CARTA
ABIERTA PARA LA RESISTENCIA CULTURAL
Desde Resistencia, Argentina
21 de febrero del 2002
En materia cultural, algunos países latinoamericanos han vivido breves
siglos de oro. Chile con su proliferación de poetas y dos premios Nobel:
Mistral y Neruda. Las letras mexicanas mientras vivieron Rulfo, Paz,
Arreola y Revueltas. Cuba con Lezama Lima, Carpentier y Guillén. Y los
argentinos con Borges y Cortázar, Puig y Bioy, Soriano y Orozco, y aun
con las obras de Gelman, Cossa y una nutrida generación de narradores.
La visión de mundo que los hispanoamericanos hemos venido teniendo en
las últimas décadas, y casi diría en todo el siglo XX, estuvo gobernada
en gran medida por el intercambio de personas y de ideas, de obras y
conflictos. Esos sentimientos, proyectos e historias, comunes o compartibles,
han venido determinando nuestra manera de ver las cosas. Hoy esos nombres,
y muchos más, son fundamentales para la cultura latinoamericana. Y no
sólo en la literatura; también en el cine, el teatro, las artes plásticas,
la música y la danza, en todos los campos esa común visión de mundo
constituyó nuestra cultura continental: plural, diversa y magnífica.
Esa que ahora está en emergencia grave porque agoniza una de sus partes.
Y no es metáfora ni exageración: la cultura en la Argentina la están
rematando como nunca antes. Aunque aquí todavía se resiste con denuedo,
nuestro teatro, nuestro cine, nuestras editoriales, nuestra cultura
están desapareciendo. La ferocidad del modelo neoliberal chupó la sangre
de por lo menos dos generaciones y corrompió a este país hasta el tuétano,
destruyó la otrora culta clase media, está sumiendo en el analfabetismo
funcional a grandes masas proletarias, y coloca a esta sociedad -hasta
hace poco orgullosa y engreída- en un peligrosísimo estado de caos y
anarquía. Es el resultado de casi veinte años de democracia genuflexa
en la que se permitió que las semillas venenosas sembradas por Videla
y Massera germinaran en frutos llamados impunidad, doble discurso, inequidad
e indolencia.
El mejor camino, para muchos, parece ser la nueva diáspora. A las puertas
de los consulados hay colas interminables de gentes que se quieren ir,
corridas por la nueva pobreza, la rabia y la angustia. En todas esas
colas hay cineastas, escritores, músicos, actores. La sangría aumenta
por la falta de industrias, los ahorros robados impunemente por el "bancoterrorismo"
y la desprotección de un Estado que es un ausente, apenas un instrumento
de vulgares sirvientes de bancos y empresas privatizadas. La defensa
de la cultura hoy está en manos de los que tienen Internet en sus casas
y organizan heroicas, conmovedoras cadenas de denuncia y solidaridad.
Cada mañana, al sentarme ante mi ordenador, escucho los bombos de los
manifestantes y las sirenas policiales en la plaza que está a dos cuadras.
Ver la tele y sumirse en la desgarradora realidad es todo uno. Escribir,
crear, se han tornado quimeras. Habría que estar demasiado chiflado,
o ser un cretino insensible, para sumergirse en las indagaciones de
la creación. Esto les pasa a muchos. Miguel Pereira, el cineasta que
dirigió hace años La deuda interna, me cuenta desde Jujuy que ya no
puede filmar y que se va a Barcelona. Y como he vivido y tengo amigos
en el exterior, me llueven pedidos de recomendación, incluso de gente
que no conozco.
Nunca, jamás he visto algo igual. Ni durante la dictadura, cuando por
lo menos teníamos la convicción de que la lucha era noble, el futuro
estaba en nuestras manos y teníamos, además, la ilusión de la victoria
sobre las juntas asesinas.
Algunas mañanas pienso en lo que se viene, en términos culturales, y
siento deseos de llorar. En seguida me enfurezco conmigo mismo y resisto
todo el día, participo en marchas y protestas, y completo la militancia
cotidiana como miembro de un foro de resistencia que se llama "El Manifiesto
Argentino", que integro con una veintena de intelectuales de todo el
país y algunos que ya se han radicado en el extranjero. Pero cada noche,
inexorablemente, siento que se derrumban otros ladrillitos de mi esperanza.
Mi mujer me contiene y yo a ella, y no queremos irnos aunque se ha vuelto
tan difícil vivir aquí. Yo le digo que alguien debe quedarse a sostener
las vigas del techo y luego me duermo para no llorar.
Durante los últimos seis meses casi todas las editoriales, además de
bajar salarios y de organizar despidos, prácticamente suspendieron la
actividad industrial. Muchas casas porteñas, y casi todas las del interior,
o desaparecieron o se mantienen semicerradas. Las ventas de libros bajaron
dramáticamente y hay un dato pavoroso: en sólo un año cerraron más de
300 librerías en todo el país y en dos provincias no hay ni una sola.
Cada día aumenta la masa de argentinos furiosos que deambula en busca
de inexistentes trabajos o, en el mejor de los casos, de una visa emigratoria.
Habría deseado no escribir este texto. En medio de la catástrofe de
los últimos dos meses me abstuve de escribir una sola línea depresiva,
nada que pudiera sonar a desánimo. Y si ahora lo hago es como prueba
de resistencia cultural, que es nuestro deber cívico y artístico. Porque
aquí y ahora es tiempo de apretar los dientes y aguantar, pero dándoles
pelea a los corruptos y mentirosos que nos gobiernan, así como a los
charlatanes del mundo global que nos sermonean y dan recetas desde diarios
españoles y norteamericanos.
-Mempo Giardinelli
(Enviado por su autor a Número y publicado en Página 12)
¿QUIÉN
LE DEBE A QUIÉN?
LA VERDADERA DEUDA EXTERNA
Bogotá, 13 de mayo del 2002
Estimados amigos:
Quiero compartir con ustedes este mensaje que recibí. Con lenguaje simple,
transmitido en traducción simultánea a más de un centenar de jefes de
Estado y dignatarios de la Unión Europea, el cacique Guaicaipuro Cuauhtémoc
logró inquietar a su audiencia cuando dijo:
"Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuauhtémoc, he venido a encontrar a los que
celebran el encuentro. Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron
la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que la
encontraron hace sólo quinientos años. Aquí pues, nos encontramos todos.
Sabemos lo que somos, y es bastante. Nunca tendremos otra cosa.
El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder
descubrir a los que me descubrieron. El hermano usurero europeo me pide
pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autoricé a venderme.
El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses,
aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento.
Yo los voy descubriendo. También yo puedo reclamar pagos y también puedo
reclamar intereses. Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel,
recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre los años
1503 y 1660 llegaron a San Lucas de Barrameda 185 mil kilos de oro y
16 millones de kilos de plata provenientes de América.
¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos cristianos
faltaron a su séptimo mandamiento.
¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, como
Caín, matan y niegan la sangre de su hermano!
¿Genocidio? Eso sería dar crédito a los calumniadores como Bartolomé
de Las Casas, que califican el encuentro como de destrucción de las
Indias, o a ultrosos como Arturo Uslar Pietri, que afirman que el arranque
del capitalismo y la actual civilización europea se deben a la inundación
de metales preciosos. ¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de
kilos de plata deben ser considerados como el primero de muchos otros
préstamos amigables de América, destinados al desarrollo de Europa.
Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo
que daría derecho no sólo de exigir devolución inmediata, sino la indemnización
por daños y perjuicios.
Yo, Guaicaipuro Cuauhtémoc, prefiero pensar en la menos ofensiva de
estas hipótesis. Tan fabulosa exportación de capitales no fue más que
el inicio de un plan "Marshalltezuma", para garantizar la reconstrucción
de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los
cultos musulmanes, creadores del álgebra, el baño cotidiano y otros
logros superiores de la civilización.
Por eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos preguntarnos:
¿han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o por
lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados por
el Fondo Indoamericano Internacional? Deploramos decir que no.
En lo estratégico, lo dilapidaron en las batallas de Lepanto, en armadas
invencibles, en terceros reichs y otras formas de exterminio mutuo,
sin otro destino que terminar ocupados por las tropas gringas de la
Otan, como en Panamá, pero sin canal.
En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria de 500
años, tanto de cancelar el capital y sus intereses, como de independizarse
de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que
les exporta y provee todo el Tercer Mundo.
Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman según
la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar y nos obliga a
reclamarles, para su propio bien, el pago del capital y los intereses,
que tan generosamente hemos demorado todos estos siglos en cobrar.
Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarles a nuestros
hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas del 20 y hasta el 30%
de interés, que en ocasiones los hermanos europeos les cobran a los
pueblos del Tercer Mundo. Nos limitaremos a exigir la devolución de
los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo del 10%,
acumulado sólo durante los últimos 300 años, con 200 años de gracia.
Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto,
informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su
deuda, una masa de 484.147 billones de kilos de oro y 42 trillones de
kilos de plata. Es decir, masas que hoy equivalen a 212.345 millones
de veces la producción mundial de oro por año, y 3.164 billones de veces
la de plata. El total también corresponde al 70% de toda la corteza
terrestre, o al 0,7% de todo el planeta.
Muy pesadas son esas moles de oro y plata. ¿Cuánto pesarían, calculadas
en sangre? Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar
riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como
admitir su absoluto fracaso financiero o la demencial irracionalidad
de los supuestos del capitalismo. Tales cuestiones metafísicas, desde
luego, no nos inquietan a los indoamericanos. Pero sí exigimos la firma
de una Carta de Intención que discipline a los pueblos deudores del
Viejo Continente y que los obligue a cumplir su compromiso mediante
una pronta privatización o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla
entera, como primer pago de la deuda histórica...".
Cuando el cacique Guaicaipuro Cuauhtémoc dio su conferencia ante la
reunión de jefes de Estado de la Unión Europea, no sabía que estaba
exponiendo una tesis de derecho internacional para determinar la verdadera
deuda externa. Ahora sólo resta que algún gobierno latinoamericano tenga
el valor suficiente para hacer el reclamo ante los tribunales internacionales
competentes.
-Tania Roelens
PREMIO
MEJORES RESEÑAS EN NÚMERO
Ricardo Rodríguez Morales envió cuatro reseñas publicadas en revista
Número en el año 2002 y ganó el premio como mejor reseñista colombiano
del año, otorgado por primera vez por la Cámara Colombiana del Libro
en el marco de la 15 Feria Internacional del Libro. Este premio es un
justo reconocimiento a la trayectoria profesional de Ricardo, quien
desde hace años dedica sus energías a los libros, y también un reconocimiento
a revista Número, que ha mantenido dieciséis páginas de reseñas de calidad
desde su nacimiento, hace ya nueve años.
COSTA
RICA DECLARA LA PAZ A LA NATURALEZA
San José, 8 de mayo del 2002
Querid@s amig@s:
En un hecho sin precedentes, el nuevo presidente electo de Costa Rica,
Abel Pacheco de la Espriella, ha declarado (de facto) a Costa Rica como
un país libre de exploración y explotación petrolera y de minería a
cielo abierto. Rogamos divulgar esta información y el extracto abajo
incluido de su discurso de toma de posesión, emitido el miércoles 8
de mayo del 2002. Saludos,
-Gabriel
Rivas-Ducca
Amigos de la Tierra Costa Rica-Coecoceiba
Vamos
a competir sin destruir la naturaleza porque, por encima de las coyunturas
del momento, nuestra rica biodiversidad será la gran riqueza de siempre
y la vamos a preservar.
Antes que convertirnos en un enclave petrolero, antes que convertirnos
en tierra de minería a cielo abierto, me propongo impulsar un esfuerzo
sostenido para convertir a Costa Rica en una potencia ecológica. El
verdadero petróleo y el verdadero oro del futuro lo serán el agua y
el oxígeno; lo serán nuestros mantos acuíferos y nuestros bosques. Antes
nos declaramos la paz entre nosotros y les declaramos la paz a todos
los pueblos; ahora debemos declararle la paz a la naturaleza.
Como parte del esfuerzo para garantizar ese futuro promisorio, quiero
anunciarles que he acogido la propuesta de un grupo de jóvenes ambientalistas,
que me fue transmitida por Gabriel Quesada, nieto de Víctor Quesada,
redactor de las garantías sociales, y por mi hijo Fabián, y que yo impulsaré
con firmeza y denuedo para incorporar en la Constitución Política de
la República un capítulo de garantías ambientales. Como parte de este
nuevo capítulo en la Constitución, vamos a crear las seguridades de
protección absoluta a los bosques primarios para que no sea talado un
solo árbol en esos bosques; la protección absoluta a los mantos acuíferos
y a los ríos; la protección absoluta de los ecosistemas coralinos, de
los manglares y los humedales; la protección absoluta a la fauna y la
flora silvestres.
Vamos a crear el marco jurídico para que las áreas deforestadas sean
reforestadas con especies nativas y para dejar claro que no seremos
un enclave petrolero o un territorio de minería a cielo abierto.
Igualmente, vamos a incorporar en este nuevo capítulo de la Constitución
lo pertinente para impulsar procesos adecuados de tratamiento de los
desechos sólidos, para entrar en un proceso sistemático de reciclaje
y para impulsar el desarrollo vigoroso de la agricultura orgánica.
Sumado a ello, vamos a garantizarles a los costarricenses que los desarrollos
tecnológicos, entre ellos los avances genéticos, se tendrán que dar
en armonía con la naturaleza.
Costa Rica sí tiene futuro y nosotros vamos a asegurarlo.
-Abel
Pacheco de la Espriella
Presidente de la República de Costa Rica