POR
EL IMPERIO DE LA LEY EN EL ÁMBITO INTERNACIONAL
(Manifiesto de intelectuales y artistas por el respeto a la soberanía
colombiana y a la Corte Penal Internacional. Agosto del 2002)
Los abajo firmantes manifestamos nuestro rechazo a la decisión del gobierno
de Estados Unidos de exigir la firma de acuerdos bilaterales para que
sus nacionales no sean acusados ante la recientemente creada Corte Penal
Internacional. Este tribunal es un promisorio mecanismo para la defensa
plena de los derechos humanos en el mundo y su efectividad está siendo
sacrificada.
Estados Unidos, Colombia y todos los demás países deberían fortalecer
ese tribunal porque como lo muestra la historia no existe nación que
esté al abrigo de ser víctima del terrorismo, ni hay nación exenta de
tener ciudadanos terroristas.
Entendemos que la solicitud hecha al gobierno de Colombia es parte de
un proceso más amplio y complejo que busca garantizar la inmunidad,
y la potencial impunidad, de los funcionarios y ciudadanos estadounidenses
en el mundo. Asumimos, por lo tanto, que este tema no se limita a las
relaciones entre Bogotá y Washington y debe ser abordado desde un marco
internacional. En esa dirección, proponemos:
1. Que Colombia, como país al que públicamente se ha dirigido Estados
Unidos para firmar un acuerdo bilateral, solicite al Comité Jurídico
Interamericano (CJI), cuerpo consultivo de la Organización de Estados
Americanos (OEA), un concepto de legalidad en esa materia. Este órgano
tiene como función ocuparse de problemas jurídicos importantes y promover
una perspectiva unificada de la legislación hemisférica. Así entonces,
este caso es de su plena competencia.
2. Que Colombia le solicite a la "Troika" del Grupo de Río la convocatoria
a una reflexión política sobre la legitimidad del tema en cuestión.
Esa estructura, compuesta por Chile, Costa Rica y Perú, es la encargada
de facilitar las labores de la secretaría pro tempore del principal
mecanismo de concertación regional. Este análisis del Grupo de Río,
sumado al concepto del CJI, debería servir de base para una postura
latinoamericana y caribeña común.
El imperio de la ley en el ámbito internacional es indispensable para
que las relaciones entre estados y pueblos transiten por el camino de
la paz y el orden, en el marco del respeto a la soberanía y la autodeterminación
de las naciones. El tema que concita este pronunciamiento exige un balance
ponderado entre política, derecho y ética, único modo de asegurar un
orden internacional más justo y la construcción de la democracia en
el mundo.
Firman: Gonzalo Sánchez, Álvaro Camacho, Alfredo Molano, María Emma
Mejía, Héctor Abad Faciolince, Carlos Gaviria, Luis Alberto Restrepo,
William Ospina, Mary Roldán, Armando Montenegro, Juan G. Tokatlian,
Álvaro Tirado Mejía, Patricia Ariza, Hernando Corral, Jaime Arocha Rodríguez,
Piedad Bonnett, Daniel García-Peña, Nora Segura, Francisco Thoumi, Socorro
Ramírez, Francisco Leal, Myriam Jimeno, Santiago García, Lariza Pizano,
Juan Felipe Robledo, Magdalena León, William Ramírez Tobón, Bruce Bagley,
Cristina Rojas, Carlos Nasi, Claudia Cadena, Eduardo Arias, Laura Wills,
Luis Fayad, Leonardo Carvajal, Ricardo Cano Gaviria, Ana María Arango,
Óscar Collazos, Claudia Steiner, Harold Alvarado Tenorio, Natalia María
Springer, Herbert "Tico" Braun, Ann Mason, Guillermo González Uribe,
Angelika Rettberg, Diego García-Moreno, Miguel Ángel Urrego, Helena
Araújo, Jaime Zuluaga, Gary Hoskin, Álvaro Restrepo, Luis J. Orjuela,
Juan Manuel Silva, Arlene Tickner, Juan Camilo Rodríguez, Francisco
Miranda Hamburger, Rosa Lentini, Javier Guerrero, Claudia Sampedro,
Carlos Eduardo Satizábal, Aimer Granados García, Elisabetta Morelli,
Peter Schultze-Kraft, Ricardo Vargas, Mónica Hurtado, Clement Thibaud,
Sandra Borda, Mario Camelo, Antoni Castel, Claudia Torres, Norbert Arntz,
Ricardo Montaño, Lilia Solano, Stefan Herbst.
NO
EN NUESTRO NOMBRE
(Llamamiento de intelectuales y artistas estadounidenses contra la guerra,
junio del 2002)
Que no se diga que en Estados Unidos la gente no ha hecho nada cuando
su gobierno ha declarado una guerra sin límites y ha instaurado nuevas
medidas represivas.
Los firmantes de este llamamiento invitan a la población estadounidense
a resistir a las políticas y a las directrices generales que han emergido
tras el 11 de septiembre y que ponen en grave peligro a los pueblos
del mundo.
Nosotros creemos que las personas y las naciones tienen derecho de determinar
su propio destino, libres de cualquier coerción militar de las grandes
potencias. Creemos que todas las personas detenidas o perseguidas por
el gobierno de Estados Unidos deben tener los mismos derechos. Creemos
que plantear preguntas, criticar y disentir son actitudes que deben
valorarse y protegerse.
Creemos que las personas con conciencia deben asumir la responsabilidad
de las acciones de sus gobiernos, y ante todo debemos oponernos a las
injusticias cometidas en nuestro nombre. Invitamos a todos los estadounidenses
a resistir frente a la guerra y la represión lanzada sobre el mundo
por la administración Bush. Es injusta, inmoral e ilegítima. Decidamos
hacer causa común con los pueblos del mundo.
Nosotros también hemos contemplado con angustia los terribles acontecimientos
del 11 de septiembre de 2001. Nosotros también hemos llorado los miles
de víctimas inocentes y nos hemos horrorizado ante la terrible carnicería,
que nos ha traído a la memoria escenas similares en Bagdad, Panamá o,
hace una generación, en Vietnam. Nosotros también nos hemos preguntado,
al igual que millones de estadounidenses, cómo es posible que algo así
haya ocurrido.
Pero mientras el dolor estaba apenas en sus comienzos, las más altas
instancias han desencadenado su espíritu de venganza. Han acuñado una
consigna simplista: "Buenos contra malos", que inmediatamente ha sido
adoptada por unos medios de comunicación sometidos y acobardados. Nos
han dicho que el mero hecho de plantear preguntas sobre estos terribles
sucesos rozaba la traición. No debía haber debate alguno. No había lugar
para las dudas éticas o políticas. La única respuesta posible era la
guerra en el exterior y la represión dentro de casa.
En nuestro nombre, la administración Bush, con la casi unanimidad del
Congreso, ha atacado Afganistán y se ha arrogado, junto con sus aliados,
el derecho de destruir fuerzas militares en cualquier lugar y momento.
Las brutales repercusiones se han hecho sentir desde Filipinas hasta
Palestina, donde los tanques y los buldózeres israelíes han trazado
un terrible sendero de muerte y destrucción. Y el gobierno se dispone
ahora a emprender una guerra total contra Iraq, un país que no tiene
ninguna relación con los hechos del 11 de septiembre. ¿Qué clase de
mundo será éste si se permite al gobierno de Estados Unidos lanzar comandos,
asesinos y bombas dondequiera que se le antoje?
En nuestro nombre, el gobierno ha creado en Estados Unidos dos clases
de ciudadanos: aquellos a los que al menos se les prometen los derechos
básicos del sistema legislativo y aquellos que ahora no parecen tener
derecho alguno. El gobierno ha arrestado a más de mil inmigrantes y
los ha encarcelado en secreto y sin límite de tiempo. Centenares de
personas han sido deportadas y centenares siguen en prisión. Por primera
vez en décadas, los procedimientos de inmigración someten a determinadas
nacionalidades a un tratamiento desigual.
En nuestro nombre, el gobierno ha desencadenado una oleada de represión
en la sociedad.
El portavoz del presidente ha intimidado a la gente diciendo que "tengan
cuidado con lo que dicen". Los artistas, los intelectuales y los profesores
disidentes ven sus puntos de vista distorsionados, atacados y eliminados.
El llamado Patriot Act, junto a un sinfín de medidas similares en los
diversos estados, da a la policía nuevos y más amplios poderes de investigación
y secuestro, con la cobertura de procedimientos secretos.
En nuestro nombre, el ejecutivo ha usurpado constantemente los papeles
y las funciones de las otras ramas del gobierno. Una orden ejecutiva
ha puesto en funcionamiento los tribunales militares. Una firma presidencial
basta para definir como "terrorista" a un determinado grupo de personas.
Debemos tomarnos muy en serio a los gobernantes cuando hablan de una
guerra que durará una generación y cuando hablan de un nuevo orden.
Nos hallamos frente a una nueva política imperial hacia el mundo y una
política interior que genera y manipula el miedo para limitar los derechos.
Hay una estrategia mortal en los acontecimientos de los últimos meses,
que debe verse como lo que es y frente a la cual hemos de resistir.
Demasiadas veces en la historia la gente ha esperado para resistir hasta
cuando ya era demasiado tarde.
El presidente Bush ha declarado: "O con nosotros o contra nosotros".
Ésta es nuestra respuesta: nos negamos a que hable en nombre de todos
los estadounidenses. No entregaremos nuestras conciencias a cambio de
una huera promesa de seguridad. Decimos no en nuestro nombre. Nos negamos
a ser parte de estas guerras y rechazamos todas las acciones emprendidas
en nuestro nombre o por nuestro bienestar. Tendemos la mano a quienes
sufren en el mundo como consecuencia de estas decisiones. Mostraremos
nuestra solidaridad con las palabras y con la acción.
Los firmantes de este llamamiento invitamos a todos los estadounidenses
a unirse a este desafío. Aplaudimos y apoyamos las propuestas en curso,
a la vez que reconocemos la exigencia de hacer mucho más para poner
fin a esta locura. Nos inspiramos en la decisión de los reservistas
israelíes que, asumiendo un riesgo personal, declaran que hay un límite
y se niegan a servir en Gaza y en los territorios ocupados.
Nos inspiran los numerosos ejemplos de resistencia y de conciencia que
nos ofrece la historia pasada de Estados Unidos: desde los que combatieron
la esclavitud hasta los que pusieron fin a la guerra de Vietnam incumpliendo
las órdenes, negándose a incorporarse a filas y apoyando a los que resistían.
No permitamos que el mundo que hoy nos contempla se desespere por nuestro
silencio y nuestra incapacidad de acción. Hagamos que el mundo pueda
sentir nuestro compromiso. Resistiremos frente a la máquina de la guerra
y la represión y haremos todo lo posible para detenerla.
Firmantes
Michael Albert; Laurie Anderson; Edward Asner, actor; Rosalyn Baxandall,
historiadora; Russell Banks, escritora; Jessica Blank, actriz y guionista;
Medea Benjamin, Global Exchange; William Blum, autor; Theresa Bonpane,
directora ejecutiva, Office of the Americas; Blase Bonpane, director,
Office of the Americas; Fr. Bob Bossie, SCJ; Leslie Cagan; Henry Chalfant,
autor y cineasta; Bell Chevigny, escritor; Paul Chevigny, profesor de
leyes, NYU; Noam Chomsky; Robbie Conal, artista visual; Stephanie Coontz,
historiadora; Evergreen State College; Kimberly Crenshaw, profesora
de leyes, Columbia, Ucla; Kia Corthron, guionista; Kevin Danaher, Global
Exchange; Ossie Davis; Mos Def; Carol Downer, junta directiva, Chico
(CA) Feminist Women's Health Center; Eve Ensler; Leo Estrada, profesor
de Ucla en planeación urbana; John Gillis, escritor y profesor de historia,
Rutgers; Jeremy Matthew Glick, editor de Another World Is Possible,
Suheir Hammad, escritor; Rakaa Iriscience, artista de hip hop; David
Harvey, distinguido profesor de antropología, Cuny Graduate Center;
Erik Jensen, actor y guionista; Casey Kasem; Robin D.G. Kelly; Martin
Luther King III, presidente, Southern Christian Leadership Conference;
Barbara Kingsolver; C. Clark Kissinger, Refuse & Resist!; Jodie Kliman,
psicóloga; Yuri Kochiyama, activista; Annisette & Thomas Koppel, cantantes
y compositores; Savage Rose; Dave Korten, autor; Tony Kushner; James
Lafferty, director ejecutivo, National Lawyers Guild/L.A.; Rabbi Michael
Lerner, editor, Tikkun Magazine; Barbara Lubin, Middle East Childrens
Alliance Staughton Lynd; Anuradha Mittal, codirector, Institute for
Food and Development Policy/Food; First Malaquias Montoya, artista visual;
Robert Nicholls, escritor; Rev. E. Randall Osburn, exec. v.p., Southern
Christian Leadership Conference; Grace Paley; Jeremy Pikser, screenwriter;
Juan Gómez Quiñones, historiador, Ucla; Michael Ratner, presidente,
Center for Constitutional Rights; Adrienne Rich, poeta; Boots Riley,
artista hip hop, The Coup; David Riker, cineasta; Edward Said Starhawk;
Michael Steven Smith, National Lawyers Guild; Bob Stein, publicista;
Gloria Steinem; Alice Walker; Naomi Wallace, guionista; Rev. George
Webber, presidente emérito, NY Theological Seminary; Leonard Weinglass,
abogado; John Edgar Wideman; Saul Williams, artista spoken word; Howard
Zinn, historiador.