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Tu rostro mañana Quien nos habla desde estas
páginas no omite ni la medida exacta de una gota de sangre. No
obstante, él, cuyo nombre es muchos y ninguno, invita, sin asomo
de duda en su voz a no contar nunca nada. Y sin embargo ésta
parece ser la única manera de aferrarnos al tiempo, como esa
gota de sangre que grita su existencia, negándose al olvido.
Esta voz nos va hablando de sí a partir de lo que va narrando
en un viaje cuyo comienzo puede ser cualquier cosa o bien algo directamente
relacionado consigo mismo, es decir, nos da cuenta de su existencia,
de su razón de ser. Esta novela es un incesante monólogo,
diálogo, en el cual el narrador se nos va descubriendo a partir
de sus juicios, los cuales lo acercan a la omnisciencia. Este narrador
no deja nada al azar descriptivo, su mirada milimétrica parte
desde el espacio de lo cotidiano, desde temáticas sustanciales
que son fundamentales. Habla de las palabras —de las ligeras y
las reales—, del decir y del callar, de amores en primavera o
en la nostalgia del otoño, de la delación. Sus palabras
provocan, no dejan al lector indiferente o en el aburrimiento. Territorio
riesgoso cuando sólo se habla de uno mismo. No obstante, en estos
momentos aparecen cual faros personajes como el compatriota español
o el vecino bailarín, quienes iluminan a este narrador, protagonista,
llevando al lector a encaminarse hacia una opinión con respecto
a lo contado. El motor de esta novela, el impulso para sostener la linealidad,
a pesar de los constantes rodeos transversales (divagaciones, excursiones,
reflexiones) es en realidad un encuentro desde el que se articula toda
la narración. |
Los caballitos del
diablo Una —trivial
en apariencia— de las muchas virtudes de esta novela es que resulta
imposible de adaptar al lenguaje de la televisión. Es una virtud
comparativa, pues la diferencia entre Los caballitos del diablo y la
gran mayoría de las novelas que se han publicado últimamente
en Colombia radica en el lenguaje. |
Diablo Guardián Un videojuego vertiginoso,
suspendido en la realidad por los friolentos acordes de Iggy Pop «I
need some loving, like a fastball needs control», es el marco
para la historia de Violetta, una joven «encueratriz» que
llega a Nueva York con tan sólo quince años de edad, muchos
dólares robados y la firme convicción de sobrellevar su
osado estilo de vida en medio de la ciudad más caótica
del mundo. |
Memoria de los silenciados.
El baile rojo «… él
me llevó un documento en el que decía que a mi esposo
y a mis cuñados los habían matado “por problemas
ideológicos y políticos en el marco del conflicto armado
interno”. Y entonces yo, que no tengo estudio, le dije: “Pero,
señor personero, hágame un favor, ¿y qué
quiere decir esto?”. Y él llegó y me dijo: “Ah…
eso es la guerra que estamos viviendo”. No fue más la respuesta»
(María Correa, viuda de José Ignacio Reyes Gordillo). |
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