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E D I C I N A S |
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Por Alberto Manuel
TEXTO Y FOTOGRAFÍAS
de Fernando González Uribe
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FERNANDO GONZÁLEZ URIBE. Médico anestesiólogo de la Universidad Nacional de Colombia, con posgrado en acupuntura, moxibustión y anestesia acupuntural del Instituto de Medicina Tradicional, Beijing, China. |
Con
el nombre de medicinas alternativas se conocen en nuestro medio un gran
número de disciplinas como la acupuntura, la homeopatía,
la terapia neural, la medicina indígena y distintas expresiones
de la medicina bioenergética. Considero que no ha sido nada bueno que a estas disciplinas las llamen medicinas alternativas, pues tanto para quienes las desconocen, como para sus detractores, resulta fácil señalar que a partir de esa denominación se pretende ofrecer la soñada e inexistente panacea contra todos los males; la fuerza de la costumbre hace que este título sea —a mi modo de ver— el que debamos continuar utilizando, aunque es necesario insistir en que las entendemos tan sólo como otras opciones y no como la única alternativa. La medicina es un arte que, a través de los siglos y en las distintas regiones, se ha desarrollado en concordancia con la cultura y con las características ideológicas, religiosas, políticas, históricas, económicas y étnicas de cada país o región. Sus objetivos son la preservación de la salud y su recuperación cuando se ha presentado la enfermedad. Esa particular mirada de la salud y la enfermedad, la apreciación del cuerpo y de la vida, en cada momento y en cada sitio, están íntimamente ligadas a la forma de ver el universo y de ubicarnos en él. Las ideas dominantes en el mundo a finales del siglo XX y comienzos del XXI le otorgan a la medicina alopática —tan sólo una de las muchas medicinas— el privilegio del poder hegemónico sobre las otras miradas médicas, a las cuales se les exige someterse a la prueba de la metodología alopática como único criterio de verdad. En ese sentido se explica el nombre de medicinas alternativas ante esa medicina hegemónica, aunque en realidad todas son alternativas válidas ante las otras, siempre y cuando respondan a las necesidades y creencias de las personas. Además se les ha llamado medicinas complementarias, nombre muy acertado ya que en la práctica todas pueden complementarse mutuamente. Éstas son a la vez otras medicinas o medicinas distintas, porque tienen una concepción especial —diferente de la alopática— del cuerpo y de la vida, de la etiología (factores que producen la enfermedad), la fisiología, la patología, los métodos diagnósticos, la prevención y el tratamiento de las enfermedades. Con el nombre de medicinas alternativas encontramos medicinas supremamente antiguas, como es el caso de la medicina tradicional china y la acupuntura —una de sus ramas—, que pese a ser tradicionales en su país de origen, se conocen tan sólo hace pocos años en naciones como la nuestra. Lo mismo es válido para la medicina ayurvédica, desarrollada en la India desde hace milenios. Algunas medicinas alternativas, como la homeopatía y la terapia neural, no son tan antiguas, y otras son muy recientes, como la auriculomedicina, la medicina del pulso, la electroacupuntura de Voll y las distintas modalidades de la bioenergética moderna. |
Capítulo
especial merecen las medicinas indígenas, desarrolladas por los
aborígenes de diversas regiones del planeta, para quienes el
pilar fundamental es la aplicación de su particular cosmovisión
a los procesos de salud y enfermedad. Su aprendizaje y su ejercicio
son muy difíciles por fuera de este contexto. Sin embargo, hoy
encontramos curanderos y chamanes auténticos que ofrecen sus
servicios en las grandes ciudades, sin distingos culturales o étnicos.
De las medicinas aborígenes se derivan la mayor parte de los
tratamientos con productos naturales, especialmente con plantas medicinales
—medicina botánica—. Éstas reúnen conocimientos
acumulados por cientos y hasta miles de años en la cultura popular
y han sido la base para la síntesis de muchos de los fármacos
actuales. Su eficacia, comprobada a lo largo de milenios en distintas
culturas de todo el planeta, contrasta con el rechazo que hace de ellas
la medicina hegemónica, comprometida con poderosos intereses
de las multinacionales farmacéuticas, muy a pesar de quienes
la practican. El cuerpo Estas
miradas médicas tienen varios puntos en común. El primero
de ellos es la visión integral del cuerpo y de su entorno: no
sólo es imposible separar o mirar aisladamente cada parte u órgano
del cuerpo, sino también querer deslindar lo físico y
lo mental. El entorno, las relaciones con las demás personas
y con el medio que nos rodea son, a la vez, inseparables de lo que ocurre
en el ser humano. |
En
forma similar, algunas de estas medicinas entienden al ser humano como
un microcosmos, en el sentido de que en él se reflejan o manifiestan
todas las cosas del universo. Por eso, los cambios que ocurren en el universo
en general y en nuestro planeta en particular inciden de algún
modo sobre nuestro organismo. También sucede lo contrario: los
cambios en nuestros organismos inciden en algún grado sobre el
universo. Al respecto, las medicinas indígenas brindan magníficos ejemplos cuando aducen que la causa de una determinada enfermedad está en el desbordamiento de un río o la sequía de una región. Cuando se presentan problemas climatológicos o determinados resultados en las cosechas, los médicos indígenas ven en ellos las consecuencias de las acciones u omisiones de la comunidad. Con esto trato de ilustrar la acción recíproca del entorno y el cuerpo. Prevención de la enfermedad
Para los expertos en medicinas alternativas, aquí es
donde se deben concentrar los mayores esfuerzos para mejorar la calidad
de vida. Sólo con una concepción holística de la
vida será posible una concepción integral de la salud
y de la medicina, como un componente de la salud, no el único
ni el más importante. De qué nos enfermamos En alguna forma está ya enunciada la diversidad de factores que las medicinas alternativas conocen con respecto al origen de las enfermedades. Sin embargo, hay que destacar los diferentes aspectos ambientales, emocionales, nutricionales, laborales, la forma de vivir, geopatías, etc., los cuales se consideran en una forma integral, vectores que con distinta magnitud ayudan a generar la enfermedad. Existe una dinámica interacción entre factores externos e internos que pueden causar enfermedad, y factores externos e internos que protegen contra ésta. La confluencia de algunos de esos factores en un momento dado y en una persona determinada para producir un síntoma o una enfermedad ilustra lo particular de la mentalidad china, que explica otra racionalidad y una lógica distinta, inherente a esta antigua medicina a la cual Carl Gustav Jung denominó sincronicidad. «La mente china, tal como la veo yo obrar en el I ching, parece preocuparse por el aspecto casual de los acontecimientos. Lo que nosotros llamamos coincidencia parece constituir el interés principal de esa mente peculiar, y aquello que reverenciamos como causalidad no se toma en cuenta… Las consideraciones teóricas sobre causa y efecto a menudo resultan desvaídas e imprecisas en comparación con los resultados prácticos del azar» (Carl Gustav Jung, Prólogo para el I ching). Desde aquí también es clara la visión holística, es decir, totalizante de la vida. |
Cómo
funcionamos La
fisiología se caracteriza igualmente por la interrelación
entre todos los órganos y partes del cuerpo y la imposibilidad
de separar lo físico de lo mental. Salud y enfermedad El concepto de
salud se basa en la armonía existente en la cantidad, cualidad
y circulación de la energía vital que es la responsable
de todas las funciones físicas y mentales. La enfermedad está
íntimamente relacionada con la ruptura de dicha armonía
energética, producto de la lucha constante entre los factores
internos y externos, los cuales tienden unos a la salud y otros a la
enfermedad. Ésta se entiende como la manifestación de
un desarmonía general, interna y externa, orgánica y emocional,
tratando de comprenderla en un sentido integral, para abordar su prevención
y tratamiento en la misma forma. Los signos
y síntomas que representan la enfermedad tienen particulares
connotaciones en estas disciplinas alternativas. Un dolor lumbar, por
ejemplo, puede ser la expresión de una cordal incluida, de un
exceso de trabajo, de un estado de pánico, de una ingestión
excesiva de sal, de la falta de ejercicio, de un trauma, de una hernia
discal, de un canal estrecho, de un tumor y obviamente de la interacción
de dos o más de estos factores. En el caso de la medicina tradicional
china, la irritabilidad, los calambres, las irritaciones oculares y
las cefaleas de vértex dependen del hígado. La mayor parte
de las alteraciones de la piel se derivan de trastornos energéticos
del pulmón. |
Métodos diagnósticos En
las medicinas alternativas, los métodos diagnósticos privilegian
el contacto directo con el paciente: lo que el examinador siente, lo
que percibe a través de las formas de llegar al examinado. Se
marca aquí la ruptura entre los desarrollos muy importantes y
nunca despreciables de la moderna tecnología diagnóstica,
que privilegia el conocimiento objetivo —racional— como
la única forma de comprobar la existencia de una patología
y las percepciones que van mucho más allá de lo demostrable
objetivamente, contemplando esferas del conocimiento que permiten «sentir»
la enfermedad, así ésta no pueda aún ser demostrada
por el desarrollo tecnológico que, aunque magnífico, es
siempre limitado. Lo que expresa el paciente es lo principal, complementado
por la interrogación dirigida hacia aspectos que ayudan a establecer
un balance energético. Por ejemplo, gustos por determinado clima,
agravación de un síntoma con la presión o con el
movimiento, entre otros. |
Tratamiento
El tratamiento compete al concepto de terapéutica y
es tan sólo una parte de estas medicinas alternativas. Por tanto,
no es lo más aconsejable querer reducir estas medicinas a la
categoría de «terapias alternativas». Medicinas y poder
Siempre en la historia de la humanidad, la investigación, la
práctica y la enseñanza de un arte, un oficio o profesión,
están sujetas a los intereses de quienes tienen el poder. En los comienzos de este tercer milenio, la medicina debe integrar hasta donde sea posible las diversas vertientes del conocimiento acumulado por la humanidad en los distintos momentos de su historia y en las diversas regiones del planeta, procurando una síntesis que le brinde a cada uno la medicina que necesita, de acuerdo también con sus creencias y expectativas. |
Notas: Aivanhov, O., Armonía y salud, Francia, Editions Prosveta, 1991, 172 pp. Arbeláez, C., «Medicinas indígenas», Bogotá, Seminario de Prácticas Médicas, Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Medicina, 1991. Brennan, B.A., Manos que curan, Barcelona, Ediciones Martínez Roca, 1990, 225 pp. Cangüilhem, G., Lo normal y lo patológico, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Argentina Editores S.A., 1971, 242 pp. Capra, F., El tao de la física, Madrid, Luis Cárcamo Editor, 1987, 398 pp. El punto crucial, Barcelona, Integral, 1985, 514 pp. Sabiduría insólita, Argentina, Kairos, 1990, 393 pp. La trama de la vida, Barcelona, Anagrama, 1998, 359 pp. Fundamentos de Acupuntura y Moxibustión de China, Beijing, Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1974, 461 pp. González, F., Acupuntura y moxibustión, Deslinde, 1988, 4102-4113. «Medicina tradicional china», Bogotá, Seminario de Prácticas Médicas, Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Medicina, 1991. El yin y el yang en la acupuntura, Bogotá, Fundamox. Los métodos diagnósticos de la acupuntura, Bogotá, Fundamox, 1991. Acupuntura y terapia neural: dos lógicas distintas que se juntan, Bogotá, Encuentro Mundial de Terapia Neural, 2003 (www.funcop.org.co). Bases científicas de la acupuntura, Buenos Aires, Congreso Iberolatinoamericano de Acupuntura, 2003. Medicinas tradicionales, conferencia dictada en el posgrado de bioética, Universidad del Bosque, 2004. Hodke, R., El azar no existe, Barcelona, Ediciones G., 2000. Jung, C.G., Sincronicidad, Málaga,Editorial Sirios, 1990, 159 pp. Ordóñez Plaja, A., «Ciencia, tecnología y salud comunitaria», en Ciencia, Tecnología y Desarrollo, Bogotá, Colciencias, 1989, pp. 19-26. Payán, J.C., La medicina biológica: una medicina no comprometida, Bogotá, AMO Ediciones, 1985. Lánzate al vacío. Se extenderán tus alas, Colombia, McGraw Hill, 2000, 139 pp. Peat, D., Sincronicidad, puente entre mente y materia, Barcelona, Kairos, 1995, 289 pp. Reeves, H., La sincronicidad. ¿Existe un orden A-Causal?, Argentina, Kairos, 1990. Rojas, S., Esencias florales: un camino, Bogotá, Editorial Siu-Tutuava, 1992, 258 pp. Simonton, C., Matthews, Si Montón S., Creighton, C., Recuperar la salud, Madrid, Editorial Raíces, 1988, 283 pp. Soülie de Morant, Acupuntura, Buenos Aires, Editorial Médica Panamericana, 1990, 936 pp. |
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