Haciendo análisis
comparativos y apoyándose en
cifras de investigaciones,
Ignacio Gómez mira la grave
crisis por la que atraviesa el periodismo en Colombia.
 
Libertad de expresión herida de muerte


Por Ignacio Gómez G.
Ilustraciones de Ángel Rodríguez

    La variedad de información, la diversidad de medios de comunicación y, en consecuencia, el número de periodistas en ejercicio, disminuyeron dramáticamente en Colombia en el año 2001, como consecuencia de la crisis que la recesión generó en los medios y de la política estatal en el manejo del espectro electromagnético. Al comenzar el año pasado, sobrevivían catorce de las concesionarias de programación en los canales públicos de televisión, cuya quiebra había advertido con anterioridad la Superintendencia de Sociedades; ya en el 2002, sólo una de éstas conserva su espacio informativo y otras dos decidieron fusionarse para afrontar la crisis. La desaparición de nueve de las catorce salas de redacción de espacios televisivos que existían al comenzar el 2001 representa una pérdida del 70% de la diversidad de formas de mostrar la realidad en este medio de que disponían los colombianos hace dos años; la conversión de El Espectador en semanario y la reducción de circulación de El Tiempo significan una pérdida del 19% en la lectura de periódicos, en tanto que el cierre de la redacción de Radionet, una de las tres cadenas nacionales, impactó en un 20% la oferta informativa en radio. Como consecuencia de ello, por lo menos 560 periodistas perdieron su empleo en Bogotá, de acuerdo con las liquidaciones de personal notificadas ante el Ministerio de Trabajo.
    La mayor parte de la responsabilidad en esta situación se atribuye a la crisis económica, que desde 1998 hasta el principio del 2001 produjo una reducción del 40% en la oferta general de publicidad, especialmente en la televisión. Desde 1998, cuando se pudieron identificar las consecuencias de la aparición de los canales privados sobre los concesionarios de los canales públicos, era previsible la crisis. La política estatal para la administración del espectro creó, por una parte, condiciones de superioridad competitiva para los canales privados sobre los concesionarios de los canales del Estado y alteró el sistema de comercialización de la publicidad en radio, mientras que por la otra sacó US$210 millones del flujo de capital de los medios de comunicación del negocio por concepto del pago de licencias de televisión. Estas circunstancias terminaron forzando la salida del aire de doce de los quince noticieros de televisión y el cierre de empresas productoras y agencias de publicidad que habían estado al servicio del país durante más de 45 años.
    En contraste, los ingresos de los canales privados crecieron exponencialmente, aun en medio de la crisis, acercándose a una situación de monopolio en el mercado de la publicidad y en la difusión de información en el país. El Canal Caracol, que en su primer año de actividades reportó ingresos por $49.812 millones, los aumentó a $237.200 millones en el 2001, mientras que el Canal RCN alcanzó ventas por $214.524 millones en el mismo año. La torta publicitaria del país, que la Asociación Nacional de Anunciantes (Anda) estima en $1.081 billones, está llegando en un gran porcentaje a sólo tres empresas periodísticas.

Crisis de la televisión independiente
    Hasta la aparición de los canales privados en 1997, el panorama del periodismo televisivo en el país tenía una relativa variedad de opiniones como consecuencia del sistema de adjudicación de licitaciones por parte de diferentes gobiernos. Hoy, uno sólo de los canales privados (Caracol) asegura contar con el 49,3% de la audiencia y el 52,2% de participación en el mercado de publicidad en la televisión. La deuda de las concesionarias de televisión en los canales públicos, que asciende a $14.600 millones, se origina principalmente en el rompimiento de sus ecuaciones financieras, como consecuencia de las condiciones de desventaja tecnológica y económica en las que las dejó la aparición de los canales privados.
    Un ejemplo al respecto son los aparatos para la transmisión de imágenes en directo durante la emisión de los noticieros. Mientras que los canales privados utilizan el sistema conocido como fly away vía satélite con cubrimiento global, los noticieros en concesión lo hacen a través de la red de microondas de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (Telecom), que no tiene cubrimiento nacional y cuya señal se ve afectada por la congestión en la red, así como por los objetos y señales que puedan interponerse entre sus puntos de transmisión y retransmisión (radios de onda corta, edificios, etc.).

    La red de transmisión de Inravisión, a través de la cual se emite la señal de las concesionarias, está al borde de la obsolescencia; sus costos operativos son superiores a los de los canales privados, y a pesar de que el 18% de los ingresos netos de los concesionarios se destina a pagar por esta señal, no existen perspectivas claras para una modernización de los equipos. La calidad y el cubrimiento de la señal administrada por el Estado tienden a bajar, y la inseguridad que representa el sistema de concesiones hace imposible la inversión en tecnología para la emisión de señales propias, porque no existe certeza sobre la preservación de la concesión en el futuro mediato. Tal inseguridad, que a su vez redunda en la capacidad de las productoras para criticar al gobierno, se ve reforzada por la convicción general de que la injerencia política en la Comisión Nacional de Televisión (CNTV) produjo la revocatoria de las concesiones de los noticieros AM-PM y QAP, en 1997, durante el gobierno del presidente Ernesto Samper, y que, pese a las reformas aplicadas, los hechos de corrupción siguen siendo evidentes en la elección de sus miembros.



    Se trataba de una crisis frente a la cual la acción del Estado fue insuficiente. Según una investigación del Instituto SER para la CNTV en julio del 2000, para entonces "la reducción de la participación de los concesionarios de televisión pública los ha llevado a un estado de postración financiera demasiado complejo. De 59% de audiencia en enero de 1999, han descendido a 28,5% en mayo del 2000" . En mayo de 2002, la audiencia de los canales Uno y A estaba por debajo del 15%.
    Al análisis anterior es necesario adicionarle las características propias de la estructura de costos y el esquema de comercialización que los canales privados utilizaron para recuperar la inversión que hicieron en el pago de sus licencias. La Asociación Nacional de Medios de Comunicación y la Asociación Nacional de Anunciantes han criticado tímidamente el sistema empleado por los canales privados para comercializar su programación. En el extremo de lo que podría considerarse una competencia agresiva y la conformación de un monopolio, los dos canales (de propiedad de dos grupos financieros teóricamente antagónicos) crearon la Asociación Nacional de Canales Privados S.A., una empresa para la comercialización conjunta de pauta publicitaria.
    Desarrollado en los Estados Unidos con el nombre de per share, el sistema adoptado por la Asociación de Canales Privados, e individualmente por sus socios, les permite a sus clientes obtener paquetes y cubrimiento en toda la programación de uno o los dos canales y no exclusivamente de sus programas. Los concesionarios de la señal del Estado no pueden utilizar este sistema, que implicaría la cesión de la comercialización de todos los espacios a un solo operador y provocaría la privatización indirecta de los canales del Estado, medida que hasta ahora no está contemplada como posible salida a la crisis.
    Durante el año 2001, los dos canales privados de cubrimiento nacional controlaban más del 85% de la torta publicitaria de televisión, condición que la Anda considera un "muy preocupante resultado para la competitividad del mercado". Los espacios informativos de las mañanas en los dos canales del Estado fracasaron en su primer año; en el Canal A, a comienzos del año 2001, desaparecieron sus franjas informativas del mediodía y al término del mismo no había ningún noticiero. En el transcurso del año 2001, dejaron de emitir noticias en las dos franjas de la noche el Noticiero 24 Horas, el Noticiero Nacional, Noticias de la Noche, Noticiero de las Siete y En Vivo 9.30 P.M. La misma suerte corrieron el Informativo Nacional, la Revista 24 Horas, el Noticiero TV Hoy, Uninoticias y NTC Noticias. El Canal A, que en 1997 transmitía cuatro noticieros diarios entre semana y tres en los fines de semana, hoy no tiene ninguno. Junto con las empresas programadoras que habían participado en la fundación y el desarrollo de la televisión en Colombia (como JES, Cenpro, Punch y Tevecine), desaparecieron seis agencias de publicidad y productoras de comerciales para televisión: Propaganda Época, Contacto, Mercurio, Atlas, Esfera y Tema, mientras que otras agencias y programadoras redujeron su personal en más de un 80% y se convirtieron en casas de posproducción.
    En resumidas cuentas, de los quince noticieros que había al principio del año 2001, sobreviven dos: el Noticiero CM&, que se renovó con la ampliación de su franja a dos horas, y Noticias Uno, ambos en el Canal Uno, un experimento de asociación de pequeños empresarios como respuesta a la información uniforme de los canales privados, que representa la última esperanza de supervivencia para el periodismo independiente en televisión.
    A pesar de las consecuencias que la incursión de los canales privados ha tenido sobre el resto de las ofertas de televisión, existe el reconocimiento judicial de que sus pagos por la concesión están por encima de las expectativas con las que se calculó el valor de las concesiones. En un largo pleito dirimido por la Cámara de Comercio de Bogotá, la Comisión Nacional de Televisión (CNTV) concilió la devolución de $12.000 millones al Canal RCN, admitiendo que había sobredimensionado el valor de las licencias. Como consecuencia de esta decisión el Canal Caracol y Citytv, concesionario del canal metropolitano de Bogotá, repitieron el argumento contra la CNTV y esperan que este año se les devuelva una cantidad de dinero similar.
    En el análisis anterior aún falta por incluir el impacto de la televisión satelital y por suscripción en el ámbito nacional, así como la influencia de la televisión local (con ánimo de lucro o sin él) y las estaciones comunitarias.

Crisis generalizada

    Tomada en 1998 por su mayor acreedor, Comunican S.A. (editora de El Espectador y sus revistas) acumuló pérdidas por $84.646 millones en cuatro años y en su balance de prueba reportaba una caída del 37% en sus ventas por publicidad a julio del 2001. El fracasado plan de salvamento para el diario estaba en manos de Valores Bavaria S.A., propietaria a su vez de Caracol Televisión, Caracol Radio, concesionaria de DirectTV, y dueña y socia de otras empresas periodísticas que permiten definirla como un monopolio informativo.

 

         En agosto de 2001, cuando Carlos Lleras de la Fuente, el director-presidente de El Espectador, anunció que el diario, con 115 años de historia, dejaría de circular entre semana, enmarcó su crisis financiera en la que afrontaba el mercado de la publicidad en el país y reveló que El Tiempo, su única competencia como diario de circulación nacional, había afectado las finanzas de toda la prensa, al bajar sus tarifas de publicidad en un 35%. De hecho, la empresa productora del periódico El Tiempo enfrentaba su propia crisis, pues su endeudamiento a corto plazo era del 83% y había sido forzada a iniciar un proceso de reestructuración de deudas. Según su estado de pérdidas y ganancias, la crisis tenía como causa la "incertidumbre por la lenta consolidación de una alianza estratégica con inversionistas extranjeros para apoyar las necesidades de caja del canal Citytv" . Esta vez, los pagos al Estado por la licencia de televisión y la franquicia por la utilización del nombre y el esquema informativo de una empresa canadiense tuvieron al borde de la quiebra al que se había convertido en el único periódico de circulación nacional.
    Con la incursión del canal, la Casa Editorial El Tiempo se comprometió en pagos al Estado por US$14 millones, por concepto de su licencia para el canal metropolitano de Bogotá, y al pago de US$5 millones con la casa matriz City de Canadá por concepto de franquicia. Y, como consecuencia de la crisis en el mercado de la publicidad, su situación financiera estaba afectando al resto de los medios de comunicación. Además de la reducción de todas sus tarifas de publicidad, para balancear su estructura de costos, el periódico El Tiempo disminuyó el número de páginas notoriamente y bajó voluntariamente su circulación en un 9,6%.
    En la radio se vivió una crisis similar, que forzó a la liquidación de toda la redacción de Radionet, una cadena nacional. Asomedios, nuevamente, atribuye la mayor parte de la crisis a los errores anteriores del gobierno en la administración del espectro electromagnético por el otorgamiento de 564 licencias para emisoras comunitarias en 1998, que desplomaron las tarifas de publicidad, las cuales "pasaron de un mercado de (control por parte de los) vendedores a otro de compradores en plena recesión".
    Aunque todavía no existe un cálculo de las pérdidas de los medios impresos regionales, la Asociación de Diarios Colombianos (Andiarios) trabajó durante todo el año en la búsqueda de soluciones conjuntas a la crisis y es un hecho que muchos de ellos redujeron su paginaje y ajustaron sus salas de redacción, tal como lo hicieron casi todos los medios de Bogotá, de acuerdo con las liquidaciones de personal de confianza y manejo reportadas al Ministerio de Trabajo.
    

    Ante la inexistencia de la "cláusula de conciencia" en la legislación colombiana, el sistema más usado para la vinculación de personal directivo en las plantas de redacción es la suscripción de contratos de salario integral con la definición de personal de confianza y manejo, que permite la liquidación unilateral del contrato. Por lo menos 560 periodistas perdieron su empleo con el cierre de las salas de redacción de los nueve noticieros de televisión que devolvieron sus espacios y de la cadena nacional Radionet -absorbida y luego operada por su socio, Caracol Radio-, y con los ajustes en las plantas de personal de los demás medios de comunicación. Tal cifra no incluye a los demás trabajadores de los medios, muchos de los cuales deberían considerarse también periodistas (editores de televisión, camarógrafos y auxiliares de redacción).

 


    Entre las liquidaciones de personal directivo en las salas de redacción del país que no se cerraron definitivamente, se destacan las siguientes: Caracol Televisión redujo de 36 a 26 su planta de personal de manejo; Comunican S.A. (El Espectador) la disminuyó de 46 a 24 y hasta diciembre del 2001 había liquidado a 169 de sus 381 empleados; ediciones Vea (revista Vea) liquidó a sus cuatro empleados de confianza; Inversiones Cromos (revista Cromos) redujo de quince a tres personas su equipo de redacción; Latin Holding (primerapágina.com) disminuyó su nómina de diecisiete a cinco personas y la agencia de noticias Colprensa, de treinta a once.
    En este marco no es viable la existencia de periodismo independiente en Colombia, si como tal entendemos el que no depende del enfoque de los monopolios de información descritos. En términos de infraestructura, existen cientos de equipos inutilizados que van camino de la obsolescencia, alejándonos aún más de las posibilidades reales de reactivación del periodismo, que alguna vez hizo que Bogotá pretendiera ser la "Atenas Suramericana". Por grave que parezca este panorama, es aún peor, pues aquí no analizamos la transformación del contenido, con el asesinato de 176 periodistas en los últimos veinte años, ni de las relaciones político-comerciales que llevaron a los medios monopólicos a ignorar unos temas y a exaltar otros, para llevarnos a la coronación del nuevo regente de Colombia, cuya primera propuesta es la censura de prensa por razones de "seguridad nacional".
    

Ignacio Gómez G. (Manizales, 1962). Periodista investigador para televisión y prensa, y activista de tiempo atrás en libertad de expresión. Sus investigaciones sobre mercenarios, multinacionales y corrupción política en Colombia lo han hecho acreedor no sólo a amenazas sino también a varios galardones, entre otros el de periodista del año 2000 por el premio Simón Bolívar y el premio de Medios de Amnistía Internacional (Londres) en 2001, entre otros. Fue becario Nieman (clase 2000-2001) en la Universidad de Harvard, gestor de la Fundación para la Libertad de Prensa y asesor de Reporteros sin Fronteras.

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