| EL QUIJOTE: un nuevo sentido de la aventura |
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Por Estanislao Zuleta
(TEXTO INÉDITO)
ILUSTRACIONES DE MARIO LONDOÑO
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LA VIDA DE CERVANTES
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En algunos aspectos,
incluso, más bien se había presentado un retroceso con respecto a lo
que los griegos sabían, como es el caso de la astronomía. Para los hombres
del siglo XVI, la noción de la redondez de la Tierra era algo revolucionario;
para los griegos como Zenón y sobre todo Aristarco de Samos, por el
contrario, había sido un punto de partida. Los griegos habían hallado
no solamente la idea de la redondez de la Tierra sino también calculado
sus dimensiones con una exactitud muy aproximada, hasta el punto de
que habían encontrado un sistema para medir la distancia de la Tierra
a la Luna. En algunos sentidos, pues, lo que hubo en este período no
fue un estancamiento -eso sería benigno- sino un inmenso retroceso.
Los ideales y las posibilidades propias de la filosofía griega estuvieron,
por decirlo así, contenidos en sus desarrollos durante todo este período. |
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No
había, pues, un equilibrio entre el poderío militar y el poderío económico
de España. La dificultad de la situación significaba además un manejo
del imperio supremamente burocrático. Todo debía vigilarse y controlarse.
Las riquezas de ese imperio llegaban en primer término a un solo sitio,
Sevilla, que se convirtió en una especie de Babilonia, en el sentido
que nosotros le damos a este nombre en la tradición bíblica. Todas las
expediciones que salían desde España, en dirección a los puertos de
América, tenían que reunirse allí primero y hacer sus contabilidades.
España, como decimos groseramente, se ganó la «rifa del tigre» con el
imperio que conquistó en América. El Dorado, una cosa que les pareció
maravillosa, fue una ruina. |
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El siglo
XVI en España, por otra parte, es una época muy curiosa, ya que se combinan
las más diversas circunstancias: España es el país de la fe, el gran
evangelizador pero, según las circunstancias, podía entrar en disputa
con el Vaticano. Las condiciones ideológicas en la edad media se ajustaban
relativamente bien a las condiciones de vida y a las costumbres, así
fueran cuestionadas durante el siglo XVI por las enormes transformaciones
que hemos visto. Esta situación planteaba un problema muy íntimamente
cervantino: el problema de qué es, entonces, la locura, y qué es la
razón. |
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Cervantes
vive en esta época. Las circunstancias particulares de su vida no nos
dan ni mucho menos la clave de su obra, pero hay indicios de que se
adaptó en una forma muy personal a esas grandes transformaciones. Cervantes
era hijo, según dicen los historiadores, de un cirujano. Pero cirujano
no quería decir entonces lo mismo que ahora, sino que era una forma
de artesanía (ser cirujano era casi como ser barbero). A los pocos años
se alista y se va a Italia con el cardenal Acquaviva, donde lo encontramos
durante algún tiempo como soldado español; allí había muchos soldados
españoles, pues gran parte de Italia era territorio español. |
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En
medio de una y otra desventuras va produciendo su obra literaria, con
muy poca fortuna. Insiste en el teatro sin mucho éxito. Nadie quiere
saber nada de sus dramas y de sus comedias. Insiste como poeta. Escribe
La Galatea y la publica, pero no tiene buena aceptación. A los 50 años
lo encontramos envejecido y encarcelado, con una vida que parece, en
pocas palabras, un fracaso, en una situación muy parecida a la de don
Quijote a la misma edad en el momento en que decide hacer su primera
salida. En cierto modo Cervantes también sale, y escribe El Quijote,
en ese período ya tardío de su vida, decepcionado y desengañado. Algo
del humor negro y de la melancolía del Quijote debe sin duda proceder
de ahí, ya que son muy sugerentes las palabras del prólogo que se refieren
a eso. LA OBRA
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Entre
nosotros tenemos el caso de don Tomás Carrasquilla, un escritor y un
narrador notable, un importante cronista de costumbres, pero no por
ello un novelista. Sus personajes son muy típicos: el arriero, la señora
del pueblo, la beata, el cura de aldea, el muchacho seminarista de San
Antoñito, etc. Pero en sus descripciones se trata siempre de la presentación
de tipos. El señor Raskolnikov de Dostoievski, que sí es un personaje
de novela, cuestiona el sentido de su vida: no sabe si va a ser una
especie de Napoleón o sólo un presidiario de Siberia; si se va a convertir
en un arrepentido que retorna a la fe de su infancia o en un racionalista
moderno. Carrasquilla, por el contrario, describe personajes cuyas vidas
tienen un sentido que depende por completo de su pertenencia, es decir,
del grupo social, de la clase y de la función a la que pertenecen. Aquí
no se trata de cruzar perspectivas distintas sobre el mundo, como vemos
por ejemplo en Tolstoi, que sí hace una gran novelística, sino de escribir
y presentar las figuras típicas de un mundo siguiendo su propio lenguaje,
desde una determinada perspectiva. Carrasquilla tiene habilidades, sin
duda; pero pasar de reconocerlas a creer que nos encontramos frente
a un novelista en el sentido de Cervantes, de Flaubert, de Balzac o
de Tolstoi, es una impertinencia. En sus relatos hay aventuras, a su
modo, pero en el sentido menor del término. |
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Cervantes,
en todo caso, no nos propone una moraleja. En una España tan contradictoriamente
moralista, la obra no podía tomarse con la extraordinaria seriedad que
tiene, puesto que de hacerlo habría habido necesidad de preguntarle
al autor por lo que podría enseñar el libro, por la manera como podría
ser edificante. Ahora bien, como no resultaba posible tomarla como una
obra edificante, la interpretaban como una obra extraordinariamente
divertida. Algunos la consideraban bien escrita, o la tomaban como modelo
de ingenio y preceptiva para demostrar cómo se debe hacer una buena
literatura, aunque muchas veces ni se acordaban del Quijote como, por
ejemplo, Gracián. Otros contemporáneos -la mayoría- opinaban que estaba
mal escrita. |
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Lo
primero que nos encontramos en El Quijote es la decisión del personaje
de salir y de ejercitarse en todo lo que había leído acerca de la manera
como los caballeros andantes se ejercitaban. La pasión fundamental de
don Quijote es hacer entrar los libros en la vida o, dicho al contrario,
traducir todo lo que le pasa a los términos de los libros; imponer un
texto a toda su experiencia. Don Quijote no somete a un mentís la experiencia,
porque el texto en que él vive y al cual quiere someter la realidad
puede, como en realidad ocurre con todos los textos, responder a cualquier
eventualidad. Si resulta, por ejemplo, que los molinos de viento no
eran los gigantes que él se imaginaba, el texto contiene también la
eventualidad de que un encantador enemigo suyo los hubiera convertido
en molinos de viento. Cualquier cosa que le ocurra, afortunada o infortunada,
no puede hacer más que corroborar el texto. |
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Las
cosas se ponen muy graves cuando don Quijote toma decisiones en un punto
o en otro, de acuerdo con un texto de la caballería andante, y entra
en confrontación con otras interpretaciones, como por ejemplo las normas
del derecho que rigen allí, y que interpretan el mismo fenómeno en una
forma completamente diferente. En la escena de la liberación de los
galeotes, para don Quijote se trata de unos tipos que llevan contra
su voluntad, que están padeciendo una injusticia espantosa. Para el
otro texto son personas sobre las cuales ha actuado precisamente la
justicia. Cervantes se preocupa por mostrar que son dos interpretaciones
distintas de lo que está ocurriendo. En efecto, unos señores van amarrados
y muy bien vigilados; eso se puede interpretar de varias maneras. Don
Quijote lo interpreta de una manera, el juez lo interpretó de otra y
no podemos sostener de antemano cuál interpretación es más loca, si
la del juez o la de don Quijote. |
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