Separata especial de revista Número

LOS ESCRITORES COLOMBIANOS ENTRE LOS ESCRITORES
MEXICANOS


Por Fabio Jurado Valencia

Fabio Jurado Valencia (Buga, 1954). Estudió literatura en la Universidad Santiago de Cali. Viajó a México en 1980, donde hizo maestría y doctorado en literatura en la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam). Fue colaborador del diario Excélsior y del semanario Punto. Fue becario del seminario de poética, del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Unam. Regresó a Colombia en 1986. Ha sido profesor de las universidades Externado y Javeriana. Desde 1988 es profesor del departamento de literatura de la Universidad Nacional de Colombia. Ha publicado artículos en revistas de México, España y Argentina.

 


    Se llaman Edmundo Valadés y Emanuel Carballo. El primero fue narrador, editor y periodista. El segundo es crítico, editor, periodista y académico. Juntos tuvieron un vínculo directo con Colombia: participaron como colaboradores de esa gran revista que está en el centro de la literatura colombiana del siglo XX y que mantuvo el puente con la literatura mexicana: Mito. A Valadés y Carballo los une la experiencia profesional como editores, así como su pasión por las revistas literarias, pero, sobre todo, el interés tan intenso que mostraron hacia la literatura colombiana.
    Hay escritores que ayudan a abrirles el campo a otros escritores, más aún si provienen de otro país. La obra de Marco Tulio Aguilera Garramuño, primero, y de Eduardo García Aguilar, después, pudieron despegar con cierta fuerza por la generosidad literaria de Edmundo Valadés. Hoy me pregunto qué habría sido de Bomba camará, famoso libro de cuentos de Umberto Valverde, sin esa primera edición mexicana que Emanuel Carballo supo hacer a través de la Editorial Diógenes, por allá en el año 1972. Debo confesar que al llegar a México, en 1980, este libro de cuentos era muy apreciado por quienes estudiaban conmigo en la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam).
    Los escritores colombianos van a México tras la amistad de los escritores mexicanos y en pos de los editores. Amistad y búsqueda inquirida por los libros, que converge en la complicidad literaria. En la complicidad siempre hay un mediador. Intuyo que Álvaro Mutis presentó a Valverde ante Carballo. Casi daría por hecho que Mutis contribuyó a afianzar la amistad entre Valadés y Garramuño y García Aguilar. Valadés dirigía la sección cultural de Excélsior, puerta de entrada de Garramuño y de García Aguilar en el cultivo de la columna periodística. Otros también pasamos por allí, aunque sólo como un tránsito, con el espaldarazo de Valadés, a quien guardábamos gratitud, desde antes de conocerlo en México, por esa presencia que tenía en nosotros a través de la revista El Cuento.
    En el campo de la literatura y de las artes, uno puede escoger: o la literatura y las artes en la academia universitaria, o como una actividad totalmente independiente, más allá de las ligaduras de la formación académica; sin ser excluyentes, estos dos ámbitos determinan perfiles singulares. Carballo mantuvo los nexos entre las dos experiencias: como académico y como crítico literario independiente. Nadie como Carballo conoce de manera tan profunda la historia de la narrativa mexicana. Su libro La narrativa mexicana de 1910 a 1979 constituye el mejor signo de su compromiso con la academia, pero también el compromiso con los escritores de su país. Varios colombianos disfrutamos de sus juicios críticos en la Unam, frente a una narrativa que, como la mexicana, fue determinante para el despegue de la narrativa colombiana en la segunda mitad del siglo XX.
    Así como Valadés ofrecía a los escritores colombianos las páginas de Excélsior a su cargo, Carballo puso a disposición el semanario Punto, que dirigió durante una década. Éste era un semanario de tamaño tabloide en el que los jóvenes escritores, mexicanos y de otros países, exponían sus ideas. Comentarios sobre libros, entrevistas, reseñas cinematográficas y de teatro, además de las reflexiones políticas, tan cercanas a Carballo, constituían el cuerpo de Punto.
    Ambos escritores aparecían en las conversaciones que algunas veces sostuvimos con Álvaro Mutis y con García Márquez. Además de las afinidades literarias, la cercanía de Carballo con García Márquez estaba mediada por las simpatías explícitas hacia Cuba. Valadés, si bien simpatizaba con Cuba, era más moderado en asuntos de política y, de algún modo, la amistad y el contacto continuo con Rulfo, como editores que fueron de la revista El Cuento, nos hacía sentir el reposo de la idea y la disposición a escuchar más que a hablar. Carballo ha sido más conversador y más polémico, más beligerante, puede decirse, y en esto sentimos algo de colombianidad en él.
    En el año 1985, al celebrarse 30 años de la revista Mito, un grupo de colombianos que habíamos conformado el taller literario Porfirio Barba-Jacob en México decidimos realizar un simposio en homenaje a la revista. Carballo, Valadés, Mutis y García Márquez respaldaron la idea. Yo me propuse realizar unas entrevistas a los escritores mexicanos que habían tenido algún vínculo con Mito. Carballo —aunque no publicó en Mito pero la apoyó a través de la Revista Mexicana de Literatura— y Valadés fueron los primeros entrevistados, luego siguieron Cardoza y Aragón y Jaime García Terrés. Mutis me había proporcionado el teléfono de Octavio Paz y al llamarlo comenzó a interrogarme por quiénes más había entrevistado; al nombrarlos, me dijo que nadie como él había conocido en México a Jorge Gaitán Durán y que ninguno de los nombrados había tenido algo que ver con Mito. «Yo fui el único mexicano que participé en Mito», me dijo, y me colgó el teléfono. Por entonces, Octavio Paz había radicalizado sus puntos de vista en contra de Cuba y parece que le disgustaba escuchar nombres como los de Carballo, Valadés y Cardoza y Aragón.
    También, me parece, le molestó que hubiera nombrado a García Márquez, amigo cercano de Fidel Castro. Cuando le conté a él lo sucedido soltó la carcajada y yo supuse que él estaba poniendo a prueba algunas intuiciones que tenía sobre la personalidad de Octavio Paz. De mi parte, pude constatar la vanidad de un escritor mexicano que supo moverse muy bien en la izquierda, primero, y en el otro lado, después, de lo cual dan constancia esas dos grandes revistas que dirigió: Plural y Vuelta, cada una con un ideario totalmente opuesto, medios en los que los escritores colombianos se entrecruzaban con los escritores mexicanos.

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