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La
identidad cultural y el espejo del otro
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Veinte
años después del otorgamiento del premio Nobel de Literatura a Gabriel
García Márquez, el investigador francés Jacques Leenhardt relee la prensa
colombiana para analizar imágenes, símbolos, señales de identidad y otredad.
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Por Jacques Leenhardt
Traducido del francés por Hilda Becerril
A María Dolores, A Jim y a Olga.
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El encuentro con
el otro, el encuentro del otro. En su hermoso libro sobre La conquista
de América, T. Todorov señala que la alteridad del otro, ya sea la del
azteca para Cortés o la del español para Moctezuma, debe poder entrar
en un sistema de diferencias no demasiado grandes, so pena de salir
del campo del saber y quedar confinada, por ende, en el de lo teológico,
es decir, del misterio. La dificultad radica en "ver al otro como humano
y diferente a la vez"1 . |
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EFIGIE RAREZAS Y BIZARRÍAS
A
su vez, el vocabulario de la revelación, con su carga religiosa, viene
a sellar la voltereta que resulta, por consiguiente, una especie de
redención: |
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Volvamos entonces
a la prensa ya que, por poco lingüistas que sean, los periodistas entienden
perfectamente las sutilezas constitutivas del nosotros.
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He
ahí al monstruo, siempre cambiante, híbrido como todos los monstruos;
otro, pues, en sí mismo. El que estos cuatro retratos del mismo vengan
a ilustrar el artículo acerca de El Otro no debería sorprendernos más
que la extrema importancia que cobró en la prensa colombiana el debate
sobre el liquiliqui o la corbata. Si bien la multiplicidad abre la vía
a una definición ontológica del ser latinoamericano, la semiótica vestimentaria
indica una simbolización de los polos, norte y sur. Así, en un correo
del lector, don Aristides Gómez Avilés rechaza la leyenda según la cual
el liquiliqui usado para recibir el premio Nobel era un homenaje filial
de García Márquez al atuendo enarbolado por su abuelo, el coronel Márquez.
Y así nos narra la historia:
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El
desequilibrio que deja vislumbrar la comparación con Alfred Nobel no
puede sino provocar el resurgimiento de un paralelo más ilustre con
la figura de un rey de verdad: el rey de Suecia. Pero en cuanto se habla
de Suecia y los suecos, una espesa niebla se levanta en las imágenes
de los periodistas colombianos. Porque si bien Gabo es un personaje
de la hybris, del exceso -¿acaso no pretende ganar otro Nobel en los
años venideros?-, y si dicho exceso es sintomático del universo caribe,
Suecia y los suecos aparecen, por el contrario, como pálidos fantasmas
que se perfilan en la bruma nórdica. Víctor Manuel Ruiz habla de "los
viejos y enigmáticos (…) miembros de la Academia de Estocolmo", pero
continúa siendo la pluma de la enviada especial de El Espectador la
que lleva el cuadro a su máxima eficacia. A propósito de los invitados
suecos a las diferentes ceremonias, comenta: |
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En
el borrador de su discurso de Estocolmo, reproducido en El Espectador,
García Márquez desarrolla la idea de la "soledad de América Latina"
como distancia cultural:
Así,
de un extremo a otro de la cadena, el mismo se piensa a través del otro,
Aracataca toma el rostro de Estocolmo mientras que Estocolmo toma el
de Macondo, un premio Gabriel García Márquez responde haciendo eco a
un premio Nobel, cada uno piensa en el otro. -París, Ehess Notas
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