|
NÚMERO 28 Director: GUILLERMO GONZÁLEZ URIBE * Número agradece a todas las personas y entidades que en una u otra forma apoyan este proyecto. * Revista Número: Carrera 4 Nº 66-76 Telefax:
[571] 312-7970 · 312-7969 * Socios fundadores: William Ospina, poeta; Antonio
Morales, periodista; Ana Cristina Mejía, traductora; * Tarifa Postal Reducida Nº 1368 de Adpostal. Vence en
diciembre de 2000 * © 2000 Número. Prohibida la reproducción parcial
o total de los materiales de esta revista * Contactos en el exterior: |
|
|
|
LA
COCA NO ES COCAÍNA, COMO LA UVA NO ES VINO -Inés Elvira Vélez . En momentos en que el gobierno de los Estados Unidos ha ordenado al gobierno colombiano comenzar pruebas para la eliminación definitiva de las plantas de coca con el uso del hongo Fusarium oxysporum, que es un arma biológica prohibida por tratados internacionales y potencialmente peligrosa para el medio ambiente y la vida humana, un grupo de indígenas paeces de Tierradentro, en el departamento del Cauca, ha iniciado una campaña para generar el reconocimiento que debe tener la hoja de coca. Al igual que en anteriores intervenciones militares de los Estados Unidos en países del tercer mundo, en esta ocasión se usará nuevamente un arma que causa devastación irreparable al medio ambiente; en Vietnam se empleó el napalm y hoy miles de hectáreas de selvas y campos vietnamitas siguen inutilizados para la producción de vida; en el caso colombiano las pérdidas serán irreparables por la destrucción potencial que causará el hongo sobre los frágiles y ricos ecosistemas de la selva amazónica. Pensar en la eliminación de la planta de coca es un despropósito de tamaño mayor, que se lleva por delante elementales principios y derechos de las culturas milenarias que tienen en la hoja de coca un fundamento básico en su cosmovisión y saber tradicional, además de las enormes cualidades que como alimento y con fines terapéuticos tiene, hasta el punto de que en los propios Estados Unidos se acaban de patentar derivados de la hoja de coca como adelgazantes y para otros usos terapéuticos y alimenticios. Con este proyecto los paeces pretenden sacar a los narcotraficantes de su territorio, sustituyendo el uso de la coca y evitando con ello que se fumigue o se erradique una planta que para ellos, y la casi totalidad de las comunidades indígenas de América, es sagrada. Por eso quiero mostrarles la composición media de la hoja de coca. Cada cien gramos de hojas de coca contienen:
Es asombroso... Además, gracias a una investigación realizada por la Universidad de Harvard en 1975, titulada "Valor nutricional de la hoja de coca",se ha probado que la masticación diaria de cien gramos de hojas de coca satisface la ración alimentaria recomendada tanto para el hombre como la mujer, mientras que 60 gramos por día colman las necesidades de calcio. Así mismo, se han iniciado nuevas fases de comprobación de la utilidad científica en biomedicina y farmacia. Creo que sería importante que pensáramos en eso, ¿no les parece? Yo no sé en qué país vive Germán Santamaría pero lo que da asco es la realidad colombiana, la realidad de Medellín. Y da asco, en parte, por su esquizofrenia. ¿QUIÉN
LE TEME AL PLAN COLOMBIA? Señores
Revista Número -Boris Salazar En un documento leído en una sesión del Parlamento Europeo el año pasado, Alfredo Molano presentó una visión demasiado simplista del conflicto armado colombiano. El hecho es importante, no sólo por tratarse de una institución fundamental del mundo contemporáneo, sino por la clase de investigador y escritor que Molano es. No discutiré la genealogía que él hace del conflicto armado colombiano. Me referiré, más bien, a lo concerniente a la negociación y a los peligros del Plan Colombia. Molano da como un hecho que las partes del conflicto armado se encuentran en una situación de equilibrio. Pero el que estén equilibradas o no, no depende tanto de la opinión de un experto en el tema, por más autorizado que éste sea, sino de la percepción de los contendientes. ¿Lo ve así el Estado colombiano? ¿Los paramilitares? ¿Los gremios de la producción? ¿Lo ven así los miles de ciudadanos desplazados, secuestrados, asesinados, extorsionados en medio de la confrontación armada? ¿Acaso lo ve así la guerrilla? ¿Cómo afirmar, con absoluta certidumbre, que la guerrilla ve en la negociación inmediata la única salida del conflicto armado en que nos encontramos? Los textos de la guerrilla y de sus allegados, que Molano conoce muy bien, dicen otra cosa, mucho más consistente con su punto de vista y con su historia. Veamos, por ejemplo, lo que manifestaba el desaparecido comandante del ELN, Manuel Pérez: "(El) proyecto insurgente es una propuesta para la sociedad en su conjunto y en particular para la que se encuentra en peores condiciones de existencia. No se trata de nosotros, que hemos vivido 30 años de luchas y limitaciones; se trata de un proyecto histórico que se propone una nueva sociedad, un nuevo gobierno centrado en el poder popular. Es esto lo que se lleva a la mesa de conversaciones y lo que no se cambia por mesadas, préstamos, becas para nuestra militancia, ni puestos en el parlamento para nuestra dirigencia" (Medina Gallego, 1996, p. 229). De lo que se trata, entonces, es de definir el problema del poder, es decir, de crear un nuevo poder según el diseño de la guerrilla triunfadora como brazo armado de la historia. ¿Es esto equivalente a la idea de una negociación inmediata alrededor de dos puntos razonables y tradicionales: la reforma agraria y un régimen político que le dé espacio a la oposición democrática? No lo creo. Las organizaciones guerrilleras saben muy bien que la perspectiva de una victoria total y de un nuevo poder popular no puede asegurarse a través de una negociación. ¿Qué se requiere para avanzar en esa perspectiva? Ganar la guerra, por supuesto. Pero la guerrilla sabe que no es fácil. Que resulta menos probable hacerlo hoy que a finales de 1998. Y que el Plan Colombia lo torna más difícil aún. Hagamos el siguiente ejercicio: supongamos que a nadie en el mundo se le hubiera ocurrido el Plan Colombia y que las fuerzas paramilitares no hubieran avanzado en la forma como lo han hecho en los últimos años. ¿Podría afirmar Alfredo Molano que las organizaciones guerrilleras estarían poniendo todo el empeño en el avance del proceso de negociación? ¿Y que habrían renunciado a ganar la guerra y remplazar el poder actual por un nuevo poder? Es difícil que una persona seria pueda contestar estas preguntas en forma afirmativa. Pero, claro, siempre queda la ideología. El relato de Molano es un relato para europeos. Un relato que dibuja a una guerrilla generada por una situación de injusticia y agravio (que ha ido creciendo en la medida en que el panorama político se cierra más y más), y por una democracia falsa manipulada por una clase rapaz y rentística. Tengo la certeza de que ciertos rasgos de la realidad colombiana quedan registrados en este tipo de relato. Que la clase dominante ha sido rapaz y ha optado por una estrategia rentística, no hay la menor duda. Que la injusticia social se ha ido acrecentando en el tiempo, también. Pero estos rasgos correctos del relato no justifican el cuadro de conjunto que pinta. No justifican, sobre todo, la adjudicación de los papeles de héroe y villano. Sí, lo he dicho a propósito: no hay héroes, en principio, en el relato de Molano. De la guerrilla, dispuesta a negociar, no puede decirse, sin embargo, que son una legión de ángeles vengadores, afirma Molano. Los villanos son los sospechosos de siempre: el imperialismo norteamericano, atemorizado o feliz ante la aparición de esa amenaza que es Hugo Chávez con mucho petróleo caro, la oligarquía colombiana, el ejército regular, los paramilitares. Lo curioso es que en el relato de Molano no aparecen para nada los ciudadanos del país (salvo los colonos de las regiones en disputa). Molano habla de los miles de muertos que habría si el Plan Colombia llegara a ponerse en ejecución, pero se olvida de los miles de muertos, de secuestrados, de extorsionados, de desplazados que hoy mismo pone la nación colombiana. Y se olvida también de lo que hacen muchos de esos ciudadanos por sobrevivir en las condiciones de un conflicto sangriento y prolongado. Molano acierta cuando dibuja el cuadro dantesco de lo que vendría si el Plan Colombia se pone en acción. Vislumbra batallas madres a lo Saddam Hussein por los terrenos de cultivos ilícitos y una muy larga guerra de guerrillas de resistencia al poder invasor. Habla incluso de la llegada de la guerra a las ciudades y de un ataque permanente y paralizador a la infraestructura del país. Pero Molano no ve, otra vez, algo fundamental: que esas cosas ya están ocurriendo, que la batalla por el Putumayo es una lucha por los territorios productores de coca, que la guerrilla y los paramilitares ya están llevando la guerra a las ciudades, que el conflicto se extiende por todas partes y que la infraestructura es atacada todos los días (aunque no en la magnitud de la que sería capaz la guerrilla, hay que reconocerlo). Esa realidad ya está allí, ante nuestros ojos. Y no requiere el Plan Colombia para su realización. Si Molano fuera un poco más realista debería reconocer que nos encontramos en medio de una guerra por el poder y que las partes de esa guerra creen, o al menos han creído hasta hoy, que pueden ganarla y que usan todos los medios que están a su alcance para lograrlo (incluso negociar). Una visión un poco más realista y menos simplista diría que en este momento hay varias organizaciones armadas en el país que usan estrategias de depredación para incrementar su poder territorial y su control sobre la población, y que nos corresponde inventar las formas para negociar lo que en realidad está en juego: ¿cuál será el nuevo poder que nos gobernará en el futuro? Para hacerlo, habrá que contar con la realidad de una guerrilla muy bien armada, que controla algunos territorios del país, que se disputa otros con las fuerzas paramilitares, pero que no representa los intereses o las aspiraciones de la población colombiana. ¿Quién lo hace? En este momento, nadie. Y esa es la apuesta que enfrenta la hoy llamada sociedad civil. Pero no la podrá ganar si siguen predominando los discursos simplistas que pretenden hacernos creer que alguien nos representa en la mesa de negociaciones. ESPACIO
PÚBLICO, ESPACIO HUMANO ¡Qué caras de angustia y qué capacidad de comunicarse tienen esos seres! Casi en silencio, ojos aterrados y rostros descompuestos anuncian la cercanía de la jaula, el inminente peligro del decomiso de sus pertenencias, resultado de un esfuerzo agotador para no tener que delinquir. La conservación de la vida está por encima de cualquier norma, de cualquier ley, de cualquier ordenamiento urbano. "Recojan, huyan, salvemos lo poco que tenemos" es la poderosa voz que ordena la retirada, aunque momentánea, pues hay que volver, la jaula tendrá que irse, no podrá haber suficientes jaulas para recoger tantas mercancías y a tantos trabajadores informales que luchan más de doce horas en completa desprotección social, de noche, de día, al sol y al agua, pendientes del terror que los persigue, bajo la angustia de haber tenido que dejar solos a sus niños en el cambuche. ¿Será posible que los políticos se cuestionen su forma de gobernar preguntándose lo que muchos se preguntan y no sólo los que gobiernan ahora? ¿Será posible que los orientadores espirituales, que llevan muchos siglos apacentando almas, se dediquen primero a apacentar los cuerpos? Los intelectuales, los artistas, los gordos de Botero rozagantes tienen espacio público para reforzar una fama, mientras que las escuálidas familias empobrecidas no tienen ni siquiera espacio humano, fueron desalojadas para poner allí la muestra de la abundancia, obesidad de nuestras desproporciones. ¿Serán esos gordos denuncia inconsciente de la acumulación de las oportunidades, del hartazgo de las minorías, de la segregación social, espacio humano para gordos eternos que no necesitan alimento, negación del espacio urbano, del espacio humano para los indigentes, para los recicladores, para los desplazados, para las desfallecidas gentes que miran aleladas esas figuras y se preguntan por qué esas obras merecen tanta inversión económica y en cambio no hay recursos para sus viviendas, para sus parques, para sus servicios públicos, para su educación? ¿Por qué ellos no pueden vivir tan tranquilos y tan satisfechos como esos gordos? El arte por el arte, el arte comprometido, dilema todavía no resuelto. Hay críticos que consideran que los versos de Neruda que denuncian las causas de la miseria y relatan las justas luchas de los pueblos son una sombra en su cielo amoroso. Arte neutral, arte indiferente es el arte que eleva el nivel cultural de un pueblo. ¿Elevará su conciencia del ser o del no ser? En la medida en que en todo el mundo se sigan aumentando las condiciones económicas para agudizar la miseria, los desplazados por la violencia de las armas no serán menos desplazados que los que han sido despojados desde hace muchos siglos por la violencia de la riqueza concentrada, desplazados de la comida, del vestido, de la vivienda, de la educación, de la cultura, de la paz... Su vida miserable es una guerra por la supervivencia. -Eduardo Sertanejo LA
VIRGEN DE LOS SICARIOS Y SUS CRÍTICOS Ahora bien, no olvidemos -y creo que ahí reside otro punto fuerte, quiero decir, todavía insoportable para tantos colombianos- que la película nos cuenta también y tal vez sobre todo: los amores difíciles y tan violentos como furtivos de un intelectual desencantado, con niños-hombres, de miradas y sonrisas de una escandalosa belleza, niños-adultos a quienes ya nada puede asombrar, ni siquiera la fuerza del amor. Escenas de una inmensa ternura que parecen redimir por un instante tanto horror, tanto dolor, tanto no futuro. Pero no, claro que no, no nos engañemos... La fiesta de la guerra sigue porque su lógica es insaciable y cobra su botín inexorablemente. La virgen de los sicarios, con toda su dosis de (ir)realidad, de locuras y de ternura, es una película de amor... de amor en una lógica de guerra; y creo, en el fondo, que todos y todas los y las que la criticaron de manera inclemente no fueron capaces de expresar lo que de verdad les molestaba más en esta cinta: los amores homosexuales de un intelectual en busca de memoria, irreverente, inteligente, desencantado y algo perverso, con jóvenes de miradas angelicales, ellos sin memoria ni futuro, sólo testigos de un presente crudo y desalmado, ese presente que la gran mayoría de nosotros les hemos regalado. Casi todas las críticas negativas a esta película se centran finalmente en lo que no quieren confesar y en lo nunca dicho: su homofobia, su inmensa intolerancia a amores homosexuales; homofobia disfrazada bajo un manto de críticas fuera de contexto que tratan de desfigurar la película ahí donde no hay lugar. Me enfurece escuchar críticas que no son: "Que Medellín no es esto, que Medellín es la ciudad más bella de Colombia, más limpia de Colombia, más civilizada de Colombia, que Medellín no se merece esto, que los paisas no son todos maricas, que con esta publicidad qué se puede esperar, etc.". Pero doctor Santamaría, La virgen de los sicarios no es una película sobre Medellín, no es un documental y nunca pretendió ser un plegable turístico. La virgen de los sicarios es una novela adaptada al cine que trata de dar cuenta de los andares de un escritor tras su pasado. Para mí es una película de amor y de horror; por esto mismo es una película de lo imposible y de lo posible. Medellín no es sino el escenario de su inconsciente, el escenario de un imposible... un imposible hoy tan dramáticamente real... -Florence
Thomas
|
Esto y mucho más encontrará en NÚMERO
Regresar
a la Página Principal
Artículos en Internet |
Suscripciones | Editorial
| Número Ediciones | Números
Anteriores
Revista Número.
Carrera 21 Nº85-40 . Telefax: [571] 635-8012¬ 635-8013
Bogotá, Colombia
numero@elsitio.net.co