LOS PERIODISTAS
A los periodistas es necesario tocarles su autoestima, su realización
personal. Las producciones frívolas, de consumo, banales, son desechables.
De pronto pueden darles brillo momentáneo y llenar sus arcas por un
tiempo. Pero el trabajo que de verdad vale la pena, el que perdura,
el que los llena de orgullo, por el cual vale la pena jugársela, el
que les dará prestigio permanente e ingresos estables, el que contribuirá
a su crecimiento profesional, es el trabajo de fondo, el que parte de
la reflexión, la observación, el seguimiento de orígenes, raíces, antecedentes;
el que mira efectos, consecuencias, causas. El que trabaja lenguajes
innovadores. Así presentados, estos trabajos de periodismo de investigación,
literario, cultural, de fondo, verdadero periodismo o como se le quiera
llamar, pueden sonar atractivos a los periodistas. Y de paso ellos contribuirían
a la construcción de una sociedad mejor informada y más activa.
LOS CIUDADANOS
¿Qué es mejor: ser simples fichas de ajedrez, movidas a su antojo por
el jugador, o ser el jugador que planifica y desarrolla el juego de
acuerdo con sus propios criterios y conocimientos? La alternativa es
entre ciudadano y consumidor. O soy un ser que tiene formación, sabe
de dónde viene y para dónde va, juzga la información que recibe desde
su propio criterio, toma decisiones, participa en la vida social de
la comunidad y de su país, hace oír su voz y su opinión, escucha pero
también habla y participa, sabe dónde está parado y escoge opciones
para su vida familiar y social, o simplemente soy quien escucha pasivamente
y obedece. Es necesaria la existencia de ciudadanos que además interactúen
con los medios, aportándoles, criticándolos, apoyándolos, logrando tener
influencia dentro de sus espacios y orientaciones.
LOS ACTORES ARMADOS
El sistema vigente es Colombia es injusto, corrupto, inequitativo y
excluyente.
La guerrilla, sin embargo, no tiene razón ni
justificación para sus acciones ni su proceder. La guerrilla no hace
política, porque la mira con desprecio o porque no sabe hacerla. En
el caso de las Farc, desperdiciaron más de tres años de tener corresponsales
de medios nacionales e internacionales en la zona de despeje para presentar
acciones políticas; sólo hicieron denuncias y amenazas. Desperdiciaron
tener Señal Colombia los sábados para hacer política, y en su lugar
presentaron unas charlas inacabables, esquemáticas, en lenguaje dogmático,
cifradas y acartonadas. Son prepotentes y a la vez ingenuos: creen que
el equilibrio mundial de poder y los ataques de septiembre pasado a
los Estados Unidos no afectarán la situación interna de Colombia. Continúan
con el secuestro. Asesinan. Boletean a pequeños comerciantes y campesinos.
Arrasan pueblos, perjudicando en su mayoría a campesinos sin capital.
Vuelan puentes, torres, oleoductos y acueductos. Ponen bombas. No saben,
o no quieren, hacer política por otros medios. Si realmente buscan trascender,
su fuerza no puede ser sólo la fuerza de las armas que respaldan unas
ideas que parecen guardar ellos herméticamente, para sí mismos.
Las fuerzas armadas deben estar únicamente
al servicio del Estado. Lo ideal para un Estado democrático es que el
monopolio de las armas esté en manos de sus fuerzas regulares y que
ellas actúen dentro de la Constitución y la ley protegiendo la vida
y honra de todos los ciudadanos. Si el ejército colombiano no se ajusta
a este proceder, y apoya el accionar de los grupos paramilitares, no
será posible que muchos colombianos lo sientan como sus fuerzas armadas,
e internacionalmente seguirá desprestigiado.
Los paramilitares han tenido un crecimiento
inaudito en los últimos años, al amparo de los desmanes de la guerrilla
y con el apoyo de los sectores más reaccionarios de la sociedad, que
pretenden perpetuarse sin importar los métodos utilizados para ello.
También cuentan con el apoyo de sectores medios que los ven como protección
en zonas donde la guerrilla los ha sometido a boleteo. Poderosos grupos
les han prestado apoyo económico y sus medios de comunicación para limpiar
su imagen, llegando a presentar a sus dirigentes como seres humanos
sensibles, a los que lamentablemente les toca asesinar. Digamos que
los paramilitares son los que mejor han utilizado los medios, y los
medios a ellos, para justificar lo injustificable: masacres de campesinos,
desplazamiento de miles y miles de personas, torturas en las que se
llega a despedazar seres humanos con motosierras. Todo esto han logrado
maquillarlo internamente con el apoyo o el silencio cómplice de medios
de comunicación y de dirigentes de diversas esferas de la vida nacional,
que incluso llegan a considerarlos los salvadores de sus privilegios,
olvidando que muchas veces el monstruo termina devorando a sus creadores.
Pero el repudio crece, tanto fuera como dentro del país. Y para jugar
dentro de la apuesta de un país en paz, en el que quepamos todos y no
sólo unos pocos, la propuesta paramilitar tendría que cesar sus desmanes
y recurrir a acciones políticas pacíficas.
Claro que no hay que olvidar que a todos los actores
de la guerra, por más que los acoja una amnistía nacional, la corte
penal internacional los juzgará, en tal caso, por crímenes de lesa humanidad.
Los políticos tradicionales son en buena parte
culpables directos del estado actual de las cosas. Al no actuar como
servidores públicos, sino como agentes de privilegios propios o de quienes
los financian, han permitido que unos pocos se beneficien de las riquezas
del país y que la crisis cope todas las instancias de la vida nacional.
Ellos manejan los hilos del poder apoyados en los dineros del erario
y de los grupos económicos -legales o ilegales- que los apoyan. Con
una parte de ellos, que logre entender la magnitud de la crisis, se
trabajaría por un nuevo orden, en contravía de quienes siguen aferrados
a viejas prácticas clientelistas.
El narcotráfico y los Estados Unidos. Habría
que hacer relación de otros dos actores que participan en el conflicto:
el narcotráfico y los Estados Unidos, cuyo accionar está estrechamente
ligado. Los ciudadanos estadounidenses son los mayores consumidores
de cocaína en el planeta, Colombia es el mayor productor de cocaína,
el narcotráfico financia mayoritariamente la guerra en Colombia y los
Estados Unidos están invirtiendo miles de dólares en agudizar la guerra
en Colombia. Mientras, no se sabe de capos estadounidenses detenidos
en su país, donde se queda la gran mayoría del dinero que produce el
tráfico ilegal de drogas, aceitando la banca y una economía que da muestras
de recesión, la cual probablemente se desplomaría en caso de no contar
con lo que produce el comercio ilegal de drogas. Dos actores del conflicto
difíciles de manejar, pero que son los que financian mayoritariamente
la guerra.