NÚMERO 34

Director: GUILLERMO GONZÁLEZ URIBE
Gerente - Editora: ANA CRISTINA MEJÍA
Diseño y diagramación: LEMOINE COMUNICACIÓN
Secretaria ejecutiva: MAGDA SANDOVAL
Supervisión de distribución: SANDRO VELÁSQUEZ
Suscripciones: ISABEL VILLARREAL
Mercadeo y Publicidad: CONSUELO CORRALES
Publicidad y suscripciones: Carrera 4 Nº 66-76 · Telefax: 544-0840, 609-5089
Corrección: ELKIN RIVERA
Fotocomposición: ELOGRAF LTDA.
Impresión: PANAMERICANA FORMAS E IMPRESOS S.A.

Distribución y ventas: Revista Número y Distribuidoras Unidas

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Número agradece a todas las personas y entidades que en una u otra forma apoyan este proyecto.

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Revista Número: Carrera 4 Nº 66-76 Telefax: [571] 312-7970 · 312-7969
Página web: www.revistanumero.com · e-mail: numero@elsitio.net.co Bogotá, Colombia.

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Miembros de NÚMERO: William Ospina, poeta; Antonio Morales, periodista; Ana Cristina Mejía, traductora; Guillermo González Uribe, periodista; Luis Ángel Parra, editor; Liliana Tafur, periodista;
Lucas Caballero, periodista, Liliana Vélez, filósofa; Víctor Laignelet, pintor; y Carlos Duque, publicista.

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Tarifa Postal Reducida Nº 1368 de Adpostal. Vence en diciembre de 2000
ISSN 0121-7828
· Licencia del Ministerio de Gobierno Resolución: 1237-93
Corporación Revista Número según Resolución 023 del 19 de enero de 1995.

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© 2002 Número. Prohibida la reproducción parcial o total de los materiales de esta revista
sin autorización escrita de los editores. Número no se hace responsable por la devolución de materiales no solicitados.

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Roma: Mauricio García, e-mail: magamacol@yahoo.com



POR EL IMPERIO DE LA LEY EN EL ÁMBITO INTERNACIONAL
(Manifiesto de intelectuales y artistas por el respeto a la soberanía colombiana y a la Corte Penal Internacional. Agosto del 2002)
Los abajo firmantes manifestamos nuestro rechazo a la decisión del gobierno de Estados Unidos de exigir la firma de acuerdos bilaterales para que sus nacionales no sean acusados ante la recientemente creada Corte Penal Internacional. Este tribunal es un promisorio mecanismo para la defensa plena de los derechos humanos en el mundo y su efectividad está siendo sacrificada.
Estados Unidos, Colombia y todos los demás países deberían fortalecer ese tribunal porque como lo muestra la historia no existe nación que esté al abrigo de ser víctima del terrorismo, ni hay nación exenta de tener ciudadanos terroristas.
Entendemos que la solicitud hecha al gobierno de Colombia es parte de un proceso más amplio y complejo que busca garantizar la inmunidad, y la potencial impunidad, de los funcionarios y ciudadanos estadounidenses en el mundo. Asumimos, por lo tanto, que este tema no se limita a las relaciones entre Bogotá y Washington y debe ser abordado desde un marco internacional. En esa dirección, proponemos:
1. Que Colombia, como país al que públicamente se ha dirigido Estados Unidos para firmar un acuerdo bilateral, solicite al Comité Jurídico Interamericano (CJI), cuerpo consultivo de la Organización de Estados Americanos (OEA), un concepto de legalidad en esa materia. Este órgano tiene como función ocuparse de problemas jurídicos importantes y promover una perspectiva unificada de la legislación hemisférica. Así entonces, este caso es de su plena competencia.
2. Que Colombia le solicite a la "Troika" del Grupo de Río la convocatoria a una reflexión política sobre la legitimidad del tema en cuestión. Esa estructura, compuesta por Chile, Costa Rica y Perú, es la encargada de facilitar las labores de la secretaría pro tempore del principal mecanismo de concertación regional. Este análisis del Grupo de Río, sumado al concepto del CJI, debería servir de base para una postura latinoamericana y caribeña común.
El imperio de la ley en el ámbito internacional es indispensable para que las relaciones entre estados y pueblos transiten por el camino de la paz y el orden, en el marco del respeto a la soberanía y la autodeterminación de las naciones. El tema que concita este pronunciamiento exige un balance ponderado entre política, derecho y ética, único modo de asegurar un orden internacional más justo y la construcción de la democracia en el mundo.

Firman: Gonzalo Sánchez, Álvaro Camacho, Alfredo Molano, María Emma Mejía, Héctor Abad Faciolince, Carlos Gaviria, Luis Alberto Restrepo, William Ospina, Mary Roldán, Armando Montenegro, Juan G. Tokatlian, Álvaro Tirado Mejía, Patricia Ariza, Hernando Corral, Jaime Arocha Rodríguez, Piedad Bonnett, Daniel García-Peña, Nora Segura, Francisco Thoumi, Socorro Ramírez, Francisco Leal, Myriam Jimeno, Santiago García, Lariza Pizano, Juan Felipe Robledo, Magdalena León, William Ramírez Tobón, Bruce Bagley, Cristina Rojas, Carlos Nasi, Claudia Cadena, Eduardo Arias, Laura Wills, Luis Fayad, Leonardo Carvajal, Ricardo Cano Gaviria, Ana María Arango, Óscar Collazos, Claudia Steiner, Harold Alvarado Tenorio, Natalia María Springer, Herbert "Tico" Braun, Ann Mason, Guillermo González Uribe, Angelika Rettberg, Diego García-Moreno, Miguel Ángel Urrego, Helena Araújo, Jaime Zuluaga, Gary Hoskin, Álvaro Restrepo, Luis J. Orjuela, Juan Manuel Silva, Arlene Tickner, Juan Camilo Rodríguez, Francisco Miranda Hamburger, Rosa Lentini, Javier Guerrero, Claudia Sampedro, Carlos Eduardo Satizábal, Aimer Granados García, Elisabetta Morelli, Peter Schultze-Kraft, Ricardo Vargas, Mónica Hurtado, Clement Thibaud, Sandra Borda, Mario Camelo, Antoni Castel, Claudia Torres, Norbert Arntz, Ricardo Montaño, Lilia Solano, Stefan Herbst.

 

NO EN NUESTRO NOMBRE
(Llamamiento de intelectuales y artistas estadounidenses contra la guerra, junio del 2002)
Que no se diga que en Estados Unidos la gente no ha hecho nada cuando su gobierno ha declarado una guerra sin límites y ha instaurado nuevas medidas represivas.
Los firmantes de este llamamiento invitan a la población estadounidense a resistir a las políticas y a las directrices generales que han emergido tras el 11 de septiembre y que ponen en grave peligro a los pueblos del mundo.
Nosotros creemos que las personas y las naciones tienen derecho de determinar su propio destino, libres de cualquier coerción militar de las grandes potencias. Creemos que todas las personas detenidas o perseguidas por el gobierno de Estados Unidos deben tener los mismos derechos. Creemos que plantear preguntas, criticar y disentir son actitudes que deben valorarse y protegerse.
Creemos que las personas con conciencia deben asumir la responsabilidad de las acciones de sus gobiernos, y ante todo debemos oponernos a las injusticias cometidas en nuestro nombre. Invitamos a todos los estadounidenses a resistir frente a la guerra y la represión lanzada sobre el mundo por la administración Bush. Es injusta, inmoral e ilegítima. Decidamos hacer causa común con los pueblos del mundo.
Nosotros también hemos contemplado con angustia los terribles acontecimientos del 11 de septiembre de 2001. Nosotros también hemos llorado los miles de víctimas inocentes y nos hemos horrorizado ante la terrible carnicería, que nos ha traído a la memoria escenas similares en Bagdad, Panamá o, hace una generación, en Vietnam. Nosotros también nos hemos preguntado, al igual que millones de estadounidenses, cómo es posible que algo así haya ocurrido.
Pero mientras el dolor estaba apenas en sus comienzos, las más altas instancias han desencadenado su espíritu de venganza. Han acuñado una consigna simplista: "Buenos contra malos", que inmediatamente ha sido adoptada por unos medios de comunicación sometidos y acobardados. Nos han dicho que el mero hecho de plantear preguntas sobre estos terribles sucesos rozaba la traición. No debía haber debate alguno. No había lugar para las dudas éticas o políticas. La única respuesta posible era la guerra en el exterior y la represión dentro de casa.
En nuestro nombre, la administración Bush, con la casi unanimidad del Congreso, ha atacado Afganistán y se ha arrogado, junto con sus aliados, el derecho de destruir fuerzas militares en cualquier lugar y momento. Las brutales repercusiones se han hecho sentir desde Filipinas hasta Palestina, donde los tanques y los buldózeres israelíes han trazado un terrible sendero de muerte y destrucción. Y el gobierno se dispone ahora a emprender una guerra total contra Iraq, un país que no tiene ninguna relación con los hechos del 11 de septiembre. ¿Qué clase de mundo será éste si se permite al gobierno de Estados Unidos lanzar comandos, asesinos y bombas dondequiera que se le antoje?
En nuestro nombre, el gobierno ha creado en Estados Unidos dos clases de ciudadanos: aquellos a los que al menos se les prometen los derechos básicos del sistema legislativo y aquellos que ahora no parecen tener derecho alguno. El gobierno ha arrestado a más de mil inmigrantes y los ha encarcelado en secreto y sin límite de tiempo. Centenares de personas han sido deportadas y centenares siguen en prisión. Por primera vez en décadas, los procedimientos de inmigración someten a determinadas nacionalidades a un tratamiento desigual.
En nuestro nombre, el gobierno ha desencadenado una oleada de represión en la sociedad.
El portavoz del presidente ha intimidado a la gente diciendo que "tengan cuidado con lo que dicen". Los artistas, los intelectuales y los profesores disidentes ven sus puntos de vista distorsionados, atacados y eliminados. El llamado Patriot Act, junto a un sinfín de medidas similares en los diversos estados, da a la policía nuevos y más amplios poderes de investigación y secuestro, con la cobertura de procedimientos secretos.
En nuestro nombre, el ejecutivo ha usurpado constantemente los papeles y las funciones de las otras ramas del gobierno. Una orden ejecutiva ha puesto en funcionamiento los tribunales militares. Una firma presidencial basta para definir como "terrorista" a un determinado grupo de personas.
Debemos tomarnos muy en serio a los gobernantes cuando hablan de una guerra que durará una generación y cuando hablan de un nuevo orden. Nos hallamos frente a una nueva política imperial hacia el mundo y una política interior que genera y manipula el miedo para limitar los derechos.
Hay una estrategia mortal en los acontecimientos de los últimos meses, que debe verse como lo que es y frente a la cual hemos de resistir. Demasiadas veces en la historia la gente ha esperado para resistir hasta cuando ya era demasiado tarde.
El presidente Bush ha declarado: "O con nosotros o contra nosotros". Ésta es nuestra respuesta: nos negamos a que hable en nombre de todos los estadounidenses. No entregaremos nuestras conciencias a cambio de una huera promesa de seguridad. Decimos no en nuestro nombre. Nos negamos a ser parte de estas guerras y rechazamos todas las acciones emprendidas en nuestro nombre o por nuestro bienestar. Tendemos la mano a quienes sufren en el mundo como consecuencia de estas decisiones. Mostraremos nuestra solidaridad con las palabras y con la acción.
Los firmantes de este llamamiento invitamos a todos los estadounidenses a unirse a este desafío. Aplaudimos y apoyamos las propuestas en curso, a la vez que reconocemos la exigencia de hacer mucho más para poner fin a esta locura. Nos inspiramos en la decisión de los reservistas israelíes que, asumiendo un riesgo personal, declaran que hay un límite y se niegan a servir en Gaza y en los territorios ocupados.
Nos inspiran los numerosos ejemplos de resistencia y de conciencia que nos ofrece la historia pasada de Estados Unidos: desde los que combatieron la esclavitud hasta los que pusieron fin a la guerra de Vietnam incumpliendo las órdenes, negándose a incorporarse a filas y apoyando a los que resistían.
No permitamos que el mundo que hoy nos contempla se desespere por nuestro silencio y nuestra incapacidad de acción. Hagamos que el mundo pueda sentir nuestro compromiso. Resistiremos frente a la máquina de la guerra y la represión y haremos todo lo posible para detenerla.

Firmantes Michael Albert; Laurie Anderson; Edward Asner, actor; Rosalyn Baxandall, historiadora; Russell Banks, escritora; Jessica Blank, actriz y guionista; Medea Benjamin, Global Exchange; William Blum, autor; Theresa Bonpane, directora ejecutiva, Office of the Americas; Blase Bonpane, director, Office of the Americas; Fr. Bob Bossie, SCJ; Leslie Cagan; Henry Chalfant, autor y cineasta; Bell Chevigny, escritor; Paul Chevigny, profesor de leyes, NYU; Noam Chomsky; Robbie Conal, artista visual; Stephanie Coontz, historiadora; Evergreen State College; Kimberly Crenshaw, profesora de leyes, Columbia, Ucla; Kia Corthron, guionista; Kevin Danaher, Global Exchange; Ossie Davis; Mos Def; Carol Downer, junta directiva, Chico (CA) Feminist Women's Health Center; Eve Ensler; Leo Estrada, profesor de Ucla en planeación urbana; John Gillis, escritor y profesor de historia, Rutgers; Jeremy Matthew Glick, editor de Another World Is Possible, Suheir Hammad, escritor; Rakaa Iriscience, artista de hip hop; David Harvey, distinguido profesor de antropología, Cuny Graduate Center; Erik Jensen, actor y guionista; Casey Kasem; Robin D.G. Kelly; Martin Luther King III, presidente, Southern Christian Leadership Conference; Barbara Kingsolver; C. Clark Kissinger, Refuse & Resist!; Jodie Kliman, psicóloga; Yuri Kochiyama, activista; Annisette & Thomas Koppel, cantantes y compositores; Savage Rose; Dave Korten, autor; Tony Kushner; James Lafferty, director ejecutivo, National Lawyers Guild/L.A.; Rabbi Michael Lerner, editor, Tikkun Magazine; Barbara Lubin, Middle East Childrens Alliance Staughton Lynd; Anuradha Mittal, codirector, Institute for Food and Development Policy/Food; First Malaquias Montoya, artista visual; Robert Nicholls, escritor; Rev. E. Randall Osburn, exec. v.p., Southern Christian Leadership Conference; Grace Paley; Jeremy Pikser, screenwriter; Juan Gómez Quiñones, historiador, Ucla; Michael Ratner, presidente, Center for Constitutional Rights; Adrienne Rich, poeta; Boots Riley, artista hip hop, The Coup; David Riker, cineasta; Edward Said Starhawk; Michael Steven Smith, National Lawyers Guild; Bob Stein, publicista; Gloria Steinem; Alice Walker; Naomi Wallace, guionista; Rev. George Webber, presidente emérito, NY Theological Seminary; Leonard Weinglass, abogado; John Edgar Wideman; Saul Williams, artista spoken word; Howard Zinn, historiador.

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