M E D I C I N A S
Medicinas que no se basan en las fórmulas de las multinacionales farmacéuticas, medicinas que personalizan enfermedad y paciente, medicinas que fundamentan su éxito en la relación afectiva médico-paciente, medicinas que ligan directamente lo físico y lo psíquico, medicinas cuyo objetivo es la salud y no el afán de lucro. Estos son los temas del presente texto.


Por Alberto Manuel
TEXTO Y FOTOGRAFÍAS
de Fernando González Uribe

FERNANDO GONZÁLEZ URIBE. Médico anestesiólogo de la Universidad Nacional de Colombia, con posgrado en acupuntura, moxibustión y anestesia acupuntural del Instituto de Medicina Tradicional, Beijing, China.

 
    Con el nombre de medicinas alternativas se conocen en nuestro medio un gran número de disciplinas como la acupuntura, la homeopatía, la terapia neural, la medicina indígena y distintas expresiones de la medicina bioenergética.
    Considero que no ha sido nada bueno que a estas disciplinas las llamen medicinas alternativas, pues tanto para quienes las desconocen, como para sus detractores, resulta fácil señalar que a partir de esa denominación se pretende ofrecer la soñada e inexistente panacea contra todos los males; la fuerza de la costumbre hace que este título sea —a mi modo de ver— el que debamos continuar utilizando, aunque es necesario insistir en que las entendemos tan sólo como otras opciones y no como la única alternativa.
    La medicina es un arte que, a través de los siglos y en las distintas regiones, se ha desarrollado en concordancia con la cultura y con las características ideológicas, religiosas, políticas, históricas, económicas y étnicas de cada país o región. Sus objetivos son la preservación de la salud y su recuperación cuando se ha presentado la enfermedad.
    Esa particular mirada de la salud y la enfermedad, la apreciación del cuerpo y de la vida, en cada momento y en cada sitio, están íntimamente ligadas a la forma de ver el universo y de ubicarnos en él.
    Las ideas dominantes en el mundo a finales del siglo XX y comienzos del XXI le otorgan a la medicina alopática —tan sólo una de las muchas medicinas— el privilegio del poder hegemónico sobre las otras miradas médicas, a las cuales se les exige someterse a la prueba de la metodología alopática como único criterio de verdad. En ese sentido se explica el nombre de medicinas alternativas ante esa medicina hegemónica, aunque en realidad todas son alternativas válidas ante las otras, siempre y cuando respondan a las necesidades y creencias de las personas. Además se les ha llamado medicinas complementarias, nombre muy acertado ya que en la práctica todas pueden complementarse mutuamente.
    Éstas son a la vez otras medicinas o medicinas distintas, porque tienen una concepción especial —diferente de la alopática— del cuerpo y de la vida, de la etiología (factores que producen la enfermedad), la fisiología, la patología, los métodos diagnósticos, la prevención y el tratamiento de las enfermedades.
    Con el nombre de medicinas alternativas encontramos medicinas supremamente antiguas, como es el caso de la medicina tradicional china y la acupuntura —una de sus ramas—, que pese a ser tradicionales en su país de origen, se conocen tan sólo hace pocos años en naciones como la nuestra. Lo mismo es válido para la medicina ayurvédica, desarrollada en la India desde hace milenios.
    Algunas medicinas alternativas, como la homeopatía y la terapia neural, no son tan antiguas, y otras son muy recientes, como la auriculomedicina, la medicina del pulso, la electroacupuntura de Voll y las distintas modalidades de la bioenergética moderna.

    Capítulo especial merecen las medicinas indígenas, desarrolladas por los aborígenes de diversas regiones del planeta, para quienes el pilar fundamental es la aplicación de su particular cosmovisión a los procesos de salud y enfermedad. Su aprendizaje y su ejercicio son muy difíciles por fuera de este contexto. Sin embargo, hoy encontramos curanderos y chamanes auténticos que ofrecen sus servicios en las grandes ciudades, sin distingos culturales o étnicos. De las medicinas aborígenes se derivan la mayor parte de los tratamientos con productos naturales, especialmente con plantas medicinales —medicina botánica—. Éstas reúnen conocimientos acumulados por cientos y hasta miles de años en la cultura popular y han sido la base para la síntesis de muchos de los fármacos actuales. Su eficacia, comprobada a lo largo de milenios en distintas culturas de todo el planeta, contrasta con el rechazo que hace de ellas la medicina hegemónica, comprometida con poderosos intereses de las multinacionales farmacéuticas, muy a pesar de quienes la practican.
    Todas las medicinas antes mencionadas se han aplicado en diferentes lugares del mundo con sobrada eficacia, lo que les da la característica de universalidad, común a muchos de los conocimientos científicos. Otro factor a su favor son los bajos costos, además de la ausencia de efectos secundarios negativos, siempre y cuando se practiquen en forma adecuada.

El cuerpo

    Estas miradas médicas tienen varios puntos en común. El primero de ellos es la visión integral del cuerpo y de su entorno: no sólo es imposible separar o mirar aisladamente cada parte u órgano del cuerpo, sino también querer deslindar lo físico y lo mental. El entorno, las relaciones con las demás personas y con el medio que nos rodea son, a la vez, inseparables de lo que ocurre en el ser humano.
    La visión integral de la vida propuesta por las medicinas alternativas entiende que cada parte del organismo incide en el conjunto y que, al mismo tiempo, lo que sucede en el conjunto se refleja en la parte.
    Para ejemplificar esta idea, en lo que respecta a la medicina tradicional china, miremos el caso del dolor dental: puede o no existir en este caso lesión orgánica o estructural del diente o el periodonto; el enfoque de esta mirada médica nos dice que si se trata de un dolor dental agudo, éste representa exceso de calor del estómago, mientras que si es un dolor dental crónico, representa deficiencia de la energía yin del riñón.
    Nos preguntaremos entonces: ¿qué tienen que ver los dientes con el estómago o con el riñón? La respuesta está en la apreciación particular que esa antigua medicina oriental tiene de la fisiología y la patología: el canal o meridiano de acupuntura del estómago está relacionado estrechamente con los dientes, al igual que el riñón controla los dientes como una de sus funciones especiales.
    Esto podría ilustrar la afirmación de cómo en la parte se refleja el todo. Lo contrario, cómo la parte repercute en el todo, puede ejemplificarlo muy bien la terapia neural, volviendo al caso de la boca. Según este enfoque, cada uno de los odontones tiene estrecha relación con un órgano o una parte del organismo (odontología neurofocal). Por esta razón, un problema aparentemente focalizado en una pieza dental resulta ser el responsable del desarrollo o cronificación de una enfermedad en el órgano o parte del cuerpo relacionada con él.

    En forma similar, algunas de estas medicinas entienden al ser humano como un microcosmos, en el sentido de que en él se reflejan o manifiestan todas las cosas del universo. Por eso, los cambios que ocurren en el universo en general y en nuestro planeta en particular inciden de algún modo sobre nuestro organismo. También sucede lo contrario: los cambios en nuestros organismos inciden en algún grado sobre el universo.
    Al respecto, las medicinas indígenas brindan magníficos ejemplos cuando aducen que la causa de una determinada enfermedad está en el desbordamiento de un río o la sequía de una región. Cuando se presentan problemas climatológicos o determinados resultados en las cosechas, los médicos indígenas ven en ellos las consecuencias de las acciones u omisiones de la comunidad. Con esto trato de ilustrar la acción recíproca del entorno y el cuerpo.

Prevención de la enfermedad

     Para los expertos en medicinas alternativas, aquí es donde se deben concentrar los mayores esfuerzos para mejorar la calidad de vida. Sólo con una concepción holística de la vida será posible una concepción integral de la salud y de la medicina, como un componente de la salud, no el único ni el más importante.
    No sobra relatar el papel al respecto que se le asignaba al médico en la antigua China: era un verdadero guardián de la salud. Él recibía sus honorarios únicamente si la persona se mantenía sana. Cuando enfermaba, se suspendía su remuneración. Entonces el médico vivía de la salud y no de la enfermedad; era su interés filosófico y económico ayudar a preservar la salud. Aunque la salud depende de muchos factores, entre ellos los principales son la vivienda, la nutrición, las condiciones de trabajo, la recreación, el deporte, el ejercicio de la libertad, el respeto por los demás, el cuidado de la naturaleza buscando la armonía con el entorno, etc.; si estas condiciones se cumplen, la disponibilidad de médicos, hospitales y productos farmacéuticos será algo totalmente secundario.

De qué nos enfermamos

    En alguna forma está ya enunciada la diversidad de factores que las medicinas alternativas conocen con respecto al origen de las enfermedades. Sin embargo, hay que destacar los diferentes aspectos ambientales, emocionales, nutricionales, laborales, la forma de vivir, geopatías, etc., los cuales se consideran en una forma integral, vectores que con distinta magnitud ayudan a generar la enfermedad. Existe una dinámica interacción entre factores externos e internos que pueden causar enfermedad, y factores externos e internos que protegen contra ésta. La confluencia de algunos de esos factores en un momento dado y en una persona determinada para producir un síntoma o una enfermedad ilustra lo particular de la mentalidad china, que explica otra racionalidad y una lógica distinta, inherente a esta antigua medicina a la cual Carl Gustav Jung denominó sincronicidad. «La mente china, tal como la veo yo obrar en el I ching, parece preocuparse por el aspecto casual de los acontecimientos. Lo que nosotros llamamos coincidencia parece constituir el interés principal de esa mente peculiar, y aquello que reverenciamos como causalidad no se toma en cuenta… Las consideraciones teóricas sobre causa y efecto a menudo resultan desvaídas e imprecisas en comparación con los resultados prácticos del azar» (Carl Gustav Jung, Prólogo para el I ching). Desde aquí también es clara la visión holística, es decir, totalizante de la vida.

Cómo funcionamos

    La fisiología se caracteriza igualmente por la interrelación entre todos los órganos y partes del cuerpo y la imposibilidad de separar lo físico de lo mental.
    Cada una de estas visiones médicas tiene una explicación particular sobre la dinámica corporal. En el caso de la medicina tradicional china —a modo de ejemplo—, además de la integración energética que brinda el sistema de canales y colaterales (trayectos virtuales situados bajo la piel, por los que circula la energía que garantiza todas las funciones físicas y mentales), cada uno de ellos relacionado en forma especial con un determinado órgano, se atribuyen a los distintos órganos funciones fisiológicas muy particulares. En el caso del riñón, aparte de sus obvias funciones urinarias, se le considera la fuente y a la vez el reservorio de la energía vital, en especial de la que controla el aparato reproductor, abarcando incluso los principales aspectos de la sexualidad. Según esta teoría, de la función del riñón dependen los huesos y los dientes; de él se generan las médulas (ósea y espinal), su estado se refleja en las orejas, controla los esfínteres anal y vesical, influye en gran medida sobre las condiciones del cuero cabelludo y por tanto del pelo, y además capta la energía que el pulmón ha extractado del aire. Su ubicación en el agua (como uno de los cinco elementos básicos de la naturaleza para la energética china) le confiere la propiedad de regular o controlar el corazón (que pertenece al elemento fuego), generar la energía para el hígado (el cual se ubica en el elemento madera) y controlar energéticamente el bazo (que rige el elemento tierra).

Salud y enfermedad

El concepto de salud se basa en la armonía existente en la cantidad, cualidad y circulación de la energía vital que es la responsable de todas las funciones físicas y mentales. La enfermedad está íntimamente relacionada con la ruptura de dicha armonía energética, producto de la lucha constante entre los factores internos y externos, los cuales tienden unos a la salud y otros a la enfermedad. Ésta se entiende como la manifestación de un desarmonía general, interna y externa, orgánica y emocional, tratando de comprenderla en un sentido integral, para abordar su prevención y tratamiento en la misma forma.     Los signos y síntomas que representan la enfermedad tienen particulares connotaciones en estas disciplinas alternativas. Un dolor lumbar, por ejemplo, puede ser la expresión de una cordal incluida, de un exceso de trabajo, de un estado de pánico, de una ingestión excesiva de sal, de la falta de ejercicio, de un trauma, de una hernia discal, de un canal estrecho, de un tumor y obviamente de la interacción de dos o más de estos factores. En el caso de la medicina tradicional china, la irritabilidad, los calambres, las irritaciones oculares y las cefaleas de vértex dependen del hígado. La mayor parte de las alteraciones de la piel se derivan de trastornos energéticos del pulmón.
    Existe además una interdependencia entre los órganos y sistemas que ocasiona la imposibilidad de localizar exclusivamente en una parte la enfermedad, pues ésta siempre tiene consecuencias sobre diversas partes y no sólo sobre la que supuestamente está enferma.
    El concepto de lo normal y lo patológico está estrechamente relacionado con cada cultura. Su relatividad nos recuerda la imposibilidad de generalizar patrones a los cuales todas las personas deban ajustarse. Lo que para unos resulta muy normal, como el baño diario, por ejemplo, para otros es totalmente patológico. Lo mismo sucede con las costumbres sexuales, alimenticias y muchas otras.
    Hoy en día prevalece lo estético, tan relacionado con la salud: el concepto dominante en el ámbito social en la actualidad es tener una «buena imagen», ante todo. Están a la orden del día las cirugías con objetivos estrictamente estéticos, sin que importen los riesgos anestésicos, los imprevisibles problemas de cicatrización y las catástrofes energéticas generadas por las cicatrices o el implante de sustancias extrañas.

 

Métodos diagnósticos

    En las medicinas alternativas, los métodos diagnósticos privilegian el contacto directo con el paciente: lo que el examinador siente, lo que percibe a través de las formas de llegar al examinado. Se marca aquí la ruptura entre los desarrollos muy importantes y nunca despreciables de la moderna tecnología diagnóstica, que privilegia el conocimiento objetivo —racional— como la única forma de comprobar la existencia de una patología y las percepciones que van mucho más allá de lo demostrable objetivamente, contemplando esferas del conocimiento que permiten «sentir» la enfermedad, así ésta no pueda aún ser demostrada por el desarrollo tecnológico que, aunque magnífico, es siempre limitado. Lo que expresa el paciente es lo principal, complementado por la interrogación dirigida hacia aspectos que ayudan a establecer un balance energético. Por ejemplo, gustos por determinado clima, agravación de un síntoma con la presión o con el movimiento, entre otros.
    A modo de ejemplo se mencionan a continuación algunos de los métodos diagnósticos empleados por las medicinas alternativas, haciendo énfasis en los pertenecientes a la medicina tradicional china:
• Métodos de auscultación, que tienen en cuenta todos los sonidos (no sólo los del corazón sino también los del pulmón y algunas vísceras).
• Métodos de palpación, con modalidades tan especiales como la de los pulsos de la medicina tradicional china; métodos de observación que contemplan el todo y cada una de las partes; se destaca entre ellos la riqueza de información que proporciona la observación de la lengua, según la semiología china.
• Métodos de olfacción, que se refieren principalmente al aliento y a las excreciones y secreciones.
• Repertorización homeopática, según la cual, las características detalladas de conductas, emociones, gustos y disgustos proporcionan el perfil individual homeopático.
• Determinación del campo interferente en la terapia neural y alivio casi inmediato de los síntomas luego de aplicar procaína (llamado fenómeno en segundos). Son al mismo tiempo un medio diagnóstico y otro terapéutico.
    En algunos casos, son más importantes esas percepciones directas que los análisis bioquímicos y las imágenes radiológicas, tomográficas, ecográficas o de resonancia nuclear magnética, que tampoco son despreciables. Quien está enfermo es un ser humano, y su problema no siempre se detecta con unos exámenes paraclínicos.
    Obviamente, el diagnóstico obtenido a través de tan particulares métodos tiene un nombre distinto del de la nosología alopática y, claro está, unas connotaciones pronósticas y terapéuticas muy distintas.
    No son pocas las veces que el paciente llega a las medicinas alternativas en busca de un milagro, ya que la «ciencia» lo desahució. Sin embargo, no son raros los casos en que las medicinas alternativas tampoco pueden hacer nada por detener o curar una enfermedad, pero esa relación médico-paciente, más directa y generalmente más cálida, contribuye a mejorar la calidad de vida de esa persona, ayuda en muchos casos a renacer o a fortalecer la esperanza de que la vida —lo que de ella quede— puede disfrutarse mejor, privilegiando la calidad sobre la cantidad. En palabras del doctor Ernesto Plata Rueda, «Hay que darles vida a los días antes que días a la vida».
    Ese apoyo que algunos pueden entender como efecto placebo —no importa el nombre que quiera dársele— no es nada despreciable, por lo que deben reivindicarse la fe y el afecto que mutuamente hay en esa relación médico-paciente, como un factor casi siempre decisivo para el éxito de dicha relación. En muchos casos, ante personas con enfermedades que no encontraron mejoría con la medicina alopática, las medicinas alternativas logran resultados magníficos que no se pueden explicar desde otros ángulos distintos de los que proporciona una visión integral de la vida.

 

Tratamiento

     El tratamiento compete al concepto de terapéutica y es tan sólo una parte de estas medicinas alternativas. Por tanto, no es lo más aconsejable querer reducir estas medicinas a la categoría de «terapias alternativas».
    Este enfoque terapéutico parte, en primer lugar, de respetar el orden propio en cada persona; es consecuente, de verdad, con aquella máxima hipocrática de que «no hay enfermedades, sino enfermos».
    Las medicinas alternativas proveen a cada persona, según sus necesidades, de estímulos específicos o inespecíficos dados por una aguja, una dilución homeopática, una esencia floral, una planta medicinal, una inyección de procaína, un masaje o una manipulación vertebral u otros, para que el organismo procese y elabore una respuesta ante ellos, la cual resulta en el fortalecimiento de los factores naturales que tienden a la salud y protegen contra la enfermedad.
    Este concepto es contrario a la clasificación en el uso de fármacos que se prescriben en igual forma para todos aquellos que, se presume, tienen la «misma enfermedad». No es impositiva, es decir, no lleva en forma autoritaria y represiva la orden de que ese organismo debe ajustarse a pautas preconcebidas de normalidad; por ello, las medicinas alternativas son realmente libertarias y democráticas.
    Tampoco suplantan el papel que deben desempeñar los distintos órganos y sistemas en la recuperación de la salud. A modo de ejemplo, tenemos las enfermedades infecciosas; en su tratamiento —cuando es posible con medicinas alternativas— no se suplanta la acción del sistema inmune, sino que se refuerza dicho sistema natural defensivo.
    Algo similar ocurre en el caso del dolor. Ante él las medicinas alternativas, además de atacarlo en sus causas, también promueven su alivio con el fortalecimiento de los sistemas naturales protectores contra él.
    Este principio fundamental de los tratamientos basados en las medicinas alternativas tiene la inobjetable ventaja de no causar toxicidad o efectos secundarios adversos, siempre y cuando los practiquen personas idóneamente entrenadas y con un sincero sentimiento de identificación con los principios filosóficos que las rigen.

Medicinas y poder

     Siempre en la historia de la humanidad, la investigación, la práctica y la enseñanza de un arte, un oficio o profesión, están sujetas a los intereses de quienes tienen el poder.
    Al respecto el profesor Guillermo Fergusson hablaba sobre las diferentes formas y calidad de los servicios que brinda un mismo médico ante personas de distinto nivel socioeconómico: si atiende a un empresario adinerado —y el médico se identifica con su sistema de valores— lo hará con agrado, admiración y respeto, mientras que al atender a un obrero —por poner un ejemplo casi extremo— no sentirá la misma empatía ante quien representa todo lo contrario a lo que él quiere ser.     Esto generalmente no es consciente y tal vez forma parte del inconsciente colectivo.
    No sobra señalar el sentido de empatía que aquí utilizo, tomado de la precisión que sobre ella hace el doctor Antonio Ordóñez Plaja, definiéndola como la capacidad de meterse en el pellejo del otro.
    Cada una de las distintas miradas médicas tiene connotaciones ante el poder político y económico.
    En nuestra sociedad, aunque excepcionalmente algunos miembros de las clases dominantes acudan a las medicinas alternativas, la gran mayoría cierra filas en defensa de la medicina oficial hegemónica, esto es, de la alopatía, en la cual se manejan poderosos intereses que competen no sólo a la industria farmacéutica, pues a ella se suma la de producción y mantenimiento de los insumos para clínicas y hospitales, además de los modernos aparatos de la electromedicina.
    Por otra parte, quienes tienen el poder económico y político se identifican filosóficamente con la visión del mundo inherente a la medicina oficial, pues sus intereses son comunes con las economías de mercado, con el carácter de mercancía que tiene todo en esta organización social. Las «mejores mercancías» de esta medicina se venden en las más costosas clínicas sólo a quienes tienen gran poder adquisitivo y las «peores» se dan con la humillante connotación de caridad, llamada asistencia pública.
    La seguridad social en este esquema cumple tan sólo funciones paliativas que permiten reparar, así sea muy mediocremente, la fuerza de trabajo que requiere el sistema productivo.
    Las medicinas alternativas nacen y se desarrollan marginalmente al saber oficial.
    Para dichas medicinas alternativas es válida la afirmación del doctor Julio César Payán, quien considera que «la medicina biológica es una medicina no comprometida», en el sentido de que no está sometida a los intereses del capital y el poder. Sí tiene, obviamente, un compromiso político en la construcción de una alternativa integral de vida, así no todos los que la practiquen lo hagan en forma consecuente con su filosofía intrínseca, aunque existan sectores del capital que empiezan a explotar como negocio la producción de elementos para su práctica.
    Las medicinas alternativas tienen características libertarias y democráticas, que posibilitan la participación activa y en pie de igualdad del paciente en su proceso de sanación. Para lograr esto, la relación con las personas que consultan debe ser lo más democrática posible, subrayando el poder protagónico de cada ser en su proceso vital, que lo hace responsable principal de su propia historia. Esto implica un profundo respeto por el libre albedrío, que es la capacidad de cada ser para tomar decisiones sobre el camino que desea recorrer. Al respecto, la obligación ética del médico es indicar o recomendar lo que cree que es mejor en cada caso y respetar la autonomía y el derecho a la libre determinación. Lo más importante en toda medicina son el amor y la solidaridad, sin los cuales será imposible lograr la empatía que nos permita acercarnos al otro o a la otra con la sincera intención de ayudarlo(a), partiendo de entender en esa otra persona un ser muy similar a cada uno de nosotros, con fortalezas y debilidades, con emociones diversas y expectativas generalmente desconocidas por nosotros.

    En los comienzos de este tercer milenio, la medicina debe integrar hasta donde sea posible las diversas vertientes del conocimiento acumulado por la humanidad en los distintos momentos de su historia y en las diversas regiones del planeta, procurando una síntesis que le brinde a cada uno la medicina que necesita, de acuerdo también con sus creencias y expectativas.

Notas:
Aivanhov, O., Armonía y salud, Francia, Editions Prosveta, 1991, 172 pp.
Arbeláez, C., «Medicinas indígenas», Bogotá, Seminario de Prácticas Médicas, Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Medicina, 1991.
Brennan, B.A., Manos que curan, Barcelona, Ediciones Martínez Roca, 1990, 225 pp.
Cangüilhem, G., Lo normal y lo patológico, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Argentina Editores S.A., 1971, 242 pp.
Capra, F., El tao de la física, Madrid, Luis Cárcamo Editor, 1987, 398 pp. El punto crucial, Barcelona, Integral, 1985, 514 pp. Sabiduría insólita, Argentina, Kairos, 1990, 393 pp. La trama de la vida, Barcelona, Anagrama, 1998, 359 pp.
Fundamentos de Acupuntura y Moxibustión de China, Beijing, Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1974, 461 pp.
González, F., Acupuntura y moxibustión, Deslinde, 1988, 4102-4113. «Medicina tradicional china», Bogotá, Seminario de Prácticas Médicas, Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Medicina, 1991.
El yin y el yang en la acupuntura, Bogotá, Fundamox.
Los métodos diagnósticos de la acupuntura, Bogotá, Fundamox, 1991. Acupuntura y terapia neural: dos lógicas distintas que se juntan, Bogotá, Encuentro Mundial de Terapia Neural, 2003 (www.funcop.org.co). Bases científicas de la acupuntura, Buenos Aires, Congreso Iberolatinoamericano de Acupuntura, 2003. Medicinas tradicionales, conferencia dictada en el posgrado de bioética, Universidad del Bosque, 2004. Hodke, R., El azar no existe, Barcelona, Ediciones G., 2000.
Jung, C.G., Sincronicidad, Málaga,Editorial Sirios, 1990, 159 pp.
Ordóñez Plaja, A., «Ciencia, tecnología y salud comunitaria», en Ciencia, Tecnología y Desarrollo, Bogotá, Colciencias, 1989, pp. 19-26.
Payán, J.C., La medicina biológica: una medicina no comprometida, Bogotá, AMO Ediciones, 1985. Lánzate al vacío. Se extenderán tus alas, Colombia, McGraw Hill, 2000, 139 pp.
Peat, D., Sincronicidad, puente entre mente y materia, Barcelona, Kairos, 1995, 289 pp.
Reeves, H., La sincronicidad. ¿Existe un orden A-Causal?, Argentina, Kairos, 1990.
Rojas, S., Esencias florales: un camino, Bogotá, Editorial Siu-Tutuava, 1992, 258 pp.
Simonton, C., Matthews, Si Montón S., Creighton, C., Recuperar la salud, Madrid, Editorial Raíces, 1988, 283 pp.
Soülie de Morant, Acupuntura, Buenos Aires, Editorial Médica Panamericana, 1990, 936 pp.

Esto y mucho más encontrará en NÚMERO
Regresar a la Página Principal

Artículos en Internet
SuscripcionesEditorial  |  Número Ediciones  |  Números Anteriores

Revista Número. Carrera 21 Nº85-40 . Telefax: [571] 635-8012¬ 635-8013
Bogotá, Colombia
numero@elsitio.net.co