quienes están detrás de esa revista que otros vemos y leemos, les pido que mantengan siempre la sección de fotografía que publican, pues no hay otro medio que les dé espacio a los fotógrafos experimentales para mostrar su trabajo; que le suban un poquito al tamaño de la letra; que ojalá consigan un papel que no brille nada, que pongan toda la revista en internet y que... ojalá duren por lo menos otros cincuenta o cien años, cuando nuestros hijos y nietos seguramente buscarán medios que no pongan la basura por delante de todo. Felicitaciones y adelante.

—Con aprecio, Lucrecia Gaviria.

Músicas brasileñas
Cali, 30 de julio del 2006

Amigos: No conocía Número ni sabía siquiera que existiera, pero vi la separata de las músicas brasileñas y quedé impresionada. Soy seguidora de esta música y en su separata encontré que hablan de lo que he oído mucho tiempo y caminos para seguir su desarrollo. Les cuento que llegué a Número por una amiga que me la prestó. Después de lo de las músicas leí la separata sobre arte y guerra, y quedé impresionada con su calidad. Luego leí la entrevista con Borges y ahí quedé pegada a su revista. La he mirado en internet y cada vez pienso más que es apropiada para mí, que nunca he sido suscriptora de una revista. Una pregunta: ¿dónde estaban metidos que yo los estaba esperando sin saber que existían?... como dice el bolero. Quiero suscribirme y quiero saber si puedo conseguir ediciones anteriores. Hasta pronto,

—Beatriz Maldonado

 

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