Por Liliana Vélez

«Los supersticiosos atribuyen la desgracia del pueblo judío a la venganza de la Diosa Madre».

Robert Graves

Revista Númer 24

 

Introducción innecesaria

Si el cambio de milenio tiene alguna connotación que trascienda el «esoterismo light», ésta es la percepción de que la era patriarcal está agotándose. La memoria colectiva ha dado cuenta del dramático testimonio del dominio del macho.

Se ha generalizado la sensación de que los hombres no han estado a la altura de las circunstancias; como «clase dominante», no pueden estar orgullosos de su desempeño. Un balance de nuestra situación histórica no arroja un resultado positivo: hay tanta inequidad, tal arbitrariedad, tanta intolerancia; nuestros destinos están sumidos en un total caos. La visión más optimista no podría privilegiar los avances tecnológicos por encima de la carrera desenfrenada por la dominación egoísta de reducidísimos feudos de poder económico. Los hombres han fracasado en su hegemonía. Establecieron una civilización demasiado materialista que no da cuenta de la espiritualidad de los humanos.

Los más apocalípticos, sin embargo, no pueden desconocer que nunca antes las mujeres hemos conquistado tantos espacios en todos los ámbitos representativos del poder terrenal; incluso los más osados hablan del poder de la mujer como la única idea renovadora para nuestra civilización.

Si siempre se ha subvalorado todo lo femenino, desde la intuición considerada prerracional, y la masculinidad ha sido tan errática y está tan acorralada, vale la pena revaluarse acerca de lo que no se ha puesto en práctica hasta ahora: las teorías femeninas (no feministas) sobre la conducción de la historia.

¿Qué tenemos que perder? Nada. Hay, pues, una receptividad hacia las nuevas propuestas, caminos posibles inexplorados.

Sin embargo, la racionalidad occidental está huérfana de mitologías que la simbolicen en sus nuevas identidades. Apelemos entonces a ciertos mitos arcaicos que pueden ser alegorías, metáforas conjuradoras de tanta realidad.

«Not a drop of her blood was human,But she was made like a soft sweet woman».

-Dante Gabriel Rossetti

 

Lilith

A los judíos les debemos en gran parte lo que se ha calificado como la «racionalidad occidental», esto se debe principalmente a su condición de religión monoteísta. El monoteísmo constituye una suerte de «abstracción de la razón» que posibilitó que la humanidad cambiara por así decirlo, de estadio de conciencia frente al mundo, superando la explicación mítica de la realidad. Con todo, no deja de ser curioso el hecho de que esta única deidad se haya considerado de carácter masculino, rompiendo con el concepto de Diosa Madre que manejaban casi todas las religiones primitivas. Es fácil comprender por qué se equiparó el dios principal con la madre y la tierra con su vientre y demás metáforas alusivas al «origen» del mundo.

La furia de la diosa trató de paliarse en el cristianismo con la figura de la Virgen María, madre de todos los hombres.

En la mística hebrea existe, empero, una misteriosa figura femenina que nosotros, los «gentiles», no hemos estudiado suficientemente; se trata de Lilith, quien según la cábala fue la primera mujer de Adán. Al igual que éste, Lilith fue hecha a imagen y semejanza de la divinidad y por tanto tenía, digamos, su mismo estatus ontológico. Desde el principio se caracterizó por su insumisión al primer macho, y por sus constantes desacuerdos abandonó el paraíso; cuentan que, despechada, se convirtió en un demonio. Para asegurarse de suministrarle una compañera adecuada, Yavé sacó a Eva (la segunda) de una costilla de Adán, y así cambió la primigenia igualdad. Eva, la media costilla, encarnó desde siempre la sumisión de la mujer instaurada desde el orden celestial.

Ad portas del siglo XXI, el interés que puede tener el mito hebreo de Lilith es la posibilidad de representar a la nueva mujer, la cual no se siente identificada con las figuras evocadas por sus tradiciones culturales. Si esto es posible, se lo dejo a las estudiosas del género; mientras tanto sólo quiero compartir lo poco que sé sobre la historia de esta diablesa que ha vuelto por sus fueros.

Para algunos Lilith corresponde a la Lamia de los griegos —una reina abandonada por Zeus—, a la Brunilda de los nibelungos en contraposición a Crimilda. Para otros tiene origen en un demonio asirio-babilonio llamado Lilit o Lilu.

Etimológicamente viene del hebreo layil, que significa noche, y aparece representada como un demonio nocturno peludo o sublimada como una mujer de cabellos muy largos.

Por su parte, la Biblia ha sido completamente ajena a la figura de Lilith, exceptuando un pasaje de Isaías en el cual la nombra viviendo entre las ruinas del desierto, acompañada de sátiros y animales.

Cuentan que el principal obstáculo en las relaciones entre Adán y Lilith se presentaba cuando él quería acostarse con ella y le exigía ponerse debajo, lo que Lilith consideraba una ofensa por ser su igual. Según Robert Graves, «las hechiceras griegas que adoraban a Hécate eran partidarias de colocarse encima… y así se ve en las primitivas representaciones sumerias del acto sexual…». Éste es, posiblemente, el origen de esta parte de la leyenda.

Parece que Lilith, furiosa ante la tentativa de Adán de recostarla, pronunció el nombre mágico de Dios y desapareció.

Lo que pasó después es tema de un estudio más profundo. Dicen que se dedicó a seducir a los hijos de Adán y Eva, o que tuvo hijos con los demonios y los devoraba; incluso en un relato de Primo Levi parece que terminó como amante de Dios y que, mientras «vivan en pecado», el mundo seguirá como hasta ahora. En otra versión más compleja se encuentra equiparada a la serpiente y según parece sedujo a la mismísima Eva, pero esto ya lleva trazas de difamación.

Mientras que la literatura y la poesía han encontrado en el mito de la primera mujer de Adán una inagotable fuente de inspiración, el estudio de este tema a la luz de otras consideraciones hasta ahora está empezando y espero que, especialmente las mujeres, se dediquen a arrojar luces sobre la vilipendiada figura de Lilith. Por ahora, mientras seguimos ganando terreno en el mundo, podremos dedicarnos con más ímpetu a re-interpretar los mitos que más nos representen en el advenimiento de la nueva era.

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