Premio
Planeta de Periodismo 2002 a director de Revista Número
Guillermo
González Uribe, director de revista Número, obtuvo el Premio Planeta
de Periodismo 2002 por su trayectoria y por su libro Los niños de la
guerra, que recoge once relatos de vida de niños y jóvenes desvinculados
del conflicto. Las primeras cuatro historias del libro se publicaron
en revista Número, edición 34. Presentamos las palabras que pronunció
Guillermo el pasado 18 de noviembre.
Agradezco a Editorial Planeta este premio, que dedico a todos aquellos
que ayudaron a que fuera posible. A mi padre, Sady González, el fotógrafo,
y a mi madre, Esperanza Uribe, su compañera de vida y de trabajo, con
quienes comencé a conocer el periodismo. A Guillermo Cano, mi maestro,
quien me permitió en los años ochenta, en el Magazín Dominical de El
Espectador, dar cabida al periodismo analítico, profundo y estético.
A los jóvenes que me contaron sus historias para el libro Los niños
de la guerra, y a quienes han colaborado para que revista Número sea
hoy, después de nueve años de vida, un lugar especial para el trabajo
y la creación, que pretende contribuir a la alegría, el conocimiento,
el espíritu crítico y el arte. Revista Número publicó los primeros relatos
de este libro y me dio el espacio y el tiempo necesarios para terminar
de escribirlo, y Editorial Planeta lo acogió con entusiasmo y generosidad.
En tiempos en que los medios masivos de comunicación se entregan cada
vez más a lo superficial, a lo vano, a lo que no deja nada en el alma
ni en el espíritu, y se pliegan al mercado olvidando la función social
que están obligados a cumplir, en el sentido de la formación de ciudadanos
activos, críticos y participantes, que puedan construir una sociedad
más amable para todos; en estos tiempos, nuestra apuesta tiene que ser
cada día más por la vida y por el goce; por el periodismo que abre caminos,
que explora territorios, que aporta a la comprensión de este mundo caótico
e injusto, pero a la vez complejo y maravilloso que nos tocó en suerte
vivir.
Este libro recoge historias de vida de niños y jóvenes que han sido
instrumento de esta guerra fratricida que nos carcome desde hace décadas.
Son muchachos y muchachas maravillosos, llenos de fuerza y energía,
que en sus cortos años han vivido mucho más de lo que la mayoría de
los aquí presentes llegaremos a experimentar en nuestra existencia.
Sus apasionantes historias están marcadas por la exclusión a que se
han visto sometidos, y por las tremendas acciones que han protagonizado
en esta guerra cada vez más cruel e inhumana. A pesar de ser una persona
supuestamente informada, las historias de estos muchachos me llevaron
a descubrir episodios de la guerra que desde las ciudades no alcanzamos
ni a sospechar que estén sucediendo en nuestro país.
Deseo que este libro, más allá del interés que pueda proporcionar por
sus componentes de aventura, sirva para ayudar a comprender mejor la
guerra y a sus protagonistas; para que reafirmemos que el camino de
la guerra total y la barbarie ni es solución ni beneficia a nadie; para
que busquemos -más temprano que tarde- senderos de reconciliación, y
para que las instituciones que llevan a cabo un maravilloso programa
con los niños y jóvenes desvinculados del conflicto, lideradas por el
Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y el Cerlalc, sigan adelante
en su empeño por mostrarles a estos niños que sí es posible una existencia
alejada de las armas. Gracias.
Profundas
reflexiones sobre el lince ibérico
Bogotá, octubre del 2002
Estimados amigos:
Quiero compartir con ustedes esta nota, cuya protagonista es la secretaria
de Estado de Medio Ambiente de España, cargo equivalente al de viceministro
de Medio Ambiente. El texto habla por sí mismo.
Cordial saludo,
Bernardo Gutiérrez.
Extracto
de la comparecencia ante el Senado de la secretaria de Estado de Medio
Ambiente de España, doña María del Carmen Martorell Pallás, para que
informe sobre la situación del lince ibérico y las medidas que se deben
adoptar para su recuperación, celebrada en junio del 2002.
"...
respecto al hábitat, ya sabemos el problema que existe, en el sentido
de que un lince necesita mucho espacio, y España tiene un tamaño que
a veces no permite que pueda disponer de esos espacios tan amplios que
requiere para sobrevivir. Quizás una conducta inteligente del lince
sería adaptarse a vivir en un menor espacio. Sabemos la capacidad de
adaptación que tienen todas las especies, y ojalá el lince se adaptase
a vivir en un menor espacio; pero la realidad es que necesita un espacio
tremendo, por lo que cualquier obstáculo -carretera, alambrada, camino-
limita su hábitat.
...
efectivamente, la supervivencia del lince es complicada, y yo creo que
en eso estarán de acuerdo conmigo. También puede ser un problema de
espacio porque le estamos acotando el terreno. Por eso digo que espero
que sea suficientemente inteligente para adaptarse a las nuevas circunstancias,
porque en esta vida ocurren esas cosas.
Yo creo que quizá "los más pequeños", como los de la cría en cautiverio,
tienen una capacidad de adaptación mayor que los que han vivido hace
pocos años en un gran espacio, porque sabemos que el avance económico,
de desarrollo y tecnológico se ha producido durante estos últimos años
y nos ha cambiado nuestro paisaje tremendamente. El hombre, por suerte,
es más inteligente y es capaz de adaptarse a ello. El lince parece bastante
menos inteligente de lo que creíamos que era.
Quizá tenga muy buena vista, pero después en sus conductas es un animal
que corre muchísimo, y al correr muchísimo hay veces que no ve, no se
para a ver adónde tiene que ir y por eso en vez de ir por debajo va
por arriba. Yo no he comprobado que haya pasos por debajo, pero a mí
se me ha dicho y me lo creo porque todos estamos sensibilizados y la
comunidad autónoma también...".
El texto original está en la siguiente dirección (hacia el final) y
es incluso peor: http://www.senado.es/legis7/publicaciones/html/textos/CS0317.html>
www.senado.es/legis7/publicaciones/html/textos/CS0317
¿Qué
he hecho para merecer la condena de ser miembro de la sociedad civil?
Bogotá, 23 de septiembre del 2002
Esto de pertenecer a la famosa sociedad civil es una desgracia. Tal
vez en un país civilizado, con el perdón de los puristas del lenguaje,
ser miembro de esa "sociedad" implique garantías y beneficios a los
que muchos quieren aspirar, pero en Colombia, ¡ay, qué horror! Cuando
se accede a la famosa "membresía" -como dirían los traductores gringos
de Discovery-, se tiene por seguro que:
1. En caso de declararse la conmoción interior (o estado de sitio, que
no es lo mismo pero es igual) y de considerarse necesario inyectar las
arcas del Estado con billete ajeno, se echará mano del diezmado capital
de los miembros de la sociedad civil, a través de un impuesto que permita
preservar la democracia.
2. En caso de que los miembros de dicha sociedad aleguen iliquidez para
pagar el impuesto correspondiente, los bancos -que no son miembros de
la sociedad civil- gustosamente harán los préstamos necesarios para
que los de la sociedad civil paguen el impuesto al Estado y, por supuesto,
la plata con sus debidos intereses al banco. Pues el banco, como debe
ser, porque sí o porque no, gana. Siempre gana.
3. En caso de que el Estado presente un déficit presupuestal, se gravarán
las imprescindibles compras de los miembros de la sociedad civil con
impuestos que cubran desde el tomate y la cebolla, hasta las toallas
higiénicas y los pañales (el resto queda para la imaginación).
4. En caso de que el gobernante considere que el país ha perdido el
control y que es inminente templar las riendas, se creará una red de
informantes de la sociedad civil que vigilen a sus colegas miembros
de la sociedad civil y denuncien cualquier hecho que, a su parecer,
resulte sospechoso. Ejemplo: si la señora del frente regaba las matas
del jardín a las ocho de la mañana y ahora las riega entre nueve y diez,
podría ser sospechosa porque: a) Cambió de horario de riego. b) Tiene
un cierto brillito en los ojos que confirma la malicia con que lo hace.
c) Se viste, para regar las matas, con sudadera. Traje considerado altamente
peligroso, pues el pueblo colombiano recuerda que, enfundados en sudadera,
muchos de los integrantes del M-19 penetraron en la embajada de República
Dominicana y, bueno, todo el mundo sabe lo que pasó. d) Usa tenis en
lugar de pantuflas, lo que denota su intención de estar preparada para
salir corriendo en cualquier momento. e) Se despide del marido con un
beso en la mejilla, el más sospechoso de los actos, ya que a todas luces
resulta hipócrita este tratamiento cuando el vecindario entero sabe
que hace más de diez meses no se dirigen la palabra porque al marido
le dio por saludar a la mona administradora del conjunto. f) Saluda
de pico a la mona administradora del conjunto. Sin duda, esto confirma
cualquier sospecha de actividades ilícitas y, por sobre todo en aras
de la seguridad nacional, demanda cárcel.
5. En caso de enfrentamiento armado entre guerrilla y paras; guerrilla
y ejército; paras, guerrilla y ejército; ejército y policía (que se
ha visto, se ha visto); ejército, guerrilla, paras y policías (todos
contra todos), los miembros de la sociedad civil no son más que un estorbo.
Se les atraviesan a las balas, motosierras, pipetas de gas, morteros
y ráfagas lanzadas desde helicópteros. Aparecen chillando en los noticieros
de televisión. Dan testimonios que desdibujan las versiones oficiales
de los hechos y, lo peor, se quejan porque hay muertos o porque les
destruyeron el pinche granero de donde sacaban la platica para sostenerse.
Razones, éstas y otras muchas, que hacen imprescindible que la sociedad
civil desocupe. Mejor dicho, que se larguen de las zonas de conflicto
para que los enfrentamientos armados se produzcan en paz.
6. En caso de lograr que los miembros de la sociedad civil abandonen
las zonas de conflicto, deben someterse a las consecuencias de su falta
de colaboración por atravesarse en medio del fuego cruzado y por pretender
defender un granero, una escuela miserable y un montón de chinos mocosos
y lombricientos, sin tomar en consideración que lo que busca el ejército
es defender el país, lo que busca la guerrilla es una sociedad más justa
y lo que buscan los paras es ponerles orden a esos ineptos que en medio
siglo de bala ventiada no han sido capaces de arreglar las cosas. Por
tanto, esos miembros de la sociedad civil, con chinos mocosos, colchones
sucios y tiestos viejos, deben convertirse en desplazados.
7. En caso de convertirse en desplazados, los miembros de la sociedad
civil constituyen un lastre para: a) El Estado. b) Los miembros de la
sociedad civil que aún no han sido desplazados. c) Los municipios a
donde llegan. d) Las ONG que pretenden brindarles ayuda porque: a) Dicen
estar traumatizados dizque por la guerra, cuando todos sabemos que aquí
no hay guerra. b) Se enferman. c) Reclaman ayuda del Estado para vivir
porque echan el cuento de que perdieron todo por causa del desplazamiento
("todo" no es más que un pedacito de tierra, una pinche siembra, cuatro
gallinas y tres marranos). d) Se instalan en unos cambuches horrorosos
de techo de plástico negro y cartón que afean las ciudades. e) Como
son tan mentirosos, se inventan que el Estado no les presta ninguna
colaboración y deciden, sin más ni más, pararse en las esquinas a pedir
ayuda. f) Afectan la conciencia del resto de miembros de la sociedad
civil porque resulta imposible darles una monedita en cada semáforo
ya que, de hacerlo, estos miembros, los que aún no han sido desplazados,
se convertirían en indigentes. g) Entre ellos se filtran muchos bandidos
que aprovechan para ganarse los tres meses de arriendo que el Estado
les da y los mercados, o sea que no se puede saber cuántos son desplazados
y cuántos son bandidos. h) Los niños, sin más explicación, dejan de
ir al colegio. i) Los niños se inventan que por cualquier ruido (como
de tiro o avión) se mueren del susto y se esconden en cualquier lado,
produciendo sobresaltos innecesarios en los miembros de la sociedad
civil que prestan su ayuda desinteresada. j) Entorpecen la voluntad
del Estado de acabar la guerra con guerra, pues inexplicablemente por
esa decisión aparecen más y más desplazados.
8. En caso de que un municipio deba albergar desplazados, tendrá que
padecer la invasión de negros y pobres en sus calles, descubriendo así
algo que la mayoría de los miembros de la sociedad civil ignoraba: que
Colombia está llena de negros y pobres o de pobres negros (que no es
lo mismo, pero da igual).
9. En caso de que los miembros de la sociedad civil resuelvan manifestar
su voluntad de parar la guerra y con ello todas sus abominables consecuencias
pues, como es de suponerse, pueden hacerlo, eso no significa que vayan
a pararles bolas, porque al fin y al cabo no son más que infelices miembros
de una sociedad civil a la que no supieron cómo, cuándo y por qué comenzaron
a pertenecer.
En razón de lo anterior a uno, insignificante miembro de la sociedad
civil, no le queda más que preguntar, entornando los ojos y mirando
hacia el cielo: Dios mío, ¿qué he hecho para merecer la membresía de
semejante sociedad civil?
sumercecaramelo@hotmail.com