ANGOSTA
Mejor
novela extranjera de 2004
Bogotá,
5 de mayo de 2005
La
más grande editorial literaria de la República China,
la Casa de la Literatura Popular, y la Sociedad de Investigación
de la Literatura Extranjera conceden cada año en Beijing seis
premios a seis novelas en seis idiomas: alemán, ruso, inglés
(Inglaterra), inglés (Estados Unidos), francés y español
(España y Latinoamérica). Este año la obra Angosta,
del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, ha sido seleccionada
como la mejor novela del mundo hispanohablante del 2004. En ocasiones
anteriores, el premio se les había otorgado al español
Andrés Trapiello, a los argentinos Marcos Aguinis y Tomás
Eloy Martínez, y a la mexicana Elena Poniatowska.
Abad Faciolince recibirá la distinción
en diciembre de este año, en Beijing. La traducción al mandarín
la realiza en estos momentos Zhang Guangsen. Zhang, uno de los más destacados
hispanistas chinos, ha traducido obras literarias tan importantes como el Quijote,
las Rimas de Bécquer, cuatro obras de Baltasar Gracián (El oráculo
manual y arte de prudencia, El héroe, El discreto, El político),
la obra poética de Borges y el Canto general de Pablo Neruda.
Un representante de la editorial china, Hu Zhencai, hizo
el anuncio oficial en la Feria del Libro de Bogotá (cuyo país invitado
fue precisamente China), y justificó así la decisión del
jurado:
1.
Visión amplia. En esta novela el autor ha concentrado la vida
real de todo el mundo en una ciudad montañosa como Angosta,
y desde ella representa una serie de cuestiones sociales, tales como
las contradicciones y conflictos entre distintas esferas de la política,
la sociedad, la cultura, la ideología y la moral, al igual
que los serios problemas de hegemonía, violencia, terrorismo,
droga, inmigración y política de segregación,
que afectan gravemente la vida normal de mucha gente en el mundo.
2. Significación simbólica. La novela no es una fábula
contemporánea sin prédicas vacías ni metáforas
forzadas, sino una narración fluida sobre temas serios de política
y sociedad, y tiene relación también con el contenido
humanístico, con la moral, la ética, la familia, el amor,
la miseria y el caos; por eso es más que una novela realista.
3. Habilidad narrativa. La mayoría de los personajes de la novela
tienen un sentido simbólico, pero ellos no sólo representan
su símbolo, sino también a personas de la vida real;
cada uno tiene su veracidad e individualidad inequívoca. Además,
la estructura de la novela es ordenada y prudente; su historia es zigzagueante
y con un argumento divertido; con el lenguaje certero, conciso y fluido.
Por eso, el jurado general ha creído que Angosta posee el valor
humanístico y artístico para ser merecedora del premio
a la mejor novela del mundo de lengua española en el año
2004. Es más: el presidente del jurado, Zhao Deming, la consideró la
novela más sobresaliente de las seis premiadas en los seis idiomas
este año.
—Zoraya Peñuela, editorial Planeta.
SOBRE
EL PROBLEMA DEL GÉNERO EN LA SEXUALIDAD
Medellín,
abril del 2005
Recientemente
quedé estupefacta cuando uno de los líderes eclesiásticos
más acatados del país se pronunció en un noticiero
sobre el proyecto de legalizar las uniones entre homosexuales. Dijo
que «aprobar legalmente la unión entre parejas del “mismo
sexo” es inmoral, puesto que es obvio que Dios creó hombre
y mujer: dos “sexos”» (no dijo «géneros»,
como sería más adecuado).
¿Cómo es posible que a su edad y en su posición,
tras su larga trayectoria, en contacto con los problemas inherentes
a estos asuntos, pueda mostrarse, falsamente, tan ignorante de la verdad,
o tan parcial y arbitrario, como para decretar la perpetuación
de las injusticias antinatura que se cometen?
¿Hasta cuándo seguirá la mayoría de la
humanidad confundida, equivocada, temerosa y castigada, o autoconstituida
como verdugo en lo relacionado con esta cuestión?
Desde hace mucho tiempo quedó claro que la naturaleza no produce
dos géneros, masculino y femenino, en la especie humana, sino,
por el contrario, toda una gama, un abanico de variedades (por no decir
escala, ya que eso implicaría cierto ascenso, y no se puede
calificar de más alto o más bajo ninguno de los estadios
resultantes). Debemos aclarar que sí ocurren algunas anomalías
cromosómicas que pueden considerarse defectos aberrantes, pero
será una en mil. El resto, casi todas las demás variedades,
eso son: variables, no abominables, y de alguna manera y en algún
grado, funcionales.
¿Quién decide que un grado de desarrollo fisiológico
u hormonal es «mejor» que otro? Es idéntico al problema
de las razas, el cual desgraciadamente también ha subsistido,
aunque, como sabemos, cada vez en menor profundidad y extensión. ¿Se
atrevería alguien a decir que alguna raza o mestizaje es una
aberración?
No puedo comprender cómo es posible que el cuerpo médico
de todo el mundo, y los expertos y entidades de derecho legal o de
derechos humanos, y peor aún los religiosos que trabajan en
contacto y conocimiento de los problemas de toda clase de individuos,
todos ellos dirigentes, cuya cultura e intelectualidad los pone en
conocimiento de los hechos, continúan contemporizando con la
absoluta y absurda posición milenaria de «ignorar» y «negar» la
realidad.
Forzar a cualquier individuo a someterse a conductas y limitaciones
que no concuerdan con su fisiología, especialmente la hormonal,
porque ésta tampoco concuerda con una de las dos tipologías
sexuales aceptadas por nuestra cultura actual (que no la de todos los
pueblos de la historia), es absurdo, es contra natura, ya que es la
naturaleza misma la que produce hermafroditas y toda una gama múltiple
y compleja de entidades intermedias.
Es cruel, y además va contra los derechos humanos y los del
individuo, forzar a estas personas a reprimir sus vidas y representar
un papel decretado de antiguo por la ignorancia y la tiranía
social y religiosa.
Aunque los grupos homosexuales han desplegado una fuerte lucha y han
alcanzado algunos logros, aún la humanidad restante los trata
como seres imperfectos, o al menos defectuosos o raros... Y la mayoría
sigue empecinada en perpetuar la ignorancia de la realidad y en negarles
derechos elementales de asociación, comportamiento, expresión
libre en su estilo gestual, su vestuario, etc.
Debemos reconocer que estos elementos, aunque de gran importancia en
la identidad del individuo, son ingredientes meramente culturales,
y por tanto la rigidez de las pautas impuestas por una mayoría
no va a evitar que la naturaleza produzca sus variables de género,
fisiológicas u hormonales (ni menos las cromosómicas).
Y el comportamiento sexual y social correspondiente a un género,
cuando se despliega fuera de la normativa aceptada por el establecimiento,
no va, en realidad, contra natura. Pero sí necesita ir, al parecer,
contra cultura. ¡Al parecer!, pero es al revés: es la
cultura la que va, ignorante, contra natura, y de paso, aplasta los
derechos humanos de individuos hechos de diversos modos por la naturaleza.
Afortunadamente tenemos entre nosotros a personas como Carlos Gaviria
(el ponente del proyecto de ley), un senador con cerebro e intelecto
amplios, y profunda comprensión de las realidades del ser humano,
la cultura y la historia, para que nos recuerde que el «poder» religioso
no debe tratar de imponer su moral equivocada, la de tradiciones culturales
basadas en la ignorancia, la cual, ya que va contra los hechos de la
naturaleza, es «contra natura», aberrante e injusta.
—Olga
Elena Mattei
MERCADOS
Carta de una colombiana en Georgia
24 de mayo del 2005
Queridos
papás:
Les cuento que hoy fui al mercado de ropa de Tbilisi; un campo inmenso
con chocitas en las que venden ropa, zapatos, cosas de cocina, de ducha,
de cumpleaños, mejor dicho, lo que se te ocurra, pero de muy
mala calidad, falsificadísimo, pero eso sí, superbarato.
Llegué a casa con una bata de seda, dos pares de zapatos, un
vestido de Gap, una camiseta, unos pantalones de lino, etc., etc, etc.,
pero en serio, una cantidad de cosas, y me gasté como cien dólares;
eso sí, ¡vamos a ver cómo quedan las cosas después
de meterlas en la lavadora o después de usar un par de veces
los zapatos! En fin, con que me aguanten un poco es suficiente, ya
que no estoy para desfiles de moda en esta ciudad y lo menos que llame
la atención, mejor, aunque para parecer local lo único
que tendría que hacer sería vestirme de negro de la cabeza
a los pies, pero yo me niego.
A este mercado fui con mis amigas: una española, una dominicana,
una colombiana y una mexicana (¡quién se iba a imaginar
que iba a encontrar a tantas latinas aquí!). Por supuesto ninguna
de nosotras habla ni una palabra de georgiano, y sólo la mexicana
y yo chapuceamos ruso, apenas para decir cuánto cuesta esto
y adivinar un poco (entre las dos) la respuesta; es que los números
en ruso son superdifíciles, pero bueno, por lo menos así uno
se ríe de su propia ignorancia.
Ayer estuve en otro mercado, el de las frutas y verduras, al que voy
todos los sábados, pero había quedado con mi amiga mexicana
de ir las dos, para explorar más allá de lo que siempre
había visto. Si durante el invierno este mercado daba ganas
de llorar porque no había nada y por el frío que hacía,
en primavera es la cosa más provocativa e incitante que pueda
existir: miles de fresas, de melocotones, de cerezas, de duraznos,
de nísperos, de tomates, de pepinos, de patatas nuevas, en fin,
hay de todo ordenado a manera de montañas. A mí me provoca
comprar unos diez dólares de las mejores fresas y llenar mi
tina (en la que caben varias personas), ¡sólo que creo
que sería demasiado! Además, todo tiene mejor sabor:
los tomates son mejores que los italianos, las fresas mejores que las
holandesas y, además, a dos centavos... Me gusta ir a ese mercado,
aunque esté lleno de gente y suden y me rocen y huelan a feo.
En el mercado todo el mundo se grita: unos vendedores les reclaman
a otros, quién sabe si es por espacio, clientes o qué, ¡como
yo no entiendo! Los compradores les gritan a los vendedores, me imagino
que algo así como «Esto está muy caro, fulano lo
vende más barato». «La semana pasada me salieron
podridos estos tomates» y blablablá, porque una vez que
abren la boca hay que esperar tres minutos para que paren a tomar aire
y se les pueda decir: «Yo no hablo georgiano». Pero también
está el caso de los vendedores que les gritan a los compradores: «Le
estoy diciendo que cuatro a un lari, ¿acaso no me entiende,
mocosa de mierda?». O algo parecido fue lo que me dijeron la
semana pasada, aunque por el tiempo que se demoró la vieja en
la perorata seguro estaba diciendo mucho más. Esta vez se me
ocurrió comprar unos champiñones. No es que los quisiera,
pero ya que estaban ahí los podía comprar para reactivar
la economía y hacer circular (más) la moneda, así que
le pregunté a la vieja (las vendedoras son siempre viejas) cuánto
costaban. Me dijo cuatro y yo le contesté «Ara madglob»,
o sea «No, gracias», entonces me los rebajó a 3,50,
pero como yo tenía sólo dos laris en el bolsillo le dije «Ara
didimadglob», o sea «No, muchas gracias». La vieja
empezó a gritarme de todo. Yo me imagino que gritaba «¡Qué carajo
quiere si estaban bien de precio, me quiere robar o qué!».
Todo esto es universal, ganarme estos insultos por no querer comprar, ¿o
sí? Lo bueno es que si yo no entiendo las maldiciones que me
echan, éstas no pueden hacer efecto, ¿o sí? Además,
ya había comprado dos kilos de fresas de una variedad única
georgiana, más rojas, más suaves, más dulces,
más todo, y en la noche cené fresas con helado y de postre
comí sólo fresas, y más tarde me comí las
fresas que habían quedado en la nevera, así que cuando
fui a dormir, ¡me dolía tanto la barriga! Pero no me importa,
estas fresas son las mejores del mundo y no existen más que
durante un mes en primavera, así que hoy de nuevo compraré fresas
y no me importa la indigestión.
Bueno, ya conté mucho de esta aventura georgiana.
Los quiero mucho. Besitos.
—Lu (Carmen Lucía Bassi)
LOS
ROLLING STONES A POCOS METROS
Bogotá,
20 de mayo del 2005
Siempre
he pensado que en Nueva York puede pasar cualquier cosa. Ya lo
viví un 11 de septiembre, pero esta vez, aunque en un día
igualmente soleado, fue una experiencia que también mataría,
pero de la envidia, a mi gran amigo Sandro Romero Rey y a unos
cuantos más de los seguidores acérrimos de Los Rolling
Stones. El día anterior, al salir de la universidad, mi
hija pasó, como siempre, frente a Julliard School of Music
y vio que estaban colgando pendones con la sensual boca de Mick
Jagger enseñando la lengua. Ella, ni corta ni perezosa,
le preguntó a uno de los guardias qué estaban preparando
y éste le contestó:
—Mañana, a la una de la tarde, se presentan aquí Los
Rolling Stones.
Ella le preguntó incrédula:
—¿Los Rolling Stones? ¿Está seguro?
—Sí, es el lanzamiento del tour 2005 —le confirmó.
Al día siguiente ella, como buena hija que es, me pasó la
valiosa información. Era 10 de mayo. Tomé la cámara
de video y salí a cumplir mi inaplazable cita con los Stones.
Cuando llegué, a las 11:10 a.m., los fans ya habían ocupado
los puestos claves de la plazoleta. Estudié las posibilidades
y me ubiqué detrás de una pareja de japoneses que parecían
sacados de la película Mistery Train, de Jim Jarmush. Me tocó en
segunda fila, pero como los japoneses eran altos, intentaría
meterme entre ellos y un gringo, aunque se veía difícil.
Mientras esperaba, oí varias veces la misma conversación
por celular:
—Iba caminando por la calle, ¿y a que no te imaginas quiénes
van a cantar frente a Julliard School? Los Rolling Stones. Es en serio.
Ven rápido. Empieza a la una.
Me entretuve mirando las chaquetas, camisetas y demás accesorios
de los fans. Una mujer tenía una excelente marioneta de Keith
Richards, que respondía preguntas con un cigarro en la boca.
Cuando miré hacia atrás, vi que la plaza estaba mucho
más llena. El trabajo de los celulares estaba dando resultado.
A nadie le importó esperar bajo el sol radiante. Cuando faltaban
quince minutos para la una, uno de los organizadores, acompañado
por cuatro hombres grandotes, se acercó a la valla donde yo
estaba y separó dos de las vallas, dejando un camino angosto
para dejar pasar a unas personas, ante el asombro de todos; la gente
empezó a empujar y el hombre amenazó con no dejar entrar
a nadie más. Cuando pasé por allí, me di cuenta
de que estaban contando a las personas; fui la número catorce
(después me enteré de que sólo fuimos 50 los elegidos).
Subí corriendo las escaleras y quedé en primera fila,
detrás de la valla que me separaba de los periodistas y de unos
cuantos estudiantes de Julliard School.
Yo aún no podía creerlo: no sólo vería
a los Stones gratis, sino además a unos pocos metros de distancia.
Por fin se levantó el telón blanco, impreso con quince
bocas de Mick Jagger, y saltó él con pantalón
negro, camiseta rosada y chaqueta azul claro, cantando las notas de
Start me up. Estaba, desde luego, acompañado por Keith Richards,
Ronnie Wood y Charlie Watts. Luego interpretaron su nueva canción,
Oh No, Not You Again; Mick se despojó de su chaqueta y parecía
querer seguir con la camiseta. Cerraron con uno de sus clásicos,
Brown Sugar, que logró alborotar al máximo los ánimos
del público.
Finalmente dieron una divertida rueda de prensa, donde el seductor
Mick Jagger seguía apoderado del micrófono (y eso que
cada uno tenía el suyo). Respondía las preguntas que
le daba la gana, y tildó de aburrida y de demasiado inglesa
la pregunta del periodista de la BBC. Y tenía toda la razón:
era una pregunta sobre el pago de impuestos. Entre muchas cosas, Jagger
dijo que piensan desempolvar algunos de sus temas que no han tocado
en años. Nos invitaron a seguirlos a partir del 21 de agosto
en Boston. Estarán en 35 ciudades de Estados Unidos, luego irán
a Latinoamérica, Japón, posiblemente China —por
primera vez— y terminarán en Europa, a mediados del 2006.
Se despidieron, ¡y nos dejaron vibrando y desenfrenados! Sigo
insistiendo: en Nueva York puede pasar cualquier cosa.
—Adriana
Cantor
DESTRUCCIÓN
DE LA SIERRA NEVADA
Seinekan,
Sierra Nevada de Santa Marta, 26 de febrero del 2005
Apreciados
señores:
Con sorpresa y mucho temor hemos escuchado los anuncios del ministro
del Transporte, el gobernador del Magdalena, el alcalde de Santa Marta,
inversionistas privados y dirigentes de esas secciones del país
sobre la puesta en marcha de un proyecto de construcción de
teleférico (tipo cabinas de Medellín) para acceder a
algunos lugares sagrados de nuestra cultura, especialmente al sitio
de Antigua (llamado por ustedes Ciudad Perdida), en la cuenca del río
Buritaca.
Ninguna objeción tenemos frente a la construcción de
un teleférico, tipo cabinas, que una las áreas urbanas
y turísticas de Santa Marta, como el que se planea para unir
el Centro Histórico y la bahía antigua con el balneario
de El Rodadero; incluso, creemos que debían extenderlo hacia
las playas situadas al sur, para cobijar toda el área turística.
En ese aspecto, y sólo en ese aspecto, apoyamos al «hermanito
menor» porque comprendemos que, para él, el turismo es
una actividad de vida. Sin embargo, le recomendamos (si deciden hacerlo)
que éste no destruya el medio ambiente, sea amable con el paisaje
y no pase por ninguno de los lugares sagrados localizados en las orillas
del mar.
En cuanto al teleférico propuesto para unir los lugares que
los «hermanos menores» llaman Minca, Campano y Cerro Kennedy,
nos opondremos hasta con nuestra vida. En la ruta de Minca está el
lugar o Templo Sagrado de curación de Yantana, en Campano se
halla el lugar o Templo Sagrado de armonía de Sey Tairuba y
en Cerro Kennedy se encuentra el lugar o Templo Sagrado guardián
de equilibrio de Sacra Kungui (padre que controla y aplaca las malas
energías).
Los ancianos (mamos) de la Sierra Nevada me han autorizado para revelar
esto, lo cual nunca se había dicho al «hermano menor» y
era desconocido, incluso, para los cientos de investigadores y antropólogos
que nos vienen investigando desde el siglo pasado. Ni siquiera las
torturas de la Inquisición nos hicieron confesar el significado
sagrado de estos lugares, para que el «civilizado», en
su curiosidad destructora, no los profanara ni destruyera.
Si se profana y se destruye a Yantana, a Sey Tairuba y Sacra Kungui,
se rompen los hilos de energía que conectan el gran tejido de
la Sierra, se alteran y destruyen los centros de conexiones energéticas
que, a través de la montaña sagrada, se unen con otros
lugares del planeta. Al dañar a Yantana, Sey Tairuba y Sacra
Kungui se rompen los hilos espirituales que le dan armonía a
la Sierra, a la vertiente noroccidental, a todo el horizonte que desde
allí se mira.
Si ellos son destruidos, Santa Marta, Ciénaga, Barranquilla
y Cartagena sufrirán, y así mismo, por resonancia, Valledupar
y Riohacha, ciudades de las vertientes sur y oriental, padecerán.
Sufrirán todos aquellos lugares donde vive el «hermano
menor» en el ángulo de las defensas destruidas, así como
también otros sitios lejanos que se encuentran en el horizonte
circular de ese punto cardinal: Panamá, México, Jamaica,
Cuba, una gran parte de las Antillas occidentales y hasta la Florida.
Lo que quieren hacer entre Antigua y Pueblito es mucho más grave
porque destruye y profana los lugares sagrados del río Buritaca,
donde nosotros sabemos que nació nuestra civilización
indígena; allí está nuestra memoria en piedra.
Son lugares de Pagamento. ¿Qué pensarían ustedes
si alguien, sin consultar, quisiera poner un teleférico que
pasara por la nave central de su Catedral Primada? ¿O instalar
un sistema de transporte y turismo para visitar el cementerio Central
de Bogotá, donde circularan turistas en bermudas, llenando de
papeles y desperdicios las tumbas de sus antepasados? ¿Qué pensaría
el ministro de Transporte si los mamos indígenas, sin su consentimiento,
decidiéramos hacer una Kankurúa en su casa e irnos a
vivir allá? ¿Qué tal que se nos ocurriera usar
el patio de banderas del Palacio de Nariño para hacer una huerta
o cultivo? Dirían que estamos locos y nos meterían en
un hospital. Eso es lo que pensamos sobre este proyecto de profanación.
Lo mismo sucede con la represa de los Besotes, que está en estudio
para ser construida en la cabecera del río Guatapurí,
la cual solucionaría supuestamente el problema de agua de Valledupar;
al crear un nuevo espejo de agua gigantesco, propiciará el calentamiento
de los nevados, arriesgando este lugar sagrado, que es la fuente del
agua y de la vida de todos los «hermanos menores» que viven
en la parte plana del Cesar y La Guajira. ¿Quieren que se acaben
las nieves, donde vive el espíritu de nuestros padres ancestrales
y originales? ¿Sabe el «hermano menor» lo que sucederá cuando
se acaben los picos nevados? Se acabará la Sierra, nos acabaremos
nosotros y, al no haber quien haga «pagamento», se acabará el
mundo.
Estos lugares son importantes para nosotros, pero lo son mucho más
para el «hermano menor», pues su profanación y su
destrucción redundarán en un daño grave para su
vida. A nosotros nos afectará y destruirá nuestra cultura,
pero para el «hermano menor» será la causa de una
gran tragedia. El «hermano menor» está muy equivocado
si cree que una represa o un teleférico va a solucionar sus
problemas. No se puede estar trabajando para atender las emergencias,
hay que evitar que éstas pasen, pensando en un horizonte de
siglos, de milenios. ¿Por qué no se dejan guiar por nuestros
ancianos, los mamos? Nosotros hemos protegido la Sierra desde hace
miles, millones de años. ¿Por qué no nos consultan?
Ahora hay que evitar que eso ocurra, ahora hay que convocar a todo
el país, al presidente de la república, al Congreso,
a los medios, a los gobiernos de los países amigos de la Sierra
Nevada para que veten ese dañino proyecto. Ahora hay que decirles,
también, a los «hermanitos menores» de Santa Marta,
Magdalena, Valledupar, Cesar, Riohacha y La Guajira, que no por correr
se llega más temprano. Hay que meditar lo que se va a hacer,
para no tener que arrepentirnos en el día de mañana.
El día que ustedes quieran, el día que sus corazones
se llenen de espiritualidad, los mamos de la Sierra Nevada estamos
dispuestos a bajar hasta el plano para enseñarles, desde las
escuelas, la forma como deben tratar a la Sierra, madre Seinekan, que
es nuestra madre y también de ustedes, no lo olviden. Si, por
el contrario, persisten en su empeño de profanar Antigua (Ciudad
Perdida) por unos pesos, si van a destruir los templos de curación,
armonía y equilibrio, si van a llenar la Sierra de antenas,
cables, desperdicios y turistas traviesos y destructores, en cada lugar
donde quieran poner un ladrillo o hincar una torre o antena, tendrán
que enterrar también a un indígena.
Nos opondremos con nuestros cuerpos a que le causen más heridas
a nuestra Sierra, que es nuestra madre y corazón del mundo.
Así, el «hermano menor» entenderá lo que
decimos. Sin violencia de ninguna clase, sino con la resistencia de
quien tiene la razón y la verdad, queremos decirlo en voz alta
y con mucha energía. La armonía de la Sierra no se puede
perder, porque nos destruiríamos todos: indígenas y «hermanos
menores». La Sierra no necesita un desarrollo así, necesita
paz, tranquilidad. El desarrollo sin espiritualidad es un desarrollo
hueco que no trae sino profanación. Si no entienden eso, si
persisten en hacerle daño a la Sierra Nevada con estos proyectos
inconsultos y nocivos, nosotros preferimos morir temprano antes que
vivir para ver cómo se atropella a nuestra madre.
Cordialmente,
—Mamos Sierra Nevada de Santa Marta
y Fundación Nuevo Amanecer Indígena