Ante la magnitud
de la indiferencia al cataclismo occidental que empezó hace años, sólo
se puede conmover con un lenguaje visceral. Eso es lo que hace Viviane
Forrester en este ensayo de un refrescante descubrimiento de las formas
económicas actuales. Con la rabia del adjetivo, con los sinónimos del
dolor, con la palabra estremecida de los desgarramientos de la miseria
humana, nos regala este discurso revelador, de un poder catártico incontenible,
que ya de por sí lo hace curativo y valioso; una poética que desenmascara
con la más delicada percepción los engaños de Occidente; por fin un
lenguaje crítico descargado de los conceptos desgastados de la izquierda
y por ello más incendiario, una crítica atravesada de lucidez poética,
un discurso que logra estremecer.
Con el poder de la frase epigramática, del aforismo
incandescente, de un lenguaje emotivo, de un pensamiento visceral y
la transposición poética de la crítica de la realidad, se nos muestra
el camino hacia donde nos conduce la economía de mercados.
Con este lenguaje exaltado, la autora propone como
primer paso para estremecer la indiferencia, para conmover por lo menos
a los ligeramente adormilados, a los que no han caído todavía en la
amnesia total de la vida, en el olvido de lo vital y en la ceguera de
lo que asesina, la necesidad de asumir un lenguaje y un discurso que
muestre los trucos con los cuales pretende sostenerse un sistema aterradoramente
cínico. De acuerdo con lo que dice la autora, la palabra debe recuperarse
como una forma de lucha.
Con esta lucidez apocalíptica, la profecía se despliega
ante nuestros ojos claramente, y todavía no lo creemos. El pronóstico
de Spengler se está cumpliendo, el capital se ha tornado virtual, igual
que el tabú más intocable de nuestra sociedad actual: el trabajo. Cada
vez serán menos los puestos de trabajo, sobre los que se sustenta la
sociedad que ayer explotaba la energía humana. Se está operando una
mutación de gran escala, avanzamos hacia una sociedad de un desempleo
galopante que sumirá en la miseria a la gran mayoría de la humanidad.
El horror económico es un ensayo hecho con
el rigor con que se escribe una buena novela, cada párrafo es un buceo
a las entrañas del sistema occidental, en donde reina la perversidad
del engaño de las multinacionales, con sus monstruosos engendros: el
desempleo, la miseria y la humillación de la vergüenza. Cada párrafo
logra estremecer incluso hasta al más insensible presidente de la multinacional
más ambiciosa y revela lo que sucede dentro de este sistema podrido
y absurdo.
Viviane Forrester escribe lo que ha estado pensando
desde su corazón cargado de información y se muestra aterrorizada ante
lo que hemos llegado, siguiendo los lineamientos de la cultura occidental
y su caballito de batalla: la economía de mercados. En su obra, Forrester
canta los dolores del desempleo y se resiste a creer que la indiferencia
hipnótica en la que ha caído Occidente, que ya se expande como peste
por todo el planeta, nos vaya a dejar desbarrancar en los abismos de
la miseria a la gran mayoría, por el beneficio solitario de una élite
mundial.
El derrumbamiento del trabajo, el pilar sobre el que
se basa la economía occidental, ahora planetaria, es inexorable. Así
lo exigen las leyes de la productividad y la competencia de la economía
de mercado. Antes se luchaba contra la explotación, pero esa contienda
ha dejado de tener sentido pues el trabajo desapareció y hoy se padece
la exclusión, el no ser requerido para los procesos productivos, cada
vez más automatizados.
Si resulta aterrador sentir la magnitud del drama
del desempleo en los países llamados desarrollados, que enfrentan tasas
que no superan el 10% de la población activa, ¿qué podemos sentir en
nuestra patria en la que los niveles del desempleo son insuperables?
Somos la vanguardia de los desesperados, nos ha tocado aprender el malabarismo
de la subsistencia, ya somos trapecistas del hambre; en las ciudades
se suceden como olas las filas de ingenuos y aturdidos desempleados
en busca de un puesto de miseria, de una plaza para la humillación.
Somos el laboratorio más cruel del neoliberalismo. El presidente del
FMI y el director del Banco Mundial, su hermano de ganancias, hablan
y todo el Estado se torna servil, indolente a la tragedia del pueblo
que dice gobernar. Los organismos financieros internacionales han dado
la orden de recortar masivamente los empleos en el Estado, con el fin
de que logremos mejores niveles de miseria y tengamos con qué pagarles
su descomunal deuda. Pero según Forrester, esta masacre no bastará;
también habrá que entregar los negocios más rentables del Estado a las
multinacionales, que serán más eficientes, o sea que cobrarán más y
lo harán con menos gente. ¡Viva el desempleo, hijo bastardo del progreso!
Todo el horror económico que se ve venir hasta ahora
en Occidente, como se relata en este oportuno ensayo, hace ya años que
viene sucediendo en nuestro continente, por lo que se puede deducir
-sin necesidad de tantos estudios académicos- que si no se produce un
viraje radical en el rumbo de los acontecimientos globales, la guerra
y miseria de la gran mayoría, de casi todos, anegará el planeta y sólo
algunas élites de los "detentadores de riqueza", recluidos en alucinantes
sistemas de seguridad, podrían seguir viviendo, hasta dejar un planeta
exhausto, exprimido más allá del bagazo, para después, si pudieran,
partir hacia otros planetas y así continuar la destrucción universal.
En este sentido la lectura de la obra de Viviane Forrester
es muy valiosa para integrar elementos que nos permitan comprender mejor
nuestra desesperada realidad y la vacuidad de las promesas de paz que
no contemplan una variación radical de los principios de economía de
mercado que privilegian el lucro y la productividad, y con esa lógica,
no pueden evitar prescindir del trabajo humano remunerado con dinero.
-Jaime Aguirre