NÚMERO 40

Director: GUILLERMO GONZÁLEZ URIBE
Gerente - Editora: ANA CRISTINA MEJÍA
Diseño y diagramación: LEMOINE COMUNICACIÓN
Secretaria ejecutiva: MAGDA SANDOVAL
Supervisión de distribución: DAVID INFANTE
Suscripciones: CONSUELO VALBUENA
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Telefonos: 544 0840, 609 5089, 312 7970; Fax: 3127969
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Impresión: PANAMERICANA FORMAS E IMPRESOS S.A.

Distribución y ventas: Revista Número y Distribuidoras Unidas

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Revista Número: Carrera 4 Nº 66-76 Telefax: [571] 312-7970 · 312-7969
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Miembros de NÚMERO: William Ospina, poeta; Antonio Morales, periodista; Ana Cristina Mejía, traductora; Guillermo González Uribe, periodista; Luis Ángel Parra, editor; Liliana Tafur, periodista;
Lucas Caballero, periodista, Liliana Vélez, filósofa; Víctor Laignelet, pintor; y Carlos Duque, publicista.

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Tarifa Postal Reducida Nº 1368 de Adpostal. Vence en diciembre de 2002
ISSN 0121-7828
· Licencia del Ministerio de Gobierno Resolución: 1237 de 1993
Corporación Revista Número según Resolución 023 del 19 de enero de 1995.

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© 2004 Número. Prohibida la reproducción parcial o total de los materiales de esta revista
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LOS JUGUETES DE McDONALD’S

Ibagué, 3 de diciembre del 2003
Estimados amigos:
En la sección La vida Salvaje del periódico El Nuevo Día, de Ibagué, encontré esta nota del 2 de diciembre del destacado ecólogo Gonzalo Palomino, que bien vale la pena que ustedes publiquen.
Me gusta mucho su revista. Sigan adelante.
Francisco Ordóñez.

«Trabajan entre 14 y 18 horas. Tienen 15 minutos para comer y cuatro horas para dormir en cuchitriles situados en las mismas fábricas. Al anochecer, las trabajadoras son registradas para comprobar que no han robado nada. Con sus puertas de metal y sus barrotes en las ventanas, estos talleres parecen más un cuartel militar. Así es como los chinos son competitivos.
Montar, empaquetar, montar, empaquetar, montar, empaquetar... Las 600 jóvenes trabajan como robots, sin levantar la mirada, darse un respiro o hablar entre ellas. Todas han llegado del campo tratando de salir de la pobreza y allí están, montando y empaquetando muñecos de plástico, entre 14 y 28 horas al día, permisos reducidos para ir al servicio y cuatro horas para soñar que en realidad no están durmiendo en los cuchitriles situados en la última planta de la fábrica.
Una ruidosa sirena las devuelve a la realidad y anuncia el nuevo día mucho antes de que amanezca. Las empleadas saltan de la cama, se ponen las batas y forman en línea, antes de correr escaleras abajo hacia sus puestos. La gigantesca nave está situada en las afueras de Shenzen, la ciudad más moderna del sur de China, rodeada de otros almacenes parecidos, más o menos grandes, algunos con más de cinco mil empleadas.
La lección para los niños está clara: la política no importa. La naturaleza benigna de la producción capitalista, con su ausencia de conflictos serios de todo tipo, es una tapadera para una realidad mucho más salvaje. Los operadores de la tienda hablan de la fe en McDonald’s como si fuera una religión.
Los juguetes que la multinacional de hamburguesas McDonald’s regala en sus promociones son elaborados en China por adolescentes entre 12 y 17 años. Cobran 0,16 euros la hora».
AutogestiónSolidaridad.net/DavidJiménez/Rebelión.

¿CÓMO HACER PARA QUE LOS NIÑOS LEAN?

Pilar Reyes, editora de Alfaguara Colombia, nos mostró hace algunos días este texto presentado por la revista Espantapájaros.

«Maurice Sendak (Brooklyn, 1928) se hizo famoso cuando publicó Donde viven los monstruos (1963), un maravilloso libro de imágenes escrito, dibujado y diseñado por él. Este libro ha ganado importantes premios como la Caldecott Medall, el máximo galardón de los libros ilustrados, y figura entre los diez libros infantiles más vendidos de todos los tiempos.
Navegando por Internet, Espantapájaros encontró esta entrevista en la que Sendak invita a los padres a sentar a sus hijos en las rodillas y leer con ellos.

Home Arts: ¿Qué considera usted que deben hacer los padres para ayudar a sus hijos a convertirse en lectores?
Sendak: Creo que es una “cosa física” sencilla: cuando mi padre me leía, yo me recostaba sobre él y me volvía parte de su pecho o de sus brazos. Y yo creo que los niños que son abrazados y sentados en las piernas —deliciosamente acariciados— siempre asociarán la lectura con los cuerpos de sus padres, con el olor de sus padres. Y eso siempre te hará lector. Porque ese perfume, esa conexión sensorial dura para toda la vida.
Al fin y al cabo, somos animales. Si observamos a los cachorros, veremos que necesitan ser lamidos para sobrevivir. Pues bien, nosotros también necesitamos “ser lamidos” para sobrevivir. Y la lectura se convierte, de alguna manera, en un lamido. Cuando no sólo oyes un cuento entrañable, sino que además estás apretado por la persona más importante para ti en el mundo, la conexión que se establece no puede disolverse. Por ejemplo, ahora que estoy leyendo a Shakespeare de corrido, y cuando me alarmo y me asusto, y me detengo y vuelvo a comenzar, hay una especie de conexión visceral con mi padre, como lector, que me hace continuar.
Si hay algún consejo que yo pueda dar, sería ese: si estás buscando una manera de acercarte a tus hijos, no hay nada mejor que sentarlos en las piernas y leer. Cuando los pones frente a un computador o a un televisor, los estás abandonando. Los estás abandonando porque están sentados en un sofá o en el piso y probablemente estén abrazando a un perro. Pero no te están abrazando a ti».

EL REPORTAJE Y LA CRÍTICA ESPECIALIZADA

Manizales, 17 de febrero de 2004
Estimados señores:
Luego de leer con cuidado la revista Número, edición 39 (diciembre de 2003 a febrero de 2004), me he encontrado con la reseña de mi libro Cine-autopsia: una exploración al cine en Colombia, escrita por el señor Luis Felipe Valencia Tamayo. De este texto, claro, concreto, producto de la lectura sistemática del libro, sólo tengo un par de anotaciones que hacer a partir de transcripciones equivocadas: primero, la Compañía de Fomento al Cine se conoció como Focine y no «Cocine» como dice la reseña publicada por ustedes; aunque la palabra se presta para otra serie de interpretaciones interesantes, y por qué no, relacionadas de alguna manera con lo sucedido en aquellos años de apoyo estatal al cine, no corresponde al nombre original. Segundo, el nombre del cineasta Carlos Mayolo se lee en el artículo como «Carlos Manolo», apellido que no le hace honor a una de las mentes más inquietas (en términos cinematográficos) del país. Y en el sumario de la revista dice «Cine-autopsia: una expedición al cine en Colombia» —expedición en vez de exploración—. Excepto por estas letras erradas, pienso que el señor Valencia Tamayo desarrolla un texto serio, capaz de proporcionar una idea general del contenido de mi libro, y de argumentos adheridos a la misma base de la cual emerge Cine-autopsia: una exploración al cine en Colombia.
No puedo dejar pasar la oportunidad sin referirme al resto de la revista: variedad en los artículos, sin perder la idea de una publicación madura, que profundiza en la medida de sus posibilidades, y siempre atractiva a la vista. Sin embargo, el lunar lo representa el escrito titulado «Golpe a golpe, te doy mis ojos», de Lucía Moncada. Como autor de un libro sobre cine, de algunas reseñas y críticas, y ante todo como cinéfilo, no puedo mantener el silencio ante lo leído ahí. Si la intención de la señora Moncada era escribir una reseña, pienso que ha fracasado por completo (y ni hablar de una crítica). La razón, la que precede a la mayoría de escritos sobre cine en nuestro país: éste deja por fuera todo aquello que hace al cine, cine (estructuras audiovisuales, narrativa, montaje, dirección, fotografía, música, etc.), y se dedica al tema del filme, que es sólo el pretexto para sumergirse en la propuesta artística. Y es que quienes no conocen sobre cine, sólo se dirigen a lo evidente: el tema de la película, los actores y, si acaso, el director. Es obvio que este artículo no fue hecho por alguien con formación audiovisual, ni mucho menos en teoría de imagen. Las líneas de Lucía Moncada, así como la entrevista hecha a la directora de Te doy mis ojos, dejan cierto sabor a «reportería por casualidad»: alguien que estaba de paso por San Sebastián, y de repente se encontró con un festival de cine; estando allí, había que aprovechar lo que se atravesara en el camino...
Ahora bien, si la película Te doy mis ojos era la excusa para escribir algo sobre el maltrato físico, sea lo que sea, también se queda corto. El texto ni se ocupa de profundizar en la cinta por hablar de maltrato, ni ofrece mayores argumentos en lo referente al maltrato físico por proporcionar datos del filme y de sus logros en el Festival de Cine de San Sebastián. Lo único que queda en evidencia es que la señora Moncada ni es estudiosa ni crítica de cine y que sería de mayor atracción leer sus artículos científicos y, eventualmente, sus crónicas de lugares lejanos (esperando que en ellas no degrade alguna película de la forma en que aquí lo hace). Persiste la duda expuesta por Luis Felipe Valencia Tamayo al situarse en mi libro: quizás la culpa de una pobre crítica en cine —y en arte en otras ocasiones— o la ausencia de ella en el país, no se deba a la inexistencia de personas con formación en cine o crítica (y todo lo que ello implica), sino a publicaciones que permiten que estas personan llenen sus páginas con opiniones ligeras, lejos de constituirse en una crítica a una obra que, finalmente, pertenece a una manifestación artística. Queda en su conciencia, entonces, su compromiso ético con los lectores, al proveer estos espacios a profesionales, aficionados, o a charlatanes (quiero pensar en Número como una revista que les ofrece sus páginas a las dos primeras categorías, y excluye la tercera).
Algún colombiano promedio dirá que «criticar es muy fácil», pero realmente no lo es. Claro, si de una crítica argumentada se trata (la crítica se basa en los argumentos, lo que excluye al «opinómetro»). Pero consciente de nuestra tendencia cultural a «criticar» —es decir, a demostrar cierta inconformidad, pero no a argumentar—, quiero obsequiarle mi libro, como muestra de lo que una discusión argumentativa podría otorgar en función del estudio. Cine-autopsia: una exploración al cine en Colombia fue escrito a finales del año 2001, editado en el 2002 por el Fondo Editorial de Caldas, y seleccionado como primer lugar en el Concurso Literario de la Secretaría de Cultura de Caldas del mismo año. A lo largo del texto desarrollo un rápido recorrido por el cine de Colombia, no solamente desde la producción de películas y la historia, sino también desde las bases que comprometen la imagen en movimiento, la crítica, las instituciones creadas alrededor del cine, los artífices del cine en Colombia, y la reacción del público frente a la producción.
Tengo la tranquilidad de escribirle una carta a alguien que, como yo, ve en la literatura no sólo el acto de compra y venta de un producto o bien: existe un intercambio de conocimiento, resultado de un proceso de estudio y de investigación, es representación de un contexto cultural, e interactividad entre sujetos. Así pues, estaré dispuesto a la discusión argumentativa con usted, y si la oportunidad se presenta, a realizar algún aporte, sea a título personal, a su revista, o en otro espacio donde podamos encontrarnos. Finalmente, la literatura y el arte en general también son eso, un lugar de encuentro común.
Agradezco de antemano la atención prestada.
Cordial saludo,
Carlos Calle Archila

Respuesta. Los errores en las palabras Focine y Mayolo se produjeron en la transcripción del texto y no se corrigieron, por lo cual pedimos disculpas.
En relación con la crítica especializada, aunque la respetamos y la apreciamos, no es la única forma de acercarse a una obra. La crónica, el reportaje y la entrevista son otras maneras de escritura que dan luces, aportan y superan los metalenguajes de especialistas para especialistas. Lucía Moncada, médica y cronista, fue acreditada por Número previamente al Festival de San Sebastián, así que no deja de ser un tanto aventurado hablar de alguien «que estaba de paso por San Sebastián, y de repente se encontró con un festival de cine; estando allí, había que aprovechar lo que se atravesara en el camino». Tampoco pensamos que en su nota degrade la película. Por el contrario, reflexiona sobre la relación de pareja, la violencia sobre la mujer, el machismo, el amor y la enfermedad del amor; el miedo, el terror frente al ser amado. Lucía investigó tanto en España como en Colombia sobre el tema y presenta cifras y datos concretos. Entrevistó a la protagonista y buscó dar claridad y luces para que afrontemos un grave problema que está más cerca de nosotros de lo que pensamos.
Por lo anterior, estamos seguros de que en ningún momento prestamos las páginas a opiniones ligeras o a charlatanes, como ligeramente afirma el detractor. Ese es y ha sido nuestro compromiso ético. En lo que sí estamos de acuerdo es en que la literatura y el arte en general son un lugar de encuentro común, en el que no es bueno descalificar a quien argumente, escriba o piense en forma diferente.

CARTA DE LA DIRECTORA DE TE DOY MIS OJOS

La directora de la película en cuestión,Iciar Bollain, le escribió esta carta a Lucía Moncada, autora del artículo.

Madrid, 5 de marzo del 2004

Estimada Lucía: gracias por enviarme el artículo y la entrevista. Creo que es estupendo cómo con distintas palabras —las tuyas, claro— transmites lo que quiere contar la película, cómo lo mezclas con referencias culturales de canciones (¡las conozco todas!), recordando lo inmerso que el dolor y la violencia están en nuestras culturas, y en general toda la reflexión sobre el problema que haces me ha parecido algo estupendo. Las cifras de muertes en Colombia son también tremendas —¡cuántos hombres muertos—!; en eso sí nos diferenciamos, aquí es raro que sea el hombre el que muera. Te felicito sinceramente por el trabajo, te deseo mucha suerte y te mando un abrazo.
Iciar Bollain


ME SIGUE GUSTANDO NÚMERO

16 de diciembre del 2003
Hola, señores:
Me sigue gustando la revista Número... Tiene país, se ocupa de sus raíces, de su violencia y de su historia. Es una revista seria. Bienvenido todo lo que venga del equipo de Número y de su pandilla intelectual.
Saludos,
Poncho Rentería

¡DIOS SALVE A BUSH!

General Pico, Argentina, 15 de diciembre del 2003

«Dios mueve al jugador, y éste, a la pieza.
¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza...?».
Jorge Luis Borges, Ajedrez

Sus biografías comienzan mostrando al agobiado hijo que soporta la carga de un padre deportista estrella, héroe de guerra y futuro presidente: los logros del padre convierten la vida del hijo en un infierno. Los biógrafos de George W. Bush enlazan esos primeros cuarenta años de oscuridad con la luz de su conversión religiosa, cuando la fe le señala el camino, transformando las espinas en flores y el alcohol en petróleo. Ahí lo muestran de nuevo pero alto, rubio, rudo y valiente, listo para asumir su destino.
La elevación mística comienza el 6 de julio de 1986, cuando su amigo y futuro asesor Don Evans lo convence de participar en un grupo de estudio bíblico para dejar su alcoholismo y George, presionado por su mujer y el pastor Billy Graham, acepta; y termina cuando descubre a san Pablo y la teoría de los predestinados, esos hombres descritos por Calvino que están salvados desde su nacimiento, sea cual sea la naturaleza de sus actos.
La fe, explican sus biógrafos, le permitió a George W. entender el mensaje y desde ese entendimiento construir un puente hacia la derecha religiosa que formara su línea dura, alentándolo desde los púlpitos, integrando su gabinete y fomentando sus reformas entre los feligreses. La lista de agradecimiento de Bush incluye hasta ahora designaciones de conservadores en contra del aborto, la prohibición de la clonación humana y un aumento de los fondos para promover la abstinencia en las escuelas.
La buena suerte que comienza en 1986 le da la gobernación de Texas en 1995 y cuatro años llenos de presagios cumplidos: la venta de su equipo de baloncesto por 14,5 millones de dólares, la imposición de manos en su mansión de gobernador mientras declara «Dios quiere que estemos en la Casa Blanca» y el momento en que gana la presidencia con menos votos que su competidor, Al Gore.
La señal de su gloria es clara y luminosa y gracias a ella, se supone, Bush aguanta las acusaciones de usurpador que cascotean los vidrios de la Casa Blanca en sus primeros meses como presidente.
La conversión de Bush y su camino de fe hasta aquí son tan delicados como una tela de araña, pero es bueno conocer cada detalle porque ahí quedaron atrapadas las críticas y las burlas de los medios mientras detrás se agitaban y bailaban los fantasmas que la construyeron como distracción y propaganda, fantasmas que no son, precisamente, creyentes ni religiosos.
El discurso de fe, poder y curación es el árbol que esconde un bosque de razones oscuras y mártires negros cuyas raíces se alimentan de Leo Strauss, un filósofo judío nacido en Alemania que a causa del ascenso nazi emigró hacia Norteamérica, donde se convirtió en profesor universitario.
Strauss estableció la base de una nueva ciencia política que parece iluminada por un maquiavelismo adaptado especialmente al American Way, algo que los neoconservadores convirtieron en credo de sus departamentos de ciencia política y que llegó a los representantes más derechistas del partido republicano.
Las lecciones de Strauss, muerto en 1973, son seguidas hoy por el subsecretario de Defensa Paul Wolfowits; el director de la Oficina de Planes Especiales Abram Shulsky; el juez de la Corte Suprema, Clarence Thomas, y el fiscal general de la nación, John Ashcroft. Su filosofía es sumamente útil al gobierno porque justifica las creencias religiosas y las utiliza como caballo de Troya de sus ideas, sin alarmar a los seguidores dudosos ni ahuyentar a la mayoría religiosa en la que se apoyan.
Para Strauss, los capacitados para gobernar son los que aceptan el derecho de los superiores a mandar a los inferiores; la religión funciona como opio de las masas y permite imponer un poder que controle y disuada del individualismo, incentivando la necesidad de un nacionalismo agresivo que eduque al pueblo en la unión y la obediencia.
«La humanidad necesita ser gobernada porque es intrínsecamente perversa, pero tal gobernabilidad sólo puede establecerse si el pueblo está unido, y sólo se le puede unir contra otro pueblo», dice Strauss.
Que Strauss haya sido expulsado por la Alemania nazi justamente cuando sus ideas se volvían realidad en ella —a pesar de su origen judío— no impide que Bush repita cosas que otros dijeron antes que él, dejando las conexiones con ese pasado sucio a la vista. Sólo basta apartar la religión: si el 11 de septiembre calcó las palabras de su padre y en la tragedia del Columbia el discurso fue cortesía de Reagan, sus fuentes pueden ser mas viejas y perversas, como escribió Juan Gelman en Página 12 («Partituras», agosto de 2003).
El 20 de septiembre del 2001, Bush declaraba: «Los estadounidenses se preguntan “¿por qué nos odian?”. Nos odian por lo que se ve aquí mismo, en este salón: un gobierno elegido democráticamente. Los líderes de ellos se autoeligen. Nos odian por nuestras libertades: nuestra libertad de credo, nuestra libertad de expresión, nuestra libertad de votar y de reunirnos y de tener desacuerdos entre nosotros».
Joseph Goebbels decía en su mensaje de año nuevo de 1939: «Odian a nuestro pueblo porque es decente, valeroso, esforzado, muy trabajador e inteligente. Odian nuestras concepciones, nuestras políticas sociales y nuestros logros. Nos odian como Reich y como comunidad. Nos han obligado a una lucha de vida o muerte. Nos defenderemos en consecuencia».
Richard Perle, expresidente de la junta de políticas de defensa del Pentágono: «No hay etapas. Ésta es la guerra total. Luchamos contra una variedad de enemigos. Hay muchísimos afuera... hay que lanzar una guerra total contra esos tiranos (de Afganistán, Irak y colaboradores), pienso que nos irá muy bien. Nuestros hijos cantarán grandes canciones sobre nosotros en los años que vendrán».
Goebbels en 1943: «La guerra total es el imperativo de la hora. El peligro que enfrentamos es enorme. Nuestro esfuerzo debe ser enorme... Quienes hoy no entienden esta lucha mañana nos agradecerán de rodillas que la hayamos emprendido».
Strauss, como Goering, pensaba que la verdad debía guardarla una minoría, un grupo selecto y efectivo, experto en embustes; la religión, por supuesto, es excelente para camuflar las lecciones de Strauss: si Bush admitió que la guerra lo tenía preocupado porque sabía que para muchos sería injustificada, el propio Evans reconoce que la fe le da al presidente «un sentido muy claro de lo que es bueno y malo» y, por ende, una justificación validada automáticamente por esa fe.
David Frum, escritor de los discursos oficiales, explica que el lenguaje del bien y el mal surgió naturalmente (de nuevo la fe): Bush decidió que Saddam era malvado y ese simple gesto convirtió la guerra en justa.
Las explicaciones místicas son excelentes abogados ante el público y motivo de júbilo de los evangelistas sureños. Gracias a ello, el presidente puede mostrar unas cartas y jugar otras. No es nuevo, por supuesto. En 1968, Ray Price le envió un mensaje a Richard Nixon: «El elector reacciona frente a la imagen del candidato y no frente al hombre, con el cual el 99% de la población no ha tenido ni tendrá jamás contacto directo. Lo que cuenta no es lo que existe sino lo que se proyecta... No tenemos que cambiar al hombre, sino la impresión recibida».
Las contradicciones del presidente no molestan su santidad ni alejan feligreses: si ayer invadió Irak por sus relaciones con Osama bin Laden —aunque la CIA le dijera que no había evidencias que lo probaran— y luego confirmó la existencia de armas químicas que nunca aparecieron, el resultado sigue siendo el mismo: esas acciones inexplicables vienen de la mano de alguien que «cree que Dios le habla» según el evangelista Tony Evans, aunque Condoleeza Rice «no quiere que hable de eso». Para sus detractores, todo se basará siempre en un trasnochado germen de cruzado que le dejaron sus antepasados protestantes; para sus seguidores, el estricto cumplimiento de una verdad divina se le comunicó sólo a él.
«Causa un placer secreto muy especial ver cómo quienes nos rodean ignoran lo que les está pasando realmente», dijo otro iluminado: Adolfo Hitler. Tal vez la verdadera cara de Bush también pueda leerse como una copia del pasado...
Iván de la Torre

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