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| ENTRE BAMBUCOS
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Por Jaime Abello Banfi
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Jaime Abello Banfi. Desde 1995 es el director de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, organización fundada por Gabriel García Márquez con la misión de apoyar el desarrollo profesional de los periodistas. Barranquillero, estudió derecho en la Universidad Javeriana, trabajó en organizaciones del sector cinematográfico y fue director-gerente del Canal Regional de Televisión del Caribe (Telecaribe) entre 1990 y 1995. Es el presidente del Proyecto Antonio Nariño para la Libertad de Información. |
Desde 1997 tengo la fortuna de viajar varias veces al año al
D.F., a Monterrey y a otras partes de México para atender asuntos
de trabajo de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI).
En uno de esos viajes me tocó visitar Mérida, capital
de Yucatán. El factor cultural caribe está matizado allí
por la herencia maya, pero en todo caso me sentí como en mi barrio
de toda la vida por ese calor húmedo, los vendedores de hielo
raspado con cola, la música cubana que surcaba el aire y las
imágenes de una arquitectura tropical que se parece a la de El
Prado en Barranquilla o Manga en Cartagena. En la noche salí
de ronda por bares y cantinas con un grupo de periodistas locales, después
de haber añadido unos milímetros de más a mi barriga
por obra y gracia de una suculenta cochinita pibil. El descubrimiento
musical de aquella noche me impresionó vivamente: entre sones
y boleros empecé a sentir la reminiscencia de ritmos conocidos,
en los sonidos de unas canciones que mis acompañantes me presentaron
como música yucateca. Pero ¿no son bambucos? «Claro
que sí —me respondieron—, son los bambucos de Guti
Cárdenas, orgullo de la península». Días
después me enteré de que, a principios de siglo, un par
de serenateros antioqueños grabaron en México pasillos
y bambucos que circularon por toda América e influyeron en los
compositores de la música yucateca, como don Guti, Ricardo Palmerón
y Pepe Domínguez. Sin embargo, la verdadera revelación
de aquella noche deliciosa fue la comprobación definitiva de
mis percepciones sobre cuán profunda es la sintonía de
sensibilidades entre los pueblos de México y Colombia. Por eso
los colombianos nos hemos apropiado de la música norteña
para convertirla en carrilera, hay un Festival Vallenato en Monterrey
inaugurado en su momento por Consuelo Araujonoguera, y nos hemos regalado
entre ambos países la cumbia y la ranchera como segunda música
nacional. |
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