Separata especial de revista Número

UN LUGAR SUGESTIVO
E INMENSAMENTE ATRACTIVO


Por Elvira Cuervo

Elvira Cuervo (Bogotá, 1941). Estudió en el Colegio de la Presentación de Chapinero y en el Marymount de Bogotá. Ha sido directora del Departamento de Bienestar Social de Bogotá, secretaria de Educación de Cundinamarca, secretaria general del Partido Conservador. En tres ocasiones elegida a la Asamblea de Cundinamarca y representante a la Cámara. En la actualidad es directora del Museo Nacional de Colombia. De profesión mamá y abuela... «que entre otras... he cumplido muy bien».

 


    Desde el mismo momento en que tuve conciencia durante la etapa de mi niñez, permanentemente oí en mi casa las más excesivas ponderaciones sobre la idiosincrasia, las costumbres y las tradiciones seculares de ese país. No en balde mis ancestros habían vivido varios años en la capital mexicana. ¡Que no hay mejor platillo que el mole de guajolote, que los sarapes tienen los más variados y espectaculares colores, que el Jarabe tapatío es la más alegre de las piezas musicales, que las artesanías, las cerámicas, el trabajo en plata y en madera son de lo mejor, que los bordados y los textiles... En fin, que todo lo de México es excelente. Incluso llegué a sentir antipatía y rechazo por la excesiva mención de las bondades de ese país, pero años después, cuando se inauguró el Museo de Antropología, junto con mi familia organizamos una visita con el exclusivo fin de observar la singular arquitectura de ese museo, así como las colecciones de arte prehispánico de las culturas que ocuparon ese territorio antes del descubrimiento de América.
    El primer encuentro íntimo con México me produjo un apetito insaciable de conocer más a profundidad su particular historia, tanto la sangrienta conquista española, como la colonial y republicana, salpicada esta última de tantos incidentes dictatoriales, de asesinatos presidenciales y de conjuras políticas, que la hacen fascinante. Además sus tradiciones populares, y las diversas etnias que mantienen su propia idiosincrasia y sus radicales diferencias culturales, hacen de México un lugar sugestivo e inmensamente atractivo para el visitante.
    La vida me ha proporcionado últimamente la oportunidad de conocer, casi mejor que los propios mexicanos, varias regiones de ese país, como Zacatecas, Oaxaca, la zona de Guanajuato, San Miguel de Allende —con su bellísimo templo vecino en Cocuilco, donde el cura Miguel Hidalgo inició su marcha independentista hacia la ciudad capital—, Querétaro, Puebla, Mérida y Campeche, estas últimas en la península de Yucatán.
    Una de las experiencias más enriquecedoras e interesantes que he tenido recientemente fue el viaje que realicé partiendo del D.F. por automóvil hacia la península de Yucatán, para recorrer los parques arqueológicos de la cultura maya asentados en esa región. Después de catorce horas de recorrido por excelentes carreteras se llega a Palenque, ciudad incrustada en la húmeda y caliente selva tropical.
    Las construcciones que conforman el conjunto arqueológico de Palenque son extraordinarias por la amplitud y funcionalidad de los espacios interiores, sin perder el sentido religioso de los templos.
    El edificio más importante de todo el conjunto es el denominado El Palacio, construido alrededor de varios patios interiores; éste incluye una singular torre de varios pisos, la cual sirvió seguramente como reloj solar u observatorio astronómico. Los varios templos que conforman El Palacio se levantan sobre diversas alturas, y todos guardan el mismo estilo de crujías paralelas, adornadas con altas cresterías de piedra profusamente talladas. Las cámaras se comunican entre sí por arcos tribulados, arcos falsos o los comúnmente llamados arcos mayas, decorados por multicolores frescos y bajos relieves.
    El templo más grande está edificado sobre la pirámide más alta, llamada Pirámide de las Inscripciones, una de las más importantes de la cultura maya por tener un monumento funerario en su interior en perfecto estado de conservación, a pesar de las condiciones adversas del ambiente; a este monumento se asciende por una curiosa escalera abovedada hasta encontrar al final la cripta más suntuosa de toda mesoamérica, que guarda la tumba del rey Pacal.
    Este rey realizó importantes tareas sociales para su comunidad, inició la construcción del conjunto arquitectónico con sus obras de arte y estas tareas realizadas por él se reproducen en los frescos estucados, en los relieves y textos que aparecen en los templos y en las construcciones de toda la ciudad de Palenque. La figura del rey Pacal, con el cráneo completamente deformado, adornado siempre con un enorme penacho de plumas y con la protuberante y enorme nariz que lo caracterizaba, se reproduce de manera constante en las pinturas murales, en los relieves y en las esculturas del conjunto. Su tumba está cubierta por una inmensa losa monolítica con inscripciones en las que se relata la vida de este mítico personaje. El hijo de Pacal, Cham Bahlum, continuó con la obra de su padre y logró concluir las obras de este excepcional conjunto arquitectónico, tan poco conocido por el turismo colombiano. El parque está rodeado de una compleja red de acueductos que distribuía el agua a cada una de las frágiles y ya desaparecidas viviendas y por la canalización del arroyo Otulum, que atraviesa la ciudad, asegurando así el suministro de agua a las construcciones y evitando los desbordamientos de los caudales en las épocas de lluvia.
    La anterior descripción parece corta e incompleta ante la magnificencia de este lugar, el cual recomiendo como uno de los lugares más interesantes de la cultura maya que he conocido. Capítulo aparte merecerían los templos que conforman la ruta Puuc, tan poco conocidos y visitados —lo que le permite al turista tener un contacto más cercano con ellos—, y que son de una belleza arquitectónica incomparable, ricamente adornados por relieves, columnas y tallas, y cruzados por amplios caminos que los conectan entre sí. Éstos son el Templo Edzná, Sayil, Kabáh y Uxmal. Remata esta ruta el más conocido de todos ellos: Chichén Itzá.
    Finalizo esta rápida descripción de una apasionante región de México formulando esta pregunta: ¿habrá algo más cálido, afectuoso y agradable que el saludo de un mexicano?

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