"¡MIRA,
UN BERLINÉS!"
Desde
la ventana de mi casa contemplo los comercios instalados a lo largo
de la calle y entre las variadas ofertas distingo el aviso de un imbiss
japonés, el de una boutique francesa y el de una librería italiana,
y al salir me encuentro con un vendedor de flores egipcio, cruzo al
lado de tabernas griegas, alemanas, hindúes, vuelvo la mirada atraído
por los pitos y las voces que provienen del desfile de automóviles con
que los turcos celebran sus bodas, y leo el cartel que anuncia la exposición
de un pintor húngaro, la hoja volante que invita a la lectura de un
escritor cubano y el programa musical de una pianista austriaca, todos
radicados en Berlín. Me parece que la ciudad no pertenece a nadie y
a la vez es propiedad colectiva, donde cada uno hace parte de un conjunto
formado de otros muy diversos, que si bien pueden reconocerse por separado
son inseparables, pues cada uno sirve para identificar la ciudad. El
habitante que convive en ella, incluido el de denominación alemana,
adopta su nacionalidad mediante un trámite que no requiere papeles y
en el que no cuentan ni la voluntad ni el gusto ni tiene por qué perderse
la vieja manera de ser.
Un
día, muy de mañana, un amigo me señaló en la calle a un hombre y me
dijo: "Mira, un berlinés". Después, a petición mía, buscamos otro, pero
entre miles de personas no pudo señalármelo. Vimos algunos parecidos
con gabardina y maletín pero ambos berlineses, los chinos y yugoslavos
que abrían las puertas de sus negocios, y otros para mí exóticos que
iban a sus trabajos.
Por eso presiento que en todos ellos anida el doble
título de ser de aquí y ser de afuera, tanto en los que han nacido en
la ciudad como en los que, por obligación o por libre albedrío, ayudan
a darle carisma y a crearle sus modos de vida y su manera de ser. Tengo
testimonios de que en su intimidad desarrollan nuevas impresiones, como
la de sentir, al regreso de un viaje, que para bien o para mal llegan
a casa. En todos existe un denominador común, un gentilicio otorgado
por la imposibilidad de disociar individuos y agrupaciones que se complementan
en la subsistencia material y espiritual. -Luis Fayad, vía Teresa
Fayad
EL
AFFAIRE MUTIS-PONIATOWSKA
Hola:
Excelente
el texto sobre el affaire Mutis - Poniatowska, publicado en Número 28,
en el que los ojos y las ganas de ver y saber más se deslizan incontenibles
sobre el relato. Las palabras precisas enganchan de principio a fin
y esa invitación a dejarse atrapar entre la ficción y la realidad, sin
que al final importe qué era qué, es un acierto de esos que, por lo
menos sumercé, hacía mucho pero mucho rato no encontraba en ninguna
parte. Una palmada de gratitud en el hombro para Julio César Londoño
y un abrazo para ustedes. -Alexandra Cardona
NÚMERO
EN EL ÉXITO
Medellín,
22 de febrero del 2001
En el pasado mes de diciembre tuve la oportunidad
de conocer su magnífica revista, cuando por casualidad la observé en
las cajas registradoras del almacén Éxito. Al momento de tomarla y abrirla
me di cuenta de que esta clase de revista la estaba buscando hacía tiempo,
por ser ella una conexión perfecta con el acontecer literario actual
y a la vez por exponer una visión sin amaños de la problemática política
colombiana; sus fotografías también son magníficas.
Una vez conocida busqué números pasados por toda la
ciudad, sin lograrlo, hasta que, andando en busca de otra publicación
en la Universidad de Antioquia, hallé ediciones anteriores que deseaba
curiosear, para verificar si la calidad de dicho medio se mantenía o
si simplemente había sido un golpe de suerte el número 28; sin embargo,
después de leerlos la revista confirmó todo su mérito y calidad en la
selección de los artículos, reseñas y notas, como también en el paseo
por la variada geografía de nuestro planeta. Por todo lo anterior los
felicito y deseo que publicaciones de esta naturaleza se mantengan en
nuestro medio.
Gracias.
-Luis Fernando González P.
Educador, Liceo El Salto, Gómez Plata, Antioquia
COLOMBIANOS
EN ESTADOS UNIDOS
Estimados
señores:
Deseo felicitarlos por la excelente presentación y
el cuidado en contenidos que hoy ha logrado la revista. De hecho, he
recomendado a todos mis compatriotas y compañeros la suscripción y la
compra de la misma, ya que entre la comunidad de colombianos en los
Estados Unidos, Número es una de las publicaciones más leídas, debido
a que ayuda a comprender los problemas que hoy vive el país. Como lector
habitual me siento identificado con los grados de preocupación que hoy
tienen los intelectuales por la problemática y el dolor de una mayoría
de compatriotas abandonados a su suerte.
Destaco entre los artículos de su última edición (28)
la crónica "Ciénaga Grande", de Fernando Estrada G., un autor del cual
no tenía noticia, pero que hoy asoma al escenario de las letras con
un escrito profundamente inquietante, de una poética bellísima y una
narrativa conmovedora. Después de leer su trabajo sentí un hondo dolor
por las víctimas de la barbarie cometida, pero a la vez una atracción
estética y ética, sin duda motivada por la rigurosidad ensayística del
texto. Por su intermedio, háganle llegar este mensaje.
A todos allí, felicitaciones.
-Carlos Varón Comité Internacional por la Defensa de los Derechos
Humanos, ONG, Detroit
OTRO
MARZO MALDITO PARA LOS ARGENTINOS
Cruzo
la frontera argentino-paraguaya por el desvencijado puente construido
sobre el río Pilcomayo, y es como si mi país me recibiera con 42 grados
a la sombra y rumores de tormenta en el cielo. Vengo de Asunción, donde
la Universidad del Norte distinguió a Doris Sommer (catedrática de Harvard),
Augusto Roa Bastos y este servidor con sendos profesorados honoris causa.
Fue una velada memorable que jamás olvidaré, pero ahora son las doce
del mediodía y los titulares de los diarios me dejan paralizado en el
acto: el gobierno del presidente De la Rúa prácticamente ha decidido
eliminar la educación pública y promete aplicar una serie de medidas
capaces de infartar a cualquier argentino cansado de estos así llamados
planes económicos.
"Lo hicieron no más", comenta un policía, no sé si
perversamente esperanzado con alguna remilitarización. "Esto es el fin",
dice el taxista que me lleva a la ciudad de Clorinda, y masculla palabrotas.
Las radios argentinas, en el coche, desgranan angustia y rabia sobre
el candente mediodía, como si los bordes mismos de este país fueran
metáfora de lo que se viene: el precipicio.
Tres horas después, ya en Resistencia y bajo un tormentón
tropical, hablo con algunos dirigentes políticos locales y la desolación
es común denominador. El gobernador chaqueño, Ángel Rozas, "está amargado
y desconcertado -admite uno de sus íntimos-. Está agobiado moralmente
porque en el Chaco más ajuste no se puede hacer". Hablo al estado vecino,
Corrientes, y allí el panorama no es mejor: "Esto augura la renovación
y exacerbación de todos los conflictos", me dicen.
Las radios, la televisión, los periódicos del día
no hablan de otra cosa: este país se empeña en no tener remedio. O,
en otras palabras, sus presidentes son unánimemente traidores a sus
propias promesas y sucumben a las órdenes del más feroz y fundamentalista
neoliberalismo. Como Alfonsín primero, y Menem después, ahora De la
Rúa se somete a las órdenes desalmadas: las ganancias de financistas
y banqueros no se tocan; los ajustes los debe seguir pagando la población.
El caso es que el ahora nuevo ministro, Ricardo López
Murphy (del que el único chiste posible es que viene para cumplir todas
las leyes de su segundo apellido juntas), se ha mostrado tan implacable
como sus antecesores, pero con el bonus track de que ha decidido eliminar
todos los subsidios a la educación y ha dispuesto de un plumazo el arancelamiento
de las universidades públicas.
Todos los rectores de las 29 universidades nacionales
argentinas, sin excepción, han salido a decir que así es imposible la
supervivencia del sistema educativo nacional y que no podrán pagar más
que dos o tres meses de salarios a los profesores. Luego, el abismo.
O sea, quizás el cierre, pero seguro un altísimo grado de conflicto
social. De hecho, para este miércoles 21 se anuncia una huelga general
de 36 horas, y casi todos los establecimientos educativos son objeto
de tomas por parte de estudiantes y docentes, unidos en defensa de la
educación pública.
Y mientras el país arde, me pregunto si no será que
con lo impolítico de sus medidas -sólo aplaudidas por el llamado establishment
y algunos exfuncionarios de la dictadura, hoy devenidos empresario y
banqueros- López Murphy no habrá querido también cumplir con los deseos
ocultos de sus amigos militares, a los que tanto ayudó últimamente.
Con el descontento social provocado en estos días es capaz de lograr
que pase lo más inadvertida posible la recordación del golpe de Estado
de hace 25 años, aquel otro marzo maldito en que Videla, Massera y sus
jerarcas asaltaron el poder para una orgía de sangre y horror.
Hoy, como entonces, gran parte de la clase política
argentina se suicida irresponsablemente. Claro que la diferencia, para
mejor, está en el hartazgo de la ciudadanía, desencantada hoy prácticamente
de todo y a punto -es mi opinión y mi esperanza- de dar el imprescindible
salto del hartazgo que paraliza a la acción capaz de modificar la espantosa
realidad. Porque esto no da para más y sólo una feroz represión logrará
imponer tan perverso plan económico.
De lo que se trata, entonces, es de transformar la
desazón en oportunidad. Porque si hay algo que une a la inmensa mayoría
de los argentinos este fin de semana, a lo largo y ancho del país, es
la sensación de límite. Y todo límite puede ser también una oportunidad
para salir adelante. Porque sí hay opciones económicas para este país
desdichado, rico hasta la exageración pero diezmado por la voracidad
de unos pocos que, en pocas décadas, lo convirtieron en un raro paraíso
poblado de indigentes.
Y es que es mentira que este plan sea el único camino
para la reactivación, como sostienen los que gobiernan la Argentina,
tanto los que siguen a De la Rúa como los que se hicieron millonarios
con Menem y los que oscilaron siempre entre unos y otros, es decir,
los neoliberales que repiten el sonsonete del ajuste, y dicen -muy orondos-
que no se puede gastar lo que no se tiene; que la convertibilidad no
se toca porque sobrevendrá el caos; que primero hay que pagar las deudas
antes de pedir más créditos y demás lugares comunes.
Es mentira todo eso. La reactivación depende simple
y sencillamente de que paguen impuestos los que hoy no pagan, o sea
los ricos, los empresarios evasores y parasitarios, y los financistas
y banqueros que siguen haciendo negocios a costa del pueblo. Hay una
evasión comprobada (son datos oficiales) de entre 30.000 y 40.000 millones
de dólares anuales, que obviamente no pagan las sociedades anónimas,
los grandes inversores, los que apuestan a la bolsa. ¡Todas esas actividades
que en la Argentina están, insólitamente, libres de impuestos!
Y es mentira que terminar con la paridad dólar será
escandaloso: acabar con esta absurda y ficticia equivalencia de un peso
igual a un dólar impone simplemente que el Estado cubra (y puede hacerlo
perfectamente) a los sectores populares y a las clases medias endeudadas
en dólares. En otras palabras, se trata de hacer que los costos del
fin de la convertibilidad recaigan sobre los que se beneficiaron durante
la fiesta menemista que todavía continúa.
Son un par de decisiones políticas que finalmente
habrá que tomar y que alguien va a tomarlas alguna vez. Ojalá sea por
las buenas y cuanto antes.
-Mempo Giardinelli 20 de marzo del 2001, Resistencia, Argentina
¿QUÉ
SENTIRÁ?
(A PROPÓSITO DE LA MASACRE DEL NAYA)
Alguna
vez se ha preguntado
¿Qué sentirá un ser humano al ser descuartizado
con una motosierra?
¿Un cosquilleo primero sobre la piel,
Seguido de un dolor inimaginable?
¿Un terror de morir,
Seguido del deseo de morir pronto?
¿Qué sentirá un ser humano al descuartizar a otro
con una motosierra?
¿Nervios, placer, desahogo?
¿La embriaguez de la sangre?
¿El brindis de la muerte?
¿Cómo se siente la motosierra en la mano
Cuando corta piel, Cuando corta músculo,
Cuando corta arterias,
Cuando corta hueso?
¿Qué sentirá un ser humano al saber que su dinero fue usado
para descuartizar a otro ser humano con una motosierra?
¿A qué le sabe la carne asada al ganadero,
La sopa de tomate al industrial,
La morcilla al militar?
¿Será que piensan o será que no?
¿Será que la misma mano que dio el dinero
lleva de la mano a su hija y a su esposa
a la iglesia?
¿Qué sentirá un ser humano al ser descuartizado
con una motosierra?
¿Será el dolor más grande que el odio?
¿Será que la sangre al derramarse llora?
¿Será que se grita o se calla?
¿Será que se maldice o se perdona?
¿Qué sentirá un ser humano al descuartizar a otro
con una motosierra?
¿Será que el muerto es él?
¿Será que la tierra ensangrentada no es tierra?
¿Será que el dinero de muerte no es dinero?
¿Será que el muerto es él,
El que mata, el que financia, el que aprueba?
¿Qué sentirá un muerto al descuartizar a un ser
vivo con una motosierra?
-León © 2001 Vía Internet, nosotros@la-nacion.net Nosotros: http://www.la-nacion.net
SOBRE LA CRÓNICA
DE LA CIÉNAGA
Excelente la crónica
de Fernando Estrada G. De una singular belleza literaria que no pierde,
sin embargo, el estremecimiento humano ante el testimonio del horror
causado por la ferocidad paramilitar. Conmueve, llena de sentido cada
expresión, profundo, filosófico, es un texto que pertenece a los mejores
logros que ya reconocemos los lectores de Joseph Conrad y Juan Goytisolo.
¡Qué bien que Número dé a conocer a escritores de tal calidad! En esta
crónica se dimensiona una realidad tremenda que, sin duda, sólo pueden
descubrirnos plumas privilegiadas, la figura disuelta en la gran laguna
del viejo pescador, la belleza prosaica que nos describe dolores y la
puesta antropoide de un modo de pensar y reflexionar de Agamenón. Todo
ello sobre ese trasfondo terrible de seres humanos que quedan abandonados
a su suerte por el Estado, por las fuerzas del orden. Impresionante
descripción. Aquí en la narrativa de Estrada no se requiere la imagen;
mucho más, la imagen es ofensiva, esa imagen light de los medios perturba.
La expresión literaria del dolor lo consigue casi todo, como una burla
al carácter efímero de lo inmediato, porque después de su lectura nos
queda aquello que no pasa, y que sólo nos dan los buenos escritores.
Saludos.
-Augusto Díaz Villarreal
Cartagena de Indias