Por Roberto Fernández
Ilustraciones de Olga Cuéllar

Cuando el pasado 16 de octubre se abrió en Valladolid (España) el Segundo Congreso Internacional del Español, organizado por la Real Academia Española, el Ministerio de Cultura y el Instituto Cervantes, las instituciones encargadas de preservar la lengua castellana tuvieron la oportunidad de escuchar el testimonio de un escritor para quien la opción estética dentro del mundo anglófono de los Estados Unidos consiste en retar los límites de la lengua española. El escritor cubano-americano Roberto Fernández se dirigió a la audiencia con una ponencia llamada "La subversión del inglés", que leyó como parte del panel "Fronteras del español actual: sobre la unidad y diversidad de la lengua". No deja de ser interesante esta vuelta de tuerca, inesperada seguramente para los encargados de preservar la pureza de la lengua de Cervantes, que los convoca a escuchar a uno de los escritores de la nueva generación de latinos crecidos en los Estados Unidos, para quienes el navegar entre las lenguas ha sido además de una forma de vida y de resistencia cultural, la oportunidad para empujar los límites supuestamente inamovibles de las lenguas con las que se dividen y se encuentran el norte y el sur del continente americano.
   Y digo inesperada, porque nadie habría anticipado el devenir de la lengua española en sus versiones latinoamericanas, en el proceso de emigración hacia los Estados Unidos que las presiones económicas y políticas generaron durante el siglo XX. Viven en la actualidad en el territorio de los Estados Unidos 35 millones de hispanoparlantes (contando solamente los inmigrantes legales), es decir, una población equivalente a la de España, Argentina o Colombia. La convivencia de esas modalidades diferentes del español con la lengua oficial inglesa nos ha sorprendido una vez más al recordarnos que el poder de la imaginación creativa del lenguaje es más fuerte que las normas impuestas por las oficialidades nacionalistas. La tradición de escritores latinos en los Estados Unidos se puede remontar hasta el siglo XIX, pero entre nuevas generaciones de ciudadanos norteamericanos que crecieron en situaciones duales, bilingües y divididas, han surgido docenas de escritores que se han atrevido a jugar con los contactos lingüísticos y culturales. Al decir de Ariel Dorfman: tomaron el riesgo de ser dobles, la ansiedad, la riqueza, la locura de ser dobles.
   Roberto Fernández nació en Sagua la Grande (Cuba) en 1955. A los ocho años sus padres lo subieron a un avión con una gorra de béisbol del Almendares, con la que aparece en una foto a su llegada al aeropuerto de Miami. Ningún miembro de la familia habría imaginado entonces lo definitivo de aquel acto, y como él mismo lo explica, se pasaron la vida afirmando que "las próximas navidades estaremos en La Habana". Pero el regreso nunca llegó y Roberto Fernández creció con la educación anglo de cualquier niño norteamericano, pero paseando su niñez por la calle ocho de la Pequeña Habana, tan lejos de la realidad política de los países latinoamericanos que lo tildaban de "gusano", y acorralado por la nostalgia de la patria que, para su familia y sus vecinos, se había convertido en una forma de vida. Le corresponde surgir como escritor dentro de una generación de latinos que habían vivido experiencias de emigración similares, pero desde Puerto Rico, la República Dominicana o México. Habían compartido, sin saberlo, la experiencia de ser diferentes en un mundo ajeno y estaban listos para dejar atrás la nostalgia romántica por países que en muchas ocasiones jamás habían visitado y que eran tan sólo el lamento de unos padres desarraigados para siempre. Estaban además preparados para navegar entre las dos lenguas a su antojo y hablarle a un público que, como ellos, no era ni norteamericano ni latinoamericano, sino "latino" y bilingüe. La opción estética por la que opta Fernández es la risa y se dedica a construir mundos paródicos en los que la experiencia migratoria de la comunidad cubano-americana queda refractada. Fernández se atreve a jugar con los cambios en el código de lenguaje entre el inglés y el español, ejemplificando de manera precisa la transculturación de la que hablaba Fernando Ortiz, como forma de explicar los productos culturales que surgen de los contactos humanos.
   Sus primeras versiones de la vida cubana en Miami aparecen en las novelas La montaña rusa (1985), La vida es un especial (1982) y en la colección Cuentos sin rumbo (1975). En 1988 aparece Raining Backwards y en 1995, Holy Radishes. Su último libro, En la Ocho y la Doce (2001), inaugura la nueva colección internacional de Houghton Mifflin: "Nuestra Visión / Latino Literature". Los personajes de Fernández se deslizan entre unos libros y otros e incluyen parodias de idealizadas figuras del canon de la literatura latinoamericana. Entre ellos se forma una red intrincada en la que se balancean personajes patéticos y poéticos que reconstruyen las playas de Varadero en la bañera de pedernal de sus pequeños apartamentos de Miami Beach y las adornan con los flamingos rosados que aprendieron a amar en el norte. El humor es el elemento que enlaza las realidades parodiadas en busca de esa risa de la que hablaba Bakthin en su estudio sobre Rabelais, la que nos purifica frente a los dogmáticos, a los intolerantes y a los petrificados, nos libera del fanatismo y la pedantería, del didactismo y la falsa ilusión de que hay un significado único.
   Los textos de esta selección incluyen el primer capítulo de Raining Backwards, el cuento "Wrong Channel" y "Sabiduría", un capítulo de En la Ocho y la Doce.

-Ángela Pérez Mejía
Brandeis University

Wrong
Channel

Mima esperaba impacientemente a su amiga, que la iba a llevar en carro, y el sudor le resbalaba de las cejas hasta la taza de café, la tercera que tomaba. Iba hacia la cocina cuando oyó los ronquidos del viejo Impala de Barbarita.
   -Por fin llegas -le gritó Mima desde el porche.
   -¡Es que esta máquina no quería arrancar!
   Mima se subió, acomodó el espejo retrovisor y se puso suficiente rouge en las mejillas para darse un aspecto más saludable. Quería causar una buena impresión al doctor que le iba a aprobar los certificados médicos para su tarjeta de inmigrante. Camino al hospital Jackson Memorial, Barbarita le habló de un posible trabajo de auxiliar de maestra.
   Cuando la enfermera finalmente llamó, Mima tropezó tumbando todas las biblias y las Selecciones del Reader's Digest.
    -Lo siento, señora, pero usted no puede pasar -le dijo la enfermera a Barbarita cuando ésta quiso entrar con Mima.
   -Yo soy la intérprete -respondió la políglota.
   -No good -dijo el médico haciendo un gesto de preocupación mientras entraba con los rayos X de Mima. Luego el doctor le dijo a Barbarita:
   -Pregúntele si ha tenido TB.
   Barbarita se volvió hacia Mima: -Pregunta que si alguna vez has tenido un televisor.
   -Dile que sí, pero en La Habana, no en Miami. Pero mi hija sí tiene un televisor aquí.
   Barbarita miró al doctor y tradujo: -Ella dice que tuvo TV en Cuba, no en Miami, pero que su hija tiene TV aquí.
   -En ese caso tendremos que examinar a su hija para ver si también tiene TB.
   Barbarita le tradujo a Mima otra vez: -El doctor dice que necesita examinar el televisor de tu hija para ver si funciona, de lo contrario no te van a dar tu tarjeta de inmigrante.
   -¿Para qué va a examinar el televisor?
   -le preguntó Mima, abismada.
   -¿Cuántas veces no te he dicho, Mima, que aquí necesitas comprar un buen TV? -le espetó Barbarita-. ¿O es que no te has dado cuenta que ahora vivimos en los Estados Unidos?

Raining
Backwards

-Keith, Kicito, ven acá. Come here!
   -Yes, abuela.
   -You abuela no va a esperar a que llegue la ambulancia del rescue. ¿Oíste esa sirena? La próxima es pa' mí. ¡Qué va! ¡A mí sí que no me agarran!
   -Slowly, abuela. Más des-pa-ci-o.
   -Necesito que me ayudes. You help you abuela, ¿okay?
   You love you abuela, ¿right?
   -Yes, I do.
   -Bueno, listen. No voy a esperar a que llegue la ambulancia del rescue; me conectan a una máquina y no me dejan morir en paz. Además, no quiero que me entierren aquí. Sería la primera y Dios sabe dónde enterrarán al próximo. ¡Muerta y sola! Además, quién se entiende con los muertos de este país. Kicito, aquí todo se desparrama, hasta los muertos. Quiero que me entierren en La Habana. Mi bury Havana, ¿okay? No here.
   -But you aren't dying, abuela. No mo-rir!
   -Pronto. Anytime! Ya tengo... déjame pensar cuántos tengo, Mari, Mari-Clara, m'ija, ¿tú te acuerdas cuántos tengo?
   -(Please, mother! I'm trying to concentrate on this last posture. No me moleste ahora).
   -Bueno, anytime. Ya tengo muchos y ayer estaba lloviendo al revés. Dos meses antes de la muerte de papá también llovió al revés. Any minute now, any minute!
   -Llo-ver al revés. No com-pren-do, abuela.
   -Yes, Kicito, rain backwards.
   -It can't rain backwards! What a silly idea. No po-der llu-vi-a backwards.
   -No seas incrédulo. ¿Crees que tu abuela te engañaría?
   -You had to much coffee, abuela. Coffee makes you high. You mu-cho ca-fe te po-ni-o un po-co lo-ca en la ca-be-za.
   -Ustedes siempre lo remedian todo con la locura. No me explico por qué no me quieres creer. ¿Acaso yo no te creí cuando hace años me dijiste que había un leñador gigante y que los conejos ponían huevos y que un hombre había dormido durante 20 años sin despertarse y cuando despertó la barba le llegaba a los pies? Recuerdo que se lo conté a todas mis amigas del barrio. Mira, Keith, abuela no estay here, ¿okay? Sylvia está sola. Sylvia alone. I go accompany her.
   -But Sylvia is dead. Es mu-er-ta. You told me so.
   -(Tienes ochenta y tres, mamá, eighty three. Naciste en el tres).
   -¡Y qué te cree tú! Los muertos también se sienten solos. Tienen sentimientos. Necesitan a otros para que los acompañen. Pero otros muertos de su edad, si no, no tienen nada de qué hablarse. Además, me quiero ir. Desde que llegué aquí nada más que he trabajado y trabajado. Sí, sé que tenemos esta casona con piscina olímpica y que la puerta del garaje se abre sola, y sé que tengo doce televisores a color en mi cuarto, y dieciséis radios despertadores, y un clóset atestado de ropa y me van a regalar un VCR, pero ¿quién le habla a esta vieja? Tu madre en las clases de meditación trascendental y en las de aerobics, y tu padre en su taller de impotencia, y cuando hay fiesta me visten como un maniquí de vidriera y los invitados siempre dicen: "Granma, very nice", y de tus hermanos eres el único que hace por entenderme. Aquí me estoy volviendo un fantasma anémico por falta a quién espantar. Y cuando venga la ambulancia dirán todos: "Do everything you can to keep her with us. Hagan todo lo que puedan". Entonces me conectarán a una máquina y así estaré como uno de esos vegetales que no necesitan tierra para vivir. No is the coffee! You help you abuela, ¿yes or no?
   -Okay, okay. What do you want? But make it quick. I've got to go to the tryouts. Rá-pi-do. Yo ir prác-ti-ca football.
   A la mañana siguiente, abuela me explicó los detalles de su fuga mientras me hacía jurar que no se lo revelaría a nadie. Tan pronto como terminó mi jura, le di la mano y nos encaminamos hacia los matorrales que crecían cerca de la casa. Íbamos en busca de un árbol fuerte. En el medio de aquel pequeño bosque, abuela se detuvo, miró a su alrededor y seleccionó uno de tronco robusto. "Vamos, ¿qué esperas?", dijo al mismo tiempo que me ponía hacha en mano y como una enloquecida cheerleader gritaba: "¡Túmbalo, túmbalo, rarará!" Fue entonces cuando divisé, en la copa del árbol, un nido de gaviotas negras. Bien sabía que el cedro sería el árbol más indicado para los propósitos de abuela, pero las gaviotas negras eran una especie en peligro.
   Después de pensar por varios minutos, le dije que el cedro estaba enfermo y seleccioné un carcomido roble. Ella sonrió al ver que de un hachazo lo había derribado, mientras gritaba: "You cut, Kicito; you cut good". Yo sólo atinaba a sonreírle con cierto aire de superioridad, ya que de seguro había salvado una especie al borde de la extinción.

 

    

Abuela me instruía cómo y dónde tallar. Seguí sus órdenes al pie de la letra, abriendo un hueco en medio del tronco. Mientras más entusiasmado estaba abriendo el hoyo, la capataz volvió a gritar:
   -¡Quítale las ramas, quítale las ramas! Take the arms off the tree, take the arms off the tree!
   No la entendí y abuela, perdiendo la paciencia, me arrebató el hacha y desmembró el vegetal. Esa misma tarde el roble había quedado convertido en tabla agujereada por termitas humanas. Abuela contempló la obra satisfecha, al mismo tiempo que me daba una leve palmada en la espalda. Le sonreí una vez más mientras me deleitaba discurriendo que había salvado a las gaviotas negras de los caprichos de aquella viejecita impetuosa que aún no acababa de comprender.
   Durante aquel mes fuimos religiosamente a los matorrales donde, camuflageada, se desarrollaba nuestra empresa, que cada día tomaba más y más aspecto de viejo bajel. Tenía la embarcación dos compartimientos, uno para mantenerse sentado y el otro para provisiones. No poseía ningún tipo de propulsión, aunque sí tenía un falso timón. Hacia la improvisada proa, había un agujero donde colocar una pequeña asta para una bandera blanca. El exterior lo había cubierto de piedras del rin, que había sacado pacientemente de viejos vestidos, testigos de antiguas glorias, y retratos de Julio Iglesias. Todo encolado a la superficie con superglue. Esa misma tarde, la almirante inspeccionó la obra al mismo tiempo que me hacía varias preguntas claves para asesorarse de mis conocimientos náuticos. Finalmente, le respondí algo apenado que ni siquiera sabía nadar bien. Con mucha calma, abuela me dijo que fuera a la biblioteca y me agenciara una carta de navegación.

   


   -Kicito, cuando te aprendas la carta vamos a tomar la camioneta de tu padre y colocar la embarcación allí; luego nos vamos hasta la marina de Key Biscayne para alquilar un bote de motor. We take pick-up. We put embarkation and rent motor boat, understand you?
   -I guess so, ma'm.
   -Entonces vamos a remolcar mi barca hasta donde comienza la corriente del golfo. Allí hacemos mi trasbordo y tú cortas la soga, understand you?
   -But why? ¿Por-qué?
   -Me voy pa'l sur. Me voy pa' La Habana. Sí, Kicito, me voy pa' La Habana y no vuelvo más. I go to Havana no come back no more.
   -But can't you take a plane? ¿To-mar a-vi-ón?
   -¡Cuántas veces te he explicado que no hay otra forma de llegar!
   -But you'll die on the way! Mo-rir en bo-te, abuela.
   -No morir en bote. Morir aquí en tierra. No te preocupes. Llegaré en un par de días. Y cuando llegue les enseño mi bandera blanca, salgo de la barca, me tomo una taza de café, cojo un taxi y sigo rumbo al panteón donde está Sylvia y...
   Al otro día, después de aquella conversación, me encontraba en la biblioteca robándome una carta náutica que venía dentro de un deshojado National Geographic. Recuerdo que me la metí dentro de los calzoncillos, evadiendo así el detector electrónico. Llegué a casa con mi botín. La abrí y, asustado por su contenido, la volví a doblar, escondiéndola en mi escritorio. El aprendizaje de la carta me habría de tomar casi tres semanas. Cuando le dije a abuela que me la sabía al dedillo, fue a su cuarto y rápidamente se puso su vestido de gala. Iba en dirección al mall, donde compró dos vestidos de noche, un parasol floreado y siete grabadoras, estilo "ghetto blasters". Me mostró los vestidos explicándome que el morado era para Sylvia, que no podía llegar con las manos vacías.
   Cuando llegó el día señalado para la botadura, abuela vestía de luces y portaba su parasol como una auténtica torera primaveral. Le señalé hacia el camión. Le abrí la puerta con gran reverencia, a lo sir Walter Raleigh, al mismo tiempo que la tomaba de la mano para ayudarla a subir al vehículo. Estaba contentísimo. Era la primera vez que manejaba la camioneta de mi padre. Él ignoraba lo que estaba ocurriendo, pues él y mamá andaban de fiesta. Durante la noche, abuela había robado las llaves que colgaban de la puerta del armario. Arrancamos y salimos en dirección a los matorrales. Al llegar, nos bajamos, y con gran esfuerzo y tres poleas nos arreglamos para colocar la canoa dentro del pick-up. Serían como las tres de la madrugada y ambos íbamos eufóricos. Yo porque por primera vez conduciría por toda la USI, y ella por el gusto de ver que su empresa tocaba a su fin.
   Estacioné de un solo corte la camioneta y nos dirigimos a alquilar nuestro remolcador. Nos montamos en el barco y abuela destapó una botella de coñac que llevaba debajo de la falda. Luego de atragantarme con el primer sorbo, abuela me pidió que cuando regresara a puerto me bebiera el resto. Ella bebió el suyo de un solo golpe.
   Íbamos en dirección al sureste, en busca del Gulf Stream. Marchábamos despacio. No era tarea fácil remolcar aquel tronco acondicionado. Abuela hablaba incansablemente, contándome desde el día en que se le trabó el dedo en la moledora de café hasta el primer beso que le diera Nelson, mi abuelo, a través de las rejas de la ventana. Nos estábamos acercando al punto donde la corriente la llevaría a su destino. Aminoré la marcha del motor y abuela, dándose cuenta de que nos aproximábamos, perdió la efervescencia. Volviéndose algo pensativa, agregó:
   -¿Sabes por qué tengo que hacerle compañía a Sylvia? El beso que me dio tu abuelo era para ella. Yo sabía que esa tarde pasaría a verla. Hacía tiempo que lo andaba rondando. Me cubrí la cara con un velo de tul y me besó a través de la tela creyéndose que era Sylvia. Me descubrí el rostro y quedó prendado de mí. Sylvia murió soltera y sola. Nunca me lo perdonó. Dicen que mi pobre hermana murió vomitando estrellas.
   -¿Es-tre-llas? Stars? -dije.
   -Sí, estrellas. Creo que Dios le recompensó su sufrimiento de esa manera. No believe me?
   -You can't throw up stars. No vo-mi-tar es-tre-llas!
   -Okay, y si te digo que se había tomado antes de morir una sopa de pollo y estrellas, chicken and estars soup, you believe me?
   -Well, it makes more sense. Not a whole lot, but it makes more sense that she had soup. Cre-o una po-qu-i-ta más chicken and stars so-pa.
   -Pero tengo algo más que contarte, Kicito. I have something more to tell to you. It is no all. Le fui infiel a tu abuelo dos veces. Solamente dos veces y nada más. I was infidel to your grandfather two time in my life. You abuela was one of the girls that Julio Iglesias loved before. Yo fui una de las que él amó, y también fui amada por Kirby. Fui la Sarah Bernhardt de su poesía.
   -Kirby, the black bean soup maker? El ja-ce-dor de so-pa fri-jo-les ne-gros?
   -No, no, el poeta. The poet. Pero lo dejé porque era muy ordinario. I left him because he very ordinary. Trabajábamos en la fábrica Libby y él era el foreman. Pero después me di cuenta de que era muy chusma y me desilusionó. Figúrate que todos los días al final del trabajo, cuando sonaba el pito de las cinco, me decía: "Nelia, cojón". ¡Qué ordinario! Por eso lo dejé. He say bad word in the fabric at five everyday when the whistle sounded. That is the why I left him.
   -Still you don't make much sense, abuela. No en-ten-der-te mu-cho.
   -Es okay. But I loved your grandpa more. Remember that.
   Después de nuestro último diálogo, abuela abordó la embarcación mientras yo cortaba la soga que había servido para remolcarla. La rústica canoa se iba alejando poco a poco, mientras ella sonriendo me tiraba un último beso.
   -You good, ¿okay? Good bye honey. No worry you me. Si tengo problems al llegar es easy, los compro con las grabadoras que pa' eso traigo. I buy them with the players.
   No volví a mirar en su dirección. Arranqué el motor y mantuve la vista fija, sin voltearme, hasta llegar a puerto. Quizás iba algo triste, ya que nunca había creído todos aquellos cuentos de estrellas y lluvias al revés o tal vez porque temía que se comenzara a hundir el carcomido roble que había seleccionado para salvar a las gaviotas negras.


 

   Hace una semana, por primera vez, vi que llovía al revés, y sorprendido llegué a comprender que los conejos, en realidad, no ponen huevos. Pensé en ella y comprendí que mi hora ya se avecinaba. Se lo dije a mi nieto y me respondió que seguramente había bebido demasiado café. Instintivamente, fui al viejo baúl y allí encontré la ya amarillenta carta de navegación que años atrás había utilizado para trazar la ruta que había seguido. La comencé a estudiar afanosamente. Quería desembarcar en el mismo sitio donde ella lo había hecho. De pronto, comprendí que las flechas que indicaban la dirección de la corriente apuntaban hacia el noreste y no hacia el sur, como había creído. La había leído al revés. Un hondo pesar me recorrió el cuerpo. Entonces, me la imaginé congelada con su vestido de luces en harapos y el parasol destelado, muriendo sola como una vieja vikinga tropical, envuelta en un témpano de hielo frente a las costas noruegas.
   La sirena me sacó de lo que creía era un oscuro letargo, mientras alguien gritaba:
   -Mouth to mouth. Give him mouth to mouth. Get some air in his lungs. I look him up to the machine!
   

Sabiduría

-Barbarita, ¿cómo es que estás de tícher asistan?
   -¡Es que la semana pasada me gradué de la Escuela Normal!
   -¿De qué anormal?
   -No anormal. De la Normal de Manguito.
   -¿Y qué es eso?
   -Mira, mi amiguita, déjame explicarte. Me enteré la semana pasada de que se había abierto un puesto de tícher assistan en el elementary de la esquina y lo solicité.
   -Pero, ¿pa' eso no se necesita ser maestra?
   -Mira, mi cielo, déjame explicarte que en este país todo es posible. The land of opportunity, honey! ¡Y a mí las opportunities no se me escapan! He tenido un día muy agitado. Me pudieras traer un poquito de café pa' coger energía y seguirte el cuento. ¡Me lo haces fresco, no café recalentado!
   -En esta casa no se le da café recalentado a las visitas. Aquí tienes, y con espumita como a ti te gusta.
   -Bueno, siéntate, para que te enteres. Pues entregué mi solicitud, aquí se dice application, y le dije a la americana que yo estaba capacitada y que había sido maestra en my country. Country es país en inglés. Me pidió el diploma y yo le dije: "Sorry pero no lo pude traer de allá. Vine en balsa". Entonces me pidió alguna prueba y ay de mi corazón, se me vino el cielo arriba, pero tú sabes la luz natural que yo tengo y San Guiven me iluminó y le dije: "Ai bringui tumoro". Eso quiere decir que se lo traía al otro día. Imagínate, llegué a la casa vuelta loca, pensando que en qué lío me había metido. Chica, y con tan buena suerte que Migdalia, la mujer de Pepe, el dueño del grocery, se me apareció en la casa.
   -Pero, ¿Migdalia se murió?
   -¡No, mi ángel, no está muerta! Le conté mi problemita y ella me dijo que un señor que ella conoce era conserje de una normal de allá.
   -¿Qué es una normal?
   -Chica, una normal es como una fábrica de maestros. Bueno, pa' serte sincera, yo hasta ese momento no sabía qué era una normal. Resulta que este hombre se había robado los cuños oficiales de esa normal.
   -¿Y qué pasó?
   -Niña, qué poca paciencia tienes. De niña, tú habrás sido hiperactiva. Es una palabrita nueva que aprendí en la school. Bueno, llamé al hombre y en seguida me pidió referencias. Le di la de Migdalia. Pa' hacerte corto un cuento largo, pues aquí nadie tiene time ni pa' hacer caca, fui a verlo y le expliqué el problemita que tenía y me dijo: "No problem! ¿Qué quiere ser: bachiller, maestra normalista, sicóloga, doctora en pedagogía? Si quiere el de doctora, tengo que llamar a mi amigo Rigo. No tengo ese cuño. Rigo tiene el de doctora, sicóloga y otorga ciudadanía cubana a extranjeros". "Bueno, ¿y qué tengo que hacer?", le dije yo. ¿Sabes lo que me respondió?
   -¿Qué?
   -Nosin, nada. Suélteme cinco Jacksons. Mire, el de maestra normalista lo tengo en special esta semana. Con el cuño oficial, los sellos del timbre y la jubilación del maestro le va a salir en cien dólares cash, ¡no credi car, plis! Yo le dije que sí con la cabeza y entonces se aparecieron tres hombres, dos del traspatio y el otro del cuarto de baño. Resultó ser que eran los testigos y el notario. Todo fue muy legal. Los testigos juraron ser compañeros míos del curso del año 40 en la Normal de Manguito, y yo juré ser primer expediente y con la misma el normalón, que así yo le puse, descargó el cuño contra el pergamino.
   -¿Qué es un pergamino?
   -Tita, vas a tener que leer más. Ser más culta, como yo. El pergamino es un papel viejo pa' poner el cuño, pa' que luzca más bonito. En seguida los testigos firmaron y el notario le puso su cuñito, te digo cuñito porque el otro fue un cuñón. Y aquí me tienes, mi amiguita, hecha toda una normal. Hoy mismitico fui a Gilberticos's Photo Studio y me sacó una ampliación de 16 × 20. Me retraté vestida con una bata larga negra y un sombrerito cuadrado de lo más mono, sosteniendo un libro en la mano derecha. Fíjate que ya yo no aguanto. Nosotras las normales sostenemos.
   -¿Y qué libro escogiste pa' la foto?
   -Mira que eres curiosa. Un libro azul muy bonito de recetas de Nitza Villapol. Pero le viré la portada pa' que nadie lo viera. Oye, no es que se me haya ido la graduación a la cabeza, pero todos en la casa ya me dicen la normal Barbarita. Yo les expliqué que ser normal es casi como ser doctora, como 50 dólares más barato, eso es todo. Déjame decirte que para el año que viene me hago doctora y hasta quizás aspire al puesto de esa tícher. ¿Qué te parece si abres una botellita de sidra pa' celebrar?
   -Déjame ver si me queda una.
   -Sí, tienes una detrás del galón de leche; le vi el pico hace un rato, cuando abriste la nevera. Estaba ahora mismo pensando que si te embullas te haces normal igual que yo y pa' el año que viene, cuando ya yo sea doctora, abrimos una academia, algo así como Barbarita and Tita's Academy School for Normals. Le ponemos el nombre en inglés pa' que sepan que somos bilingües. Bueno, mi amiguita, tú no me tienes que tratar de normal ni na', pa' ti yo siempre voy a ser la Barbarita González que conociste en la escuela de corte y costura de Matanzas. Bueno, tengo que irme, que Manolo está al llegar del trabajo. Antes de que se me olvide, ¿te dije que me compré un Faleto lindísimo?
 

-¿De qué color?
   -Es azul oscuro y blanco.
   -¿De qué año?
   -No sé de qué año. Debe ser de este año.
   -Yo estoy convenciendo a Ramiro para comprar un sonderber de paquete, ¡con power stearing y cristales calobares!
   -Tita, un Falero es un cuadro. ¡Qué va, ya se nota la diferencia cultural entre nosotras! ¡Tienes que hacerte normal!
   -¿Has sabido algo de Mima?
   -Mira, no me hables de esa gente. Con todas las veces que la llevé al Jackson y le serví de traductora con lo de la green card, y no tuvo la delicadeza de invitarme a la fiesta de la hija. Bueno, Tita, pa' qué hablar de temas desagradables cuando hoy estoy tan contenta.
   -¿Sabes quién anda perdida?
   -¿Quién?
   -Nelia López, la vieja que vivió en la casa verde de la esquina, la que era amiga de tu mamá. La última vez que la vieron iba con Mike, el nieto, pa' Key Biscayne. El nieto dice que no es así, que la última vez que vio a su abuela iba para Dadeland Mall con Samy. Te apuesto a que tenía una buena póliza de seguros y la liquidaron. Además, qué casualidad que la hija mandó a hacer una piscina y está más fresca que una lechuga.
   -¡Tita, qué malpensada eres! Seguro que se metió en casa de alguien y se quedó dormida.
   -Bueno, será como la bella durmiente, pues hace más de un mes que desapareció.
   -Ahora sí que me tengo que ir. ¡No me llames de ocho a nueve que estoy viendo el último capítulo de la novela!

  

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