NÚMERO 45

Director: GUILLERMO GONZÁLEZ URIBE
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Lucas Caballero, periodista, Liliana Vélez, filósofa; Víctor Laignelet, pintor; y Carlos Duque, publicista.

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Tarifa Postal Reducida Nº 1368 de Adpostal. Vence en diciembre de 2002
ISSN 0121-7828
· Licencia del Ministerio de Gobierno Resolución: 1237 de 1993
Corporación Revista Número según Resolución 023 del 19 de enero de 1995.

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ANGOSTA
Mejor novela extranjera de 2004

Bogotá, 5 de mayo de 2005

La más grande editorial literaria de la República China, la Casa de la Literatura Popular, y la Sociedad de Investigación de la Literatura Extranjera conceden cada año en Beijing seis premios a seis novelas en seis idiomas: alemán, ruso, inglés (Inglaterra), inglés (Estados Unidos), francés y español (España y Latinoamérica). Este año la obra Angosta, del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, ha sido seleccionada como la mejor novela del mundo hispanohablante del 2004. En ocasiones anteriores, el premio se les había otorgado al español Andrés Trapiello, a los argentinos Marcos Aguinis y Tomás Eloy Martínez, y a la mexicana Elena Poniatowska.
    Abad Faciolince recibirá la distinción en diciembre de este año, en Beijing. La traducción al mandarín la realiza en estos momentos Zhang Guangsen. Zhang, uno de los más destacados hispanistas chinos, ha traducido obras literarias tan importantes como el Quijote, las Rimas de Bécquer, cuatro obras de Baltasar Gracián (El oráculo manual y arte de prudencia, El héroe, El discreto, El político), la obra poética de Borges y el Canto general de Pablo Neruda.
    Un representante de la editorial china, Hu Zhencai, hizo el anuncio oficial en la Feria del Libro de Bogotá (cuyo país invitado fue precisamente China), y justificó así la decisión del jurado:

1. Visión amplia. En esta novela el autor ha concentrado la vida real de todo el mundo en una ciudad montañosa como Angosta, y desde ella representa una serie de cuestiones sociales, tales como las contradicciones y conflictos entre distintas esferas de la política, la sociedad, la cultura, la ideología y la moral, al igual que los serios problemas de hegemonía, violencia, terrorismo, droga, inmigración y política de segregación, que afectan gravemente la vida normal de mucha gente en el mundo.
2. Significación simbólica. La novela no es una fábula contemporánea sin prédicas vacías ni metáforas forzadas, sino una narración fluida sobre temas serios de política y sociedad, y tiene relación también con el contenido humanístico, con la moral, la ética, la familia, el amor, la miseria y el caos; por eso es más que una novela realista.
3. Habilidad narrativa. La mayoría de los personajes de la novela tienen un sentido simbólico, pero ellos no sólo representan su símbolo, sino también a personas de la vida real; cada uno tiene su veracidad e individualidad inequívoca. Además, la estructura de la novela es ordenada y prudente; su historia es zigzagueante y con un argumento divertido; con el lenguaje certero, conciso y fluido.
Por eso, el jurado general ha creído que Angosta posee el valor humanístico y artístico para ser merecedora del premio a la mejor novela del mundo de lengua española en el año 2004. Es más: el presidente del jurado, Zhao Deming, la consideró la novela más sobresaliente de las seis premiadas en los seis idiomas este año.


—Zoraya Peñuela, editorial Planeta.


SOBRE EL PROBLEMA DEL GÉNERO EN LA SEXUALIDAD

Medellín, abril del 2005

Recientemente quedé estupefacta cuando uno de los líderes eclesiásticos más acatados del país se pronunció en un noticiero sobre el proyecto de legalizar las uniones entre homosexuales. Dijo que «aprobar legalmente la unión entre parejas del “mismo sexo” es inmoral, puesto que es obvio que Dios creó hombre y mujer: dos “sexos”» (no dijo «géneros», como sería más adecuado).
¿Cómo es posible que a su edad y en su posición, tras su larga trayectoria, en contacto con los problemas inherentes a estos asuntos, pueda mostrarse, falsamente, tan ignorante de la verdad, o tan parcial y arbitrario, como para decretar la perpetuación de las injusticias antinatura que se cometen?
¿Hasta cuándo seguirá la mayoría de la humanidad confundida, equivocada, temerosa y castigada, o autoconstituida como verdugo en lo relacionado con esta cuestión?
Desde hace mucho tiempo quedó claro que la naturaleza no produce dos géneros, masculino y femenino, en la especie humana, sino, por el contrario, toda una gama, un abanico de variedades (por no decir escala, ya que eso implicaría cierto ascenso, y no se puede calificar de más alto o más bajo ninguno de los estadios resultantes). Debemos aclarar que sí ocurren algunas anomalías cromosómicas que pueden considerarse defectos aberrantes, pero será una en mil. El resto, casi todas las demás variedades, eso son: variables, no abominables, y de alguna manera y en algún grado, funcionales.
¿Quién decide que un grado de desarrollo fisiológico u hormonal es «mejor» que otro? Es idéntico al problema de las razas, el cual desgraciadamente también ha subsistido, aunque, como sabemos, cada vez en menor profundidad y extensión. ¿Se atrevería alguien a decir que alguna raza o mestizaje es una aberración?
No puedo comprender cómo es posible que el cuerpo médico de todo el mundo, y los expertos y entidades de derecho legal o de derechos humanos, y peor aún los religiosos que trabajan en contacto y conocimiento de los problemas de toda clase de individuos, todos ellos dirigentes, cuya cultura e intelectualidad los pone en conocimiento de los hechos, continúan contemporizando con la absoluta y absurda posición milenaria de «ignorar» y «negar» la realidad.
Forzar a cualquier individuo a someterse a conductas y limitaciones que no concuerdan con su fisiología, especialmente la hormonal, porque ésta tampoco concuerda con una de las dos tipologías sexuales aceptadas por nuestra cultura actual (que no la de todos los pueblos de la historia), es absurdo, es contra natura, ya que es la naturaleza misma la que produce hermafroditas y toda una gama múltiple y compleja de entidades intermedias.
Es cruel, y además va contra los derechos humanos y los del individuo, forzar a estas personas a reprimir sus vidas y representar un papel decretado de antiguo por la ignorancia y la tiranía social y religiosa.
Aunque los grupos homosexuales han desplegado una fuerte lucha y han alcanzado algunos logros, aún la humanidad restante los trata como seres imperfectos, o al menos defectuosos o raros... Y la mayoría sigue empecinada en perpetuar la ignorancia de la realidad y en negarles derechos elementales de asociación, comportamiento, expresión libre en su estilo gestual, su vestuario, etc.
Debemos reconocer que estos elementos, aunque de gran importancia en la identidad del individuo, son ingredientes meramente culturales, y por tanto la rigidez de las pautas impuestas por una mayoría no va a evitar que la naturaleza produzca sus variables de género, fisiológicas u hormonales (ni menos las cromosómicas). Y el comportamiento sexual y social correspondiente a un género, cuando se despliega fuera de la normativa aceptada por el establecimiento, no va, en realidad, contra natura. Pero sí necesita ir, al parecer, contra cultura. ¡Al parecer!, pero es al revés: es la cultura la que va, ignorante, contra natura, y de paso, aplasta los derechos humanos de individuos hechos de diversos modos por la naturaleza.
Afortunadamente tenemos entre nosotros a personas como Carlos Gaviria (el ponente del proyecto de ley), un senador con cerebro e intelecto amplios, y profunda comprensión de las realidades del ser humano, la cultura y la historia, para que nos recuerde que el «poder» religioso no debe tratar de imponer su moral equivocada, la de tradiciones culturales basadas en la ignorancia, la cual, ya que va contra los hechos de la naturaleza, es «contra natura», aberrante e injusta.

—Olga Elena Mattei

MERCADOS
Carta de una colombiana en Georgia
24 de mayo del 2005

Queridos papás:
Les cuento que hoy fui al mercado de ropa de Tbilisi; un campo inmenso con chocitas en las que venden ropa, zapatos, cosas de cocina, de ducha, de cumpleaños, mejor dicho, lo que se te ocurra, pero de muy mala calidad, falsificadísimo, pero eso sí, superbarato. Llegué a casa con una bata de seda, dos pares de zapatos, un vestido de Gap, una camiseta, unos pantalones de lino, etc., etc, etc., pero en serio, una cantidad de cosas, y me gasté como cien dólares; eso sí, ¡vamos a ver cómo quedan las cosas después de meterlas en la lavadora o después de usar un par de veces los zapatos! En fin, con que me aguanten un poco es suficiente, ya que no estoy para desfiles de moda en esta ciudad y lo menos que llame la atención, mejor, aunque para parecer local lo único que tendría que hacer sería vestirme de negro de la cabeza a los pies, pero yo me niego.
A este mercado fui con mis amigas: una española, una dominicana, una colombiana y una mexicana (¡quién se iba a imaginar que iba a encontrar a tantas latinas aquí!). Por supuesto ninguna de nosotras habla ni una palabra de georgiano, y sólo la mexicana y yo chapuceamos ruso, apenas para decir cuánto cuesta esto y adivinar un poco (entre las dos) la respuesta; es que los números en ruso son superdifíciles, pero bueno, por lo menos así uno se ríe de su propia ignorancia.
Ayer estuve en otro mercado, el de las frutas y verduras, al que voy todos los sábados, pero había quedado con mi amiga mexicana de ir las dos, para explorar más allá de lo que siempre había visto. Si durante el invierno este mercado daba ganas de llorar porque no había nada y por el frío que hacía, en primavera es la cosa más provocativa e incitante que pueda existir: miles de fresas, de melocotones, de cerezas, de duraznos, de nísperos, de tomates, de pepinos, de patatas nuevas, en fin, hay de todo ordenado a manera de montañas. A mí me provoca comprar unos diez dólares de las mejores fresas y llenar mi tina (en la que caben varias personas), ¡sólo que creo que sería demasiado! Además, todo tiene mejor sabor: los tomates son mejores que los italianos, las fresas mejores que las holandesas y, además, a dos centavos... Me gusta ir a ese mercado, aunque esté lleno de gente y suden y me rocen y huelan a feo.
En el mercado todo el mundo se grita: unos vendedores les reclaman a otros, quién sabe si es por espacio, clientes o qué, ¡como yo no entiendo! Los compradores les gritan a los vendedores, me imagino que algo así como «Esto está muy caro, fulano lo vende más barato». «La semana pasada me salieron podridos estos tomates» y blablablá, porque una vez que abren la boca hay que esperar tres minutos para que paren a tomar aire y se les pueda decir: «Yo no hablo georgiano». Pero también está el caso de los vendedores que les gritan a los compradores: «Le estoy diciendo que cuatro a un lari, ¿acaso no me entiende, mocosa de mierda?». O algo parecido fue lo que me dijeron la semana pasada, aunque por el tiempo que se demoró la vieja en la perorata seguro estaba diciendo mucho más. Esta vez se me ocurrió comprar unos champiñones. No es que los quisiera, pero ya que estaban ahí los podía comprar para reactivar la economía y hacer circular (más) la moneda, así que le pregunté a la vieja (las vendedoras son siempre viejas) cuánto costaban. Me dijo cuatro y yo le contesté «Ara madglob», o sea «No, gracias», entonces me los rebajó a 3,50, pero como yo tenía sólo dos laris en el bolsillo le dije «Ara didimadglob», o sea «No, muchas gracias». La vieja empezó a gritarme de todo. Yo me imagino que gritaba «¡Qué carajo quiere si estaban bien de precio, me quiere robar o qué!». Todo esto es universal, ganarme estos insultos por no querer comprar, ¿o sí? Lo bueno es que si yo no entiendo las maldiciones que me echan, éstas no pueden hacer efecto, ¿o sí? Además, ya había comprado dos kilos de fresas de una variedad única georgiana, más rojas, más suaves, más dulces, más todo, y en la noche cené fresas con helado y de postre comí sólo fresas, y más tarde me comí las fresas que habían quedado en la nevera, así que cuando fui a dormir, ¡me dolía tanto la barriga! Pero no me importa, estas fresas son las mejores del mundo y no existen más que durante un mes en primavera, así que hoy de nuevo compraré fresas y no me importa la indigestión.
Bueno, ya conté mucho de esta aventura georgiana.
Los quiero mucho. Besitos.

—Lu (Carmen Lucía Bassi)


LOS ROLLING STONES A POCOS METROS

Bogotá, 20 de mayo del 2005

Siempre he pensado que en Nueva York puede pasar cualquier cosa. Ya lo viví un 11 de septiembre, pero esta vez, aunque en un día igualmente soleado, fue una experiencia que también mataría, pero de la envidia, a mi gran amigo Sandro Romero Rey y a unos cuantos más de los seguidores acérrimos de Los Rolling Stones. El día anterior, al salir de la universidad, mi hija pasó, como siempre, frente a Julliard School of Music y vio que estaban colgando pendones con la sensual boca de Mick Jagger enseñando la lengua. Ella, ni corta ni perezosa, le preguntó a uno de los guardias qué estaban preparando y éste le contestó:
—Mañana, a la una de la tarde, se presentan aquí Los Rolling Stones.
Ella le preguntó incrédula:
—¿Los Rolling Stones? ¿Está seguro?
—Sí, es el lanzamiento del tour 2005 —le confirmó.
Al día siguiente ella, como buena hija que es, me pasó la valiosa información. Era 10 de mayo. Tomé la cámara de video y salí a cumplir mi inaplazable cita con los Stones. Cuando llegué, a las 11:10 a.m., los fans ya habían ocupado los puestos claves de la plazoleta. Estudié las posibilidades y me ubiqué detrás de una pareja de japoneses que parecían sacados de la película Mistery Train, de Jim Jarmush. Me tocó en segunda fila, pero como los japoneses eran altos, intentaría meterme entre ellos y un gringo, aunque se veía difícil. Mientras esperaba, oí varias veces la misma conversación por celular:
—Iba caminando por la calle, ¿y a que no te imaginas quiénes van a cantar frente a Julliard School? Los Rolling Stones. Es en serio. Ven rápido. Empieza a la una.
Me entretuve mirando las chaquetas, camisetas y demás accesorios de los fans. Una mujer tenía una excelente marioneta de Keith Richards, que respondía preguntas con un cigarro en la boca. Cuando miré hacia atrás, vi que la plaza estaba mucho más llena. El trabajo de los celulares estaba dando resultado.
A nadie le importó esperar bajo el sol radiante. Cuando faltaban quince minutos para la una, uno de los organizadores, acompañado por cuatro hombres grandotes, se acercó a la valla donde yo estaba y separó dos de las vallas, dejando un camino angosto para dejar pasar a unas personas, ante el asombro de todos; la gente empezó a empujar y el hombre amenazó con no dejar entrar a nadie más. Cuando pasé por allí, me di cuenta de que estaban contando a las personas; fui la número catorce (después me enteré de que sólo fuimos 50 los elegidos). Subí corriendo las escaleras y quedé en primera fila, detrás de la valla que me separaba de los periodistas y de unos cuantos estudiantes de Julliard School.
Yo aún no podía creerlo: no sólo vería a los Stones gratis, sino además a unos pocos metros de distancia. Por fin se levantó el telón blanco, impreso con quince bocas de Mick Jagger, y saltó él con pantalón negro, camiseta rosada y chaqueta azul claro, cantando las notas de Start me up. Estaba, desde luego, acompañado por Keith Richards, Ronnie Wood y Charlie Watts. Luego interpretaron su nueva canción, Oh No, Not You Again; Mick se despojó de su chaqueta y parecía querer seguir con la camiseta. Cerraron con uno de sus clásicos, Brown Sugar, que logró alborotar al máximo los ánimos del público.
Finalmente dieron una divertida rueda de prensa, donde el seductor Mick Jagger seguía apoderado del micrófono (y eso que cada uno tenía el suyo). Respondía las preguntas que le daba la gana, y tildó de aburrida y de demasiado inglesa la pregunta del periodista de la BBC. Y tenía toda la razón: era una pregunta sobre el pago de impuestos. Entre muchas cosas, Jagger dijo que piensan desempolvar algunos de sus temas que no han tocado en años. Nos invitaron a seguirlos a partir del 21 de agosto en Boston. Estarán en 35 ciudades de Estados Unidos, luego irán a Latinoamérica, Japón, posiblemente China —por primera vez— y terminarán en Europa, a mediados del 2006. Se despidieron, ¡y nos dejaron vibrando y desenfrenados! Sigo insistiendo: en Nueva York puede pasar cualquier cosa.

—Adriana Cantor

DESTRUCCIÓN DE LA SIERRA NEVADA
Seinekan, Sierra Nevada de Santa Marta, 26 de febrero del 2005

Apreciados señores:
Con sorpresa y mucho temor hemos escuchado los anuncios del ministro del Transporte, el gobernador del Magdalena, el alcalde de Santa Marta, inversionistas privados y dirigentes de esas secciones del país sobre la puesta en marcha de un proyecto de construcción de teleférico (tipo cabinas de Medellín) para acceder a algunos lugares sagrados de nuestra cultura, especialmente al sitio de Antigua (llamado por ustedes Ciudad Perdida), en la cuenca del río Buritaca.
Ninguna objeción tenemos frente a la construcción de un teleférico, tipo cabinas, que una las áreas urbanas y turísticas de Santa Marta, como el que se planea para unir el Centro Histórico y la bahía antigua con el balneario de El Rodadero; incluso, creemos que debían extenderlo hacia las playas situadas al sur, para cobijar toda el área turística. En ese aspecto, y sólo en ese aspecto, apoyamos al «hermanito menor» porque comprendemos que, para él, el turismo es una actividad de vida. Sin embargo, le recomendamos (si deciden hacerlo) que éste no destruya el medio ambiente, sea amable con el paisaje y no pase por ninguno de los lugares sagrados localizados en las orillas del mar.
En cuanto al teleférico propuesto para unir los lugares que los «hermanos menores» llaman Minca, Campano y Cerro Kennedy, nos opondremos hasta con nuestra vida. En la ruta de Minca está el lugar o Templo Sagrado de curación de Yantana, en Campano se halla el lugar o Templo Sagrado de armonía de Sey Tairuba y en Cerro Kennedy se encuentra el lugar o Templo Sagrado guardián de equilibrio de Sacra Kungui (padre que controla y aplaca las malas energías).
Los ancianos (mamos) de la Sierra Nevada me han autorizado para revelar esto, lo cual nunca se había dicho al «hermano menor» y era desconocido, incluso, para los cientos de investigadores y antropólogos que nos vienen investigando desde el siglo pasado. Ni siquiera las torturas de la Inquisición nos hicieron confesar el significado sagrado de estos lugares, para que el «civilizado», en su curiosidad destructora, no los profanara ni destruyera.
Si se profana y se destruye a Yantana, a Sey Tairuba y Sacra Kungui, se rompen los hilos de energía que conectan el gran tejido de la Sierra, se alteran y destruyen los centros de conexiones energéticas que, a través de la montaña sagrada, se unen con otros lugares del planeta. Al dañar a Yantana, Sey Tairuba y Sacra Kungui se rompen los hilos espirituales que le dan armonía a la Sierra, a la vertiente noroccidental, a todo el horizonte que desde allí se mira.
Si ellos son destruidos, Santa Marta, Ciénaga, Barranquilla y Cartagena sufrirán, y así mismo, por resonancia, Valledupar y Riohacha, ciudades de las vertientes sur y oriental, padecerán. Sufrirán todos aquellos lugares donde vive el «hermano menor» en el ángulo de las defensas destruidas, así como también otros sitios lejanos que se encuentran en el horizonte circular de ese punto cardinal: Panamá, México, Jamaica, Cuba, una gran parte de las Antillas occidentales y hasta la Florida. Lo que quieren hacer entre Antigua y Pueblito es mucho más grave porque destruye y profana los lugares sagrados del río Buritaca, donde nosotros sabemos que nació nuestra civilización indígena; allí está nuestra memoria en piedra. Son lugares de Pagamento. ¿Qué pensarían ustedes si alguien, sin consultar, quisiera poner un teleférico que pasara por la nave central de su Catedral Primada? ¿O instalar un sistema de transporte y turismo para visitar el cementerio Central de Bogotá, donde circularan turistas en bermudas, llenando de papeles y desperdicios las tumbas de sus antepasados? ¿Qué pensaría el ministro de Transporte si los mamos indígenas, sin su consentimiento, decidiéramos hacer una Kankurúa en su casa e irnos a vivir allá? ¿Qué tal que se nos ocurriera usar el patio de banderas del Palacio de Nariño para hacer una huerta o cultivo? Dirían que estamos locos y nos meterían en un hospital. Eso es lo que pensamos sobre este proyecto de profanación.
Lo mismo sucede con la represa de los Besotes, que está en estudio para ser construida en la cabecera del río Guatapurí, la cual solucionaría supuestamente el problema de agua de Valledupar; al crear un nuevo espejo de agua gigantesco, propiciará el calentamiento de los nevados, arriesgando este lugar sagrado, que es la fuente del agua y de la vida de todos los «hermanos menores» que viven en la parte plana del Cesar y La Guajira. ¿Quieren que se acaben las nieves, donde vive el espíritu de nuestros padres ancestrales y originales? ¿Sabe el «hermano menor» lo que sucederá cuando se acaben los picos nevados? Se acabará la Sierra, nos acabaremos nosotros y, al no haber quien haga «pagamento», se acabará el mundo.
Estos lugares son importantes para nosotros, pero lo son mucho más para el «hermano menor», pues su profanación y su destrucción redundarán en un daño grave para su vida. A nosotros nos afectará y destruirá nuestra cultura, pero para el «hermano menor» será la causa de una gran tragedia. El «hermano menor» está muy equivocado si cree que una represa o un teleférico va a solucionar sus problemas. No se puede estar trabajando para atender las emergencias, hay que evitar que éstas pasen, pensando en un horizonte de siglos, de milenios. ¿Por qué no se dejan guiar por nuestros ancianos, los mamos? Nosotros hemos protegido la Sierra desde hace miles, millones de años. ¿Por qué no nos consultan? Ahora hay que evitar que eso ocurra, ahora hay que convocar a todo el país, al presidente de la república, al Congreso, a los medios, a los gobiernos de los países amigos de la Sierra Nevada para que veten ese dañino proyecto. Ahora hay que decirles, también, a los «hermanitos menores» de Santa Marta, Magdalena, Valledupar, Cesar, Riohacha y La Guajira, que no por correr se llega más temprano. Hay que meditar lo que se va a hacer, para no tener que arrepentirnos en el día de mañana.
El día que ustedes quieran, el día que sus corazones se llenen de espiritualidad, los mamos de la Sierra Nevada estamos dispuestos a bajar hasta el plano para enseñarles, desde las escuelas, la forma como deben tratar a la Sierra, madre Seinekan, que es nuestra madre y también de ustedes, no lo olviden. Si, por el contrario, persisten en su empeño de profanar Antigua (Ciudad Perdida) por unos pesos, si van a destruir los templos de curación, armonía y equilibrio, si van a llenar la Sierra de antenas, cables, desperdicios y turistas traviesos y destructores, en cada lugar donde quieran poner un ladrillo o hincar una torre o antena, tendrán que enterrar también a un indígena.
Nos opondremos con nuestros cuerpos a que le causen más heridas a nuestra Sierra, que es nuestra madre y corazón del mundo. Así, el «hermano menor» entenderá lo que decimos. Sin violencia de ninguna clase, sino con la resistencia de quien tiene la razón y la verdad, queremos decirlo en voz alta y con mucha energía. La armonía de la Sierra no se puede perder, porque nos destruiríamos todos: indígenas y «hermanos menores». La Sierra no necesita un desarrollo así, necesita paz, tranquilidad. El desarrollo sin espiritualidad es un desarrollo hueco que no trae sino profanación. Si no entienden eso, si persisten en hacerle daño a la Sierra Nevada con estos proyectos inconsultos y nocivos, nosotros preferimos morir temprano antes que vivir para ver cómo se atropella a nuestra madre.

Cordialmente,
—Mamos Sierra Nevada de Santa Marta
y Fundación Nuevo Amanecer Indígena

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