MUTIS DE VUELTA
Juan Gustavo Cobo Borda
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I ¿Qué escritor colombiano
puede dialogar hoy en día, con tranquilo entusiasmo, con autores tan
diversos como el italiano Ungaretti, el francés Ponge, el polaco Milosz
o el brasileño João Cabral de Melo Neto, además de quienes son o han
sido sus amigos personales, como Octavio Paz y Gabriel García Márquez?
Sin lugar a dudas el único que tiene la vasta cultura universal para
traspasar lenguas y fronteras y unirse en torno a un estimulante coloquio
donde la poesía y el destino de la criatura humana sobre este planeta
incierto, logra unir a todos ellos, es Álvaro Mutis, nacido en 1923.
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II Si bien la poesía
de Mutis trae un tono desusado a la poesía hasta entonces escrita en
Colombia, y esto se hace aún más singular al agruparla toda en torno
a una imaginaria máscara poética -la de Maqroll El Gaviero y sus irrisorias
aventuras-, una porción considerable de su obra, sobre todo en los últimos
años, se enfoca hacia lo que utilizando la expresión de Valéry Larbaud
podríamos llamar "dominio hispánico". Desde la Córdoba del califato
omeya hasta El Escorial de Felipe II, pasando por la figura del Quijote.
Ella se abre hacia una dimensión histórica muy concreta, a pesar de
su vasta dimensión temporal, que contrasta, de modo notorio, con los
azares casi delictivos con que Maqroll da bandazos, entre esguinces
a la policía y sospechosos contrabandos de armas. Sólo que una corriente
milenarista, de asumido fatalismo, termina por fundir estos hemisferios
en apariencia tan disímiles. |
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III Lo que era fasto
y ceremonia en el entierro del duque de Valentinois, por ejemplo, terminará
por equipararme con la dilatada agonía con que Maqroll parece sucumbir,
muerto en vida, en la succionante vorágine de la selva, y es astutamente
preservado como hilo resurrecto de un relato inacabable. Todos, guerreros
o parias, zarinas o apátridas, concluyen en la misma inerte materia.
En el desdeñoso voltear de la espalda con que las cosas nos dejan para
siempre ("Historia natural de las cosas"). Esa espera permanente de
"la inefable señal, la siempre esperada y siempre postergada / señal
de su definitiva disolución en la nada bienhechora", como dice Mutis
en su poema "Noticia del Hades", es la única que subsiste en medio de
las trapacerías con que los listos se engañan pretendiendo engañarnos.
Con que los reyes edifican sólidas celdas para aislarse mejor allí,
en la soledad de sus rezos. Todos incapaces ya de eludir el más radical
examen de conciencia y confiando apenas en la injusticia de Dios para
recibir un perdón que ni aun así aliviará la llaga siempre abierta:
vivir y verse vivir, al mismo tiempo. 5 de junio de 2001
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MUTIS, POETA
Alberto Quiroga
Charla pronunciada en homenaje a Álvaro Mutis en el Ciclo de Encuentros con
la Literatura de Compensar.
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Quiero advertir
que para esta conferencia me he concentrado en unos cuantos poemas de
la obra de Mutis. La obra de Álvaro Mutis es tan rica y pródiga en poesía
y son tan variados y sustanciales sus asuntos que es imposible tratar
de agotar uno sólo de ellos en el breve espacio de tiempo de una charla.
En el poema no somos nosotros quienes descubrimos a la muerte sino ella, la muerte, la que nos distingue, la que nos reconoce, la que nos hace únicos, la que nos da su aviso. Es ella la que nos abre los ojos, la que nos despierta, la que nos hace ver, la que nos inicia, la que de una u otra manera nos justifica y da razón a nuestros días |
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La muerte se confunde
con nuestros sueños, es nuestros sueños, y es la muerte la que reconoce
que ella misma fue la que "fuera dejando" sus marcas en la brecha, en
el camino que hemos abierto, con ella, en la espesura de la vida. |
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Es curioso, pero
la muerte reina en el poema y al mismo tiempo está completamente ausente
del poema. Está el muerto, el yerto, el detenido, el desterrado, el
sosegado, el venturoso, el tranquilo desheredado de las más gratas especies,
el varado entre los sabios cirios, el surto en las losas del ábside,
el cadáver. Cita en Samburán "Acogidos en la
alta y tibia noche de Samburán, dos hombres inician un diálogo banal.
Las palabras van tejiendo la gastada y cotidiana substancia de la muerte.
Para Alex Heyst el asunto no es nuevo. Desde el suicidio de su padre,
ocurrido cuando él era aún adolescente, su familiaridad con el tema
había crecido con los años. Aprendió a ver la muerte en cada paso de
sus semejantes, tras cada palabra, tras cada lugar frecuentado por los
seres que cruzaron en su camino. Para Mister Jones la familiaridad había
sido la misma, pero él prefirió participar de lleno en los designios
de la muerte, ayudarla en su tarea, ser su mensajero, su hábil y sinuoso
cómplice. |
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Las Plagas de Maqroll "Mis Plagas", llamaba
El Gaviero a las enfermedades y males que le llevaban a los Hospitales
de Ultramar. He aquí algunas de las que con más frecuencia mencionaba:
Un gran hambre que aplaca la fiebre y la esconde en la dulce cera de
los ganglios. La incontrolable transformación del sueño en un sucederse
de brillantes escamas que se ordenan para reemplazar la piel por un
deseo incontenible de soledad. La desaparición de los pies como última
consecuencia de su vegetal mutación en desobediente materia tranquila.
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Pregón de los hospitales ¡Miren ustedes
cómo es de admirar la situación privilegiada de esta gran casa de enfermos!
¡Admiren la terraza
donde ventilan algunos sus males |
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Oración de Maqroll No está aquí completa
la oración de Maqroll El Gaviero. Hemos reunido sólo algunas de sus
partes más salientes, cuyo uso cotidiano recomendamos a nuestros amigos
como antídoto eficaz contra la incredulidad y la dicha inmotivada. Decía
Maqroll El Gaviero: Es curioso que en
este poema El Gaviero confiese haber observado pacientemente las leyes
de la manada, cuando su santo y seña ha sido siempre el del solitario,
el de alguien sin par. Pero es posible que Maqroll vea en su condición
la condición de todos nosotros, la de solitarios, y tampoco olvidemos
que en su poema "Moirologhia" Mutis nos habla del abandonado animal
de caravana, y una de las leyes de la manada es seguir el rumbo y abandonar
a los que se quedan, y dejarlos rezagados para siempre. |
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Batallas hubo I Casi al amanecer,
el mar morado, II De nada vale esforzarse
en tan viejas hazañas, III Y hay también el
tiempo que rueda interminable, La piel tersa del
poema no deja ver las desgarraduras de la carne. No hay amargura en
la voz del poeta. Hay un aceptar el mundo y el amor tal como es. Nada
nuevo. Lento, suave, aterciopelado, el poema va dejando oír su cadencia
armoniosa que contrasta vivamente con el sordo dolor que late bajo la
serena superficie del canto. No hay una queja, pero sí la resignación
de alguien que sabe que el amor tampoco ha de cambiar la vieja piel
del hombre y que todo torna a su sitio usado y pobre. Breve poema de viaje Desde la plataforma
del último vagón Hay demasiados síes
en el poema como para garantizar una cierta esperanza. Pero la puerta
está abierta y si es posible nombrar los síes de los cuales depende
el no haber esperado en vano, es porque ellos son ciertos y existen;
hacen parte de un delicado ritual que debe realizarse paso a paso para
que su promesa se cumpla. |
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IV Soy capitán del 3° de Lanceros de la Guardia Imperial, al mando del coronel Tadeuz Lonczynski. Voy a morir a consecuencia de las heridas que recibí en una emboscada de los desertores del Cuerpo de Zapadores de Hesse. Chapoteo en mi propia sangre cada vez que trato de volverme buscando el imposible alivio al dolor de mis huesos destrozados por la metralla. Antes de que el vidrio azul de la agonía invada mis arterias y confunda mis palabras, quiero confesar aquí mi amor, mi desordenado, secreto, inmenso, delicioso, ebrio amor por la condesa Krystina Krasinska, mi hermana. Que Dios me perdone las arduas vigilias de fiebre y deseo que pasé por ella durante nuestro último verano en la casa de campo de nuestros padres en Katowicze. En todo instante he sabido guardar silencio. Ojalá se me tenga en cuenta en breve cuando comparezca ante la Presencia Ineluctable. ¡Y pensar que ella rezará por mi alma al lado de su esposo y de sus hijos! El capitán tercero de lanceros pide perdón a Dios, pero también le pide que ojalá su silencio, su cómplice amor sin testigos sea tomado en cuenta cuando llegue frente a la Presencia que no podemos eludir. El capitán tercero de lanceros sabe que la vida se le escapa pero está orgulloso de su amor, y que en ese amor va su vida, su única justificación en este mundo. Por último, quiero leer un hermoso poema, "Sonata" (que entre otras quiere decir algo para ser sonado), en el que el poeta señala lo delicado del amor, y cómo un algo sutil puede desbaratar la magia y condenarnos a un nuevo fracaso. Sonata ¿Sabes qué te esperaba
tras esos pasos del arpa llamándote de otro tiempo, de otros días? Pero alguien habló.
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