La
primera traducción que le intenté a la novela copió un truco de estilo
debido a los cronistas de noticias policiales. True at First Light fue
para mí una frase donde cabía el sentido de asuntos que sucedían con
las primeras luces del alba… La frase describía el misterio de un lento
amanecer que iba mostrando el cadáver, la triste escena del crimen,
los gestos que hacía la muerte dejando helado al difunto…
Apenas me convencí. Después llegaría a la parte donde
el título explicaba un espejismo africano, la ilusión de suponer que
algo parece cierto con las primeras luces del alba y luego se desvanece
cuando el paisaje revela que todo es semejante a un sueño, como un oasis
flotante que se evapora en el aire. Pero el fragmento surgía en la mitad
del safari, cuando el león que rondaba por las páginas del libro ya
era historia y pasado, cuando los viejos amores se enfrentaban con los
nuevos y el tiempo de la lectura habituaba a la presencia de personajes
que iban como delgadas siluetas paseándose en cada línea; cuando me
ardía la ansiedad que traiciona al traductor…
Quería soltar una frase que no perdiera la gracia
del título original. También rescatar a Raymond, que se perdía en el
silencio y ya buscaría el camino hacia México y La Habana después de
sus cuatro días al lado del Golden Gate.
Le pregunté con Marleny si había leído el libro, si
traducía True at First Light como la verdad al amanecer o con un giro
sencillo, que no complicara el idioma, al romper el alba; si la intención
de la frase le parecía apropiada para una historia de amor.
Lanzó un mensaje de prisa escrito en el aeropuerto
Benito Juárez de México.
"Vi la oficina de Internet mientras espero mi vuelo
y encontré sus líneas. El libro no lo he leído. Pero decir true at first
light es tan sencillo y complejo como esperar la verdad cuando empieza
un nuevo día. True at First Light… Diría que todo es cierto al empiezo
de la madruga. Como el amor: algo real al principio, luego misterioso
y al final quién sabe… Cuando nadie no tiene nada a perder -a menos
que sea tal vez un condenado a muerte de los que mueren al sol-. Lo
que importa es después… Emociones tan distintas, con cambios tan sorprendentes,
que hacen de la vida un tema capaz de inventar historias tan fantásticas
que nadie sería capaz de soñarlas… Un abrazo del tamaño de los Alpes
o de los huecos del queso suizo".
Me parecía un milagro la forma como el e-mail lograba
abreviar el tiempo entre una respuesta y otra… Ahora el correo expreso
nos permitía conocer, cuando se abría el buzón, la vida de una manera
más inmediata y cercana al ritmo del calendario según el corresponsal
fuera pasando sus días. El delicado ritual del sobre y las estampillas
y las frases dibujadas con lenta caligrafía, de los colores que irían
adornando cada hoja con un aroma entrañable por la amistad y el cariño
que suele entibiar las cartas, era un asunto olvidado, para el museo
del recuerdo…
Marleny, adornando el mapa en cada vuelta de Raymond,
seguía las viejas costumbres… Faltarían el perfume, una cintica amarrando
el envoltorio de cartas, la flor quebradiza y tenue guardada entre las
hojas… Pero el encanto era el mismo…
Así que pintó un avión sobre la flecha trazada de
San Francisco al D.F. y luego al José Martí, el aeropuerto en La Habana
donde perdimos el rastro…
Se cansaría de ver mundo o se estaría reponiendo de
los fantasmas que traen la soledad, el recuerdo, la silenciosa nostalgia
que se revela en un viaje… Queríamos pensar que al fin el sueño y la
ansiedad por regresar donde Aleida lo distraían y encontraba en su tranquilo
refugio un generoso regalo… El privilegio de estar con el cielo entre
las manos cuando el amor se cumplía y todo era un festejo…
Qué más podía interesarle… Si la verdad era ella…
El resto, una ilusión… True at First Light… ¿Y después?
Después no hubo después, al menos para nosotros.
Marleny abría el buzón con la esperanza de un verso, de entretener los
ojos con unas líneas de Raymond que le contaran por qué el juego de
hacerse el mudo. Pero del suizo, ni el humo…
Al fin se fue resignando y pactamos, en silencio,
una discreta cautela que nos llevó, de la sorpresa y la intriga, a conservar
en el mapa y en su largo itinerario, en el archivo de cartas, la anécdota
pasajera de otro espejismo hecho aire…
Disimulamos un tiempo. Primero decíamos "¿nada?" al
rato de ver la flecha bailando como serpiente en el centro del monitor,
sugiriendo que un mensaje venía en camino a los ojos. Esperábamos y
entonces soltábamos un suspiro que luego se fue atenuando cuando el
silencio de Raymond se convirtió en la costumbre que nos hacía extrañarlo
y suponerlo en sus viajes con la misma lealtad en la que habíamos creído.
Pensamos que era normal, que al término de la ruta, cuando el regreso
permite organizar la memoria, el tiempo trae con cautela una bruma delgada
y que luego se va espesando hasta ocultar los recuerdos y las figuras
que antes brillaran en su esplendor, con esa felicidad que nos deslumbra
y conmueve… Por eso tal vez las fotos, las imágenes que traen una semblanza
encantada de algo que nos devuelve esa armonía con el mundo… La ansiedad
por comprobar que allí estuvimos un día y acariciamos el sueño de una
eternidad que acaso no dura más que un instante…
Lo sorprendente fue entonces que regresaran sus líneas,
que relatara despacio lo que le había sucedido, como pasó una tarde
después que oímos el tono del aparato marcando, gimiendo mientras entraba
en la red y establecía contacto con un ruido tan rasposo como el de
un gato iracundo, de uñas largas y gruesas, maullando al mismo tiempo
que aparecía la flecha y nos traía noticias sobre su lomo de luz; un
nuevo y feliz mensaje que le sacó a Marleny la voz quebrada en un grito…
-¡Volvió!
Sólo podía ser él. Aunque fuera y no fuera él: nada
más que un breve nombre, una historia y un misterio, situados en otro
mundo.
Encabezó el mensaje con un sencillo "De Raymond para
Travelaround" que resolvía la espera. Marleny empezó a leer con un aliento
tan frágil que hacía temblar cada letra…
"Sigue mi historia de amor… He pensado en escribir
un guión, una novela, un cuento, que tenga como inspiración lo que ha
sucedido estos meses… Algo tan lindo y difícil… Pensé también que no
siempre el destino es parecido al que uno sueña o desea… Porque todo
se convierte cada vez más en una historia fantástica -o en una telenovela,
no estoy seguro-. Cuando regresé a Havana todo fue hermoso, una fiesta
larga y dulce… Lo pasamos muy bien viajando y celebrando, viviendo un
tiempo bueno y siempre intenso... Hicimos los documentos. Creí que todo
anunciaba un viaje tranquilo, sin prisas… Pero ¿quién puede entender
lo que nos trae la suerte? El viaje fue apresurado. Una escala a Bogotá
y luego volando a Cali, para encontrarnos allá con el marido de Aleida…
Me dirán por qué el silencio… Todavía me lo pregunto… Me habría gustado
tener unos amigos sinceros para consolarme un rato, pero mi cabeza andaba
bastante loca y girando con vueltas de carrusel. Pensaba sólo en Aleida,
en su esposo y en la extraña situación que parecía una obra en la que
no sabía muy bien qué papel podía tener. Supuse que esperaría, en un
hotel, solitario, mientras que ellos hablaban. No me sentí muy tranquilo
y pregunté por un sitio que me llevara hasta el mar, pensando además
que luego me iría con ella a Europa mientras que Juan, pobrecito, no
la veía hace meses… Viajé de Cali a un lugar llamado Buena Ventura…
Será como en italiano, buona fortuna… Me hablaron de una playa a la
que fui por un tiempo. Un nuevo y perdido Robinson paseando por un lugar
que se llama La Piangüita… Creo que es un pescado… Pude entender otra
cosa… Estaba tonto… Confuso… Tampoco quería hablar mucho. Me dediqué
a leer, a caminar, a suponer qué sucedía con mi novia. Pueden reírse:
me llevé una novela que no podía tener un título más preciso, Love Invents
Us. El amor, con nosotros, puede hacer lo que quiera… Una semana después
volví a mi buona fortuna. Se había decidido que yo me iría con Aleida
a Suiza y que Juan trataría tal vez de llegar a visitarnos. Lo primero
estuvo bien. Lo segundo, no lo entendí. ¿Cómo estar juntos los tres
cuidando de no hacernos daño? No comprendí qué hacer. La relación entre
ellos parece que es muy abierta. Bastante… Pero no lo veo tan fácil…
Sabiendo que la quiero mucho sin saber al mismo tiempo lo que podría
suceder, viajamos al fin a Europa… No quisiera comportarme como los
suizos prudentes que no se atreven y viven sin muchas contradicciones…
Prefiero arriesgarme un poco… Hacia finales de agosto, el día de luna
llena, organicé una fiesta y celebré mi cumpleaños… Entonces dije con
fuerza "gracias por siempre a la vida" y todo pasó muy lindo… Después
Aleida viajó a visitar una amiga que vive acá, en Noruega, una cubana
casada con un actor de teatro… Al regreso descubrimos que estaba embarazada…
Y por las fechas fue claro: pasó en los días con Juan, cuando estuvieron
a Cali… Aleida, desde hace tiempo, quería tener un niño. Parece que
no le importa quién sea el padre biológico. Incluso me ha confesado
que quiere vivir conmigo, sin perder la relación que ha tenido con Juan…
Digamos que todo esto parece muy complicado porque es de verdad complicado…
Y un poco más: ya antes habíamos dicho que invitaríamos a Juan, por
el fin de año y al menos los primeros meses del nuevo milenio. Está
ilegal en Colombia y quiere trabajo en España… Se podrán imaginar que
he pasado momentos en los que no sé qué hacer… A veces me digo "sí,
no hay problema", y luego dudo otra vez, para volver a confiar en el
amor grande y fuerte, regresando como un niño a estar confundido y triste…
Incluso he pensado un tiempo que nuestro amor con Aleida es algo cierto
y sincero, pero también he pensado si no tendrá algo que ver el hecho
de que viva acá… He vacilado entre varios sentimientos. Aunque ya estoy
más tranquilo. Puedo enfrentar lo que espera en el futuro y los meses…
Además, le tengo un cariño inmenso a la criatura que viene. Quizás no
seamos nunca una familia "normal". Tampoco quiero vivir como la gente
que al rato se aburre y es rutinaria. Incluso puede ser bueno que Juan
esté acá con nosotros. Podríamos enfrentar las cosas y entender qué
nos sucede. Pero bueno… Nunca se sabe. Para ella todo es claro, sencillo…
Sobre todo su amor por mí. Y aunque reacciona a mis dudas como a una
falta de confianza, de pronto creo que tal vez si continúo en estas
dudas podría pasar justamente lo que no quiero que pase: que el amor
se deteriore y nos impida estar juntos. Discúlpenme el silencio, la
ingratitud y el paso, como si fuera invisible, por su querida Colombia.
Quería escribirles así, largo y explicando entonces lo que me había
sucedido. Ahora, en casa, los recuerdo como parte del viaje en el que
fueron, a pesar de la distancia, una presencia segura y un sitio para
confiar y resolver mis asuntos. Puedo citar una frase de mi querido
Defoe en su Robinson Crusoe con la exactitud que trae el libro en la
biblioteca. ¿Recuerdan el desagrado que le producen al padre las intenciones
de Robinson queriendo viajar al mundo? Disgustado con el hijo, le advierte
a su mujer: That boy might be happy if he would stay at home, but if
he goes abroad he will be the miserablest wretch that was ever born.
Creo que es al contrario: si alguien se queda en casa, se vuelve infeliz,
miedoso. Lo que importa es arriesgarse. Nada más. Un abrazo, para siempre…
Raymond".
-El muchacho sería dichoso si se quedara en casa,
pero si se lanza a viajar será el hombre más infeliz que haya pisado
la tierra -dijo un buen traductor.
Después venía la posdata: "El tiempo es infinito.
Su viaje, el más sorprendente…".
Cuando nació al fin el niño y Raymond soltó unas líneas
para informarnos del parto y de la inmensa alegría que lo tenía flotando
-"Nada más lindo", escribió-, comprendimos, una vez más, que la certeza
es apenas la confianza que surge en medio del calendario para aferrarnos
a ella y luego dudar de nuevo.
Una evidencia que ahora se suspende en la memoria
cuando recuerdo esa carta y el entusiasmo que acaso me llevó a festejarla,
celebrando su escritura, cuando quisimos enviarle un largo y cálido
abrazo a Raymond, a su amor, a su destino, en cualquier lugar del mapa.
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