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Cuatro
años sin Jaime Garzón
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UN
ADIÓS
DE CARNAVAL |
![]() |
Por Antonio Morales Riveira
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Durante tres años, de 1995 a 1997, fui el guionista y
director periodístico de Quac, el noticero, parodia semanal de
un noticiero que tuvo una de las mayores audiencias entre los programas
de opinión en toda la historia de la televisión colombiana.
Jaime Garzón era el protagonista. Semana tras semana, vivimos
hombro a hombro esta experiencia profesional y personal. ¡Nunca
nos divertimos tanto! Pero, simultáneamente, logramos criticar
las estructuras presentes y pasadas del poder en el país, hasta
el punto de influenciar muy seriamente la opinión y, de contera,
el poder. |
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Fue
así como decidió ingresar a la Universidad Nacional de
Bogotá con el propósito de ser abogado. Sus intenciones
políticas personales le decían que los abogados se convertían
en presidentes de Colombia, pese a que los jóvenes de entonces
apreciaban más todo tipo de actos y teorías antiestablecimiento
que las leyes mismas. Garzón pretendió ser un abogado
dedicado a la causa de los pobres, pretensión que, junto con
su educación cristiana y su fallida vocación sacerdotal,
lo condujo a ser militante del Ejército de Liberación
Nacional, la guerrilla guevarista impregnada por el marxismo cristiano
y la Teología de la Liberación, dirigida por curas rebeldes
y embudo generacional por el cual se fue a las montañas buena
parte de la izquierda colombiana de la época. |
Ya
en el año de 1986, tras su huida y rompimiento con la izquierda,
de la cual en el fondo nunca salió, Garzón decidió
iniciar su irresistible ascenso, al modo de un Arturo Ui a la colombiana.
Tras unos contactos no muy serios con Andrés Pastrana, entonces
alcalde de Bogotá, Jaime fue nombrado alcalde menor de la zona
de Usme en Bogotá, lugar rural y agreste de mínima población,
a no ser por los centenares de guerrilleros que por allí transitaban.
Con esa pequeña cuota de poder, las artes imitatorias de Garzón
fueron un poco más conocidas, y de boca en boca entre la izquierda
y uno que otro periodista se supo que, por allá en las montañas
del sur de Bogotá, un bicho raro imitaba de manera delirante
a todo el mundo. Un periodista del Noticiero de las 7 me propuso —entonces
y casualmente (¿hay casualidades?) yo era director de ese informativo—
hacer una nota con ese agreste alcalde. Acepté el reportaje y
fue así como Garzón, en 1987, apareció por primera
vez con sus imitaciones en la televisión. La entrevista difundida
fue bien comentada e hizo que Garzón saliera de la esotérica
parroquia de sus amigos a la contaminada luz pública. PRIMER
ACTO: ZOOCIEDAD. EL BUFÓN LLEGA A LA CORTE
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SEGUNDO
ACTO: QUAC, EL NOTICERO. EL BUFÓN DESENMASCARA A LA CORTE
Así como
muchos personajes se construyeron para ser repudiados, otros funcionaban
a la inversa. El público se identificaba con ellos, con su modo
de ver el país. John Lenin era un estudiante de izquierda, militante,
marxista en decadencia, metido aún en la guerra fría.
Godofredo Cínico Caspa era un abogaducho de extrema derecha,
ventajoso e inmoral, que apoyaba todo lo sórdido. Dioselina Tibaná,
la cocinera del palacio presidencial, chismosa y ladina, expresaba claramente
el alma del campesino emigrado a la ciudad, escéptico y noble.
Inti de la Hoz era una muchacha contemporánea, posmoderna y parte
de la generación X, frívola e ignorante. Y Néstor
Elí, el portero del edificio Colombia, donde vivía toda
la fauna social del país ligada al poder, era un trabajador raso
profundamente crítico, de desconcertante habilidad de palabra,
seductor y lúdico. |
TERCER ACTO:
HERIBERTO. LA CORTE MATA AL BUFÓN |
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