Separata especial de revista Número

PREGUNTAS
Y RESPUESTAS



ALFREDO MOLANO
Me preguntan por qué regresé al país.
    Bueno, yo venía con alguna frecuencia. Me di cuenta, las últimas veces, de que el país no cambiaba y menos con el presidente Uribe. Esto seguía igual y la violencia era más o menos la misma, al tiempo que la presión contra nosotros no cedía. Y cuando uno se va tiene la esperanza de que algo cambie para poder regresar. Cuando yo me di cuenta de que nada cambiaba, decidí justamente regresar por esa misma razón y decidí nunca más volver a exiliarme, cualesquiera que sean las consecuencias de esa decisión.
    Con respecto a qué es el miedo, yo no sé francamente qué es más miedoso, si afrontar la distancia diaria, afrontar ese rompimiento, o enfrentar la soledad, ese miedo nuestro, un miedo cotidiano, un miedo que todos sentimos y que de alguna manera sabemos paliar, sabemos manejar. Un miedo del que podemos huir y al que nos podemos enfrentar. Es el miedo que se siente aquí cuando se está en la mira de algún fusil.


JUAN GABRIEL
TOKATLIAN

Me han hecho tres o cuatro comentarios o preguntas y voy a responder muy rápido a todos ellos.
    Lo primero es que, en mi opinión, frente al círculo vicioso de la violencia y de la guerra cada vez es mucho más importante pensar en construir una coalición virtuosa. Y en esa coalición virtuosa, me parece que la sociedad civil colombiana y la sociedad internacional tienen que cumplir un papel fundamental, sin aislarse ni separarse. Y para ello creo que el papel de los colombianos y de los amigos de Colombia en el exterior debe ser contribuir a generar, facilitar, debatir las condiciones que permitan superar la violencia.
    Hay que pensar en algo como una diplomacia ciudadana, en donde no sea tan importante lo que decidan los estados, los gobiernos, sino lo que puedan hacer millones de colombianos dispersos y que, de alguna manera, podrían entrelazarse con muy pocas prioridades, con muy pocos objetivos, pero interactuando a través de redes, de contactos. Creo que los colombianos que voluntaria o involuntariamente están en el exterior podrían, hoy más que nunca, volver a repensar esta idea de la diplomacia ciudadana.
    En segundo lugar, está la referencia frente al papel del cine. Yo creo que es poderosísimo y por eso me parece que si nos hubiera acompañado también en esta mesa un cineasta, nos habría ayudado mucho en esto de las imágenes del dolor, las imágenes de la violencia que ello imprime. Considero que hoy, a través de los medios, podemos ver, comparar y contrastar mejor nuestra propia situación. Y el hecho de pensar hasta qué punto no se ha transformado la crisis colombiana en su mediatización es una forma soporífera de tolerancia, de aceptación resignada de los niveles de violencia interna. Y de ahí el salto de la tolerancia a la banalización de la violencia es un paso muy corto y muy dramático que hay que evitar dar.
    Con respecto al último interrogante, esto es, cómo me desagregaría, diría que mi corazón siempre estará en Armenia, mis entrañas definitivamente están en Argentina, pero mi alma está parada acá, para quedarse en Colombia.


R.H. MORENO-DURÁN

¿Cómo se construye el país desde afuera? Aquí yo creo que hay que analizar varios factores y es realmente quién está por fuera. Hay ingenieros, hay arquitectos, hay artistas de toda índole. Escritores, cineastas, poetas, dramaturgos. El caso de los intelectuales o de los artistas me parece menos conflictivo que el de los exiliados que están dedicados a labores excesivamente sofisticadas, que se encuentran con la limitante del idioma, de la profesión. En el caso de los artistas, creo que está por hacerse un inventario sobre el papel que muchos escritores, cineastas y dramaturgos han desarrollado por fuera del país.
    Cuando me invitaron a este encuentro, yo hice una pregunta. Está muy bien que traigan a los escritores que viven en Alemania, en Argentina, en Australia, en el sitio más extraño del mundo. Que hablen de sus experiencias. Pero es muy importante que la gente de la academia, que los profesores universitarios, que los críticos evalúen lo que ese escritor ha hecho por fuera. Porque lo más paradójico es el caso de los artistas. El exilio, independientemente de la herida subjetiva, es muy productivo. Es decir, ¿cuántas novelas se han escrito por fuera? Cien años de soledad se hizo por fuera. Fernando Vallejo vive por fuera. Mutis vive por fuera. Quienes vivimos en el exilio durante los años setenta y ochenta hicimos la mayor parte de nuestra obra por fuera y la publicamos también por fuera. Entonces el lado positivo del exilio es la valoración cualitativa y cuantitativa de un maravilloso patrimonio que además tiene el aval de haberse abierto camino ante una crítica extranjera bastante exigente, por lo general. En ese sentido hay que romper una lanza a favor de aquellos que han hecho del exilio un taller de creación.
    En cuanto a que si creo posible una construcción poética de la política, hay varias cosas. No olvidemos que Platón pedía la expulsión, es decir, el destierro, el exilio de los poetas de la república. Hay, en principio, una aparente contradicción, la misma contradicción que escuchábamos quienes pasábamos por las facultades de filosofía y letras. Eran unas facultades completamente analfabetas puesto que ignoraban lo que el propio Platón había dicho, esto es, que esas dos cosas eran incompatibles: las letras y el poeta; la filosofía y la república. De todos modos, nosotros tenemos el criterio, bastante sustentado por la realidad doméstica y el exterior, de que poesía y política son absolutamente incompatibles. A no ser que hablen de eso que, con cierta sutileza, denominan la erótica del poder. Pero me parece que eso es una discreta obscenidad del ejercicio público. Se me ocurre un ejemplo, no sé hasta qué punto válido, de que en este caso la política sea poética, teniendo en cuenta personajes como Fernando Londoño y Londoño. Realmente creo que son incompatibles.


LEÓN VALENCIA
¿Qué significa la patria? Hay muchas definiciones, pero para mí la patria son los amigos. Realmente se siente la ausencia. Los amigos son fundamentales. Eso es lo que siento como patria más intensamente.
    Muchos se preguntan si con la violencia se consigue respeto. Yo francamente creo que la violencia en cualquier caso, sobre todo en el caso colombiano, ha significado irrespeto de todos. Aquí se irrespeta todo. La vida, en primer lugar, y la dignidad de las personas. Todo. Hay que acabar con eso. Pero para acabar con eso hay que reconocerlo. Estamos en guerra, y en una guerra se lucha por el triunfo militar, por la pacificación a la fuerza o por la negociación.
    Ahora se les metió a los dirigentes del país que se debe proscribir la palabra guerra, que lo que hay aquí son unas bandas de criminales que atacan a la sociedad. En realidad hay un conflicto que cumple todos los parámetros de una guerra que se libra en el interior de un territorio, en la que hay bandos con mandos reconocidos y autorizados que se enfrentan de manera permanente y que causan miles de muertes al año y en la que el Estado interviene en la confrontación de uno y otro lados, de las fuerzas que se alzan. Entonces, para ganar el respeto debemos conquistar uno de los dos caminos, por la vía militar o por la vía de la negociación. Algunos son partidarios absolutos de la negociación, y otros están ensayando a ver si pueden lograr un cambio militar de las Farc, del ELN, o del Estado. Creo que en ese impulso, los damnificados somos los que estamos de este lado de la civilidad. El que pierde es el país.
    La última pregunta es sobre el regreso. Pienso que no hay más nerviosismo, más ansiedad y más felicidad que regresar, y para los colombianos más. Ahora los colombianos se están acostumbrando un poco a vivir fuera, pero las primeras veces que viajé a Europa o por Latinoamérica lo que veía era colombianos con la maleta siempre hecha. Tenían una partecita de la ropa fuera, pero la maleta estaba ahí, lista para devolverse. Eso es lo que nos diferencia de nuestros hermanos latinoamericanos. Uno ve a los chilenos o a los argentinos, con todo lo doloroso que es, amañados viviendo en el exterior. Los colombianos no sólo no podemos vivir por fuera del país, sino que en Colombia a los mismos antioqueños, que son los más andariegos, les gusta vivir en Antioquia; a los santandereanos, en Santander. Somos no sólo nacionalistas sino regionalistas.
    La felicidad es volver. Cada que vamos al aeropuerto a recibir un compañero que regresa el alborozo es total.


MARÍA EUGENIA VÁSQUEZ

Se dice que el exilio, en sus diferentes formas, tiene una causa común. ¿A quiénes beneficia? Una respuesta sencilla es que beneficia a quienes desean mantener el control hegemónico, económico, social y político. Pero también se puede decir que no beneficia ni enriquece al país.
    Se afirma también que la escritura es para nosotros una forma de oponernos al miedo, a la muerte y al silencio. Creemos que eso lo perciben los lectores colombianos. La escritura, para mí, es una liberación, es una conjura contra la muerte, derrota el miedo y rompe el silencio. Así que quienes están condenados a vivir el miedo pueden percibir los temores que tenemos, las esperanzas que se filtran entre los renglones de los análisis, la dignidad que se cuela en estas lecturas. Me voy a sentir acompañada, y lo único que sé, por experiencia propia, es que al sentirnos acompañados derrotamos los miedos.
    En lo referente al camino que hay que tomar para conservar toda esa coyuntura política, quiero decir que no tengo consejos; lo único que puedo decir es que resulta perentorio mantenernos en las posturas que hemos establecido.

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