Internet
no vencerá
a la palabra escrita
Hay
que vigilar el uso del español en Estados Unidos
Por Luis Alfredo Martínez
Entrevista a Víctor García de la Concha,
director de la Real Academia Española
y premio Príncipe de Asturias 2000.
Tegucigalpa, septiembre de 2000 (EFE)
El
director de la Real Academia Española (RAE) de la Lengua, Víctor
García de la Concha, dijo en una entrevista con la agencia EFE,
en Tegucigalpa, que la humanidad seguirá por mucho tiempo en la
épo-ca del libro porque Internet no vencerá a la palabra escrita,
y afirmó la necesidad de que la academia vele por el buen uso
del español en Estados Unidos en vista de la creciente emigración
hispanoameri-cana hacia ese país.
Usted
ha afirmado que primero fue el castellano, luego el español y
que ahora se habla de una lengua hispanoamericana...
El
español, en su origen, es castellano que nace en esa franja del
noroeste de España, cuyos primeros testimonios escritos son las
Rosas emilianenses, que indican el carácter mestizo del castellano,
que muy pronto nace con un carácter expansivo a medida que va
extendiéndose la Reconquista. Tenemos documentación del siglo
XV según la cual como lengua ya es llamada española, pero el castellano
había nacido con voluntad de ser el español, y naturalmente, cuando
el español pasa el océano pues entonces ya se hace mucho más universal.
Ernesto Sábato lo dice muy bien: no es que sólo se incorporaran
nuevos términos de las distintas lenguas, del náhuatl, sino que
al mismo tiempo las viejas palabras adquirieron sentidos nuevos.
¿Está
de acuerdo con la frase atribuida a García Márquez, de que el
español es demasiado importante como para dejarlo sólo en manos
de los españoles?
El
español nunca estuvo sólo en manos de los españoles; el español
está en manos del pueblo que lo habla. La lengua no la hacen la
academia ni los académicos, sino el pueblo que la habla; por tanto,
ha estado en manos del pueblo y en la boca del pueblo, mejor dicho,
en todos los sitios donde se habla. Si nos referimos al aspecto
normativo de la lengua, a ese cuidado que normativiza, pues eso
no ha estado en manos de españoles. La Real Academia Española,
desde el siglo XVIII, incorporó siempre escritores e intelectuales
de las provincias ultramarinas y después fue la propia Academia
Española la que promovió el nacimiento de academias en las repúblicas
hispanoamericanas, de manera que hoy menos que nunca se puede
hablar de que haya voluntad colonial por parte de la Real Academia
Española. Un ejemplo vale por mil palabras: usted y yo estamos
hablando en Honduras, no en Madrid.
¿Cuántos americanismos se piensa incorporar al Diccionario
de la Real Academia Española?
El
incremento bruto es muy numeroso, bastantes miles de términos.
Sin embargo, el incremento neto va a ser menor, por lo siguiente:
actualmente el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE)
tiene cerca de 14.000 americanismos, pero en la revisión que hicimos
encontramos que muchos de ellos ya no se usan. Esa revisión nos
lleva a eliminar, de los 14.000, un bloque importante; hay que
depurar el diccionario, pues no podemos seguir cargándolo de términos
solamente por hacer número.
¿Qué
puede perjudicar más al idioma español en la época actual?
En
estos momentos, por ejemplo, está padeciendo una afluencia enorme
de anglicismos, pero en este punto me gusta recordar siempre que
en el siglo pasado fueron miles de galicismos que hoy no sentimos
como tales, y que antes fueron italianismos que hoy no sentimos
como italianismos, o arabismos. De esta avalancha de anglicismos
hay préstamos útiles, que no tenemos en español. Fútbol fue un
deporte que nació en Inglaterra y que se importó; se importaron
el deporte y el nombre. Hay términos que efectivamente tomamos
en préstamo y que luego se pueden castellanizar, se pueden españolizar
o, por el contrario, se toman una temporada y después desaparecen
del uso, porque son palabras que pasan de moda.
¿Cómo
ve el impacto en la lengua de la creciente emigración hispanoamericana
a Estados Unidos?
Hoy empezamos a conocerlo ya en su complejidad. Ahora está en
boga el spanglish, como si cualquier emigrante que llegara a Estados
Unidos hablara una lengua distinta. Esto es un asunto de zonas.
No es lo mismo el problema de California que el problema de Nueva
York, y en el problema de Nueva York no es lo mismo el de la Quinta
Avenida que el del Bronx. Tampoco es homogéneo el español que
llega allí. Los emigrantes son mexicanos, cubanos, costarricenses,
motivo por el cual tiene las variedades propias de la realización
del español de distintas zonas. Hasta hace poco tiempo los emigrantes
de segunda y tercera generación querían ocultar su condición de
hispanos, pero hoy eso está ocurriendo menos, gracias a que muchos
de ellos han adquirido un estatus económico y social importante.
La fuerza de lo hispano en Estados Unidos es tal que su comercio
mueve 260.000 millones de dólares anuales. Eso hace que haya emisoras,
periódicos, políticos y aspirantes a la presidencia que digan
que hablan español. Todo esto está influyendo en la permanencia
del español.
¿El
español es el idioma que más se desarrolla?
Sin
duda ninguna. En Estados Unidos es la segunda lengua después del
inglés, no sólo en crecimiento cuantitativo sino en fuerza cualitativa.
Todavía no he ido oficialmente a la Academia Norteamericana de
la Lengua Española, pero será una de las visitas importantes porque
allí tenemos que hacer un frente importante de atención al español
de los Estados Unidos.
¿Cómo
está aprovechando la Real Academia las nuevas tecnologías?
En
ese aspecto estamos a la cabeza. En lingüística computacional
somos tan pioneros que al jefe de nuestro departamento lo quiere
fichar Microsoft. Hemos hecho un banco de datos en español que
tiene en estos momentos 250 millones de registros léxicos del
español de España y de América, y el departamento de lingüística
computacional está elaborando programas cada vez más avanzados
para emplear ese banco de datos y otros elementos informáticos.
La Real Academia hoy trabaja en una línea de aprovechamiento informático
computacional de la lingüística. El diccionario está en CD-ROM,
ahora con multiplataforma, y vamos a sacar el nuevo tesoro lexicográfico,
que es un DVD que contiene los 34 grandes diccionarios, desde
la Gramática castellana de Nebrija hasta los aparecidos en el
siglo XX.
¿Cómo
ve usted la nueva literatura latinoamericana?
Eso
pertenece al «departamento de profecías», que está en otra calle,
en otra cuadra. Hubo el llamado boom de la novela hispanoamericana.
En los dos últimos años ha aflorado una nueva generación de narradores,
de jóvenes que han recibido premios y que empiezan a tener una
presencia importante. Todas las literaturas tienen ciclos; no
todos los siglos son siglos de oro y no todos los siglos de oro
son de oro en todo: en novela, en poesía, en teatro. Hay algunos
muy ricos en novela, como el XIX; y otros, como el siglo XX, donde
ha habido mucha más poesía que novela y teatro. Esos son ciclos
que sólo con perspectiva histórica uno puede ver adónde van.
¿Hacia dónde va el mundo en este período de transición?
Este
verano tuve ocasión de leer un libro de Steiner titulado Lenguaje
y silencio, un ensayo sobre la crisis de la palabra, la muerte
de la palabra. Las nuevas tecnologías, así como la irrupción del
lenguaje matemático y del lenguaje científico, han planteado un
reto al logos humanístico. Hay un problema con perspectiva de
décadas, de siglos o de años; estamos inmersos en esta crisis
y la hemos de seguir de cerca porque tampoco podemos negar valores
al lenguaje de la tecnología; sólo que hay que ver cómo entra
en diálogo el lenguaje de la tecnología con el lenguaje tradicional
humanístico.
¿Cree
que la nueva tecnología de Internet va a vencer a la palabra escrita?
No. Creo que, efectivamente, el libro electrónico se va a imponer
para las grandes obras; la Encyclopædia Britannica me gusta consultarla
en papel pero también en soporte informático. Ahora, por ejemplo,
¿vamos a leer una novela en soporte informático? No puedo preverlo
pero creo que no, que el libro no cederá el paso. Sin embargo,
los avances de la tecnología son tales que puede llegar un momento
en que llevemos en el bolsillo un libro con las obras completas
de un señor y que, sacándolo simplemente, lo leamos como leemos
hoy una tarjeta, aunque en mi opinión todavía estamos en la época
del libro y vamos a estar así durante bastante tiempo.
¿Qué futuro le ve usted al enriquecimiento de la lengua en
Hispanoamérica?
Creadores, los habrá. Esta realidad es tan enormemente rica que
no me extraña que estos países den los escritores que dan porque
basta abrir los ojos y percibir la realidad. Si usted habla del
uso que el pueblo hace de la lengua culta, de los autores clásicos,
eso ya es otro asunto, pero lo que hay que hacer es crear lengua
viva.
Los
medios de comunicación son canales idóneos para la expansión de
la lengua, pero hay quienes dicen que la televisión y la radio
contribuyen también a deteriorarla...
El
profesional de un medio de comunicación está convirtiéndose en
maestro, tiene púlpito, tiene palestra y por tanto, quiéralo o
no, está influyendo, aunque él no lo sepa y aunque él no quiera.
No es lo mismo un medio escrito, en el que uno tiene la posibilidad
de escribir con calma, de revisar, que un medio oral en el que
se está improvisando; improvisando todos cometemos errores, pero
estamos en una civilización que al ser audiovisual no ha promovido
mucho la lectura. Y ¿dónde se enriquece la lengua? Pues leyendo
y escribiendo, que es donde se enriquece la expresión de una persona.
Nota
Ver en Número 15, septiembre de 1997, entrevista con Fernando Lázaro
Carreter, anterior director de la Real Academia Española.