En el título se
recoge con claridad la propuesta central del texto: "construir una sociedad
abierta, democrática y equitativa", para lo cual se necesita "un mundo
de desarrollo humano en condiciones de libertad y felicidad", entendido
no como fin sino como "un camino de búsqueda y encuentro". Este solo
enunciado llama la atención sobre tres puntos: 1) La pertinencia de
contribuir a revitalizar la discusión sobre el desarrollo como problema.
2) Proponer el término modo en lugar de modelo. 3) Poner la paz como
perspectiva y objetivo por alcanzar.
El desarrollo se ignoró como problema en los años
ochenta porque se le dio prioridad al ajuste y se relegó en los años
noventa porque se prefirieron las reformas estructurales y las metas
macroeconómicas, todo ello con el propósito de recuperar el crecimiento
mediante la liberalización de los mercados y la redefinición del papel
del Estado. Los precarios logros obtenidos después de década y media
de reformas, frente a los enormes costos derivados, han contribuido
a reexaminar las bondades de las políticas del Consenso de Washington.
El recorrido que hace el profesor Silva-Colmenares desde la década de
los años treinta del siglo pasado permite apreciar una vez más los radicales
cambios que ha sufrido el país y, en particular, los desalentadores
resultados de la década de los años noventa, vistos ya sea a través
del comportamiento del PIB, del PIB per cápita, de la composición del
producto, del endeudamiento de las finanzas públicas, así como de la
enorme subutilización y destrucción de capital humano, expresados brutalmente
en el desempleo y la violencia.
En cuanto al segundo punto que llama la atención,
el profesor Silva-Colmenares expresa su preferencia por la idea de modo
de desarrollo y no de modelo por "encerrar mayor complejidad", y no
quedarse así en la simple "modificación de algunas políticas gubernamentales".
Como bien lo señala, ésta no es una sustitución caprichosa, pues el
concepto de modelo encierra la idea de "referente para hacer algo igual",
o sea que es una representación o esquema para estudiar algo, mientras
que modo, según definición de María Moliner, es el "resultado de la
combinación de los accidentes de una cosa variable que la hace diferente
en cada caso. Modo se aplica siempre a la diferenciación de los aspectos
de una acción". Por eso es más pertinente hablar de la búsqueda de estrategias
que permitan resolver las múltiples y complejas barreras al desarrollo
humano, lo que expresa que las personas son la razón de ser del mismo.
El profesor Silva-Colmenares acertadamente acoge los aportes que en
esta dirección ha dado Amartya Sen, para quien el desarrollo debe tener
como finalidad la "expansión de las capacidades" de las personas.
En un aspecto puntual disiento del autor, ya que si
bien coincido con la caracterización del Estado como un Estado privatizado,
me aparto de definirlo como un Estado empresarial. En efecto, uno de
los retos es hacer público al Estado por cuanto ha permanecido subordinado
a intereses particulares y así se ha imposibilitado para la búsqueda
del bien común, pero ni siquiera ha tenido un carácter empresarial pues
tradicionalmente, aunque hoy con menos fuerza, ha estado preso de los
intereses bipartidistas que no lograron diferenciarse de modo doctrinario
en materia económica y, antes por el contrario, su unidad de intereses
permitió durante largos años que los beneficios del ciclo económico
se apropiaran privadamente y que en las épocas bajas se socializaran
las pérdidas. El Estado en Colombia nunca lideró proyectos estratégicos
ni tomó las decisiones de inversión que consultaran las potencialidades
del país.
Las cuatro "ideas movilizadoras" en las que apoya
su propuesta el autor del libro son muy pertinentes: 1) El mejoramiento
de las condiciones de trabajo y de vida para la mayoría de la población.
2) La diversificación y expansión del mercado interno. 3) La incorporación
inteligente del país en la internacionalizada sociedad del conocimiento.
4) La ampliación y la consolidación de la democracia participativa,
a las cuales cabría agregar la modernización cultural.
En el cumplimiento del propósito nacional al que nos
convoca el profesor Silva-Colmenares, cabe destacar el papel que le
otorga a la política, entendida como "la ciencia y el arte del compromiso
social alrededor de intereses concretos (…), enmarcados por una nueva
concepción del desarrollo". Creo que es de gran importancia avanzar
en los diagnósticos y los análisis del componente propositivo. De ahí
que sea pertinente señalar, con palabras de Fernando Savater, que "una
filosofía o reflexión política seria, a la altura de nuestro tiempo,
debería tener en cuenta las nuevas tecnologías, la nueva distribución
de los mercados y los movimientos estratégicos".
Por lo anterior resulta de interés la premisa que,
a manera de hipótesis, sostiene Julio Silva-Colmenares: "Esta crisis
de fin de siglo no es coyuntural ni de modelo económico, sino estructural
y del modo de desarrollo. Las causas de la crisis hay que buscarla en
la estructura, en la médula de la sociedad colombiana y en sus instituciones".
Sin embargo, no es conveniente soslayar los factores coyunturales, pues
éstos tienen un papel fundamental en la dinámica y en el curso de los
acontecimientos.
Y como tercer punto importante de la obra resalto
que a lo largo del texto se aprecia la preocupación de Silva-Colmenares
por la consecución de la paz. El vínculo que establece el autor entre
desarrollo y paz merece una atención de primer orden, por cuanto una
paz duradera sólo es sostenible sobre la base de un desarrollo social
que consolide la ciudadanía y profundice la democracia; esto se constituye
en un todo indisociable que obliga a una visión renovada, sistemática
y humanista del desarrollo.
Quiero felicitar a Julio Silva-Colmenares por invitarnos
a avanzar en la reflexión propositiva y prospectiva, pues como dijo
Julieta Kirkwood, "hay que pararse en el umbral de la utopía para obligar
a la realidad a que se acerque a ella".
-Consuelo Corredor Martínez