NÚMERO 38

Director: GUILLERMO GONZÁLEZ URIBE
Gerente - Editora: ANA CRISTINA MEJÍA
Diseño y diagramación: LEMOINE COMUNICACIÓN
Secretaria ejecutiva: MAGDA SANDOVAL
Supervisión de distribución: SANDRO VELÁSQUEZ
Suscripciones: CONSUELO VALBUENA
Publicidad y suscripciones: Carrera 4 Nº 66-76 ·
Telefonos: 544 0840, 609 5089, 312 7970; Fax: 3127969
Corrección: ELKIN RIVERA
Fotocomposición: ELOGRAF LTDA.
Impresión: PANAMERICANA FORMAS E IMPRESOS S.A.

Distribución y ventas: Revista Número y Distribuidoras Unidas

*

Número agradece a todas las personas y entidades que en una u otra forma apoyan este proyecto.

*

Revista Número: Carrera 4 Nº 66-76 Telefax: [571] 312-7970 · 312-7969
Página web: www.revistanumero.com · e-mail: numero@elsitio.net.co
Bogotá, Colombia.

*

Miembros de NÚMERO: William Ospina, poeta; Antonio Morales, periodista; Ana Cristina Mejía, traductora; Guillermo González Uribe, periodista; Luis Ángel Parra, editor; Liliana Tafur, periodista;
Lucas Caballero, periodista, Liliana Vélez, filósofa; Víctor Laignelet, pintor; y Carlos Duque, publicista.

*

Tarifa Postal Reducida Nº 1368 de Adpostal. Vence en diciembre de 2002
ISSN 0121-7828
· Licencia del Ministerio de Gobierno Resolución: 1237 de 1993
Corporación Revista Número según Resolución 023 del 19 de enero de 1995.

*

© 2003 Número. Prohibida la reproducción parcial o total de los materiales de esta revista
sin autorización escrita de los editores. Número no se hace responsable por la devolución de materiales no solicitados.

*

Contactos en el exterior:
Alemania: Claudia Zea, claudiazea@gmx.de
Quito:
Roberto Rubiano Vargas, tel: [5932] 555-645, e-mail: rrubiano@uio.satnet.net
Madrid: Paco Barragán, pacobarragan@wanadoo.es
Barcelona: José Lozano, tel: [93] 219-6235, e-mail: jlozano@iua.upf.es
Nueva York: Cristina Umaña, tel: [718] 392-9218, e-mail: alasdeprueb@hotmail.com
Panamá: Soraya Hoyos, e-mail: sorayahoyos@hotmail.com
Ottawa (Canadá): Anna María Salvetti, e-mail: asalvet@sympatico.ca
Italia: Mauricio García, e-mail: magamacol@yahoo.com



VALLEJO Y MENDOZA: ANIMALES PONZOÑOSOS

Bogotá, 9 de agosto del 2003
Si un hijo le pide a su padre pan, éste no le dará una piedra —dice el evangelista—, y si le pide pescado, no le dará una víbora; ahora bien, si un hombre lleva una víbora o un escorpión a su casa como mascota, lo más probable es que emponzoñe a sus hijos o a su esposa, incluso que su veneno le cause la muerte al padre mismo. Quienes se dedican al cultivo de estos animales ponzoñosos saben que deben manejarse con precaución y cuidado.
Que nadie se escandalice si Fernando Vallejo arroja las perlas a los perros o que Mario Mendoza hinque sus colmillos sobre un hombre viejo y enfermo. En las novelas que tanto alaban premios y periodistas, colombianos y venezolanos, pueden verse los mismos argumentos desesperanzadores con los que el Mefistófeles de Goethe pretendía llevarse el alma del doctor Fausto. Por eso es corriente que Vallejo reniegue de la literatura que le dio prestigio y prosperidad, desde su gramática Logoi hasta la Tautología darwinista; lo que quiere mostrar este señor es el mismo espectáculo del escándalo de cualquier periódico amarillista. Palimpsesto de sangre, corrupción, asesinato y estupidez con gramática, iluminado supuestamente por el genio del escritor.
A nadie debe extrañarle tampoco la ignorancia que muestra Mendoza sobre los iconos del pueblo y su eficacia simbólica, disfrazando su prosa con un espíritu crítico e investigador. Mendoza es casi igual a Vallejo, quienes los han promovido sé que después se han encontrado con la vergüenza; personas e instituciones. Conocemos los frutos de sus obras, nadie ignora que ellos quieren ir más allá de la figura del artista controvertido, pero en verdad están lejos de los tobillos de Poe, Rimbaud o Baudelaire, incluso lejos —gracias a Dios— de cualquier estudiante de literatura.
Si ellos pretenden refugiarse en la solución de Camus al castigo de Sísifo, me tranquiliza saber que aun a pesar de la tiranía, la ignorancia y la desesperanza, la vida se abre paso a través de ellas para devolverle la belleza a la belleza.
Quien necesita información busca la prensa para informarse, pero ¿porqué se les ofrece a los lectores víboras y escorpiones? Siguiendo el consejo que dio Gabo alguna vez, la prensa debe estar menos pendiente de la chiva y más atenta a la trascendencia de sus noticias. Esto no debe aplicar sólo para artículos literarios sino a todo lo que concierne a la responsabilidad de información. Este comentario quiere estar lejos de todo dogmatismo radical, pero no debe olvidarse que la biología ignora a Vallejo y que el público de la prensa rechaza a Mendoza.

Diego Alberto Caballero

COLOMBIA, AUSENTE DE LAS OLIMPIADAS

Dublín, Irlanda, 26 de junio del 2003

¿Qué distancia separa a Colombia de Bosnia-Herzegovina? ¿O con Irak? ¿O con Suráfrica? Sin duda, un abismo... y el apoyo de un gobierno en permitir a sus ciudadanos con discapacidades físicas y mentales ejercer el principal derecho de todo ser humano: el de demostrar que están vivos.
Ellos salieron del túnel como lo hacían los titanes, como lo hacían los hermosos y valientes gladiadores romanos. Triunfadores, inmortales, adorados por una multitud llena de colores, llena de sonrisas, llenas de vivas en mil idiomas y luces blancas con toques de paz, con aire de humildad, con total entrega a un objetivo lleno de bondad.
Esta tarde todas las almas subieron hacia el cielo irlandés, pues pocas veces he visto a ochenta mil seres humanos sonreír en el mismo instante, derramar una lágrima tomados de las manos... como si de un milagro se tratara.
Pensé en Colombia, pensé en la distancia que separaba a mi antigua patria con las islas Caimán, con Macao, con Omán o Palestina. Pensé en Colombia y mientras lo hacía ante mis ojos se extendieron las banderas de Venezuela, Ecuador, Panamá, Perú, Paraguay, Argentina, Bolivia, Chile, Cuba... Brasil... todos... o casi todos, pues la bandera colombiana nunca emergió de aquel túnel de donde nacían los vencedores.
Ellos salieron a las Olimpiadas Especiales del 2003 en Irlanda.
Lo vi desde casa. El estadio estaba a menos de diez minutos en el autobús más cercano.
Desde la ventana se alcanzaban a oír los aplausos, los fuegos artificiales, la voz de Nelson Mandela o el temblor suave del antiguo y eterno rey Alí. Se escuchó la voz de Bono, se celebró la razón de estar vivos y se levantaron los ojos a Dios para dar gracias por habernos hecho únicos.
Debo confesar que lloré. Lo hice como nadie. Lo hice de agradecimiento, lo hice conmovido de vivir donde vivo, lo hice con las manos sobre la cara, viendo la pantalla, derramando lágrimas al darme cuenta de que el camino es tan sólo un camino y que el triunfo es una manzana que se alcanza sólo con la lucha, la fe y la perseverancia.
Todos ellos, todos los atletas que salieron por ese túnel son los héroes del mundo en el que hoy me encuentro. Un mundo en donde ciertas cosas valen más que otras. Un mundo en donde se mantiene un minuto de silencio ante la muerte de alguien inocente. Un mundo donde los ejércitos luchan y cuando terminan de hacerlo se sientan bajo el cansancio de la guerra y establecen una tregua, un mundo donde la masacre ya no tiene tiempo ni existencia.
Hoy me pregunto la distancia entre Irlanda y Colombia. La distancia que separa a los atletas especiales en Colombia de participar en un evento como éste. Sin duda la distancia no es tan sólo la que separa a dos continentes, es la distancia que separa la cordura de la demencia, la corrupción de la justicia social, la anestesia mental de la indignación nacional...
Al final, me quedé esperando que saliera Colombia después de la selección nacional de China y antes de la de Congo. Me quedé esperando tener un segundo de dicha, de poder tener frente a mí la bandera de Colombia y los aplausos y saludos de nuestros niños en sillas de ruedas, nuestros nadadores ciegos o nuestros futbolistas con síndrome de Down.
Me quedé esperando que mis ojos brillaran, me quedé esperando que la gente supiera y que la gente del mundo comprendiera que Colombia no era sólo guerra. Me quedé esperando que hubiéramos descubierto la verdad de las Olimpiadas Especiales. La verdad que revela que son ellos, los atletas especiales, los únicos que pueden enseñarnos con su ejemplo el verdadero camino que separa a los hombres entre la paz y la guerra.

Jean-Gabriel Machuret
jgmachuret@hotmail.com

CANONIZAR A URIBE

Cali, agosto del 2003

¿Reelegir a Álvaro Uribe? Yo tengo una propuesta mucho más en consonancia con el sentir del pueblo y de los redactores de Semana: canonicémoslo. Él mismo admite sin ambages que es un santo varón, un mártir del trabajo, un héroe del bien común, un salvador de sus compatriotas dispuesto a cualquier sacrificio. Su piedad es evidente: se dice, y él no lo desmiente, que le reza a la Virgen del Carmen todas las noches antes de acostarse, que es devoto de María Auxiliadora y que se siente inspirado por el Espíritu Santo. Hasta ahora no se ha autodenominado Mesías, a pesar de las nubes de incienso que le lanzan los entrevistadores, pero si dejara de lado la modestia no es difícil imaginar que por lo menos se proclamaría «prácticamente perfecto en todos los sentidos», como Mary Poppins, aquella nana sin par exaltada por Walt Disney.
Por supuesto, no faltará quien diga que la idea de la canonización es un despropósito, una propuesta todavía más prematura que la de la reelección del presidente, a menos de un año de comenzado su primer mandato. Después de todo, hasta ahora el Vaticano no ha elevado a los altares a nadie antes de su muerte. Precisamente, digo yo, en este nuevo milenio ha llegado el momento de innovar, y en vez de presentar para la devoción popular un daguerrotipo desteñido de alguna oscura monja, les daríamos a los fieles la oportunidad de rezarle a un ser de carne y hueso, con todo el beneficio de las transmisiones en vivo.
Imagínense las posibilidades. En vez de aspirar a acostarse en su cama para pedirle una gracia, como los devotos de la madre Laura (cosa que además ahora prohibieron las autoridades eclesiásticas), cada colombiano y colombiana que lo solicitara a presidencia por internet podría recibir, a un costo irrisorio, un pedacito de las múltiples ruanas y muleras que han abrazado el cuerpo del presidente, quien las luce a la menor oportunidad. Y al lado de los gobelinos de La última cena que adornan las salas de tantas casas modestas, podríamos colgar una imagen digital del Último Consejo de Ministros.
Es cierto que para merecer el título de santo sería necesario, de acuerdo con las reglamentaciones vigentes en la Santa Sede, que nuestro primer mandatario hiciera por lo menos un milagro. Pero para un hombre que supo descubrir en Fernando Londoño las cualidades necesarias para desempeñarse como líder de la justicia en Colombia, nada es imposible. Y ya hasta los mismos ministros se han convertido en taumaturgos. Ahí está el de Protección Social, que claramente manifestó que en menos de un año se habían creado un millón cuatrocientos mil nuevos empleos en el país. Vivir para ver, y oír.
Por otra parte, no es difícil pensar en qué tipo de prodigios pedirle a san Álvaro; milagros es lo que estamos necesitando. Podríamos, por ejemplo, rogarle que tape el hueco fiscal sin emisiones abiertas ni camufladas; que irradie luces que hagan comprensible para todos los ciudadanos y ciudadanas cada uno de los artículos del referendo; que vuelva humilde al superministro; que convierta el glifosato en abono para la tierra y en medicina para los asmáticos. Pero tal vez lo más urgente sería que lograra que el arroz y la yuca fueran clasificados como antibióticos o como variedades de Viagra, ya que los medicamentos son casi lo único que todavía no ha sido gravado con el IVA.
Podría llegar a pensarse, incluso, que más que canonizar al presidente Uribe deberíamos declararlo de naturaleza divina, como hacían los egipcios con sus faraones, o por lo menos descendiente directo de la deidad. Atributos no le faltan. Para comenzar, está en todas partes, desde Arauca hasta Cartagena, desde Pasto hasta Vichada. Además, el presidente todo lo ve y todo lo dispone; ni el más pequeño detalle de una emisión de Señal Colombia se escapa a su celo. Pero tal vez proponer la apoteosis del presidente puede resultar una pequeña exageración. Tenemos que conformarnos con canonizarlo.

Gabriela Castellanos

CIEN AÑOS DE MARGUERITE YOURCENAR

Bogotá, julio del 2003

Con motivo del centenario del nacimiento de la escritora Marguerite Yourcenar (1903-2003), la Embajada de Francia, el Ministerio de Cultura, la Asociación Colombiana de Estudios Yourcenarianos (Acey), la Universidad de los Andes, la Universidad Externado de Colombia y la Universidad Jorge Tadeo Lozano han organizado una serie de eventos culturales y académicos con el fin de contribuir a la difusión del pensamiento y la obra de la autora de Memorias de Adriano.
Participan además en la organización las siguientes entidades: Alianza Colombo-Francesa, sedes de Bogotá, Cali y Medellín; Biblioteca Nacional de Colombia; Centro de Información André Maurois (Ciam); Ediciones Alfaguara; Fundación Santillana; Liceo Francés Louis Pasteur; Radiodifusora Nacional; Société Internationale d'Études Yourcenariennes (Siey); Trust Marguerite Yourcenar.
Queremos invitar a los lectores de Número a los siguientes eventos:
—4 de septiembre: Inauguración. Exposición fotográfica. Lanzamiento de la primera revista en español sobre Marguerite Yourcenar. Biblioteca Nacional, auditorio Germán Arciniegas, 6:30 p.m.
—10 de septiembre: En el marco de «Lectura sin fin», de la Biblioteca Nacional, lectura de Un hombre oscuro. Auditorio Aurelio Arturo, 10 a.m. a 5 p.m.
—1º de octubre: Videoconferencia «Historia y ficción en la obra de Marguerite Yourcenar», a cargo de Brian Gill, profesor de la Universidad de Calgary (Canadá). Aula máxima Fabio Lozano, Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, 4:30 a 6:30 p.m.
—7 de octubre: Conferencia «La cultura y sus transgresiones en la obra de Marguerite Yourcenar», a cargo de Vicente Torres, profesor de la Universidad de los Andes. Fundación Santillana, 7 p.m.
—9 de octubre: Recital de piano y lectura de fragmentos de la obra de Marguerite Yourcenar (Teresita Gómez, Vicky Hernández y Marc Sagaert). Auditorio del Liceo Francés, 7 p.m.
—22 de octubre: Conferencia «Marguerite Yourcenar, peregrina y extranjera», a cargo de Vicente Torres. Teatro de la Universidad Externado de Colombia, 11 a.m.
Por otro lado, la Universidad de los Andes, la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano y la Universidad Externado de Colombia ofrecen seminarios sobre Marguerite Yourcenar durante el segundo semestre de los corrientes. Además, diversas manifestaciones culturales en torno a la Académica tendrán lugar en la ciudad de Cali del 24 al 26 de septiembre (Alianza Francesa y Centro Cultural Comfandi), y en Medellín del 24 al 26 de noviembre (Alianza Francesa).
La entrada a estos eventos es libre, con inscripción previa en el Centro de Información André Maurois: www.ciam.org.co/reservas, o al teléfono 6 38 15 00.
La presencia constante de la historia y el mito, así como de la filosofía y la mística, constituyen los fundamentos universalistas de la escritura de Marguerite Yourcenar. El vasto conocimiento de la historia le permite a la escritora unir, a través del recurso de la gama arquetípica que ofrece el mito, diferentes segmentos del devenir humano; es así como Memorias de Adriano, que se desarrolla en el siglo II de nuestra era, se revela como una lectura de los tiempos convulsionados que sucedieron, en pleno siglo XX, a la segunda guerra mundial, y ofrece a la vez la posibilidad de construir una cultura para la paz en un mundo presa de la violencia y del caos.
Igualmente, la reflexión filosófica aparece en la obra de la Dama de los Montes Desiertos como un medio privilegiado de descifrar el mundo y la dimensión del lugar que el ser humano ocupa en él, como lo atestigua, en Opus nigrum, la larga meditación del médico alquimista Zenón. La lucidez que de ahí se desprende pone frecuentemente a los personajes de Yourcenar en posiciones contestatarias de marginalidad. En esta obra de sabiduría, la vocación mística de las criaturas de papel yourcenarianas está constituida por corrientes filosóficas provenientes de los presocráticos, del estoicismo, del cinismo —entre otras—, las cuales se funden en un profundo acuerdo con las diferentes formas de sabiduría oriental —el hinduismo, el budismo, el taoísmo—. Ellas irrigan gran parte de la obra y del pensamiento yourcenarianos, cuya trascendencia es inherente a la materia, abandonando las posturas metafísicas que ofrecen las religiones tradicionales y la violencia que este hecho engendra. Profundamente ecléctica, la escritura de Yourcenar no es una escritura que excluye, es una escritura que integra.

Vicente Torres (Ph.D)
Profesor de la Universidad de los Andes
Presidente de la Asociación Colombiana
de Estudios Yourcenarianos


EGOTECA. DIEZ AÑOS DE NÚMERO

Hecho insólito en Colombia

Cada vez que ha salido uno de los 37 números de Número, mi principal problema ha sido tratar de no leerlo. Procuro dosificarlo con cuidado para que me dure todo el trimestre. Ustedes ya son decanos, pero a mí en todo este tiempo nada que se me quita la maña. Una revista cultural de la belleza y la altura de Número es un hecho insólito en Colombia, por lo que me siento profundamente orgulloso y honrado de haber podido participar con dos o tres granos de arena en tan necesaria y reconfortante utopía hecha hoy realidad. Larga vida para ella y un alborozado reconocimiento a sus abnegados y talentosos progenitores. Diez cañonazos.
Humberto Dorado

Un oasis en medio del desastre

Qué maravilla cumplir diez años ejerciendo un sueño. Pero mucho mejor haber hecho que ese sueño sea una maravilla número tras número, día tras día.
Número es una fiesta, un oasis en medio del desastre en que vivimos, un oasis que permite abrevar y respirar y tomar impulso.
Pensando en todo lo que ustedes han logrado, recuerdo el último párrafo del libro Las ciudades invisibles, de Italo Calvino, que reza así:
«El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio».
Mejor dicho, gracias por todo.
Alberto Quiroga

Veinte años no son nada

Alguien alguna vez dijo que veinte años no son nada. Siguiendo esa lógica, diez es la mitad de nada. Cumplir la mitad de nada es un milagro cuando se está rodeado de todo, de todo lo que anhelo, de todo lo que extraño, de todo lo que quiero, de todo lo que me gusta, de todo lo que engorda, de todo lo que es pecado, de todo lo que se escribe y se lee, de todo lo que se fuma y se bebe, de todo lo que se introduce y es introducido (con mayor o menor acierto), de todo lo que es todo y no deja de serlo nunca. Diez años, la mitad de nada y yo muerto de todo por no poder estar allá.
Millones de besos.
Fernando Vicario

Algo bonito

La revista es una de las cosas bonitas que tiene Colombia.Que dure muchos años.
Fernando Vallejo

Augurios y más números

Diez años no pasan en vano, volver a leer el editorial del primer Número deja todo claro. En este país, en medio de la sordera que padecemos, nadie se dejaba oír. Parece que toda participación, cuando el mundo era posible, se olvidó; silencio maldito el sonido del agua y no oírlo. Vivir y vegetar nos iba convirtiendo en sordos autónomos.
Cada día que pasaba parecía no tener ningún valor libertario, a tal punto que se volvió hegemónica la manera de pensar, de actuar y de tratar de seguir viviendo.
Con diez años en su edición, veo que se pueden respirar las ideas que acaban con el silencio de la distancia que habitan entre sí las opiniones. Se respira una conjunción de entusiastas con mucha disciplina díscola, que se fue formando Número a Número.
Hoy, después de haber hecho la primera comunión con sus diez años de edición, Número es una opinión para todos.
Número puede invitar a las diatribas más desnudas del país, convoca. Hace rato no se adoptaban posiciones de júbilo ante el mundo, por lo que la revista tiene la gran responsabilidad de traer canto a este estado de sordera sin utopía. Sigan dando aire y ritmo de lucidez a este país de todos.
Posdata: Qué felicidad felicitarlos.
Carlos Mayolo

Aplausos sonoros para Número

Como Borges con Sur, Lezama Lima con Orígenes y Octavio Paz con Plural y Vuelta, nosotros también tenemos a Número: el laboratorio alquímico para fabricar pócimas que concilien reflexión con estética. Que abran el mundo a los cinco sentidos.
En este país efímero, donde nada dura y muy pocas obras resisten una cabal relectura, yo he mandado empastar mi colección de Número. No se trata de un ataúd de cuero para impedir que ella ande dispersa por el piso. No. Es que quiero volver a mirar lo que no había visto con calma. Es que aspiro a reconstruir lo que mi premura e impaciencia habían permitido que pasase inadvertido. Allí está ahora, en la justa compañía de Eco y Mito, de Correo de los Andes y algunos pocos más repertorios amigos.
Algunos despistados sin oficio todavía buscan nuestra identidad. No saben que cualquier persona en cualquier lugar del mundo que lea Cien años de soledad es fatalmente colombiano. Que cualquier espectador, en cualquier museo del mundo, que se ría con las iglesias y las putas rotundas de Fernando Botero es antioqueño sin remedio. No más culturólogos, por favor, que nos explican el mestizaje de nuestra piel y el sincretismo de nuestra música. Lo único que necesitamos son obras de arte que nos cambien el mundo. En eso está Número y por ello me siento feliz de soplar las diez velas invencibles de su joven madurez fructífera y compartida.
Juan Gustavo Cobo Borda

¡Felicitaciones!

¡Me siento muy orgullosa por esos diez años! ¡Gracias por aportarle a este país con tanto entusiasmo y por llenarlo de esperanza, por quitar la pereza, por ilustrarnos, por recrearnos, por hacernos más conscientes!
Celebren con gran alegría.
Lucía González

Estorba como las tentaciones

Revista Número es imposible evitarla. Cuando llega, estorba como las tentaciones, pero uno le da la bienvenida porque tiene la certeza de haberle apostado sin reservas. Desde su portada, la tentación palpita y seduce irremediablemente. Luego, cuando uno se entrega al sortilegio de su palabra solidaria, de su imagen, de su textura, entonces siente que ha atinado con el número de una lotería entrañable. Aquella cuyo único dividendo se mide con el corazón y se siembra en los más significativos territorios estéticos.
Y allá, desde la repisa especial en la biblioteca que se tuvo que mandar a hacer para atesorarlos, los números de diez años le guiñan a uno su ojo sabio.
Lina María Pérez

Esto y mucho más encontrará en NÚMERO
Regresar a la Página Principal

Artículos en Internet SuscripcionesEditorial  |  Número Ediciones  |  Números Anteriores


Revista Número. Carrera 21 Nº85-40 . Telefax: [571] 635-8012¬ 635-8013
Bogotá, Colombia
numero@elsitio.net.co
.