R.H. MORENO-DURÁN
¿Cómo se construye el país desde afuera? Aquí
yo creo que hay que analizar varios factores y es realmente quién
está por fuera. Hay ingenieros, hay arquitectos, hay artistas
de toda índole. Escritores, cineastas, poetas, dramaturgos. El
caso de los intelectuales o de los artistas me parece menos conflictivo
que el de los exiliados que están dedicados a labores excesivamente
sofisticadas, que se encuentran con la limitante del idioma, de la profesión.
En el caso de los artistas, creo que está por hacerse un inventario
sobre el papel que muchos escritores, cineastas y dramaturgos han desarrollado
por fuera del país.
Cuando me invitaron a este encuentro, yo hice
una pregunta. Está muy bien que traigan a los escritores que
viven en Alemania, en Argentina, en Australia, en el sitio más
extraño del mundo. Que hablen de sus experiencias. Pero es muy
importante que la gente de la academia, que los profesores universitarios,
que los críticos evalúen lo que ese escritor ha hecho
por fuera. Porque lo más paradójico es el caso de los
artistas. El exilio, independientemente de la herida subjetiva, es muy
productivo. Es decir, ¿cuántas novelas se han escrito
por fuera? Cien años de soledad se hizo por fuera. Fernando Vallejo
vive por fuera. Mutis vive por fuera. Quienes vivimos en el exilio durante
los años setenta y ochenta hicimos la mayor parte de nuestra
obra por fuera y la publicamos también por fuera. Entonces el
lado positivo del exilio es la valoración cualitativa y cuantitativa
de un maravilloso patrimonio que además tiene el aval de haberse
abierto camino ante una crítica extranjera bastante exigente,
por lo general. En ese sentido hay que romper una lanza a favor de aquellos
que han hecho del exilio un taller de creación.
En cuanto a que si creo posible una construcción
poética de la política, hay varias cosas. No olvidemos
que Platón pedía la expulsión, es decir, el destierro,
el exilio de los poetas de la república. Hay, en principio, una
aparente contradicción, la misma contradicción que escuchábamos
quienes pasábamos por las facultades de filosofía y letras.
Eran unas facultades completamente analfabetas puesto que ignoraban
lo que el propio Platón había dicho, esto es, que esas
dos cosas eran incompatibles: las letras y el poeta; la filosofía
y la república. De todos modos, nosotros tenemos el criterio,
bastante sustentado por la realidad doméstica y el exterior,
de que poesía y política son absolutamente incompatibles.
A no ser que hablen de eso que, con cierta sutileza, denominan la erótica
del poder. Pero me parece que eso es una discreta obscenidad del ejercicio
público. Se me ocurre un ejemplo, no sé hasta qué
punto válido, de que en este caso la política sea poética,
teniendo en cuenta personajes como Fernando Londoño y Londoño.
Realmente creo que son incompatibles.