Los
desalentadores resultados de la década
 
La salida. Un nuevo modo de desarrollo humano para la paz. Análisis y perspectivas de la economía colombiana
Julio Silva-Colmenares
Bogotá, Ediciones Aurora, 2001 (176 pp.)
 

 

En el título se recoge con claridad la propuesta central del texto: "construir una sociedad abierta, democrática y equitativa", para lo cual se necesita "un mundo de desarrollo humano en condiciones de libertad y felicidad", entendido no como fin sino como "un camino de búsqueda y encuentro". Este solo enunciado llama la atención sobre tres puntos: 1) La pertinencia de contribuir a revitalizar la discusión sobre el desarrollo como problema. 2) Proponer el término modo en lugar de modelo. 3) Poner la paz como perspectiva y objetivo por alcanzar.
   El desarrollo se ignoró como problema en los años ochenta porque se le dio prioridad al ajuste y se relegó en los años noventa porque se prefirieron las reformas estructurales y las metas macroeconómicas, todo ello con el propósito de recuperar el crecimiento mediante la liberalización de los mercados y la redefinición del papel del Estado. Los precarios logros obtenidos después de década y media de reformas, frente a los enormes costos derivados, han contribuido a reexaminar las bondades de las políticas del Consenso de Washington. El recorrido que hace el profesor Silva-Colmenares desde la década de los años treinta del siglo pasado permite apreciar una vez más los radicales cambios que ha sufrido el país y, en particular, los desalentadores resultados de la década de los años noventa, vistos ya sea a través del comportamiento del PIB, del PIB per cápita, de la composición del producto, del endeudamiento de las finanzas públicas, así como de la enorme subutilización y destrucción de capital humano, expresados brutalmente en el desempleo y la violencia.
   En cuanto al segundo punto que llama la atención, el profesor Silva-Colmenares expresa su preferencia por la idea de modo de desarrollo y no de modelo por "encerrar mayor complejidad", y no quedarse así en la simple "modificación de algunas políticas gubernamentales". Como bien lo señala, ésta no es una sustitución caprichosa, pues el concepto de modelo encierra la idea de "referente para hacer algo igual", o sea que es una representación o esquema para estudiar algo, mientras que modo, según definición de María Moliner, es el "resultado de la combinación de los accidentes de una cosa variable que la hace diferente en cada caso. Modo se aplica siempre a la diferenciación de los aspectos de una acción". Por eso es más pertinente hablar de la búsqueda de estrategias que permitan resolver las múltiples y complejas barreras al desarrollo humano, lo que expresa que las personas son la razón de ser del mismo. El profesor Silva-Colmenares acertadamente acoge los aportes que en esta dirección ha dado Amartya Sen, para quien el desarrollo debe tener como finalidad la "expansión de las capacidades" de las personas.
   En un aspecto puntual disiento del autor, ya que si bien coincido con la caracterización del Estado como un Estado privatizado, me aparto de definirlo como un Estado empresarial. En efecto, uno de los retos es hacer público al Estado por cuanto ha permanecido subordinado a intereses particulares y así se ha imposibilitado para la búsqueda del bien común, pero ni siquiera ha tenido un carácter empresarial pues tradicionalmente, aunque hoy con menos fuerza, ha estado preso de los intereses bipartidistas que no lograron diferenciarse de modo doctrinario en materia económica y, antes por el contrario, su unidad de intereses permitió durante largos años que los beneficios del ciclo económico se apropiaran privadamente y que en las épocas bajas se socializaran las pérdidas. El Estado en Colombia nunca lideró proyectos estratégicos ni tomó las decisiones de inversión que consultaran las potencialidades del país.
   Las cuatro "ideas movilizadoras" en las que apoya su propuesta el autor del libro son muy pertinentes: 1) El mejoramiento de las condiciones de trabajo y de vida para la mayoría de la población. 2) La diversificación y expansión del mercado interno. 3) La incorporación inteligente del país en la internacionalizada sociedad del conocimiento. 4) La ampliación y la consolidación de la democracia participativa, a las cuales cabría agregar la modernización cultural.
   En el cumplimiento del propósito nacional al que nos convoca el profesor Silva-Colmenares, cabe destacar el papel que le otorga a la política, entendida como "la ciencia y el arte del compromiso social alrededor de intereses concretos (…), enmarcados por una nueva concepción del desarrollo". Creo que es de gran importancia avanzar en los diagnósticos y los análisis del componente propositivo. De ahí que sea pertinente señalar, con palabras de Fernando Savater, que "una filosofía o reflexión política seria, a la altura de nuestro tiempo, debería tener en cuenta las nuevas tecnologías, la nueva distribución de los mercados y los movimientos estratégicos".
   Por lo anterior resulta de interés la premisa que, a manera de hipótesis, sostiene Julio Silva-Colmenares: "Esta crisis de fin de siglo no es coyuntural ni de modelo económico, sino estructural y del modo de desarrollo. Las causas de la crisis hay que buscarla en la estructura, en la médula de la sociedad colombiana y en sus instituciones". Sin embargo, no es conveniente soslayar los factores coyunturales, pues éstos tienen un papel fundamental en la dinámica y en el curso de los acontecimientos.
   Y como tercer punto importante de la obra resalto que a lo largo del texto se aprecia la preocupación de Silva-Colmenares por la consecución de la paz. El vínculo que establece el autor entre desarrollo y paz merece una atención de primer orden, por cuanto una paz duradera sólo es sostenible sobre la base de un desarrollo social que consolide la ciudadanía y profundice la democracia; esto se constituye en un todo indisociable que obliga a una visión renovada, sistemática y humanista del desarrollo.
   Quiero felicitar a Julio Silva-Colmenares por invitarnos a avanzar en la reflexión propositiva y prospectiva, pues como dijo Julieta Kirkwood, "hay que pararse en el umbral de la utopía para obligar a la realidad a que se acerque a ella".
-Consuelo Corredor Martínez

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