BORGES:
ÍNTIMO Y PERSONAL
Bogotá, diciembre del 2001
Amigos:
Permítanme felicitarlos por el esmero con que preparan cada número de
la revista a su cargo y, muy particularmente, en esta oportunidad, por
la publicación (en el # 31) de la entrevista que Alfonso Carvajal le
hiciera al lúcido pensador colombiano Rafael Gutiérrez Girardot en torno
a Jorge Luis Borges. Pocas veces se ha conversado sobre el escritor
argentino con tanta precisión y conocimiento del tema. Precisamente,
hace un par de meses, un grupo de estudiosos de Borges nos reunimos
en Valldemossa (Mallorca) para conversar sobre su vida y su obra y,
ahí, María Esther Vásquez y Alicia Jurado se refirieron a su amigo y
colega escritor con una visión muy análoga a la de Gutiérrez Girardot.
Y precisamente, de labios de María Esther, escuchamos, no sólo sus experiencias
sobre el viaje que en compañía de Borges realizara a Alemania en 1964,
sino también una inolvidable disertación sobre el hermosísimo soneto
a Spinoza que el autor argentino tuvo la gentileza de dictarle y obsequiarle
al pensador colombiano.
Al congratularlos nuevamente por la labor
que realizan, aprovecho para desearles muchos éxitos en sus publicaciones
futuras.
Atentamente,
-Gloria
Guardia de Alfaro
Correspondiente de la Real Academia
y de la Academia Colombiana de la Lengua
P.D.
Mi única observación en esta oportunidad sería aclarar que el poeta
y polígrafo nicaragüense a quien Gutiérrez Girardot se refiere era Ernesto
(no, Néstor) Mejía Sánchez, gran conocedor de Borges, con quien mantuve
una enriquecedora amistad hasta su muerte, acaecida en el D.F., ciudad
donde residió desde la década del cuarenta del siglo pasado, dadas sus
vinculaciones con Alfonso Reyes y el Colegio de México.
CORRECCIÓN
Nueva York, febrero del 2002
Hola,
En la entrevista a Gutiérrez Girardot se habla de "Néstor" Mejía Sánchez.
Es el poeta nicaragüense Ernesto Mejía Sánchez.
Saludos,
-Pedro
Cote
HUITZILOPOCHTLI
Y LOS PLACERES DE LA VIDA...
Medellín, enero del 2002
Apreciados amigos:
Movido por el hermoso cuento de Mario Satz, que apareció en la última
Número, "Coatlicue y el colibrí de la izquierda", "pájaro flor, pistilo
volador, estambre de ubicua furia", encontré en el capítulo XXI de la
obra de fray Juan de Torquemada, Monarquía Indiana, su referencia a
"Huitzilopochtli, dios antiguo y guiador de los mexicanos; es nombre
compuesto de varios significados. Unos dicen que se compone del nombre
huitzilin, que es un pajarito muy pequeño, verde y hermoso, que chupa
flores y se mantiene de aquel sudor y humedad que despiden o engendran
en las hojas, y de otro nombre que es tlahuipuchtli, que quiere decir
nigromántico o hechicero, que echa fuego por la boca. Y de estos nombres
cortados se compone Huitzilopochtli y con él se nombra este diabólico
Marte indiano.
Otros dicen que de huitzilin, que es aquel
pajarito, y opuchtli, que es mano izquierda, y así dirá todo el compuesto
mano izquierda o siniestra, de pluma relumbrante, porque este ídolo
traía de estas plumas ricas y resplandecientes en el molledo [parte
más gruesa] del brazo izquierdo. Yo tengo para mí que ambos significados
le cuadran y son propios, por lo que a este infernal dios [que unos
creían ser puro espíritu y, otros, nacido de mujer: Coatlicue] diremos
[...] llamáronle Tetzahuitl, que quiere decir espanto o asombro, y de
aquí tomaron ocasión de recibirlo por dios, por conocer que había nacido
de madre y no de padre [partenogénesis]".
Sea esta ocasión también para congratular
a Jorge Molina por su escrito humoroso y "divertidamente espeluznante",
aparecido en la misma revista, "De los placeres de la vida... y de la
muerte", acogiendo con beneplácito su invitación a "la ingestión deleitosa
de la vida", a "una mirada más bondadosa", pensando también que hasta
las aguas, las hierbas, las maderas, los animales están poblados de
sales o elementos minerales, de manera que no todo es metal. Pero el
metal es el conductor de la materia y está en todas partes, y el metal,
según ciertos filósofos, pone de manifiesto una vida específica de la
materia, un estado vital de la materia como tal, un vitalismo material
sin duda existente por todas partes aunque, de ordinario, oculto, recubierto,
irreconocible, así que, al beber la molécula de agua, la muerte alimenta
la vida y la vida alimenta la muerte, cada día, en las células de cada
ser que perece, dando lugar a otras, dentro y fuera de sí. Si digo "carro",
carro pasa por mi boca, como decía Crisipo el presocrático.
Salud a Jorge Molina por su rumiada, y
perversa, reflexión, que da en qué pensar de la suerte humana.
Salud,
-Rodrigo
Pérez G.
CINE
COLOMBIANO EN CANADÁ
Ottawa
Hola, amigos:
Con el respaldo de la junta directiva de la Comunidad Colombo-Canadiense
de la región de la Capital Nacional, se presentaron en la Biblioteca
Central de Ottawa dos películas colombianas: Golpe de Estadio, dirigida
por Sergio Cabrera, y La vendedora de rosas, de Víctor Gaviria. Dos
estilos diferentes para mostrar la cruda realidad colombiana: primero,
el humor para hablarnos de la guerra y la violencia; de los precarios
recursos con los que el ejército trata de librar una batalla en la que
se confunden los intereses más disímiles, nacionales y extranjeros;
políticos y económicos: allí donde hay demanda, hay que llevar la oferta
(!). Cabrera y su equipo familiar nos llevan de la mano, a veces con
poca gracia, por una serie de equivocaciones, de errores tácticos, de
la falta de estrategia y de la improvisación de dos bandos (¿o tres?...
¿o cuántos?), unidos finalmente por el deporte que no sólo en nuestro
país desata las pasiones más inverosímiles, y a veces, hasta en nuestro
país, un poco de solidaridad, de fraternidad y de convivencia: el fútbol.
Luego, el dolor: La vendedora de rosas,
una alegoría del siglo XX con firma colombiana del cuento del danés
Hans Christian Andersen (1805-1875), La vendedora de cerillas, es un
espejo que denuncia toda la miseria, todo el abandono, toda la rabia;
un círculo vicioso de dolor, evasión y muerte. Sus personajes, actores
de la vida real, muchachos, niños y niñas, que deberían estar abriéndose
a la vida, como una rosa, llevan en el rostro las cicatrices de una
infancia truncada de golpe, "de una infancia destruida, arrancada, raptada,
robada...". Miradas cargadas de un resentimiento visceral, capaces de
toda la indolencia, de toda la venganza y, al mismo tiempo, sedientas
de un poco de ternura. Jóvenes "llevados" por el sacol a un viaje eterno
de alucinaciones en el que esperan poder encontrar el amor de la madre,
un reconocimiento, un gesto de comprensión, una palabra de aliento,
algo que valide su existencia, su "ser humano", "aunque su destino no
nos parezca sino un hueco negro, maloliente y sin salida".
Estos habitantes de la noche, niños descalzos,
con la cara sucia y el corazón roto, que se acuestan con el sol y se
levantan con la luna, nos hablan de todo eso y más, mucho más; una realidad
que toca a cada colombiano, que duele y que conmueve aun en el exilio.
-Anna
María Salvetti
DOLOROSA VERDAD
Rapid City, South Dakota
Hola, revista Número:
Para no mencionar el sinnúmero de personas magníficas que hacen la revista
Número, procedo a agradecerles tan bella edición que ciertamente refleja
lo más hermoso de nuestra cultura en tiempos de desarraigo. Esta vez
Fernández, Martín-Barbero y Carvajal desde su perspectiva coinciden
en la verdad, la cual, aunque dolorosa y deprimente, en lugar de devastarnos,
nos invita a conciliar la realidad y a actuar por el país que tanto
amamos.
Muchas gracias.
-Jaime
Nicolás Buitrago C.
AUTOCRÍTICA Y ACLARACIONES PERTINENTES
Bogotá
Señores revista Número:
En la pasada edición 31 de su revista, en la nota que hice a propósito
del libro El humor de la melancolía, de R.H. Moreno-Durán, cometí algunos
imperdonables errores que es preciso ahora enmendar:
En primer lugar, Charles Dickens nada
tiene que ver con Jack el Destripador, como erróneamente aseguré en
dicha reseña, y aunque cada uno sea contradictor de la mojigatería y
buenas costumbres imperantes en la Inglaterra victoriana -uno desde
sus novelas y el otro desde su muy real afición de asesino, pulcro en
los oficios del destripamiento-, no hay el tal lazo autor-personaje
referido en mi nota. Dickens muere en 1870 y del asesino de Whitechapel,
como en un principio se le conoció, sólo se llega a saber hasta mediados
de 1888.
El otro abominable error que presenta
mi reseña reside en el hecho de relacionar el texto de R.H., referente
al 9 de abril, "Fabrizio del Dongo vuelve a Waterloo", con Rojo y negro
de Stendhal (haciendo eco de un error cometido alguna vez por otro reseñador
alrededor del mismo texto), cuando en realidad este mismo alude desde
su título y su epígrafe a La cartuja de Parma -también de Stendhal-,
donde sí se desarrolló la batalla de Waterloo.
Mi sincera disculpa con el autor, al que
sin duda estas ficciones mal erigidas sobre su libro han de perturbar
por lo descabellado de su error, y sobre todo al lector, que puede ver
truncado su camino hacia el libro de Moreno-Durán, perdiéndose en la
laguna mental de este arrepentido recensor.
-Carlos
Andrés Almeida
LA
GUERRA EN COLOMBIA
Bogotá, vía Internet
Queridos amigos:
Les envío traducción del editorial de The New York Times del 21 de enero.
"El acuerdo de ayer entre el gobierno
colombiano y fuerzas rebeldes para sostener charlas de cese al fuego
fue un signo alentador, un raro momento de esperanza en un país durante
mucho tiempo golpeado por la guerra civil. El casi colapso de las charlas
previamente establecidas este mes contenía una importante lección para
la administración Bush y el Congreso. Cuando el presidente Andrés Pastrana
amenazó con retomar por la fuerza el pedazo en el sur de Colombia que
él había cedido a las guerrillas izquierdistas hace tres años, los civiles
del área se aterrorizaron. Porque con lo mala que haya sido la vida
con la guerrilla (y ha sido terrible) el prospecto de una toma por el
ejército colombiano significaba la segura llegada de las fuerzas paramilitares
asesinas. Si Washington continúa o expande la ayuda al ejército colombiano,
debe hacerlo con la condición de que el ejército corte sus lazos con
los paramilitares.
El Plan Colombia, el paquete de ayuda
diseñado por la administración Clinton y continuado por el presidente
Bush, pide el corte de los lazos ejército-paramilitares. Pero el plan
siempre había permitido que el presidente obviara estas condiciones.
El mes pasado el Congreso quitó la rescisión presidencial. Por ley,
Washington puede ahora proveer ayuda militar solamente si Colombia arresta
a paramilitares, suspende a los oficiales sospechosos de tener lazos
con estos grupos y los acusa en tribunales civiles. Se sabe que en el
pasado las administraciones se han saltado estas restricciones, principalmente
exagerando el progreso o mintiendo sobre la cifra de muertos. La administración
Bush no debe ceder a esta tentación.
El Plan Colombia está autorizado oficialmente
sólo para uso antinarcóticos, pero en realidad ha envalentonado a los
paramilitares, que están creciendo en tamaño y apoyo en la clase media.
Su colaboración con el ejército se está haciendo más abierta, mientras
su involucramiento en el tráfico de drogas es más profundo que el de
las guerrillas. Las AUC fueron designadas como organización terrorista
con alcance global por el Departamento de Estado de los Estados Unidos.
Los guerrilleros izquierdistas son secuestradores
y traficantes de drogas, pero los paramilitares son responsables del
80% de los asombrosos niveles de violencia política en Colombia. Las
fuerzas armadas han fallado en proteger pueblos incluso cuando el gobierno
ha recibido aviso por adelantado de una masacre, y en muchos sitios
hay clara evidencia de que los soldados ayudaron en las matanzas. Aunque
el gobierno civil ha arrestado a algunos paramilitares y expulsado a
varios oficiales del ejército con fuertes lazos con las autodefensas,
es simplemente demasiado débil para resistir la colaboración cada vez
más abierta.
Funcionarios colombianos han pedido que
se les permita usar la ayuda del Plan Colombia contra las guerrillas.
Muchos en la administración Bush están listos a respaldar este giro,
junto con un incremento en el apoyo militar. Es improbable que estos
cambios aceleren el fin de la guerra. El Plan Colombia ha fortalecido
a los de línea dura en ambos lados.
La ayuda militar norteamericana probablemente
no logrará mucho por la paz en Colombia, pero hará una gran contribución
si puede presionar a las fuerzas armadas colombianas a distanciarse
de sus brutales aliados".
Salud,
-Carlos
Satizábal
SOBRE
ORLANDO SIERRA
Manizales
Apreciados amigos:
La brutal muerte de Orlando Sierra, articulista y subdirector del diario
La Patria, sólo profundo e indignado repudio puede causar entre las
gentes sensatas de Manizales, Caldas y Colombia. Primero, por su simple
condición de ciudadano, pues bajo ninguna consideración puede aceptarse
que se asesine a nadie. Y segundo, por su oficio de analista de la vida
regional y nacional, actividad que desarrolló con la primera virtud
que se requiere para ejercerla a cabalidad: un indudable valor civil
para censurar o respaldar hechos y posiciones de acuerdo con su leal
saber y entender.
Este crimen monstruoso en contra de quien
nunca esgrimió más que su pluma en la defensa de sus puntos de vista
debe conducirnos a otra reflexión con la que sé Orlando estaba de acuerdo:
la urgencia cada vez mayor de luchar porque en Colombia se convierta
en una posición de principios de todos sus habitantes el repudio al
atentado personal como mecanismo para resolver las contradicciones políticas,
sociales y económicas, por agudas que éstas sean.
El mejor homenaje que podemos hacerle
a Orlando Sierra es ganar el punto de vista de que nadie puede ejercer
"justicia" por su propia mano, cualesquiera que sean las justificaciones
que se aleguen para esos actos atroces.
-Jorge
Enrique Robledo Castillo